RESERVA PARA "PROTEGER" LAS CONVERSACIONES

Dos semanas de negociación bajo llave tras el 10-N y con Sánchez desaparecido

El hermetismo reina en el núcleo duro de la Moncloa y de Ferraz. Quince días después del abrazo con Iglesias, no se conoce la estructura del nuevo Gobierno ni la hoja de ruta con ERC

Foto: Pedro Sánchez vota en su agrupación de Pozuelo de Alarcón en la consulta sobre el pacto con UP, el pasado 23 de noviembre. (Eva Ercolanese | PSOE)
Pedro Sánchez vota en su agrupación de Pozuelo de Alarcón en la consulta sobre el pacto con UP, el pasado 23 de noviembre. (Eva Ercolanese | PSOE)

De un Pedro Sánchez prácticamente omnipresente a un Pedro Sánchez (casi) desaparecido tras las elecciones generales del 10 de noviembre. Del presidente-candidato que concedía múltiples entrevistas en distintos formatos y medios y que recorría varias provincias en una jornada a un presidente-secretario general confinado básicamente en la Moncloa, "trabajando" desde su despacho. De camino, ocurrió un 10-N que le dejó debilitado y que le obligó a firmar en apenas unas horas un acuerdo para un Gobierno de coalición con Unidas Podemos del que antes renegaba. Pero Sánchez apenas ha explicado ni a los medios ni a su partido el porqué del brusco viraje de la nave. Ni el núcleo duro de su partido ha dado detalles de una negociación protegida bajo siete llaves. Ni ha contado hasta dónde está dispuesto a llegar para intentar atraerse a Esquerra Republicana de Catalunya. El argumento ofrecido en Ferraz es que se está jugando su investidura, y la posibilidad de que España tenga un nuevo Ejecutivo después de siete meses de parálisis, y por eso tiene que conducir todas las conversaciones con máxima reserva para que no descarrilen.

El presidente solo ha aparecido en cuatro ocasiones desde las generales del 10-N. El martes 12 de noviembre, para sellar su preacuerdo con Pablo Iglesias. Ambos suscribieron un decálogo de dos páginas que habían ido cerrando las dos portavoces parlamentarias —Adriana Lastra, en coordinación con el director de Gabinete de Sánchez, Iván Redondo, e Irene Montero—, y después intervinieron brevemente para alabar una alianza alcanzada de manera exprés, tras meses de desencuentros. El líder socialista alegó que hacía falta "superar la situación de bloqueo" y que había anudado un proyecto "ilusionante" que permitía enterrar todo choque anterior con los morados. No había "justificación" para "persistir" en la parálisis, señaló. Tras un largo "¡ooooooh!" de la prensa congregada en el pequeño comedor de gala del Congreso, ambos se abrazaron a sus equipos y se marcharon. No hubo preguntas.

Sánchez compareció dos días más tarde, el jueves 14 de noviembre. Se reunió en la Moncloa con el presidente electo del Consejo Europeo, el ex primer ministro belga Charles Michel. El jefe del Ejecutivo respondió a dos turnos de preguntas, y Michel a otros dos, como suele ser habitual en las visitas de mandatarios extranjeros, en las que se pide a los informadores que pacten entre ellos las cuestiones que quieran y elijan a dos portavoces. Sánchez fue preguntado ya entonces por la posición de ERC, pieza imprescindible para componer su investidura.

El presidente solo ha aparecido en cuatro ocasiones en 15 días, y en únicamente una de ellas ha respondido dos turnos de preguntas


Apenas unos minutos antes se había producido la primera reunión entre Lastra, la persona a la que él encargó en exclusiva la conducción de las negociaciones, y su homólogo republicano, Gabriel Rufián. Sánchez sí rebajó sensiblemente el tono contra el separatismo utilizado en su campaña, aparcó sus promesas electorales más vistosas —recuperar el delito de convocatoria de referéndums ilegales— y advirtió a ERC de que PSOE y Unidas Podemos son las "únicas fuerzas nacionales" que pueden y quieren ofrecer diálogo, siempre dentro de la Constitución y de la ley. No aceptó pero tampoco descartó una mesa de partidos fuera del Parlament, la demanda que entonces apuntaba Rufián.

Voto sin declaraciones

Y respecto a su giro de 180 grados, se atuvo a su guion: el preacuerdo con UP incorporaba "garantías" que eran "fundamentales" para los dos socios. Para los morados, porque les permitía entrar en el Ejecutivo. Para los socialistas, porque su pacto le aseguraba un "Gobierno cohesionado y solidario en cuanto a las responsabilidades" y le procuraba la "lealtad" de Iglesias. Además, tras tres procesos electorales en un año —las generales del 28-A y del 10-N y las autonómicas, municipales y europeas del 26-M— era preciso "superar este escenario de bloqueo" y "ofrecer una salida para resolver la crisis de gobernabilidad que vive España". Quizá Sánchez se guardaba la razón más poderosa que citaban estos días en su entorno: si aceptó una coalición con UP fue por "puro pragmatismo", porque las urnas habían debilitado a las dos formaciones progresistas (tres escaños menos el PSOE, y siete de caída los morados) y ni ellas ni el país se podían permitir ir a unos terceros comicios que agigantasen la dimensión de Vox.

En Ferraz insisten en que la negociación recae en quienes la conducen, y que lo que tiene entre manos es "tan serio" que no puede radiarse

Sánchez reapareció el miércoles pasado, en la clausura del VI Congreso de Empresas Familiares Europeas. A la entrada y a la salida esquivó todas las preguntas relativas a la durísima sentencia de los ERE, conocida la víspera. Y en su intervención ante el sector se cuidó de infundir tranquilidad y de garantizar que su Gobierno de coalición, si es que recibe los votos suficientes para pasar el examen de la investidura, buscará la "estabilidad", la cohesión social pero sin olvidar la "disciplina fiscal" y el "equilibrio presupuestario".

Dos semanas de negociación bajo llave tras el 10-N y con Sánchez desaparecido

El sábado, el presidente acudió a votar a su agrupación socialista de Pozuelo de Alarcón (Madrid) para votar en la consulta sobre la alianza con UP. No contestó a preguntas de los medios. Y esta semana no está prevista ninguna comparecencia pública, ni en la Moncloa ni fuera de ella. Tampoco ha habido entrevistas. En la dirección del partido justifican que el líder está "trabajando" para su investidura, y que la negociación recae no en él, sino en los negociadores. Que el secretario general esté fuera del foco, indican, no quiere decir nada más que esto: que lo que tiene entre las manos "es tan serio" que no puede estar radiando al minuto los avances y los contactos ni con su socio y futuro vicepresidente, Pablo Iglesias, ni con otras fuerzas políticas. El organigrama del próximo Gabinete, si lo hay, le excusan, se conocerá en su momento, y tras la investidura.

Pero no solo Sánchez ha rehuido las preguntas de los periodistas. En Ferraz, tras el pacto con UP, no ha habido más que una reunión de la ejecutiva, y no hubo comparecencia posterior. En estos días se han sucedido declaraciones cortas, pilladas a veces al vuelo, del núcleo duro del presidente: de sus números dos y tres en el partido, Adriana Lastra y José Luis Ábalos, o de la vicepresidenta en funciones, Carmen Calvo. Todas, al igual que las comparecencias en la Moncloa de la portavoz, Isabel Celaá, carentes de contenido concreto. De detalles. Por eso en el partido, cuando se pregunta a miembros de la propia dirección federal, siempre previenen que no tienen información de primera mano, que no tienen datos, que no saben más que lo que cuentan los medios. Porque Lastra solo reporta de sus contactos al presidente. Ferraz y la Moncloa están blindadas. En el círculo cercano del presidente se emite poco o nada, porque la prioridad, arguyen, es "proteger" las conversaciones al máximo, y actuar con "discreción" y "reserva" para que el pacto no se frustre y la investidura no salte por los aires. Ni el PSOE ni la Moncloa quieren terceras elecciones.

Condiciones claras de ERC

Pero el PSOE llega a uno de los momentos cumbre de la negociación. Este jueves se reúnen las comisiones de socialistas y republicanos por primera vez. Será a las 17:00, en el Congreso. El ambiente es hostil. ERC ya fijó, a través de una tribuna en 'La Vanguardia' del 'vicepresident' del Govern, Pere Aragonès, cuáles son sus condiciones —quiere una mesa de diálogo entre gobiernos, con calendario claro, "sin cortapisas" y con un mecanismo de validación posterior que pase por las urnas— y quiere que haya un compromiso rotundo e inequívoco del PSOE antes de la investidura. No ha habido ninguna respuesta hasta ahora ni del Gobierno ni del corazón del partido. "Aún no hemos hablado. Y no nos vamos a relacionar a través de los medios de comunicación. El jueves hablaremos, y después contaremos", indicaban fuentes del aparato a este diario, sin concretar más. Lo que sí se anticipa es que, tras esa primera toma de contacto de PSOE y ERC, Lastra sí comparecerá ante los medios. Será la primera vez que dé cuenta de los avances con los grupos en todo este proceso.

Gobierno y PSOE sí advierten a ERC de que hay cuestiones inasumibles, pero no han anticipado dónde está el límite. Lastra comparece el jueves

El presidente no ha fijado públicamente cuáles serán sus condiciones, sus límites, a diferencia de lo que sí han hecho los republicanos. Fuentes del Ejecutivo señalaban que los socialistas no pueden asumir las exigencias de ERC tal y como las planteó Aragonès. En los últimos días, desde el partido se insistía en que uno de los puntos más conflictivos es esa mesa de gobiernos, pues supondría volver a la casilla de salida de Pedralbes, entrar en el marco del separatismo, que siempre anhela una escenificación de dos ejecutivos en pie de igualdad.

Dos semanas de negociación bajo llave tras el 10-N y con Sánchez desaparecido

Ábalos, desde Londres, donde se hallaba de viaje como titular de Fomento, pidió "normalizar" la interlocución del Gobierno central con cualquier autonómico, siempre que se dé "dentro de la normalidad del funcionamiento constitucional", informa Servimedia. Es cierto que el propio Estatut regula una comisión bilateral Generalitat-Estado, prevista para resolver cuestiones pendientes sobre traspasos, financiación o infraestructuras, aunque no preparada para hablar de autodeterminación, que los socialistas nunca aceptarán. Tampoco el PSOE puede transigir, dijo el ministro en funciones, con la amnistía para los presos del 'procés'. En síntesis, su partido ofrece "diálogo dentro de la ley", y no fuera de ella.

"Un Sánchez débil y derrotado"

A su vez, Calvo frenó las prisas de ERC. Lo que habrá a partir del jueves, indicó, es un diálogo "entre partidos" y lo que los republicanos llaman segunda fase de negociación, la mesa entre los dos gobiernos, "consiste en tener investidura, en arrancar la conformación de un Gobierno". "Por nosotros no va a faltar buena intención, con la legalidad en la mano pero con la política también". Preguntada si se abordará el referéndum, la vicepresidenta respondió rotunda: "La autodeterminación no está nunca. La autodeterminación no esta en nuestra Constitución. No hay más vueltas que dar".

Las palabras duras de Rufián y la resolución que burla al Constitucional aprobada en el Parlament tensan la relación con ERC a 48 h de la reunión

Al ambiente ya tenso se añadieron las palabras duras de Rufián por la mañana en el Congreso: confió en que el diálogo prospere porque Sánchez ha sido vencido en Cataluña. "Cada vez que hemos visto a un Pedro Sánchez débil y derrotado, se le puede llegar a sentar en una mesa de diálogo", se jactó, para advertir de que ERC "ha puesto y ha quitado gobiernos" a lo largo de su historia. Por la tarde, el Parlament aprobó, con los votos de JxCAT, ERC y la CUP la resolución que suspendió parcialmente el Tribunal Constitucional. Lo que paralizó el TC fue el punto 11 de la moción conjunta de los separatistas, que plantea que la Cámara "reitera y reiterará, tantas veces como lo quieran los diputados y las diputadas, la reprobación de la monarquía, la defensa del derecho de autodeterminación y la reivindicación de la soberanía del pueblo de Cataluña para decidir su futuro político".

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias sellan su preacuerdo, ante la mirada de las portavoces de PSOE y Unidas Podemos, Adriana Lastra e Irene Montero, y el líder de IU, Alberto Garzón, el pasado 12 de noviembre en el Congreso. (EFE)
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias sellan su preacuerdo, ante la mirada de las portavoces de PSOE y Unidas Podemos, Adriana Lastra e Irene Montero, y el líder de IU, Alberto Garzón, el pasado 12 de noviembre en el Congreso. (EFE)

Los tres grupos urdieron una triquiñuela: recordaron esa parte suspendida y las llevaron a sus propias enmiendas, que fueron aprobadas por todo el secesionismo con la abstención de los comunes y el rechazo de PP y PSC. Los parlamentarios de Cs se ausentaron en la votación y anunciaron que irán a la Fiscalía. Esa resolución, a escasas 48 horas de la cita entre el PSOE y ERC, no hacía más que enrarecer el clima, introducir más crispación en un ambiente ya muy cargado. Desde el Gobierno contestaron que "esperarán, como siempre, a la publicación oficial de la resolución" y advirtieron de que no dejarán "nunca sin respuesta" ni permitirán "nada que sea ilegal". "Estamos a la expectativa, pero ellos no hacen más que tensionar con las resoluciones del Parlament", resumía una dirigente de Ferraz. El optimismo sigue sin retornar, por ahora, a la casa socialista.

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