'MISIL' A LOS PARTIDOS INDEPENDENTISTAS

La CUP llama a romper el pacto de ERC con PSOE y Podemos “desde la calle”

Representa, arguye, "el reasentamiento del régimen del 78 en los Països Catalans, el mantenimiento de un modelo represivo visceral y un sistema económico que nos empobrece"

Foto: Miles de personas se manifiestan en Barcelona contra el juicio del 'procés' el pasado febrero. (EFE)
Miles de personas se manifiestan en Barcelona contra el juicio del 'procés' el pasado febrero. (EFE)

El independentismo radical no se lo pondrá fácil a Pedro Sánchez. Si la CUP ya avisó de que quería ir al Congreso (obtuvo dos diputados en las últimas elecciones generales) para hacer ingobernable España, ahora da una vuelta de tuerca más a su estrategia y añade un eslabón a su hoja de ruta. La meta es poner su granito de arena también desde Cataluña. El núcleo duro de esta organización, articulado en torno a la plataforma Endavant, aprobó el pasado viernes un documento en el que llama a “pasar a la ofensiva” y propone dinamitar cualquier acuerdo que lleve a hacer presidente a Pedro Sánchez, un misil dirigido a la línea de flotación de sus rivales independentistas de ERC, de cuyos votos depende que haya un Gobierno estable en España.

La CUP llama a romper el pacto de ERC con PSOE y Podemos “desde la calle”

El documento en cuestión señala que “es preciso impedir, desde la calle, que se acabe llevando a cabo este pacto”. Para los duros de la CUP, “se ha de visualizar la autodeterminación como una cuestión no negociable bajo ningún escenario”. Esta afirmación viene a cuento porque es precisamente esa cuestión, la de la autodeterminación, la que ERC quiere tratar en una futura mesa de negociación con el PSOE y Unidas Podemos. Los radicales, en cambio, entienden que no se ha de llevar a la mesa porque se da por sobreentendida.

Así pues, la CUP opta por “pasar a la ofensiva". "Igual que ya demostramos el 1 de octubre y el 3 de octubre de 2017 [fechas del referéndum ilegal y de la huelga general], se ha avanzado más durante un mes de movilizaciones masivas y populares por la independencia este octubre de 2019 que en siete años de ‘procés’ soberanista controlado desde arriba”. Por tanto, “es preciso continuar con las movilizaciones para la consecución de los objetivos populares: es cuando desbordamos desde las calles que avanzamos en clave rupturista”. El mensaje, pues, es claro: más movilización, más tensión en la calle y más inestabilidad. Porque solo la inestabilidad da alas a los extremismos.

El pacto de ERC con PSOE y UP, para la CUP, es “el reasentamiento del régimen del 78 en los Països Catalans, el mantenimiento de un modelo represivo visceral y un sistema económico que nos empobrece cada día más, especialmente a las mujeres”. El posicionamiento ‘cupero’, de hecho, no es baladí: significa tensar la cuerda del mapa político independentista, como ha hecho en los últimos años, arrastrando a una formación como JxCAT a una senda ultramontana en la que se practica una política de tierra quemada y que desborda en radicalismo los posicionamientos históricos que la propia ERC había tenido en materia de independencia.

Gabriel Rufián. (EFE)
Gabriel Rufián. (EFE)

Lo cierto es que la hoja de ruta del independentismo, a falta de un líder carismático, fue marcada, inteligentemente, por la CUP al menos durante el último lustro, desde antes incluso de materializarse el pseudo referéndum del 9 de noviembre de 2014. Y fue esta formación la que planteó el escenario unilateral (con el apoyo de entidades cívicas) y arrastró a los grandes partidos a una estrategia errabunda que les ha llevado a un callejón sin salida. Cuando la CUP apuntaba, ERC y JxCAT, PDeCAT o la correspondiente formación posconvergente disparaban. Todos bailaron al son que marcaban los anticapitalistas.

Una propuesta insuficiente de ERC

Ahora, la CUP espera marcar otra vez el camino. Critican los radicales en su documento que socialistas y podemitas hayan llegado a un pacto “en tiempo récord”. Pero consideran positivo que para que llegue a buen puerto “necesita apoyo externo en forma de abstenciones o votos favorables. Y eso implica el pacto de ERC, que ya partía de demandas reduccionistas y que acabará confiando en una mesa negociadora como resolución del conflicto territorial”.

Ante ello, el núcleo duro de la CUP subraya que “el independentismo ha de ser rotundo a la hora de denunciar la posición de pacto de ERC, formación que ofrece una propuesta que no llega ni a los mínimos resolutivos exigibles, como habrían de ser un referéndum de autodeterminación y una Ley de Amnistía para todas las presas políticas y exiliadas”. Los republicanos, pues, no lo tendrán fácil a la hora de negociar con PSOE y Unidas Podemos: sus propios correligionarios estarán con la lupa encima de la mesa de negociación, atentos para influir en cualquier movimiento que haga ERC.

Alertan los extremistas de que el pacto, bendecido por “los gobiernos progresistas del País Valencià y de las Islas Baleares”, así como por fuerzas de “un nacionalismo correcto, obediente y negociador”, abre la puerta a “renegociar cuotas del poder autonómico, de manera que posibilita un nuevo modelo de financiación, la seguridad por parte del Gobierno español de blindar modelos escolares, lingüísticos y culturales en los Països Catalans y, acaso, vislumbrar nuevos procesos estatutarios”.

Esta situación, lejos de ser vista como positiva, se considera muy negativa, porque “con ello pretenden cerrar la carpeta de los Països Catalans para los próximos años”. Por ello, asegura el documento, “este escenario que se configura sitúa al PSOE y a UP como los últimos defensores del régimen del 78, de su modelo autonómico, económico y social, siempre con la participación de los espacios políticos de las naciones oprimidas que, como siempre, acaban mirando de conservar su poder político antes de situarse al lado de las demandas populares y de las necesidades materiales de los trabajadores”.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. (Reuters)
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. (Reuters)

En sus conclusiones, recuerda Endavant que “fue el pueblo quien se organizó para votar el 1 de octubre, fue el pueblo quien respondió masivamente y con contundencia a la demostración de que, en el Estado español, le llaman democracia y no lo es. La autodeterminación es una revolución democrática y lo es desde su defensa hasta su consecución”. Propone, asimismo, “dotar de contenido el antifascismo. La mejor respuesta antifascista es una ofensiva de la clase trabajadora, desde la clase trabajadora y para ella”. El objetivo de esta estrategia es no ceder “el espacio antifascista a PSOE-Podemos (sic). No podemos ceder la oposición a sus políticas al fascismo descarnado”.

Por ello, Endavant emplaza “a todas las organizaciones anticapitalistas y al movimiento popular de los Països Catalans a trabajar conjuntamente para acordar un programa político y social que profundice en las demandas populares de autodeterminación y amnistía, antirrepresivas y de un programa para una vida digna. Y también trabajemos un marco conjunto de movilizaciones que nos permita articularnos para derribar el régimen, hacer frente a la represión, ejercer la autodeterminación, un programa de vida digna y para destruir el patriarcado”. A ERC, pues, le ha salido un nuevo enemigo.

Cataluña

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