HACIA EL 39º CONGRESO FEDERAL

Fernández pasa al segundo plano y la gestora remata su tarea sin lograr pacificar el PSOE

El presidente de la cúpula interina no interviene en abierto ante el último comité antes de la batalla final por el poder. La dirección ha sorteado muchos obstáculos pero el partido sigue despedazado

Foto: Javier Fernández, presidente de la gestora del PSOE, tras el comité federal del pasado 23 de octubre. (Reuters)
Javier Fernández, presidente de la gestora del PSOE, tras el comité federal del pasado 23 de octubre. (Reuters)

Ya no se escucharán los gritos ni los llantos, ni se palpará una espesa tensión en el ambiente, ni el PSOE estará al borde del colapso, ni las puertas de la sede estarán cerradas a cal y canto para salvaguardar el fuerte de Ferraz de las miradas y oídos de los periodistas. Ya no se reescribirá aquel psicodrama colectivo del 1 de octubre. Es 1 de abril, seis meses después, y se celebra otro comité federal. El PSOE no vivirá otra jornada de luto y dolor, pero sigue enmarañado en su eterna disputa, fracturado como nunca, sumergido en una guerra que ha enardecido a parte de la militancia. Ahora ya comienza su cuenta atrás: el camino de 50 días hasta las primarias del 21 de mayo en las que se medirán Pedro Sánchez, Susana Díaz y Patxi López y con las que el partido se juega, más que nunca, su futuro, con la esperanza —quizá vana— de exorcizar los odios y las derrotas del pasado para afrontar una nueva etapa que le conduzca otra vez a La Moncloa.

Seis meses después, Javier Fernández, el hombre discreto y prudente, el presidente de la gestora que ha gobernado un tiempo convulso y que para muchos goza de una autoridad, un respeto, un poso y una hondura intelectual jamás vistos en años, va diciendo adiós. Sus intervenciones y apariciones públicas han sido medidas, sus palabras calculadas al milímetro aunque a veces fuera incapaz de ceñirse a lo políticamente correcto, su labor de dirección bastante en la sombra.

Fernández comenzó a decir adiós como jefe de la dirección en el foro político de hace una semana. La gestora acomete ahora una tarea más "burocrática"

Este sábado ya el presidente asturiano ni siquiera se dirigirá a sus compañeros del comité federal en abierto. Se despidió de su tarea, sin decirlo, hace una semana, en la apertura del foro político en la que impactó (otra vez) a los suyos con un discurso profundo sobre la grandeza de la política, el valor del socialismo en el mundo de hoy y la España federal y por el que fue largamente ovacionado. Fernández quiere pasar a una segunda línea en estas semanas. Al menos hasta el fin de semana del 17 y 18 de julio, cuando inaugure el 39º Congreso Federal y haga balance de su gestión interina al frente del PSOE. Sabe que ahora es el tiempo de los candidatos, de que confronten sus proyectos, y que la gestora que él preside ha de limitarse a una tarea más "burocrática", de organización del cónclave y de dirección política en el Parlamento, intentando sortear las acusaciones de los críticos, sobre todo de los sanchistas, de falta de "neutralidad" y de remar a favor de la presidenta andaluza, la favorita.

Comité federal (en principio) pacífico

Se espera un comité de puro trámite. Sin discursos de Fernández ni de su número dos —y dirigente fundamental en estos seis meses—, Mario Jiménez, con escaso contenido político y pocas razones para la confrontación. El máximo órgano debe validar la actualización del protocolo de relaciones de PSOE y PSC y proceder a la convocatoria formal del 39º Congreso, dando el visto bueno al calendario y las normas —elementos acordados ayer viernes por el portavoz de la gestora y los secretarios de Organización regionales—, cerrando el censo y aprobando la ponencia marco que ahora pasarán a discutir las bases. Es la última escala, obligatoria, antes de la colisión final en las urnas, rodeada de una enorme incertidumbre por el resultado y lo que suceda al día siguiente.

El último paso se ha tejido con acuerdo con los territorios: las primarias serán el 21 de mayo y la guerra por los avales comenzará el 20 de abril

El peso en estas semanas hasta el cónclave recaerá en el comité organizador, que integran Jiménez y otros tres miembros de la gestora —Ascen Godoy, José Muñoz y Paco Ocón—, más una representante de Juventudes Socialistas, la navarra Adriana Maldonado, y en menor medida en la cúpula interina al completo. La comisión federal de ética y garantías, que preside la vasca Isabel Celaá, será la encargada de velar por la limpieza del proceso.

La dirección interina, como Fernández, asume que tiene que dar un paso atrás. Como se oye en Ferraz con cierta sorna, será más "gestoría que gestora", puesto que el trabajo político ya está "rematado", hacia dentro y hacia fuera. Su última tarea, la redacción de la ponencia marco, en sus dos partes, la política, coordinada por el diputado Eduardo Madina, y la económica, pilotada por José Carlos Díez. Un documento estratégico cuya elaboración sin embargo ha quedado eclipsada por la guerra sin tregua.

Edu Madina, junto a Mario Jiménez y Javier Fernández, el pasado 25 de marzo en el foro político del PSOE, en Madrid. (EFE)
Edu Madina, junto a Mario Jiménez y Javier Fernández, el pasado 25 de marzo en el foro político del PSOE, en Madrid. (EFE)


Es el "incendio interior" que está "consumiendo" al PSOE y que puede convertirse en "algo irresoluble". Combatirlo, "bajar la temperatura" interna fue el primer objetivo que se marcó Fernández nada más asumir las riendas de un PSOE en llamas, tras un "bochornoso" comité federal que acabó con la dimisión del secretario general y el nombramiento de una gestora con plenos poderes a la que el decapitado líder prometía "lealtad". Pero la paz no ha llegado. Aunque la irritación de las bases se ha tamizado, la lucha por el poder sigue siendo igual de descarnada, porque ningún protagonista de aquella tragedia se ha retirado y porque la labor de la dirección ha estado en cuestión desde el primer momento, por no limitarse a convocar el 39º Congreso de forma inmediata y esperar a cambio seis meses que no han servido ni siquiera para cimentar el propósito perseguido entre bambalinas por los oficialistas: dejar morir a Sánchez.

El viraje histórico a la abstención

Fernández sabía que a la vez tenía que ir abriendo paso a la investidura de Mariano Rajoy y parar la convocatoria de unas terceras elecciones. Tenía a su lado a la mayoría de la dirección provisional —a todos menos al riojano Paco Ocón y al balear Francesc Antich—, y a la mayoría de presidentes socialistas, empezando por Susana Díaz. No fue fácil preparar el camino de la abstención, la palabra maldita. Primero subrayaba que no equivalía a "apoyar" al PP, luego que el país no podía permitirse el lujo de ir otra vez a las urnas.

Susana Díaz, el pasado 26 de marzo en la puesta de largo de su candidatura, en Madrid. (EFE)
Susana Díaz, el pasado 26 de marzo en la puesta de largo de su candidatura, en Madrid. (EFE)


Pero, oficialmente, la gestora no fue la promotora de un viraje histórico, un abismo jamás saltado hasta entonces por el PSOE. En el comité federal del 23 de octubre, en el que el presidente asturiano ni tomó la palabra, fue la eurodiputada Elena Valenciano, una dirigente muy respetada en el partido, la madrina de la abstención, la que la defendió en aquella reunión. Ganó su postura: 139 votos frente a 96. A los pocos minutos de aprobarse el cambio de posición, Fernández recobró el protagonismo y lanzó la advertencia: todo el Grupo Socialista, con sus 84 miembros, debía acatar la decisión. No habría abstención técnica de los 11 diputados que necesitaba Rajoy.

Dar paso al Gobierno de Rajoy supuso un enorme desgarro interno: la visualización de la ruptura en el grupo y una severa crisis con el PSC, ya resuelta

Y no la hubo. Ferraz no cedió a las presiones de los críticos. La mano firme de la gestora condujo a que Sánchez renunciara a su escaño para preservar su capital político, el 'no es no'. Y llevó a que se visibilizara el enorme desgarro interno: 15 parlamentarios —entre ellos, los siete del PSC— rechazaron la investidura del líder del PP. La dirección tuvo que abordar entonces el cisma dentro del grupo y el riesgo severo de ruptura con el partido hermano. Aplicó sanciones de 600 euros a los díscolos y castigó a los diputados más próximos a Sánchez, arrebatándoles sus cargos institucionales, con la excepción notable de Margarita Robles, a la que mantuvo en la presidencia de la Comisión de Justicia.

Mientras, Fernández y el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, nombraron a un equipo encargado de revisar las relaciones entre los dos partidos, capitaneado por Mario Jiménez y el responsable de Organización catalán, Salvador Illa. Aunque la amenaza de la expulsión del PSC de los órganos de dirección estuvo presente, producto del malestar que había creado en el PSOE la desobediencia del mandato del comité federal, la sangre no llegó al río. La crisis se resolvió con la actualización del marco de relaciones de 1978. Al final, los militantes catalanes podrán participar en la elección del secretario general de los socialistas, siempre que estén al corriente de pago. El presidente de la gestora, en este caso, igual que en los castigos a los diputados díscolos, optó por una solución menos traumática que la que exigían federaciones como Andalucía o Extremadura. Ayudó a "templar a los susanistas", como admiten dirigentes que le conocen bien.

Encarrilado el patio interno, la cúpula intentó situar al PSOE como la "oposición útil" en el Congreso, capaz de tejer alianzas con distintas formaciones, incluso con el Gobierno, para propiciar avances sociales o frenar las normas más "lesivas" de los populares. La gestora se apunta así tantos como la subida del salario mínimo un 8%, la flexibilización del déficit de las comunidades, la prohibición del corte del suministro de luz a las familias más vulnerables, la solución extrajudicial para los afectados por las cláusulas suelo, el comienzo del desmontaje de la reforma laboral o de la 'ley mordaza' o la paralización de las reválidas.

Cómo "ganar el congreso"

Pero toda la actividad institucional ha quedado opacada por el "incendio interior" que describía Fernández. Primero se sucedieron las críticas por el aplazamiento de las primarias y el congreso, que la oposición interna atribuía al deseo de la gestora de acompasar los tiempos del cónclave a la voluntad de Díaz. Pero la gestora no alteró sus planes: con el argumento de que había que discutir con sosiego del proyecto y luego de las personas, estiró los tiempos. En el comité federal del 14 de enero, la mayoría susanista se impuso sin dificultades y ubicó el 39º Congreso el 17 y 18 de junio. Entonces el jefe de la dirección interina sí intervino —y habrá sido la única vez durante su mandato al frente del PSOE— y dejó una sentencia lapidaria: la revelación descarnada de que todos los dirigentes del partido habían tenido más en cuenta el pulso congresual que la salida del bloqueo en España. "Al día siguiente de las elecciones del 26 de junio, la inmensa mayoría sabíamos qué había que hacer, no cómo ganar el congreso después de hacerlo".

El debate sobre la redefinición del proyecto ha quedado eclipsado por la disputa sobre el liderazgo, que comenzó López, siguió Sánchez y remató Díaz

El buen sabor de boca que con aquel discurso dejó Fernández en muchos cuadros se diluyó enseguida. A las pocas horas, Patxi López anunció que se lanzaba al ruedo. Que competiría en las primarias. Su pretensión era cortar el paso a Sánchez, apoyado en los barones que antes estaban alineados con el exsecretario pero con el paso de las semanas se habían convencido de que no era la mejor alternativa para rivalizar contra Díaz y para unir al PSOE al día siguiente del congreso. Pero su paso adelante espoleó a Sánchez, que acabó confirmando su precandidatura en Dos Hermanas, Sevilla, dos semanas después, invistiéndose como el aspirante "de la militancia", como la víctima de una conspiración del 'establishment' del partido diseñada para apartarle del poder, escorar el PSOE a la derecha y darle el Gobierno a Rajoy. A los dos meses, Díaz se rodeó de los históricos y los barones (y 9.000 militantes, según la organización) para comenzar su carrera hacia las primarias, blandiendo el lema '100% PSOE', proyectando la imagen de Sánchez como un cuerpo extraño al partido.

Pedro Sánchez, el pasado 26 de marzo durante su mitin en Burjassot, Valencia. (EFE)
Pedro Sánchez, el pasado 26 de marzo durante su mitin en Burjassot, Valencia. (EFE)


En las últimas semanas, ya con la baronesa andaluza en el terreno de juego, las escaramuzas entre los aspirantes, y especialmente entre los sanchistas y los oficialistas, han empantanado la acción de los socialistas. Por el censo, por la falta de "neutralidad" de la gestora —el número dos y el verdadero hombre fuerte, Mario Jiménez, es a la vez portavoz en el Parlamento andaluz—, y sobre todo por el sistema de financiación de la campaña, una polémica ya zanjada tras el cierre de la plataforma de 'crowdfunding' de Sánchez. López, mientras, se ha mantenido al margen de las disputas, acatando, como Díaz, las instrucciones de Ferraz.

Claroscuros

La lectura del mandato de Fernández no es, obviamente, del mismo color según a quién se pregunte. En su entorno y en el de la presidenta andaluza le cubren de elogios, mientras los partidarios del exsecretario le disparan a discreción. "Javier ha logrado mantener al PSOE en el espacio de la oposición útil, ha cerrado el conflicto con el PSOE, ha instalado un discurso socialdemócrata sólido y de futuro, como hace tiempo que no escuchábamos, y ha sabido conservar la calma y el buen tono, a pesar de las muchas dificultades que ha enfrentado", sostiene una dirigente que lo conoce muy bien y que resalta cómo ha sabido "tejer mucho" en un PSOE descosido gracias a la autoridad moral que ejerce sobre sus compañeros. "Aportó lo que su día hizo en Asturias: racionalidad y sosiego en el seno del partido. Prudencia, altura de miras y estabilidad en la política nacional", completa un cargo asturiano, que niega que el jefe se sintiera "incómodo" o "abrumado" estos meses.

Patxi López, el pasado 26 de marzo en Torrelavega. (EFE)
Patxi López, el pasado 26 de marzo en Torrelavega. (EFE)

Fernández, sin embargo, ha evitado quemarse en exceso. Se ha prodigado poco en ruedas de prensa y aún menos en entrevistas. Ese estilo austero y parco forma parte de su ADN, pero también es consciente, según los suyos, de que no era un secretario general, sino un presidente de una gestora muy cuestionada desde el principio. El presidente asturiano se ha apoyado en Jiménez, mucho más expuesto públicamente y más a tiro de las críticas de los contrarios. "Pero Mario ha mantenido firme el timón de la tormenta sin arrugarse, ha coordinado con brillantez los textos de la ponencia, ha mantenido la calma y ha trabajado duro". Los que han seguido muy de cerca la labor de la dirección subrayan que el portavoz ha hecho "un buen tándem" con Fernández, y aunque él ha llevado las riendas del día a día, todas las decisiones importantes pasaban por el líder de la gestora. Jiménez se ha colocado en el trampolín de la sucesión de Díaz.

Los sanchistas han pedido al dirigente andaluz que se aparte de la preparación del 39º Congreso y han cargado y cargan contra la cúpula interina. Este mismo viernes, Óscar Puente, alcalde de Valladolid y uno de los portavoces de la candidatura, advertía de la falta de "autoridad" de la gestora, porque es un órgano diseñado para mantener a Rajoy en La Moncloa y llevar a Díaz a Ferraz "con bastante poco disimulo". Así que la "desconfianza" en la "neutralidad" que mantenga en este proceso es total.

Fernández es elogiado por haber sabido mantener la "calma" y haber impuesto "racionalidad" en el PSOE, y se le critica por falta de "neutralidad"

Se cumplen un semestre de la defenestración de Sánchez y del aterrizaje de la dirección de Fernández. Pero su mandato formalmente no acaba hasta junio. Será el periodo de gobierno interino en la cúspide del PSOE más largo en democracia: casi nueve meses. El tiempo más turbulento en la historia reciente del partido, envuelto en la polémica constante y envenenado por una confrontación intensa y cuyo seguro recrudecimiento tendrá inéditas consecuencias para unas siglas centenarias.

El calendario del 39º Congreso

De la reunión de la gestora, este viernes, con los secretarios de Organización regionales salió el itinerario del 39º Congreso, que hoy es aprobado por el comité federal: 

-1 de abril. Convocatoria del cónclave y cierre del censo.

-17-19 de abril. Presentación de las precandidaturas. 

-20 de abril-4 de mayo. Recogida de avales

-28 de abril. Comunicación del censo definitivo. 

-5 de mayo. Proclamación provisional de los candidatos

-6-7 de mayo. Presentación y resolución de los recursos. 

-8 de mayo. Proclamación definitiva de los candidatos. 

-9-20 de mayo. Campaña informativa.

-21 de mayo. Elección del secretario general (primarias)

-17 y 18 de junio. Celebración del 39º Congreso Federal en Madrid

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