CALVO Y CALVIÑO, POSIBLES VICEPRESIDENTAS

Sánchez hace ahora vicepresidente a Iglesias y acepta tres ministros morados y sin vetos

El líder socialista cede y transige con los planteamientos de Iglesias. No hay detalles del organigrama, que se irá conociendo en los próximos días. En el PSOE se da por supuesto que seguirá Calvo

Foto: Pedro Sánchez y Pablo Iglesias firman el acuerdo ante la mirada de Adriana Lastra, Irene Montero y Alberto Garzón, este 12 de noviembre. (EFE)
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias firman el acuerdo ante la mirada de Adriana Lastra, Irene Montero y Alberto Garzón, este 12 de noviembre. (EFE)

Las bases para el Gobierno de coalición entre PSOE y Unidas Podemos están ya desarrolladas y durante los próximos días se acabará de perfilar la estructura del que sería el primer Ejecutivo conjunto de las izquierdas en España desde la Segunda República. Sus principales características son que tendrá compartimientos estancos, con toda la jerarquía de cada ministerio bajo la batuta del mismo partido al que corresponda y sin vetos cruzados sobre sus hipotéticos titulares, será proporcional, apuntando a una vicepresidencia social para Podemos, que ocupará Pablo Iglesias, y probablemente hasta otras tres carteras moradas, y no tendrá que ver con los repartos competenciales propuestos en las ofertas y contraofertas de las fallidas negociaciones de julio porque se ha partido "de un nuevo diálogo".

No se basará de este modo, según fuentes cercanas a las negociaciones, en "esquemas pasados" que produjeron choques por el reparto competencial, sino que se buscará aunar la voluntad de ambas partes. Los perfiles de Unidas Podemos serán con experiencia de gestión y no se integrarán en estructuras de gobierno en función de qué competencias desee ocupar esta formación, sino atendiendo a dónde puedan aportar más según sus conocimientos para desarrollar determinadas políticas. Al menos esta es la intención, y de momento no se están encontrando escollos. La integración del jefe de UP en la sala de máquinas del poder apunta además a que habrá otras dos vicepresidencias. Una, económica, en manos de Nadia Calviño, y otra, política, que seguiría manteniendo Carmen Calvo, cuya continuidad se da por descontada en la cúpula del PSOE, aunque en el núcleo que lleva las riendas de las conversaciones no se confirma ni ese ni ningún otro nombre.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias seguirán liderando la interlocución para acabar de definir los detalles de este "Gobierno progresista de coalición" y continuarán haciéndolo con total discreción. Es la única garantía de llegar a un acuerdo satisfactorio, entienden, y la experiencia de los últimos meses así lo ha demostrado, más allá de que se apoyarán en sus respectivos equipos. La tarea que queda por delante, aunque a grandes rasgos ya está muy avanzada, se centra en llevar al detalle los distintos equipos y las políticas a desarrollar. "Existe voluntad de sacarlo adelante cuanto antes", concluyen estas mismas fuentes.

Las negociaciones se están desarrollando con unas facilidades que llaman la atención tras los choques anteriores. Los dos líderes rectifican y ceden


El objetivo es que el Gobierno que salga de estas negociaciones sea lo suficientemente "estable" para garantizar el desarrollo de una legislatura completa de "cuatro años" sin sobresaltos, como también incidió el presidente durante la comparecencia conjunta en el Congreso. De momento las negociaciones se están desarrollando con unas facilidades que llaman la atención tras los sonados desencuentros de los últimos meses. La firma del preacuerdo este martes, en apenas 24 horas de conversaciones, da buena cuenta de ello. Sánchez e Iglesias han salido debilitados de las urnas del 10-N —uno perdió tres escaños, y el otro siete— y son conscientes de que no les queda más remedio que entenderse para evitar unas terceras elecciones, aunque para ello tendrán que recabar apoyos de los que aún no disponen. Eso explicaría (en parte, porque ninguno de los dos secretarios generales ha aceptado preguntas de los periodistas) que lo que antes no era posible ahora sí lo sea. Y, singularmente, que Iglesias se convierta en nuevo vicepresidente, tras ser vetado por Sánchez en julio y tras asegurar él mismo en septiembre que "no dormiría" por las noches si hubiera transigido con el modelo de coalición que su socio preferente le exigía.

Ministerios no compartidos

Más allá de la sintonía que ahora muestran PSOE y Unidas Podemos y que visibilizaron sus respectivos líderes con un afectuoso abrazo frente a las cámaras tras firmar el preacuerdo, se ha acordado que los ministerios no sean compartidos. Se trata principalmente de una preferencia de los socialistas, que se inclinan por evitar el denominado 'sottogoverno', mezclando cargos de ambos partidos en distintos niveles de responsabilidad de la Administración.

Suenan como ministrables de UP la portavoz, Irene Montero, o dirigentes como Alberto Garzón, Héctor Illueca o Juantxo López de Uralde

Aunque ninguna de las partes quiere dar detalles del organigrama, todo indica que el nuevo Gobierno tendrá tres vicepresidencias. Dos ya estarían adjudicadas a Iglesias y a Calviño —el guiño al centro que Sánchez se permitió en campaña y que le permitirá no perder esa perspectiva ahora que el Ejecutivo se reorientará más hacia la izquierda—, y la tercera, de contenido más político, podría recaer en Carmen Calvo. Ella es una de las personas de la máxima confianza del líder, su mano derecha en el Ejecutivo, la que ha ejercido como práctica portavoz en los momentos decisivos, por encima de la encargada oficial de esa tarea, Isabel Celaá.

Sánchez hace ahora vicepresidente a Iglesias y acepta tres ministros morados y sin vetos

Por eso, como uno de los pilares del Gobierno en todo este tiempo, en las alturas del PSOE interpretan que ella seguirá en el Gabinete. Pero en ese caso su poder disminuiría, porque no sería la única vicepresidenta y puede que sus competencias en materia de Igualdad, que en julio se ofrecieron a Podemos, acaben en manos de los morados. Calvo podría continuar al frente del Ministerio de la Presidencia y Relaciones con las Cortes y ganar la poderosa Portavocía del Ejecutivo o bien Política Territorial, que le permitiría preservar el diálogo institucional con Cataluña, como de hecho ya hizo en los meses previos a la convocatoria de elecciones.

En principio, habría tres vicepresidencias: una social, para Iglesias; otra económica, para Calviño, y otra política, para Calvo, quizá reforzada

Al margen de las tres vicepresidencias, que ocuparían Carmen Calvo, Nadia Calviño y Pablo Iglesias, se ha evitado hasta el momento confirmar más nombres, aunque tanto Irene Montero como la gallega Yolanda Díaz suenan como ministrables después de haber estado ya en las quinielas, junto a otros nombres que podrían ocupar cargos de responsabilidad como Alberto Garzón, Héctor Illueca o Juantxo López de Uralde. El PSOE ya ofreció tres carteras en el verano (Vivienda, Sanidad e Igualdad), pero está por ver que sean esas las áreas que finalmente pueda recibir el grupo confederal. En cualquier caso, es de esperar que el peso mayor del Ejecutivo recaiga en los socialistas, como fuerza mayoritaria de la coalición.

Apoyos sin garantizar

PSOE y Unidas Podemos saben que tienen que explicar por qué ahora es posible un acuerdo que no lo fue antes del 10-N. La mayor presión la recibe Sánchez, el que aparentemente más cede ahora. En la cúpula señalan que no quedaba "otra opción" con el resultado de las segundas generales, en la que los dos partidos salen penalizados por el pacto frustrado. Y eso que el presidente contaba con reforzarse para montar ese Gobierno "fuerte", "estable" y "cohesionado" con el que soñaba. Pero esa estrategia se tornó en fiasco. Además, indican, el país no puede permitirse unos terceros comicios. Y hay otro elemento que todo lo perturba, y es la fuerte irrupción de Vox, con 52 escaños. Tercera fuerza en el Congreso, impulsada muy seguramente por los disturbios ocurridos en Cataluña tras la sentencia del 'procés'.

ERC y Cs se mantienen en el no. Los republicanos tienen ahora más complicada la abstención por la competencia en el campo independentista

Las urnas han dejado un hemiciclo más difícilmente gobernable que el arrojado el 28-A, con una fragmentación mayor, aunque el presidente confía en sacar rédito de esa atomización y del hecho de que no hay incentivos para nadie para ir a unos nuevos comicios. Sánchez sueña con sumar los apoyos de 170 diputados (120 del PSOE, 35 de Unidas Podemos, tres de Más País, siete del PNV, dos de Coalición Canaria, y uno del Partido Regionalista de Cantabria, Teruel Existe y BNG). A partir de ahí, haría falta o el sí de Cs (10) o la abstención de ERC.

Los naranjas tacharon el preacuerdo de "nefasto y contrario a la mayoría de intereses de los españoles", por lo que es complicado que, aun descabezados, se apresten a dar su apoyo a una coalición de PSOE y UP. ERC tiene ahora más difícil facilitar la investidura, como ya avisó. El escenario abierto tras la sentencia, con unas presumibles elecciones en el horizonte y una competición feroz por el espacio independentista, complica todo. Este martes la formación anunció su no y pidió que haya un diálogo político sobre Cataluña. Los socialistas han endurecido su discurso en las últimas semanas, conforme avanzaba la campaña. El presidente llegó a plantear en campaña la tipificación como delito de la convocatoria de referéndums ilegales y buscó cortar de cuajo la construcción de una república digital catalana, y acudió una semana tras otra al Tribunal Constitucional para impugnar actos de la Mesa del Parlament o del Govern.

Sánchez hace ahora vicepresidente a Iglesias y acepta tres ministros morados y sin vetos

ERC tiene menos margen de maniobra porque se ha dejado dos escaños en la repetición electoral (de 15 a 13), mientras sus rivales de JxCAT han ganado uno (de siete a ocho) y la CUP debuta en el Congreso con dos representantes. Si ERC y Cs no salen del no, la investidura de Sánchez no prosperaría, aunque los cinco diputados de EH Bildu se mantuvieran en la abstención.

La reelección del líder socialista está aún, pues, lejos de quedar garantizada. En la Moncloa señalan que los minoritarios tendrán difícil no ayudar al desbloqueo, porque les supondría votar junto al PP y la ultraderecha. Sánchez querría librarse de la ayuda de los separatistas, pero la difícil aritmética que dejó el 10-N hace que se encamine a la reedición de los apoyos que le dieron la victoria en la moción de censura. Su plan inicial es conseguir la investidura antes de final de año.

El párrafo dedicado a Cataluña en el preacuerdo entre PSOE y Unidas Podemos se acomoda a la línea defendida hasta ahora por el Ejecutivo. "El Gobierno de España tendrá como prioridad garantizar la convivencia en Cataluña y la normalización de la vida política. Con ese fin, se fomentará el diálogo en Cataluña, buscando fórmulas de entendimiento y encuentro, siempre dentro de la Constitución".

O sea, ley y diálogo, lo que siempre ha defendido el presidente. Los morados han venido reiterando que entienden que, en un asunto tan delicado, el PSOE lleve la batuta, y aunque hagan valer su posición en el Consejo de Ministros, acatarán la posición de Sánchez con "lealtad". La misma que Iglesias prometió a Sánchez durante su comparecencia. Lealtad y no mirar atrás, aparcar los reproches para construir un proyecto "ilusionante" que aún se desconoce si podrá ponerse en marcha. Ambos se agradecen la "generosidad" y la disposición al acuerdo, pero para llegar hasta aquí han hecho falta dos elecciones y cerca de siete meses de parálisis.

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