INVESTIDURA FALLIDA Y COALICIÓN ENTERRADA

Cinco días de infarto y de fracaso: así vivió el PSOE la negociación y ruptura con Podemos

Empezó mal y acabó peor. El diálogo se torció desde el comienzo porque, según los socialistas, Iglesias quería cobrar cara su retirada y decidir él. Este es el relato del Ejecutivo y del partido

Foto: Pedro Sánchez, seguido de las negociadoras Carmen Calvo y Adriana Lastra, el pasado 25 de julio en el Congreso. (EFE)
Pedro Sánchez, seguido de las negociadoras Carmen Calvo y Adriana Lastra, el pasado 25 de julio en el Congreso. (EFE)

—El siguiente paso es Igualdad. Cedámosla.

Es miércoles 24 de julio. Apenas quedan 24 horas para la segunda votación de investidura de Pedro Sánchez. Las negociaciones continúan atascadas. No hay forma de cerrar ningún acuerdo para construir un Gobierno de coalición. La reunión en el Congreso de la mañana ha sido infructuosa. Pero queda esa palanca, el Ministerio de Igualdad. Una de las "almas del PSOE", su "niña bonita", una de sus banderas más reconocibles, una de sus joyas de la corona. Y el presidente en funciones y candidato decide desprenderse de ella para cerrar una alianza, pero no está dispuesto a caminar un centímetro más.

Poco después, sobre las siete de la tarde, y tras una llamada entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, todo se rompe. No habrá investidura.

Y no la hubo.

Concluían de forma abrupta, violenta, cinco días de negociaciones contrarreloj tras casi tres meses sin avances. Cinco días en los que PSOE y Unidas Podemos intentaron poner en pie el primer Ejecutivo bicolor en España en 40 años de democracia, el primero desde la Segunda República. Cinco días en los que, sin embargo, y según el relato de los socialistas, nunca estuvo realmente cerca el acuerdo. Empezó mal y acabó peor. Para el Gobierno y para Ferraz, Iglesias, a quien culpan personalmente de haber hecho descarrilar el diálogo por su ambición personal, nunca quiso el entendimiento. Y para los morados, fue Sánchez el que jamás se sintió cómodo con la coalición y el que la rehuyó tanto que al final, con su golpe sobre la mesa, rompió la baraja. La temperatura sigue entre ambas partes muy alta, pero ya nada será igual. La oferta de cogobierno, dice y reitera el PSOE, ya no existe. Caducó y no regresará más. Con toda la provisionalidad, eso sí, que en la política tiene la palabra "nunca".

El problema de fondo que ha dificultado las conversaciones es la desconfianza, el choque de tradiciones distintas de la izquierda


Una larga conversación de este periódico con dirigentes del Ejecutivo y de la cúpula socialista para reconstruir, desde su perspectiva, qué pasó aquellos días, da también la medida del sentimiento de desazón y cólera que recorre la espina dorsal del partido. Se percibe inequívocamente que el problema de fondo, el que ha embarrado el diálogo desde el minuto uno, es la profunda desconfianza entre dos partidos condenados a entenderse pero que hablan en longitudes de onda muy diferentes. Son dos culturas distintas. Recomponer los puentes no será ni inmediato ni sencillo. El mero relato de una de las partes, del PSOE, que es el que sigue, armado con fuentes de primer nivel conocedoras de los detalles de la negociación, prueba que la irritación y decepción con Podemos tardarán en diluirse. "El problema es que solo ha decidido Pablo", "Él nunca se vio fuera del Gobierno", analizan a toro pasado en el núcleo duro del Gabinete.

De la frialdad a la convicción

Viernes 19 de julio. Pablo Iglesias sorprende. Da un paso atrás después de que Pedro Sánchez le señalara como el "principal escollo" para el acuerdo. Charla con el presidente para trasladarle su decisión y la anuncia después a través de Twitter: no quiere ser "excusa" para que no haya un Gobierno de coalición en España, pero no quiere más "vetos" y sí una presencia proporcional a los votos en el Consejo de Ministros. Sánchez ordena a su vicepresidenta, Carmen Calvo, que hable con el secretario de Acción de Gobierno de los morados, Pablo Echenique, para arrancar las conversaciones. Ferraz, mientras, envía un brevísimo comunicado en el que enfría las expectativas y advierte de que aunque cree posible el acuerdo, el PSOE no admitirá "imposiciones" porque es el candidato el que debe "decidir" su equipo.

Las reuniones no empiezan hasta que Calvo garantiza a Echenique que Sánchez acepta una vicepresidencia social para Irene Montero

La primera conversación de Calvo y Echenique, jefes de los respectivos equipos negociadores, es de tanteo. La vicepresidenta le recuerda que su partido aprobó dos documentos programáticos, el último de ellos la víspera, más próximo a los planteamientos de Podemos. Él tiene el texto a través de los medios. "Sobre eso empezamos a trabajar y nos vemos mañana", le dice la número dos. Por la noche, ambos vuelven a hablar y el dirigente le anticipa que antes de sentarse a la mesa hay cuestiones previas que resolver. Calvo demanda negociar "sin apriorismos".

Al día siguiente, sábado 20, Adriana Lastra, portavoz parlamentaria socialista y, como la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, miembro del equipo designado por el presidente para salvar su investidura, lanza un mensaje más positivo, de convicción de que habrá entendimiento. Echenique pide a la vicepresidenta que le garantice que no habrá más "vetos" y que le asegure que habrá una vicepresidencia para Irene Montero. De lo contrario, no habrá reunión. Calvo no encuentra "de recibo" esa "imposición", porque considera que el PSOE ya ha cedido terreno al aceptar un Ejecutivo de coalición cuando ambas fuerzas no suman mayoría absoluta. Consulta con el presidente, porque es suya la "decisión" sobre su equipo. Sánchez acepta. Echenique coge el coche y se acerca al punto acordado, un hotel del norte de la capital, el NH Las Tablas, cerca de los estudios de Atresmedia, en la localidad madrileña de San Sebastián de los Reyes. Platós a los que Calvo acudirá poco más tarde para una entrevista en 'La Sexta Noche', que arranca algo antes de las 21:30.

Pablo Iglesias, junto a su secretario de Acción de Gobierno, Pablo Echenique, el pasado 6 de mayo. (EFE)
Pablo Iglesias, junto a su secretario de Acción de Gobierno, Pablo Echenique, el pasado 6 de mayo. (EFE)

El primer encuentro entre los dos equipos en ese hotel, en la tarde del sábado, puede comenzar. Ocurre a las 19:30, tras un retraso de hora y media. La número dos apuntala ese mensaje de optimismo en la tele, donde confirma que los dos comités han estado ya frente a frente y que seguirán. De hecho, tras la entrevista la vicepresidenta regresa al hotel para continuar con la cita hasta tarde. La composición de la delegación socialista es, por cierto, un mensaje del líder: de absoluta confianza en su dos y de promoción de dos mujeres, su portavoz y la ministra de Hacienda, más proclives al entendimiento. Esta había negociado los Presupuestos de 2019 con el mismo Echenique. José Luis Ábalos, el secretario de Organización, es apartado por razones operativas, alegan en su entorno: se trataba de encajar la pata del Gobierno y la coordinación (Calvo), la relación política y parlamentaria (Lastra) y la experiencia previa por el acuerdo de PGE (Montero). Ábalos, que había pactado previamente la terna de negociadoras con el presidente, se encargó de mantener el contacto con IU, PNV, ERC y Compromís.

Una vicepresidencia y cinco ministerios

Para entonces, Calvo, Lastra y Montero ya tenían la propuesta por escrito, en Word, de áreas de responsabilidad que quería ocupar Unidas Podemos [aquí en PDF]. El texto que el miércoles distribuye Ferraz, una vez rotas las negociaciones, con una nueva etiqueta: las "exigencias" de los morados. Las dirigentes socialistas no salen de su asombro. "¿Qué nos corresponde entonces? Apenas nada. Tropas, comisarías, nombramiento de embajadores y poco más. Es quedarse con el Gobierno de quien ha ganado las elecciones", reflexionan.

Los morados no querían ministerios de Estado (Exteriores, Justicia, Defensa e Interior), pero sí reclaman una vicepresidencia social para Montero y cinco departamentos: tres existentes —Trabajo, Transición Energética y Ciencia y Universidades— y dos nuevos —Derechos Sociales, Igualdad y Economía de los Cuidados y Justicia Fiscal y Lucha contra el Fraude—. Tanto Echenique como su compañera en la negociación, la diputada morada Ione Belarra, admiten que es un documento "de máximos". "Es pedir un cogobierno", replican los socialistas, que se quejan de que, con ese esquema presentado por los de Iglesias, Sánchez no podría desplegar su programa, porque con los ministerios de Estado "no se hace política", no se logra impacto mediático. También adelantan que Trabajo y Transición Ecológica son intocables.

Los socialistas ofrecen desde el principio la combinación 3+1: tres ministerios (las propuestas fueron cambiando) y una vicepresidencia social

El diálogo ya entonces "no tiene visos de ir a ningún sitio". Pero nadie se levanta de la mesa. Calvo, Montero y Lastra se sorprenden, explican en el Ejecutivo, de que la vicepresidencia que pide Podemos es de "coordinación de los ministerios" de su partido, algo "no posible" porque esa labor de orquestación de los departamentos sociales, sean sus titulares de un partido u otro, se canaliza a través de una comisión delegada, que Irene Montero presidiría.

Irene Montero, el pasado 26 de junio en el Congreso. (EFE)
Irene Montero, el pasado 26 de junio en el Congreso. (EFE)

"Nosotros nutrimos de contenido y sentido esa vicepresidencia y hacemos depender de ella esa comisión delegada", alegan en el PSOE. "Nos piden desgajar las escuelas infantiles de Educación para garantizar la enseñanza gratuita y universal de 0 a 3 años. Les decimos que el Gobierno no se construye con anuncios políticos. Este grado de dificultad de comprensión del Ejecutivo complica todo. No perciben que se trata de un órgano colegiado y jerárquico. La negociación es muy asimétrica", añade otra responsable.

La oferta de Sánchez, "desde el minuto uno", es un 3+1. Tres ministerios y una vicepresidencia. Es la que se explora ya desde el sábado y también en el encuentro del domingo —en el mismo hotel madrileño, y entre Calvo, Montero y Lastra, y Echenique y Belarra—, que acaba pasada la medianoche sin acuerdo. Las combinaciones, no obstante, van cambiando. Los socialistas proponen a UP que gestionen Sanidad y Consumo, Vivienda y Juventud. "Y dicen que no". Se plantea que lleven "Agricultura, Pesca y Alimentación, con las competencias sobre Reto Demográfico", que puede resultar "interesante para IU", por la estructura territorial. "La respuesta es no".

Calvo y sus compañeras apuntan a la cesión de las políticas de cooperación al desarrollo, el despliegue de la Agenda 2030 —"objeto querido por el presidente"—. Sánchez está al corriente del paso de las conversaciones, que también monitorizan desde fuera de la mesa de negociación su director de Gabinete, Iván Redondo, y el secretario general de la Presidencia, Félix Bolaños. Al gurú del presidente, el hombre obsesionado por el relato y el autor de la estrategia, algunos en el partido atribuyen una predisposición clara a ir a elecciones. La Moncloa lo desmiente.

Cinco días de infarto y de fracaso: así vivió el PSOE la negociación y ruptura con Podemos

Van sucediéndose las propuestas, nunca todas juntas: el PSOE ofrece Turismo y Deporte, Asuntos Migratorios. También Cultura. Siempre con la fórmula 3+1. El intenso y tenso toma y daca no conduce a ningún lado. "No aceptan nada", concluyen las dirigentes socialistas. El breve encuentro de los dos equipos negociadores antes de que arranque el pleno de investidura en el Congreso, el lunes, constata las distancias. Podemos denuncia que el PSOE solo les reserva "responsabilidades simbólicas", sin dotación ni poder presupuestario. Busca "excusas", dice, para que no haya una coalición.

La reyerta del pleno

El hemiciclo es testigo de los desencuentros entre las dos formaciones. Sánchez pronuncia un discurso inicial sin apenas mimos a Iglesias y, por la tarde, los dos se cruzan graves reproches. Sus señorías asisten a la riña con pasmo. El presidente deja ver que no está cómodo con la fórmula de la coalición, no al menos como la conciben los morados, y ya se sitúa en la pantalla siguiente: si no hay consenso, que al menos se avengan a un acuerdo de investidura o un pacto de legislatura. Iglesias, en su último turno, estalla y se queja de que el PSOE no cede competencias en Hacienda, ni en Trabajo, ni en Transición Ecológica, ni en Ciencia. "Señor Sánchez, ¿qué nos ha ofrecido? Explíqueselo a la Cámara", exclama. "Si por la cerrazón no hacen un Gobierno de coalición con nosotros, proporcional a los votos obtenidos, me temo que usted no será presidente de España nunca", concluye lapidario. El presidente no le replica. Según los suyos, para no calentar más el ambiente y no romper el diálogo. El pleno vive las tensiones de una negociación en directo. La dureza del choque extraña a algunos diputados socialistas.

Una llamada de la ministra Montero a Garzón consigue Igualdad para los morados, joya para el PSOE. Pero Podemos insiste: Trabajo o Transición

El martes, el debate prosigue. Calvo, en declaraciones a los medios, rebaja el tono —lo mismo hace Lastra desde la tribuna—, tiende la mano y confirma la vicepresidencia social para Irene Montero. Los morados, también para facilitar el diálogo, deciden abstenerse. Al término del pleno, en la zona reservada al Gobierno en el Congreso, Sánchez define la estrategia con su núcleo duro: a Calvo, Lastra y Montero se suman Ábalos y los hombres fuertes de la Moncloa, Redondo y Bolaños. El encuentro dura tres horas y tras él el Ejecutivo comunica que retoma la iniciativa. La vicepresidenta llama a Echenique y se cita con él para la mañana siguiente en la Cámara Baja. Habrá "nueva oferta". No es más amplia, sino "diferente", como desliza la Moncloa.

El 24 de julio amanece con "optimismo" y prudencia. La presión es máxima para el acuerdo. El PSOE ofrece Ciencia y Universidades, lo que le supondría sacrificar a un ministro que le valió a Sánchez como vistoso escaparate hace un año, Pedro Duque. Podemos mantiene su demanda, no obstante, de hacerse con Trabajo (sin Seguridad Social) y Transición Energética, con el argumento de que quiere garantizar que se consuma la derogación de la reforma laboral de 2012, se sube el salario mínimo y se rebaja la factura de la luz. Las dirigentes socialistas entienden que esa insistencia es "una afrenta", puesto que ambas carteras son "mollares" para el presidente. "Si tuvierais Transición, nombraríais a Teresa Ribera para el cargo", defienden las socialistas, aferrándose a las credenciales verdes y al "prestigio" de la actual ministra. El PSOE no quiere "renunciar a la política social", consciente de que es una bandera histórica y de que cederla por completo le restaría titulares.

Las conversaciones se paran durante la comida. El PSOE espera una respuesta a su última oferta. No la recibe. La ministra Montero se dirige entonces a Alberto Garzón, con quien tiene buena relación, para pedirle que medie. El coordinador federal de IU, que como ratifican en su entorno ha estado al margen de la negociación que ha desplegado Podemos, se ofrece de interlocutor y reclama Igualdad, porque cree que es lo que puede conducir al desatasco. Montero consulta. El presidente da el visto bueno. La pérdida de Igualdad es más que simbólica. No solo por la conexión con el movimiento feminista y porque es una de las enseñas del partido. El ministerio depende ahora mismo de la vicepresidenta. De Calvo. Esta, subrayan en su entorno, comunica a Echenique que los socialistas están dispuestos a transferirles Igualdad, y del combo sale Ciencia y Universidades. Podemos, sin embargo, sostiene que la número dos no les hizo esa propuesta, porque realmente nunca quiso soltar una competencia que era suya. Montero notifica a Garzón que "a través de él" el Gobierno oficializa la pérdida de ese ministerio a favor de UP. El líder de IU tiene de hecho acceso a los documentos con las ofertas del PSOE gracias a estos, como confirman a este diario fuentes muy próximas al dirigente. Él rebota la oferta a los negociadores morados.

El paso al "modo ataque"

Podemos, una vez tiene en sus manos Igualdad, vuelve sobre sus pasos y demanda Trabajo o, en su lugar, Transición Ecológica. Calvo interpreta que Echenique retorna al punto de inicio y zanja las conversaciones.

Los ministros María Jesús Montero, Fernando Grande-Marlaska y José Luis Ábalos, el martes. (EFE)
Los ministros María Jesús Montero, Fernando Grande-Marlaska y José Luis Ábalos, el martes. (EFE)

Entonces, sobre las siete de la tarde, se produce la segunda y última charla telefónica de Sánchez e Iglesias en este frenético proceso. El presidente le confirma cuál es la última cesta de departamentos que ofrece su partido: la vicepresidencia social para Irene Montero y tres ministerios: Vivienda y Economía Social; Sanidad, Asuntos Sociales y Consumo, e Igualdad. Iglesias exige "Trabajo o Transición". Sánchez se planta y da por concluida la negociación. Tras la llamada, Podemos traslada a la prensa, exactamente a las 19:27, que el jefe del Ejecutivo dijo a su líder que "no está dispuesto a ofrecer competencias ni en Trabajo, ni en Hacienda, ni en Transición Ecológica, ni en Igualdad". Garzón se sorprende: él si sabe que Igualdad sí había sido ya cedida.

Tras la última llamada Sánchez-Iglesias, el PSOE da por roto el diálogo. Ferraz pasa a la prensa el texto de "exigencias" de Podemos, tras cambiar el título

Ferraz y la Moncloa deciden cortar el proceso. Pasan, como dicen los colaboradores del presidente, al "modo ataque". Es la dirección del partido quien, a las 20:37, rebota a la prensa el documento con las "exigencias" de Podemos. La formación morada responde advirtiendo de que era simplemente una propuesta "inicial", para "debatir", nada más. Desde Vicepresidencia se había cambiado el título del texto de Word —se le puso el rótulo de "exigencias" y se pasó a PDF—, lo que indigna a los morados, que no obstante reconocen que el contenido sí es el que remitió Echenique el sábado. A las 21:41, Ferraz pasa a los periodistas otro documento con el que compila las distintas propuestas lanzadas a Podemos, incluido el combo final (Sanidad, Vivienda e Igualdad). El presidente tenía prevista una entrevista a las 21:10 en Telecinco, con Pedro Piqueras, que cancela. Iglesias también desprograma la que había concertado por la noche en Antena 3. Es la guerra del relato, que ninguno quiere perder.

Cinco días de infarto y de fracaso: así vivió el PSOE la negociación y ruptura con Podemos

Más tarde, la formación morada que Sánchez solo ofrecía una "caja de herramientas vacía". Ministerios sin apenas competencias, en algunos casos, como sucedía con Vivienda, confeccionados a partir de retales de otros departamentos. "Tres cajas envueltas con un lazo, que aparentemente eran muy bonitas pero cuando las abrías no tenía nada dentro no tenían nada dentro", en palabras del responsable de Comunicación, Juanma del Olmo. Podemos alega que Calvo incluso negó Trabajo porque los morados son "inquietantes para la CEOE". Afirmación que las negociadoras socialistas niegan que se hubiera dicho. Las razones para negar la cartera que dirige Magdalena Valerio, apuntan desde el Ejecutivo, eran otras: porque los de Iglesias tienen "una concepción distinta de la negociación colectiva", más estatalista, y porque rompieron el Pacto de Toledo en la pasada legislatura cuando ya había acuerdo.

El último intento

25 de julio. Jueves. Ya no hay nada que hacer. O casi nada. Echenique y Calvo se reparten estopa sucesivamente en la SER. La vicepresidenta parte luego hacia la reunión de la ejecutiva federal del PSOE, en Ferraz. Allí recibe la última contrapropuesta del dirigente podemista, al tiempo que trasciende a la prensa. Mucho más a la baja: una vicepresidencia con las competencias y tres ministerios (Sanidad y Consumo, Ciencia y Trabajo). "Es más de lo mismo", despacha Ferraz. El movimiento enfurece a la cúpula: "No se negocia a través de los medios".

Iglesias rebaja 'in extremis' dos veces sus pretensiones, hasta renunciar al Ministerio de Trabajo. Pero Sánchez se niega a negociar así

La cúpula de IU decide la abstención. Más presión para los morados. En una difícil reunión del grupo confederal, en la que algunos miembros defienden el apoyo a Sánchez, se opta también por la abstención. La investidura está condenada al fracaso. Iglesias aterriza en el hemiciclo con el rostro demudado y ojeras visibles. Sánchez le atiza inmisericorde. "Si usted me obliga a elegir entre la Presidencia del Gobierno de España que no serviría a España o bien optar por mis convicciones, yo no tengo ninguna duda, elijo mis convicciones, elijo proteger a España", le espeta, tras reprocharle que quisiera "entrar en el Gobierno para controlarlo" y que jamás le interesara nada del programa, sobre el que los equipos sí habían acercado posturas. Solo le preocupaban, dice, "los ministerios". En la tribuna, Iglesias se remite al mensaje que ha recibido de alguien "muy relevante" del PSOE, con mucha autoridad, que le recomienda que pida ya no el Ministerio de Trabajo, sino las políticas activas de empleo. Inmediatamente, todo el mundo pensó en el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero.

La rebaja de pretensiones era total. Ese paquete se compone de entre 6.100 y 6.500 millones de euros. Programas de ayudas a parados y formación para empleados que se coordinan desde el Servicio de Empleo Público Estatal (SEPE) pero cuyos fondos se gestionan y ejecutan a través de las comunidades autónomas. Las cámaras del Congreso captan el rostro de sorpresa de Valerio y la negativa total de Sánchez, desde su escaño. Esa última brazada indigna más aún al PSOE. Se niega a convertir el hemiciclo en un "zoco", en un mercadillo barato. "Habíamos aguantado al líder de los comunes, Jaume Asens, defendiendo el referéndum, les dijimos que lo callaran y ni se inmutaron. Y querían hacernos pasar por que el Gobierno de España se negociara en la tribuna, dando un espectáculo. Eso ya no tenía ni un pase", señala una de las personas más próximas al presidente.

La investidura era fallida y es fallida. Está decidido desde la víspera. IU amaga con pedir un receso antes de la votación para dar tiempo a una última bocanada de la negociación. No lo hay. El presidente no lo quiere.

Ahora, se abrirán, o no, "otras vías". El PSOE ya da por enterrada la vía de la coalición tras el empeño de Iglesias, dice, de tener "un Gobierno paralelo"

Sánchez se estrella de nuevo. A sus 123 diputados solo ha sumado, en casi tres meses, un apoyo más, el del diputado del Partido Regionalista de Cantabria (PRC). Contra él, 155 votos —PP (66), Ciudadanos (57), Vox (24), Navarra Suma (2), Coalición Canaria (2) y Junts per Catalunya (4)— y 67 abstenciones —Unidas Podemos (42), ERC (14), PNV (6), Bildu (4) y Compromís (1)—. La vía de un Gobierno de coalición queda cancelada. Un camino que a Sánchez nunca acabó de convencer, que sí estuvo más sobre la mesa tras las generales del 28 de abril pero a la que se cerró más tras las autonómicas, municipales y europeas que fortalecieron al PSOE y debilitaron sobremanera a Unidas Podemos.

En el núcleo duro reflexionan que no faltó tiempo, sino "voluntad" por parte de Iglesias, que ni Echenique ni Belarra tenían autonomía porque tenían que consultarlo todo "cada dos por tres", que habría sido más fácil comenzar por el programa para generar "dinámicas de complicidad". Ya todo eso da igual. Es llorar sobre la leche derramada. La oportunidad "histórica" se desvaneció.

Ahora se abrirán, o no, otras "vías". Pero la opción de un Ejecutivo bicolor, frustrada, según el PSOE, por el empeño de Iglesias de disponer de un "Gobierno en paralelo", de un "Gobierno dentro de un Gobierno", se torna ya imposible. Aunque a estas alturas decir "imposible" en una política tan dada al sobresalto y a la volatilidad suene casi a osadía.

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