RECONSTRUCCIÓN DE 24 HORAS DE VÉRTIGO

El pacto del abrazo: Sánchez citó a Iglesias y Redondo y Lastra lo perfilaron con Montero

El presidente aceptó la coalición de la que renegaba antes del 10-N y también que no hubiera "vetos". Tras una reunión de los líderes en la Moncloa, sus escuderos cerraron el documento

Foto: Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se abrazan tras firmar el preacuerdo para el Gobierno de coalición, este 12 de noviembre. (EFE)
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se abrazan tras firmar el preacuerdo para el Gobierno de coalición, este 12 de noviembre. (EFE)
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La discreción fue máxima, los móviles quedaron a un lado y solo el más estrecho grupo de colaboradores de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias conocía que se habían iniciado negociaciones. El Gobierno de coalición progresista que PSOE y Unidas Podemos no fueron capaces de alcanzar tras las elecciones del 28-A, forzando una repetición electoral, se acordó en unas 24 horas, las que mediaron entre una llamada telefónica a la firma del preacuerdo, abrazo entre los dos líderes mediante. Ambos cimentaban, de manera exprés y sorpresiva, el que será, si prospera, el primer Ejecutivo de coalición desde la Segunda República, para el que aún no hay apoyos suficientes en el Congreso.

Este lunes, con los resultados del 10-N aún calientes, y a primera hora de la mañana, antes de dirigirse a Ferraz, Sánchez pide a su director de Gabinete, Iván Redondo, que active la operación. Que monte un café para la tarde en la Moncloa entre los dos líderes. Redondo telefonea entonces a su homólogo en la formación morada, Pablo Gentili, que está fuera de España, y con quien mantiene "una buena relación". Ambos cierran la reunión. A las 11:00, el presidente en funciones reúne a su dirección federal en Ferraz, y demanda a los suyos que le otorguen la confianza para asumir en solitario las negociaciones para la investidura. El secretario general, cuyo liderazgo es indiscutido en el PSOE, recibe carta blanca de su equipo, pero no le anticipa que la maquinaria a favor de la coalición está en realidad ya en marcha. Y eso que en la cita en Ferraz hay dirigentes que le reclaman que tenga en cuenta la materia gris de la dirección.

Sánchez llama entonces a Iglesias, de quien había recibido dos mensajes la víspera. Uno, preguntándole por lo que estaba ocurriendo en Bolivia, tras la renuncia de su presidente, Evo Morales. Con el otro mensaje, el jefe de Unidas Podemos le instaba a "rectificar" y formar un Ejecutivo conjunto. "El 28-A había una oportunidad histórica para formar un Gobierno de coalición, ahora es una necesidad histórica", le había trasladado, haciendo hincapié en que esta era "la única manera para frenar a la extrema derecha en nuestro país". Durante la llamada, según fuentes de Podemos, Iglesias le pregunta al presidente si está dispuesto a explorar una coalición. La respuesta es afirmativa. Después, el líder de los morados se traslada al palacio de la Moncloa.

El café arranca después de comer, sobre las 16:00, y dura alrededor de una hora. Sánchez e Iglesias desarrollan las bases para la formación de un cogobierno y a pasos acelerados se van poniendo de acuerdo en lo fundamental. La principal traba en las pasadas elecciones no era tanto programática, puesto que ya se había firmado un acuerdo presupuestario previamente con medidas extrapolables a un pacto de legislatura, sino de reparto de poder. Lo primero que acuerdan, a petición de Iglesias, es que en esta ocasión no haya vetos. Ni el PSOE vetará los nombres que elija Unidas Podemos para entrar en el Consejo de Ministros ni Unidas Podemos tendrá voz y voto en las carteras socialistas. Ni siquiera con respecto a Nadia Calviño, a quien ya el presidente propuso como vicepresidenta económica en campaña y quien representa para los morados el ala más liberal del actual Ejecutivo y un perfil más dispuesto a aplicar medidas de austeridad impuestas por Bruselas.

Sánchez encargó a primera hora del lunes a su jefe de Gabinete que hablara con Podemos y montara un café entre los dos líderes por la tarde


El compromiso a no ponerse vetos mutuamente abrió así la puerta a que Iglesias formase parte del Gobierno. Después de haberse echado a un lado en julio para facilitar el acuerdo, en esta ocasión ya había anunciado que exigiría tener responsabilidades de Gobierno. Sánchez acepta y ante el planteamiento de que sea Iglesias quien, como líder del partido, sea quien ocupe una vicepresidencia, la respuesta que le traslada es que "no habrá vetos personales".

Todo fluye rápido

Lo siguiente que Iglesias pone sobre la mesa de Sánchez es que el peso de cada formación en el Consejo de Ministros sea proporcional a su representación. No se aclara si en votos o en escaños, pero en todo caso se da por hecho que esta cuestión no será una línea roja. De hecho, la conclusión del encuentro es precisamente que no hay ninguna línea roja y que, en lo fundamental, están de acuerdo. Los dos secretarios generales van poniéndose de acuerdo sobre un organigrama, pero se conjuran para no hacerlo público hasta que sea conveniente. Pactan ir de la mano, "como una piña", en cuanto a la comunicación de los pasos que vayan dando.

Los dos secretarios generales van poniéndose de acuerdo sobre un organigrama, pero se conjuran para no hacerlo público antes de tiempo

Ante los avances en la reunión mantenida entre Sánchez e Iglesias en Moncloa, ambos acuerdan que sean sus equipos negociadores quienes acaben de perfilar un documento. Por parte del PSOE, se delega en el jefe de Gabinete del presidente en funciones, Iván Redondo, y la portavoz en el Congreso y número dos del partido, Adriana Lastra, quien claramente había empujado a favor del acuerdo en el verano. Por parte de Unidas Podemos la negociadora es la portavoz, Irene Montero. La relación entre ellas estaba engrasada por la legislatura pasada, por su trato cotidiano como portavoces. Estos equipos comienzan así el intercambio de documentos y borradores.

Lastra y Montero están en permanente contacto con Sánchez, Redondo e Iglesias. Todo fluye rapidísimo. A fin de cuentas, en el verano el acuerdo se había tocado con la punta de los dedos: hacía un año los dos partidos cerraron el documento presupuestario y en las negociaciones fallidas se habían afinado las políticas prioritarias.

El pacto del abrazo: Sánchez citó a Iglesias y Redondo y Lastra lo perfilaron con Montero

Esta vez, no se encuentran problemas. Nada que ver con las tortuosas negociaciones de abril. Pero es que ha habido unas elecciones por medio, las del 10-N, que cambiaron todo. El presidente, alegan en su equipo, se había ido mentalizando de que podría no salir reforzado de las urnas, y tendría que aceptar aquello que no quiso, un Ejecutivo de coalición. Conocidos los resultados, él mismo promete que habrá Gobierno progresista "sí o sí".

Ni Calvo, ni Echenique

Una convicción que traslada el lunes a su dirección, aunque no adelanta a sus dirigentes cómo compondrá esa mayoría y qué método utilizará para negociar. Sí les insiste, incluso, en que cree que es más sencillo ahora lograr una investidura, pese a la fragmentación política, porque el bloqueo pétreo del no, que antes integraban PP, Cs y Vox, y que sumaban 147 escaños, ha menguado, al aglutinar populares y ultraderechistas 140 asientos, dada la debacle de los naranjas. En la Moncloa alegan que ya no hay una sentencia del 'procés' que se cruce de por medio y que tense las relaciones por Cataluña.

Sánchez persigue la suma de los 170 escaños: con UP y Más País, más PNV y la constelación de regionalistas, a falta del concurso de ERC o Cs

En las conversaciones que se suceden por la tarde del lunes no están implicados cuatro actores de las fallidas negociaciones del verano. No están ni la vicepresidenta, Carmen Calvo, ni la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, por parte del PSOE. Ni Pablo Echenique ni Ione Belarra, por los morados. El juego se reduce esta vez a muy pocos protagonistas. "De portavoz de grupo a portavoz de grupo. No era necesario que estuviera más gente. Este sistema ha funcionado. Se trataba de que fuera una cuestión muy ejecutiva, rápida, no tiene importancia que no estuvieran", explican en el entorno del presidente. En esta ocasión, y a diferencia de julio, sí ha estado presente Redondo, con un rol, insisten en la Moncloa, muy activo, "como también lo reconocen en Podemos", pese a que en las anteriores conversaciones era visto por los morados como un obstáculo para el entendimiento. La estrategia de Redondo para el 10-N había sido cuestionada por algunos en el PSOE, pero este golpe de efecto del presidente, dicen quienes le defienden, resitúa su papel.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias besan a Adriana Lastra e Irene Montero, junto a Alberto Garzón e Iván Redondo, este 12 de noviembre en el Congreso. (EFE)
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias besan a Adriana Lastra e Irene Montero, junto a Alberto Garzón e Iván Redondo, este 12 de noviembre en el Congreso. (EFE)

El martes 12 de noviembre se levanta sin señales públicas de que haya diálogo entre las dos fuerzas progresistas. Todavía se andan cerrando detalles del decálogo que constituirá el tronco del texto. Hacia las 13:00 saltan las alertas y las dos formaciones anuncian una convocatoria de sus dos líderes en el Congreso, en el comedor de gala de la primera ampliación, una de las estancias más nobles de la Cámara Baja. Sobre las 14:20, Sánchez e Iglesias comparecen brevemente para firmar el "preacuerdo para conformar un Gobierno progresista de coalición", con el objetivo de "situar a España como referente de la protección de los derechos sociales en Europa".

También Bolaños

Se trata de un documento de apenas dos páginas y en el que se recogen "los ejes prioritarios de actuación del Gobierno progresista de coalición", centrados en "dar respuesta a los principales retos que tiene ante sí la sociedad española en su conjunto". Tras las intervenciones, sin preguntas, de los dos secretarios generales, estos se funden en un caluroso abrazo que la prensa congregada en la sala recibe con un largo e irónico "¡oooooooh!". Se cierran meses de hostilidades y de reproches. Sánchez e Iglesias abrazan entonces a Lastra y Montero y a los demás integrantes de las dos delegaciones: Iván Redondo; el número dos del Grupo Socialista, Rafael Simancas, y el secretario general de la Presidencia del Gobierno, Félix Bolaños (uno de los fontaneros fundamentales de la Moncloa, al corriente de los movimientos emprendidos en las últimas horas), y los representantes de IU (Alberto Garzón) y las confluencias catalana y gallega de Unidas Podemos, Jaume Asens y Yolanda Díaz, además del diputado ecologista Juantxo López de Uralde. Llama la atención el abrazo y la palmada en la espalda de Redondo e Iglesias. Ambos son amantes de la estrategia política y ambos habían chocado en los meses anteriores precisamente por ella.

El presidente tenía claro que tendría que aceptar la coalición y que cumpliría su promesa de promover el desbloqueo en las 48 horas siguientes al 10-N

La celeridad sorprendió. Pero, como recuerdan en el equipo del presidente, él se comprometió durante la campaña a promover el desbloqueo en las 48 horas siguientes a las urnas. Y quiso cumplirlo. También tenía claro que el acuerdo habría de hacerse por la izquierda, y no sondear la hipótesis de una gran coalición con el PP, que también desechó en el viaje hacia el 10-N. Como dicen en su equipo, se convenció de que "no quedaba otra" que aceptar un Gabinete bicolor, el que no quiso. Tenía que ceder, tragarse sus propias palabras.

En los próximos días, las conversaciones seguirán. No solo entre los líderes. También entre sus escuderos. Lastra, quizá ayudada por el número tres del PSOE, José Luis Ábalos, comenzará a reunirse con el resto de formaciones políticas minoritarias. El número en el que piensa Sánchez es 170. O sea, los apoyos de los socialistas (120), Unidas Podemos (35), Más País (3), PNV (7), Partido Regionalista de Cantabria (1), Teruel Existe (1), BNG (1) y Coalición Canaria-Nueva Canarias (2). A partir de ahí, haría falta o la abstención de ERC (13), que de momento se resiste, o el sí de Ciudadanos (10), que también lo ha negado. En la Moncloa creen que el plan funcionará, y que el Congreso se dividirá en dos, entre los que se sumen al desbloqueo y "la derecha [el PP] y la ultraderecha" de Vox.

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