ANTE LA CRISIS POR EL CORONAVIRUS

La banca asume un agujero sin precedentes en el trimestre clave del año

El segundo trimestre marca las cuentas anuales del sector, por ser el más activo en hipotecas y con empresas. Los ingresos por el crédito y comisiones se están desplomando

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Los bancos llevan más de una década sin ser rentables para sus accionistas, al menos según la aversión al riesgo asignada por el mercado, y tendrán que esperar. La parálisis económica sin precedentes en las últimas décadas para frenar la expansión del coronavirus ha frenado también el ritmo comercial de las entidades de crédito en su trimestre clave.

“El segundo trimestre es el más importante para los bancos. En el primero, las empresas realizan sus presupuestos y suele ser en el segundo cuando concentran sus operaciones de crédito. Es un buen trimestre para hipotecas, y también para la venta de fondos de inversión”, explica un consultor de banca. Las entidades coinciden en este análisis, y en que el resultado del periodo entre abril y junio aún es difícil de predecir, pero que será complicado.

“Las entidades se enfrentan a un entorno de congelación del crédito que, en función del impacto de la crisis y su duración, puede extenderse más allá de este año, a pesar de la mayor disposición que se espera de líneas de crédito concedidas a empresas para hacer frente a los pagos más inmediatos”, explican Marta Alberni y María Rodríguez, analistas de AFI, que apuntan también al “incremento de los depósitos, por la aversión al riesgo de los hogares, el menor consumo y el reembolso de los fondos de inversión, debido a la fuerte volatilidad de los mercados y a dicha aversión al riesgo”.

Los bancos aún no han presentado los resultados del primer trimestre, algo que tienen previsto hacer a finales de mes. El estado de alerta comenzó el 15 de marzo, con lo que afecta a una sexta parte de este periodo. Las cifras ya podrían reflejar un impacto. Pero el grueso será en el segundo trimestre. Los bancos tienen tres fuentes principales de ingresos, y dos de ellas, que han sido las más importantes en los últimos años, se ven muy golpeadas.

Dos partidas golpeadas

La primera de ellas es el margen de intereses, que es la vía tradicional para generar ingresos por la diferencia entre la remuneración de los depósitos u otras fuentes de financiación y los intereses que se cobran con el crédito. Los tipos bajos del Banco Central Europeo (BCE) reducen la rentabilidad de este negocio. Los de referencia están al 0%, mientras que los de facilidad de depósito, que penalizan el exceso de liquidez, siguen en el -0,5%. El consenso da por hecho nuevos recortes. Deutsche Bank, por ejemplo, apunta a acabar en el -0,7%.

Así, la política monetaria lleva años estimulando el ciclo de crecimiento. Pero la otra cara de la moneda es la banca, que ha podido limpiar los balances ayudada por los estímulos del BCE, pero que tiene difícil rentabilizar su actividad tradicional. Y ahora, a corto plazo, esa actividad se ha paralizado, y a largo plazo el sector se encontrará con tipos bajos durante más tiempo.

Las nuevas operaciones en hipotecas se han paralizado en este confinamiento. Sucursales y notarías operan bajo mínimos, con lo que muchas firmas que iban a producirse se han pospuesto o cancelado. Mientras que los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE), el aumento del paro y la incertidumbre dificultan que las familias se lancen a por una hipoteca a corto plazo, aunque ya lo tuvieran previsto o estuvieran analizando la posibilidad.

Por otro lado, la moratoria del Gobierno de hasta tres meses y las propias moratorias que ha lanzado la banca y que van más allá, al apuntar a 12 meses, reducirán el cobro de intereses a corto plazo. El único alivio en hipotecas para las entidades puede venir del repunte del euríbor, al que se referencia la mayoría de préstamos a tipo variable. El interbancario sigue en negativo, aunque repuntó desde el -0,288% de febrero al -0,266% de promedio en marzo. Y sigue aumentando en abril, hasta superar el -0,1% esta semana, por primera vez en tres años. Sigue en niveles superiores a los de marzo y abril de 2019, con lo que no habrá revisiones al alza, pero sí podría haberlas en los futuros meses si sigue esta tendencia.

En el segmento de empresas, hay un aluvión de peticiones de préstamos, aunque no como suele ser habitual. El crédito corporativo es, mayoritariamente, para obtener liquidez en esta crisis. Tanto por parte de grandes empresas, como de pymes y autónomos. El año pasado, la banca formalizó créditos a empresas por valor de 89.000 millones en el segundo trimestre, según datos del Banco de España (BdE). Ahora, el crédito se concentra en las operaciones con avales del Instituto de Crédito Oficial (ICO). El Gobierno abrió la veda con 20.000 millones, y lanza así ahora un segundo tramo de otros 20.000 millones. La cantidad disponible total será de 100.000 millones.

Estos préstamos también generarán ingresos para la banca, con tipos estándar a partir del 1,5%, aunque los autónomos están observando un coste mayor. Pero llevan implícitos un coste por parte del ICO para conceder el aval de entre 20 y 120 puntos básicos. Y, en cualquier caso, son tipos inferiores a los habituales antes de esta crisis.

La banca del Ibex 35 sumó algo más de 20.000 millones en margen de intereses generado en España (sumando Portugal en el caso de Bankinter o México en el de Sabadell) durante el pasado ejercicio. Mientras que en margen bruto, que es la suma de los ingresos netos de las entidades, alcanzó los 31.700 millones. El margen de intereses, por lo tanto, representó un 63%. Mientras que el margen de intereses en España, respecto al margen bruto total, fue del 21%.

La parálisis es más exacerbada en España que en otros países por ahora, pero los equipos internacionales de investigación ya apuntan al golpe potencial en las economías emergentes, tanto por las mayores dificultades sanitarias que pueden tener para contener y tratar el virus, si sigue extendiéndose la pandemia, como por posibles impactos en las divisas y en los flujos financieros para países más dependientes del exterior. México, Brasil o Turquía son clave para Santander y BBVA.

Los bancos llevan años tratando de aumentar la desintermediación de los recursos de clientes desde depósitos a fondos, para depender menos de la partida del margen de intereses en la parte alta de las cuentas de resultados e incrementar el peso de las comisiones. Estos ingresos se producen principalmente por la venta de fondos de inversión, planes de pensiones, seguros y por la operativa, desde las cuentas de los clientes, a empresas y las TPV de los comercios.

La parálisis de la actividad reduce los ingresos en todas estas vías. En algunos casos, el efecto negativo se amplifica, como en fondos. No solo se venden menos, sino que entre los reembolsos netos y la caída del patrimonio por el efecto de los mercados se reduce el volumen sobre el que se aplican las comisiones. Tampoco hay casi ventas de seguros y, obviamente, han caído las ventas en comercio, lo que afecta los ingresos por TPV. Además, los bancos han decidido suspender algunas comisiones cobradas a los clientes mientras dure esta emergencia sanitaria.

Una vía para maquillar cuentas

La otra partida es la del resultado de operaciones financieras (ROF), que durante los últimos años ha reducido drásticamente su aportación, después de ser el único elemento que crecía durante la crisis financiera. Los bancos tienen grandes carteras de bonos soberanos, que generan ingresos por sus intereses que van en el margen de intereses ya mencionado, y que han tendido a ser menores, y también beneficios mediante la compraventa, que se suma en el ROF.

El ROF fue decisivo para las entidades más golpeadas por la crisis financiera, al poder adquirir títulos del Tesoro cuando la prima de riesgo superaba los 400, los 500 y los 600 puntos básicos —ahora, está levemente por encima de los 100—. La intervención del BCE disparó el precio de los bonos y hundió sus rentabilidades, para beneficio de los bancos. Entre 2018 y 2019, los bonos han provocado sobresaltos a los bancos, especialmente cuando se dispararon las tensiones en Italia, por sus tenencias de deuda del país transalpino. Además, los supervisores quieren que se reduzca el vínculo entre los bancos y el riesgo soberano, especialmente cuando es el propio país.

Este vínculo amplificó la crisis de deuda, aunque también sirvió a los bancos para mejorar su cuentas tras la misma. Y ahora han tenido una nueva oportunidad. En marzo, los títulos de deuda pública europea registraron una fuerte volatilidad. Primero hubo un leve incremento del precio y caída de la rentabilidad, cuando el incipiente riesgo del coronavirus llevó a los inversores a balancear carteras. Cuando la amenaza se volvió evidente y empezaron las restricciones, hubo una ola de ventas de todos los activos, incluyendo los bonos. La deuda española pasó del 0,14% al 1,3% en dos semanas, para después recular con la intervención del BCE hasta el 0,5%. En la última semana hay un nuevo repunte, aunque mucho más leve, del retorno.

“Los impactos negativos [en margen de intereses y comisiones] podrían verse compensados parcialmente, en el caso de los ingresos financieros, por las compras de renta fija (especialmente, bonos soberanos) llevadas a cabo en el periodo de tensionamiento de los ‘spreads’ soberanos que vivíamos tras el anuncio de las primeras medidas del BCE, así como por la generación de plusvalías aprovechando el pequeño ‘carry trade’ que se generaba con el posterior relajamiento de los diferenciales”, arguyen Alberni y Rodríguez desde AFI.

En efecto, los movimientos bruscos de la deuda, especialmente la periférica, han dado pie a que los directores financieros de los bancos hayan podido operar en el mercado de deuda para que el ROF maquille las cuentas del trimestre. Además, la banca ha hecho acopio de liquidez tanto a través de la ventanilla del BCE (LTRO) como con la emisión de cédulas hipotecarias (‘covered bonds’). Las entidades han recibido de los supervisores flexibilidad en sus requisitos de solvencia, y han suspendido dividendos y remuneraciones variables para proteger el capital. También se han suavizado las exigencias a la hora de dotar provisiones, lo que no impedirá que por esta vía también se afeen las cuentas este año con el previsible aumento de la morosidad.

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