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Andalucía, capital Málaga: ¿se ha desplazado el eje del poder andaluz más allá de Sevilla?
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Una rivalidad histórica que permanece

Andalucía, capital Málaga: ¿se ha desplazado el eje del poder andaluz más allá de Sevilla?

El PP malagueño capitaliza el "hartazgo" de las provincias orientales con la gestión del PSOE. Los expertos observan un irreversible proceso descentralizador en la región que no se ha fraguado administrativamente

Foto: Elías Bendodo y Juanma Moreno, en la sede del PP de Málaga. (EFE/Daniel Pérez)
Elías Bendodo y Juanma Moreno, en la sede del PP de Málaga. (EFE/Daniel Pérez)
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El 2 de diciembre de 2018, Juanma Moreno cosechó el peor resultado del PP en Andalucía: 26 diputados que, sin embargo, por obra y gracia de la aritmética parlamentaria, conseguían una meta imposible, desalojar al PSOE tras casi 40 años en la Junta. Fue el comienzo del 'Gobierno del cambio', como lo definieron los populares y sus socios de Ciudadanos. La construcción de un relato que subliminalmente exhalaba cierto desahogo descentralizador. Porque, por primera en la historia de la democracia, la comunidad más grande del país no solo no tenía un presidente socialista, sino que tampoco era sevillano. Una novedad que algunos interpretan como el inicio de un desplazamiento del eje político andaluz. Un nuevo contexto impulsado por el progresivo crecimiento de Málaga y el resto de provincias orientales dentro del poder orgánico del PP. Sevilla continúa siendo la capital administrativa, pero hay quien comienza a dudar de que siga siendo el centro de mando.

El nombramiento de Elías Bendodo, mano derecha de Moreno, como número tres de Alberto Núñez Feijóo, así como la designación del granadino Carlos Rojas como secretario general de los populares en el Congreso de los Diputados, remarca el creciente peso del PP-A en la dirección nacional del partido. De este escenario ha salido reforzada la facción malagueña, exhibiendo un discurso descentralizador al que abiertamente se han sumado Córdoba, Almería o Jaén.

Un relato que incluso ha acabado asumiendo el candidato del PSOE, Juan Espadas, que en una especie de acto de expiación declaraba días atrás: “Durante años, la Junta cometió el error de no dar más protagonismo a otras provincias andaluzas”. Toda una enmienda a las cerca de cuatro décadas de gobiernos socialistas en la región. Gasolina para las tesis del agravio entonado por el exalcalde de Sevilla ¿Pero qué hay de real en ese cambio de paradigma dentro de la política andaluza? ¿Es un fenómeno nuevo? ¿Será consistente en el tiempo?

Foto: Yolanda Díaz y Alberto Garzón, después del Consejo de Ministros. (EFE/Javier Lizón)

El catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Cádiz (UCA) Diego Caro cuestiona que el creciente protagonismo político de Málaga sea un hecho inédito. Se retrotrae a la figura de Antonio Cánovas del Castillo, “el político conservador más importante de España, para mostrar una huella que en el ámbito regional remarcó el llamado Frente Bokerón. Con el mismo nombre que se conoce al colectivo ultra del Málaga CF, se denominó a un grupo de socialistas malagueños que, “a finales de la década de los ochenta y comienzo de los noventa”, acumuló un gran poder orgánico dentro del PSOE-A. Capaz hasta de parar los pies al propio Manuel Chaves.

Destacaban Carlos Sanjuán y Enrique Linde, que entre 1988 y 1994 ostentaron la secretaría general del partido y su portavocía en el Parlamento andaluz, respectivamente. Dos tipos que, según recuerda Caro, apoyados por el granadino Antonio María Claret, ejercieron de contrapeso al eje Sevilla-Cádiz que controlaba el todopoderoso Chaves. Pero no impidieron que el presidente omnipresente, apoyado desde Madrid por Felipe González, luciese centralismo con la llegada del primer AVE del país y la celebración de la Expo 92 en la capital hispalense.

La fortaleza política de Málaga no es inédita: ya ejerció de contrapeso al todopoderoso Chaves

Moreno, Bendodo y, desde el área municipal, Francisco de la Torre personifican la versión de centro derecha de este nuevo Frente Bokerón, que también se extiende a la izquierda. Inmaculada Nieto, candidata de las distintas siglas que confluyen en Por Andalucía, concurrirá a las elecciones del próximo 19 de junio ocupando el primer puesto de la lista de Málaga. En los anteriores comicios iba en la lista gaditana de Unidas Podemos. La acompañará como número tres Eva García Sempere, asesora de Alberto Garzón en el Ministerio de Consumo. Una forma de escenificar que esta provincia —de momento— es un gran reclamo electoral.

El peso de los dirigentes populares malagueños ha trascendido los límites de la región y se están convirtiendo en un pilar de la nueva directiva de Génova. La incorporación al área de Organización Territorial del antequerano Ángel González es la última muestra de la sintonía que existe entre Feijóo y Moreno, que se traslada a la cadena de mando del partido.

Descentralización del poder

Este espaldarazo orgánico ha servido para afianzar la figura del presidente andaluz ante cualquier disidencia interna, que meses atrás personificaba la figura de Virginia Pérez. La máxima responsable del PP de Sevilla, que venció en primarias al candidato ‘morenista’ —el alcalde de Carmona, Juan Ávila—, se enfrentó abiertamente a Juanma Moreno y fue la espita que reveló las complejas relaciones que la facción malagueña del partido mantenía con Casado y Teodoro García Egea. No ha sido la única. Sebastián Pérez, el que fuera presidente del PP de Granada, que salió del partido por su oposición al pacto de gobierno con Ciudadanos en el ayuntamiento de la capital nazarí, deslizaba el surgimiento de un centralismo malagueño cuando Moreno Bonilla anunció a bombo y platillo la construcción en su ciudad del ‘megahospital’.

No piensa así la que hasta hace unos días era delegada del Gobierno andaluz en Málaga, Patricia Navarro, una de las personas de confianza de Moreno y Bendodo. No en vano, ocupando el segundo puesto, se sitúa entre ambos en la lista de Málaga. Compañeros, y amigos, han recorrido caminos similares con puestos en las bases del partido y en el Ayuntamiento de Málaga, y en la actualidad pilotan la ejecutiva malagueña. Se dice que tomará las riendas si el segundo da el salto definitivo a la política nacional. Ella elude el tema.

placeholder Bendodo y Moreno, junto a Feijóo, en el último comité ejecutivo nacional. (EFE)
Bendodo y Moreno, junto a Feijóo, en el último comité ejecutivo nacional. (EFE)

Navarro defiende que, “si hablamos en términos de Gobierno, no solo de cuestiones políticas, lo que han supuesto estos tres años y medio en la Junta ha sido el inicio de un proceso de descentralización del núcleo de decisión”. “Y no creo que únicamente sea un desvío del eje de Sevilla hacia Málaga, sino una dinámica en la que a las provincias que no hemos tenido ni voz ni voto durante los años de gestión socialista, se nos ha tenido mucho más en cuenta”.

El politólogo David Ingelmo explica que Juanma Moreno, así como el nuevo Frente Bokerón, ha sabido “capitalizar el hartazgo” de esos territorios “periféricos” que veían San Telmo como algo ajeno a su día a día y utilizarlo para ensanchar su base de poder. Ha afianzado su figura dándoles más protagonismo, haciéndolos sentir importantes. Y aunque pueda parecer que es un simple gesto, a este experto le pareció “fundamental”, “un paso bastante decisivo”, celebrar reuniones del Consejo de Gobierno en distintos puntos de la comunidad. Con este movimiento, del que no se puede desligar cierta estrategia mediática, ha expandido la Administración andaluza más allá de las delegaciones territoriales y “ofrece una visión de cercanía”. Un método que ha extrapolado a la acción del partido: presentó a sus candidatos en Granada, hizo balance de su Gobierno en Málaga y este viernes presentaba su programa en Huelva.

En Málaga hay censadas 56.478 empresas, casi tantas como en el País Vasco —58.143— y por encima de otras ocho CC.AA.

Los presupuestos para este año —que finalmente no se aprobaron— eran una continuidad de esta estrategia. El Gobierno andaluz otorgaba a Jaén y Huelva las mayores cuantías de inversión por habitante —522,18 y 426,98 euros, respectivamente—, mientras que relegaba a las últimas posiciones a las dos provincias más ricas: Sevilla —271,24— y Málaga —207,20—. Ambas recuperaban su estatus al estudiar las partidas absolutas, ya que la primera hubiese percibido 529 millones, frente a los 352 destinados a la segunda.

Foto: Vista del Museo Picasso de Málaga, que ha cumplido quince años. (EFE)

Diego Caro, autor de obras como ‘Cien años de socialismo en Andalucía’ o ‘El primer liberalismo en Andalucía’, considera que la consolidación del liderazgo del presidente andaluz debe mucho a la proyección lograda por Málaga en estos últimos 15 años a través de una serie de factores: la gran crisis bancaria de 2008 convirtió a Unicaja en la única entidad andaluza superviviente y ha acabado convirtiéndose en el quinto banco nacional; el afianzamiento del Parque Tecnológico de Andalucía (PTA) como “un centro receptor de unas inversiones de grandes empresas” a las que se han unido multinacionales tecnológicas como Google o Vodafone, y su conversión en destino cultural y museístico gracias a una labor “prudente y sensata” del ayuntamiento.

Pujanza económica

Los indicadores avalan este nuevo contexto político. Los resultados de las últimas cuatro elecciones autonómicas han remarcado el papel de Málaga como motor de los populares en la región. Desde la cita con las urnas de 2008, los de Elías Bendodo han aportado el 18% de los 5.103.904 sufragios obtenidos por el PP en Andalucía y en dos de los comicios se impusieron con holgura a la imparable locomotora electoral socialista. Los cuatro diputados logrados en 2018 han sido su peor resultado, muy lejos de los ocho cosechados una década antes, pero los 142.182 votos obtenidos representaron el 22,6% del total de la provincia. Al contrario que en Sevilla, donde la formación se convirtió en el cuarto partido, con tres diputados y por detrás de Ciudadanos, soportó mejor la irrupción de los nuevos partidos. El PP de Málaga, en las últimas cuatro autonómicas, facilitó 25 de los 156 parlamentarios que en total consiguió el partido en las ocho provincias.

La evolución de la provincia malagueña está intrínsecamente ligada a su creciente protagonismo económico. Las estadísticas del Ministerio de Trabajo y Economía Social recogen que en abril había censadas en Málaga un total de 56.478 empresas, prácticamente igual que en todo el País Vasco —58.143— y por encima de al menos otras ocho comunidades autónomas.

placeholder Vista del icónico cubo de colores del Museo Pompidou de Málaga.
Vista del icónico cubo de colores del Museo Pompidou de Málaga.

El turismo y la construcción son las actividades con mayor peso en su PIB. El último informe de Analistas Económicos de Andalucía de Unicaja destaca que en esta provincia se realizaron 23.819 de las 87.524 transacciones de compraventa de inmuebles suscritas en la comunidad entre enero y septiembre del pasado año. Esta dinámica se ha intensificado en los últimos meses con más operaciones.

Málaga es la provincia española que más población gana, según los datos del INE

Málaga destaca socialmente en que en 2021 fue, por segundo año consecutivo, la provincia del país que más población gana, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). 20.652 nuevos ‘malagueños’ para superar por primera vez la barrera de los 1,7 millones y convertirse en la sexta con mayor número de habitantes. Este hecho, mayoritariamente, se debe a su capacidad de atracción para que profesionales foráneos decidan asentarse en un lugar que suele estar bien posicionado en los 'rankings' de calidad de vida.

La provincia malagueña representa en estos momentos el 20% del PIB de Andalucía —unos 150.000 millones de euros—, frente al 25% que aporta la provincia de Sevilla, según datos del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA). Esta economía ha experimentado mayores picos de crecimiento y de caída en estos últimos tres años que la media andaluza. Así, en el año 2019, primero del nuevo Gobierno de PP y Cs, su PIB creció un 2,4% —en toda la comunidad fue un 2,1%—. Sin embargo, en 2020, la pandemia fue un mazazo para una provincia tan dependiente del turismo y su PIB cayó hasta un 17% —frente al 10,3% regional—. Finalmente, en 2021, Málaga ha vuelto a recuperar buena parte de lo perdido el año anterior y ha vuelto a crecer con más fuerza que la media andaluza, un 5,5%, frente al 5,1% de la comunidad.

La metamorfosis de la provincia como “centro de poder económico” de la comunidad ha sido determinante. Pero “la capitalidad política de Sevilla”, apunta Caro, no está en cuestión. Entre otras circunstancias, porque está protegida por el Estatuto de Autonomía. Este experto en Historia Política refuerza su creencia recordando cómo las numerosas promesas para llevar a otras provincias departamentos del Ejecutivo regional se evaporaron. Una de las más destacadas, la de trasladar la Consejería de Turismo a la Costa del Sol, que realizaron en distintas fases Javier Arenas, el predecesor de Juanma Moreno al frente del partido, así como el propio Bendodo. Eran los tiempos en que, como recuerda Ingelmo, incluso surgieron “partidos políticos que apoyaban la autonomía de Andalucía oriental”. Nada se ha hecho al respecto en esta legislatura, a pesar de que —según piensa el politólogo— es una operación factible legalmente. “Lo que hace falta es voluntad política”.

La provincia malagueña representa el 20% del PIB de Andalucía —unos 150.000 millones de euros—, frente al 25% que aporta Sevilla

El cabeza de lista del PSOE por la provincia malagueña, Josele Aguilar, comparte la opinión del catedrático gaditano y considera que cualquier empoderamiento político de Juanma Moreno es un efecto del propio desarrollo de una provincia que “ha sabido sacudirse el victimismo”. Cuando alguien le interpela sobre las bondades del candidato popular, “le pregunto qué proyecto nuevo ha hecho en Málaga, porque yo no lo sé”, asegura, para seguidamente afirmar que el tercer hospital, el metro y el Convento de la Trinidad, por ejemplo, fueron iniciados o planteados por gobiernos socialistas —aunque es cierto que algunas de estas infraestructuras estaban paralizadas o inacabadas—.

Aguilar, que de cara a los comicios autonómicos recomienda no subestimar la maquinaria del PSOE andaluz, incide en que la creciente influencia de la política y los políticos malagueños no es nueva en los contextos autonómico y nacional. Lo que algunos cuestionan es su efectividad a la hora de equilibrar el peso o protagonismo que tenía Sevilla.

La 'purificación' de Espadas

David Ingelmo, según la acción de los sucesivos ejecutivos socialistas en la región, duda de que esa labor haya sido efectiva y considera que dificulta las aspiraciones de un partido que “centralizó demasiado” la política en la capital hispalense y es señalado por unas provincias que “estaban desplazadas”. José Antonio Griñán, consciente de este malestar, realizó un movimiento de trilerismo político y, para apaciguar los ánimos, anunció que tendría un despacho en la sede de la Delegación del Gobierno andaluz en Málaga, del que nunca se supo nada.

placeholder Espadas y Pedro Sánchez, en un reciente acto electoral en Andalucía. (EFE)
Espadas y Pedro Sánchez, en un reciente acto electoral en Andalucía. (EFE)

Juan Espadas, incide el politólogo, está “temeroso”, tratando de revertir este discurso: “Y no creo que sea postureo. Pienso que el PSOE se está dando cuenta de que cometió un grave error durante todo ese tiempo”. De ahí que en sus intervenciones esté ‘repartiendo juego’ con anuncios diversos de inversiones. Patricia Navarro no es tan indulgente. “Espadas no tiene autoridad en esta materia porque ha formado parte de esos ejecutivos” que, según defiende, apartaron a buena parte de la región de la toma de decisiones. Y piensa que esta especie de asunción de culpa no calará en las provincias que se sienten agraviadas: “Está predicando en el desierto”.

Este cambio de planteamiento socialista, que se intuye sincero, también esconde un cálculo electoral que es extensible a todos los partidos. Porque el experto politólogo opina que el frente malagueño, la ‘alianza’ de la Andalucía oriental, no desaparecerá, ya que ha sido reafirmado —en parte— por la “descentralización de ese eje de poder”. La comunidad, recalca la dirigente popular, “ha recuperado la autoestima, ha empezado a creerse lo que es capaz de hacer y dónde puede llegar”. “Y eso no ocurría antes porque esas inquietudes y talentos estaban adormecidos”.

Foto: El presidente de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, durante el XX Congreso Nacional del PP. (EFE/Julio Muñoz)

“La política tiene que alejarse del centro y hacer caso a la periferia, como está ocurriendo ahora mismo”, señala Ingelmo, quien considera que esta receta que está aplicando Juanma Moreno es fundamental para contrarrestar los movimientos de corte localista vinculados a las zonas despobladas que despuntan en Jaén y Huelva. Son propuestas con “un fuerte arraigo, no solo en lo puramente político, administrativo o en lo económico, sino también en lo identificativo”, que únicamente pueden ser contrarrestadas, que pueden “menguar”, con iniciativas que den solución a sus reivindicaciones. Quien lo haga, señala, atraerá a un buen porcentaje de esos votantes en circunscripciones donde los sufragios son muy valiosos.

Todas las partes consultadas coinciden a la hora de afirmar que este nuevo contexto ha supuesto un nuevo marco de relaciones políticas en Andalucía que no tiene vuelta atrás. Esto ya no se puede revertir” y quien desee presidir la Junta sabe que esa debe ser una premisa ineludible en su gestión.

El 2 de diciembre de 2018, Juanma Moreno cosechó el peor resultado del PP en Andalucía: 26 diputados que, sin embargo, por obra y gracia de la aritmética parlamentaria, conseguían una meta imposible, desalojar al PSOE tras casi 40 años en la Junta. Fue el comienzo del 'Gobierno del cambio', como lo definieron los populares y sus socios de Ciudadanos. La construcción de un relato que subliminalmente exhalaba cierto desahogo descentralizador. Porque, por primera en la historia de la democracia, la comunidad más grande del país no solo no tenía un presidente socialista, sino que tampoco era sevillano. Una novedad que algunos interpretan como el inicio de un desplazamiento del eje político andaluz. Un nuevo contexto impulsado por el progresivo crecimiento de Málaga y el resto de provincias orientales dentro del poder orgánico del PP. Sevilla continúa siendo la capital administrativa, pero hay quien comienza a dudar de que siga siendo el centro de mando.

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