DOBLETE EN MADRID Y BARCELONA

El PSOE cierra campaña con mucha cautela y azuzando el miedo al auge de la ultraderecha

El partido aspira a mejorar algo el resultado del 28-A o, cuando menos, mantenerlo, pero las expectativas de hace unos meses se han desinflado. Sánchez usa Vox para movilizar a su electorado

Foto: Pedro Sánchez, durante su mitin de cierre de campaña en Barcelona, este 8 de noviembre. (EFE)
Pedro Sánchez, durante su mitin de cierre de campaña en Barcelona, este 8 de noviembre. (EFE)

Sobre el escenario, todo es energía, palabras y gestos de fuerza y ánimo, sonrisas, hasta euforia. Pero por debajo la corriente de fondo es otra. La cautela. La mucha cautela que ha colonizado el PSOE. Ya nadie da por seguro que Pedro Sánchez consiga superar su umbral de abril. Hay incertidumbre, "respiración contenida", optimismo controlado. Y una cifra.

La que probablemente marcará el éxito o fracaso de las elecciones generales del 10 de noviembre.

123 escaños.

Son los diputados que los socialistas lograron el 28-A. Los que hace solo unas semanas, unos meses, sabían a muy poco, confiados como estaban en Ferraz y en la Moncloa en que la repetición de los comicios reforzaría la posición del presidente y conquistaría una cota semejante a la que alcanzó Mariano Rajoy en junio de 2016, 137 asientos del Congreso. Un cielo al que también apuntaba el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) pero su credibilidad, muy herida por la controvertida cocina de José Félix Tezanos, junto al consenso de los sondeos privados que pronostican, como poco un estancamiento o una bajada del PSOE, ha hecho que las esperanzas se hayan contenido y la preocupación interna, aumentado. En el PSOE no se siente el vértigo de una derrota, porque quizá el único dato más claro es que Sánchez revalidará su condición de primera fuerza política, pero sí inquieta que esta segunda vuelta suponga una merma de escaños y que la gobernabilidad se torne aún más complicada. Porque puede que la izquierda de PSOE-Unidas Podemos-Más País siga sin sumar y se quede más lejos de la mayoría absoluta, y en ese caso haría falta o la abstención de los independentistas, de la que el candidato rehúya, o la del PP, que Pablo Casado promete no entregar.

Se teme así que la arriesgada aventura que emprendió el presidente, animado también por su círculo en la Moncloa y en especial por su director de Gabinete, Iván Redondo, pueda naufragar. En el entorno directo del candidato, sin embargo, se mantienen unas perspectivas bastante más optimistas y se señala que el partido remonta, poco a poco, y chupa de otros caladeros. "Saldrá mejor que bien", indicaban en la noche de este viernes, echado el telón final, fuentes muy próximas al secretario general.

El sanedrín electoral del PSOE había previsto una campaña que fluyera de menos a más. Pero esa estrategia, a tenor de las encuestas que persistentemente han dibujado un partido sin capacidad de crecimiento, no ha funcionado como se esperaba. Ni la crisis en Cataluña tras la sentencia del 'procés' habría empujado a los electores templados a refugiarse en el Gobierno —la "mayoría cautelosa" de la que Redondo tanto hablaba—, ni la exhumación de Francisco Franco ha tenido un efecto duradero, ni el Brexit se ha materializado.

El PSOE cierra campaña con mucha cautela y azuzando el miedo al auge de la ultraderecha

Cataluña, a la postre, ha colonizado por completo esta precampaña y campaña que a Sánchez, como ocurrió en abril, se le ha acabado haciendo larga y cuesta arriba. Especialmente en la última semana, la más decisiva de todo el camino, recorrida a trompicones por errores propios (la insinuación de que la Fiscalía actúa a las órdenes del Ejecutivo, de la que tuvo que retractarse) y ocupada por un mensaje poderoso y habitualmente movilizador para el PSOE: el miedo a la ultraderecha. Vox ya camparía tercero en los sondeos, y al alza, y eso ha permitido que el presidente haya optado por un discurso más emocional, buscando la polarización, erigiéndose como el único voto útil para "frenar" al partido de Santiago Abascal. El PSOE como único dique para "parar" a la ultraderecha, al "franquismo".

No se teme perder el 10-N, pero sí una bajada de escaños y una gobernabilidad más compleja. En Moncloa, más optimismo: "Saldrá mejor que bien"


En paralelo, el líder del PSOE ha buscado la captación de indecisos negando primero cualquier gran coalición con el PP y luego desplegando un ramillete de medidas y mensajes contra el separatismo, para atrapar simpatías en el espacio de centro, equilibrándolas con promesas de calado simbólico e inequívocamente progresistas, como la persecución de la apología del fascismo o la ilegalización de la Fundación Francisco Franco. Pero en el tramo final, Sánchez giró y retornó al espíritu de la campaña de abril: lucha izquierda-derecha. La de toda la vida. La que se ha probado más rentable para el PSOE.

"Último esfuerzo de movilización"

El candidato socialista se adentró en el terreno de la agitación del miedo a la extrema derecha en el arranque de la campaña oficial —la más corta de la democracia—, y ha seguido profundizando en él conforme avanzaban los días. No se encaró con el jefe de Vox en el debate a cinco del lunes, pero su escudera, la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, sí entró en el cuerpo a cuerpo en el combate de mujeres emitido este jueves en La Sexta, consciente el PSOE de que debía rebatir los argumentos de los extremistas, plantar cara. El protagonismo de la ultraderecha ha ido creciendo en los mítines y en la conversación pública, según iba fortaleciéndose en los sondeos —también en los confeccionados después del apagón demoscópico, desde el martes—, se destacaba el desempeño de Abascal en el debate y se asentaba la convicción de que su peso, esta vez sí, a diferencia de lo ocurrido en abril, engordará. También han ayudado otros elementos periféricos, como la iniciativa que el jueves aprobó el pleno de la Asamblea de Madrid a iniciativa de Vox y con los votos de PP y Ciudadanos, y que demanda al Gobierno que ilegalice los partidos separatistas que atenten contra la unidad de España.

Vox ha ganado presencia, y más tras la moción en Madrid. Sánchez pide "parar a la ultraderecha". Valerio o Delgado los llaman "fascistas"

Sánchez intentó este viernes recuperar la iniciativa después de dos días sombríos por sus palabras sobre la independencia de los fiscales y anunció que el Gabinete estudiará recurrir ante el Tribunal Constitucional una proposición no de ley que refleja una "deriva reaccionaria" de PP y Cs y que prueba la "imposición ideológica" de Vox sobre ambas formaciones. El presidente alegó que su Ejecutivo trata igual al Parlament de Catalunya, al que prácticamente cada semana en el último mes lleva al TC por incumplimiento de resoluciones de los magistrados, que la Cámara madrileña. Si en este último caso hay base jurídica, dijo, su Gobierno actuará. Esa moción, la 'resurrección' de la foto de Colón, era una especie de regalo inesperado en la recta finalísima del 10-N.

El PSOE cierra campaña con mucha cautela y azuzando el miedo al auge de la ultraderecha

Por la tarde, un Sánchez ya exhausto por el maratón de actos y entrevistas de los últimos días, protagonizaba un doble cierre de campaña. Primero en Madrid, ante unas 2.000 personas en Alcalá de Henares —un pabellón lleno y una grada entusiasta, nada habitual en una federación siempre muy perezosa—, y después en Barcelona, en La Fira, ante un auditorio mayor, de unos 3.500 simpatizantes (lejos de los 6.000 de abril), según la organización. El presidente reclamó un "último esfuerzo de movilización" para "recuperar derechos sociales, laborales y políticos que la ultraderecha pone en cuestión". "La involución de los derechos" que la derecha, en alianza con los ultras, ha puesto en marcha en Madrid, avisó, es el modelo que las tres formaciones quieren exportar al conjunto del país.

El término que no quiso utilizar explícitamente Sánchez en Alcalá —ciudad de la que tuvo que partir apenas media hora después de arrancado el mitin para poder volar a Barcelona y llegar a tiempo—, lo usaron después de él las ministras de Trabajo y Justicia. "Son fascistas a la antigua usanza, de toda la vida. ¡Han salido sin complejos, y hay que pararlos el 10-N en las urnas!", gritó Magdalena Valerio. "Están profanando la democracia estos fascistas", completó Dolores Delgado.

"No es solo un asunto de voto útil"

La vicepresidenta en funciones, Carmen Calvo, situó la competición de este domingo en términos de cara o cruz, en términos dramáticos. "Ojalá nos jugáramos el programa electoral. Nos jugamos más cosas porque otros han llevado a la política española al desatino. Tenemos la obligación de ganar estas elecciones por España", aseguró. Lo que se ventila el 10-N, señaló, es la misma democracia. Los "únicos" que pueden impedir que las derechas "radicalizadas" gobiernen son los socialistas. "No es un asunto de voto útil, sino algo algo más profundo, el riesgo de que las derechas capitaneadas por Vox alcancen la Moncloa". La número dos contrapuso la forma de hacer del PSOE, de "muchas horas de trabajo" y de rigor frente a la "banalidad y la tontería" del PP.

El candidato echa el telón en BCN y se presenta como la "esperanza de Cataluña y de España", la solución frente al conflicto soberanista

Los socialistas comparecen este 10-N como la "esperanza de Cataluña y de España". Ese es el sentido del simbólico broche de campaña de Sánchez en Barcelona, el primer cierre de un presidente del Gobierno en la capital catalana, presumió. PSOE y PSC representan la "convivencia y las soluciones" frente a los demás. "Aquí está la Cataluña que quiere convivencia, no la confrontación. La del orden democrático, no la violencia. Aquí esta la Cataluña de las soluciones, no del conflicto", incidió el candidato. El mitin pudo desarrollarse sin incidentestampoco se habían producido en Viladecans hace diez días—, aunque la jornada clave es este sábado: la repetición de las imágenes de violentos disturbios en la comunidad podría castigar al Gobierno en las urnas.

Sánchez recuperó el hilo de la moción en la Asamblea de Madrid. A quienes quieren ilegalizar partidos, el Ejecutivo socialista les responde que promoverá la tipificación en el Código Penal de "los delitos de odio de las dictaduras, los totalitarismos y el fascismo". "Sí vamos a ilegalizar algo, la Fundación Franco y todas aquellas vinculadas con la dictadura franquista", aseguró, entre el aplauso entusiasta del público congregado en La Fira. De nuevo, reivindicó la necesidad de un Gobierno fuerte que "frene a la ultraderecha" y de un Gobierno "moderado" que frene a los independentistas. El presidente estuvo arropado por su ministro de Exteriores y próximo jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, que se confesó "harto" de que el líder del Govern, Quim Torra, hable solo en nombre de una parte de Cataluña, y por el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, con quien la sintonía es total. No pudo estar en el mitin la cabeza de cartel por Barcelona, Meritxell Batet, la presidenta del Congreso, que aún está aquejada de unos vértigos que la han mantenido fuera de combate toda la campaña.

Tropiezo incluido

El candidato había apostado todo o nada a una repetición electoral de la que en su partido recelaban por los riesgos de una baja movilización del electorado, por el peligro de que no comprendiera por qué no había logrado cerrar un acuerdo con Unidas Podemos. El mensaje parecía rotundo e imbatible: se necesita un "Gobierno fuerte, cohesionado y estable", no "dos gobiernos", como habría querido Pablo Iglesias, por lo que la solución pasaría por reforzar al primer partido, el "único" que dispone de equipos, proyecto y presencia territorial. El único, repetía una y otra vez, capaz de "desbloquear" el país. El dilema que Sánchez presentó en campaña era "avanzar o retroceder", "avanzar o más bloqueo". Un mensaje simple pero que, por sí solo, como observaban en Ferraz, no llegaba a movilizar al electorado socialista. Frente a la resistencia de los morados, mayor de lo previsto, el PSOE ha opuesto su mensaje de que siempre ha velado por el "interés general" y su orgullo como fuerza mayoritaria en la izquierda. "¡Nos entenderemos con quien sea, pero no nos arrodillaremos delante de ninguna izquierda minoritaria", resumió Calvo desde Alcalá.

Sánchez buscó representar al PSOE como garante de la estabilidad y el orden, pero se cruzaron los disturbios en BCN, mejor terreno para la derecha

No fue ese el único riesgo que el líder asumió. Consciente de que la sentencia del 'procés' llegaría a comienzos de octubre, en plena precampaña, intentó pertrecharse por adelantado. Se afanó en vender al PSOE como el partido garante de la estabilidad y del orden, en el que buscaría cobijo la "mayoría cautelosa" en la que tanto creía Redondo. Pero el fallo del Supremo lo cambió todo. No hubo nueva insurrección institucional, como ocurrió en 2017, pero sí gravísimos altercados en Cataluña, durante una semana. El partido se removió. La oposición apretaba para que pusiera en marcha el 155 o la Ley de Seguridad Nacional, pero el Gobierno aguantó el chaparrón, apegado a su máxima de "firmeza, proporcionalidad y unidad" de los partidos. La violencia llegó a contenerse, aunque aún falta por saber si reaparecerá en esta jornada de reflexión o incluso el mismo 10-N.

El PSOE cierra campaña con mucha cautela y azuzando el miedo al auge de la ultraderecha

Entonces aumentó la inquietud interna. Cataluña nunca había sido un territorio fácil para el PSOE y sí mucho más propicio para las derechas. De hecho, según los sondeos, pudo ayudar a Vox, mientras frenó la escalada ascendente del PP, que ahora tiene el umbral psicológico de los 100 escaños más lejos. La campaña arrancó precedida por la rectificación hecha en el programa (y que supuso recuperar, tras la presión del PSC, las referencias indirectas al federalismo y la plurinacionalidad), continuó con un debate en el que sí despuntó más que en abril y que animó a las huestes socialistas, y que tropezó con las palabras de Sánchez sobre la Fiscalía, por las que tuvo que disculparse y que achacó al cansancio por una agenda agotadora.

Maratón de actos y entrevistas

Esa ha sido, en efecto, otra de las notas características del complicado viaje del 10-N. La dirección entendió que Sánchez tenía que asumir todo el protagonismo, multiplicarse para hacer pedagogía y mitigar la frustración por un pacto imposible con Iglesias, redoblar su actividad para movilizar una maquinaria apagada y un electorado decaído. El candidato ha estado más presente que nunca en los medios. Prácticamente a entrevista diaria, y a veces más —solo este viernes concedió tres: a la SER, a TVE y a Canal Sur, más la publicada en 'El País'—. Sánchez ha recorrido, en solo una semana de campaña (y con dos días en blanco para preparar el debate) 14 provincias, una más de las previstas inicialmente, y 11 comunidades autónomas. El presidente se ha vaciado, pero ese ánimo y concurrencia en los mítines no tiene tal vez una traducción directa en votos.

Sánchez persigue afianzar a sus electores de abril, movilizando al electorado progresista y a las mujeres (a ellas se dirigió la ministra Montero en el minuto de oro de su debate), y captar indecisos. Desde Alcalá, se dirigió a los votantes "defraudados" con Ciudadanos y Podemos. A los que entonces confiaron en él y ahora tienen "dudas". A los abstencionistas. Quería pescar, en el último suspiro, de todos los caladeros posibles.

El cálculo es que el PSOE se puede mover entre los 120 y los 125 escaños. En el núcleo duro confían en movilizar a los indecisos y al electorado progresista

Este viernes, la sensación que se palpaba en el partido, tras la consulta con diversos dirigentes y miembros del Ejecutivo, era quizá una. Cautela. Prudencia. El partido puede quedarse "entre los 120 y los 125 diputados", quizá algunos más. Porque varios escaños se acaban decidiendo por un puñado de papeletas. Literal. "Se están moviendo muchos votos", indicaba confiada una ministra muy cercana a Sánchez. "El ambiente es bueno, pero la incertidumbre es máxima", convenía otra. "Seguimos avanzando", aseguraban desde la Moncloa.

El PSOE cierra campaña con mucha cautela y azuzando el miedo al auge de la ultraderecha

Este 10-N, en estas cuartas elecciones generales en cuatro años, a la que están llamados 37.000.608 votantes, despejarán la duda. Resolverán si la estrategia del presidente y de su equipo acertó. Si el PSOE gana y mejora o trastabilla y retrocede. Y, lo más importante, si el bloqueo persiste o se diluye. Las encuestas hablan de empate entre izquierda y derecha. Pero nadie, a estas alturas, tiene ya certezas.

14 provincias, 11 comunidades

Al final han sido 14 las provincias visitadas por Pedro Sánchez en esta campaña. 11 comunidades autónomas. Sobre el plan inicial, hubo algunas modificaciones: se cambió Mérida por Valladolid; se levantó Cuenca el 2 de noviembre, Sevilla el día 6 (ya había estado en la apertura) y Zaragoza el día 7, se sustituyó Valencia por Castellón para el jueves y se sumó Murcia tras frustrarse el viaje el 31 de octubre por despresurización del avión pagado por el partido en el que viajaba. Las provincias recorridas son estas: 

-Sevilla (apertura de campaña, 31 de octubre).
-Vitoria (Álava), Logroño (La Rioja) y Pamplona (Navarra), 1 de noviembre.
-Mislata (Valencia), 2 de noviembre
-Parón por el debate: 3 y 4 de noviembre.
-Valladolid, Badajoz y Gijón (Asturias), 5 de noviembre
-Córdoba y Torremolinos (Málaga), 6 de noviembre
-Los Alcázares (Murcia) y Castellón, 7 de noviembre.
-Madrid y Barcelona, 8 de noviembre.

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