BALANCE

Los banqueros españoles destruyen un 7% de valor al año y solo uno bate al sector

Dancausa es la única primera ejecutiva de la banca cotizada que genera valor para sus accionistas durante su mandato. La pérdida media del resto de banqueros es del 40%

Foto: J. Oliu (Sabadell), M. Menéndez (Liberbank), A. Botín (Santander), M. Azuaga (Unicaja), M. D. Dancausa (Bankinter), J. I. Goirigolzarri (Bankia), C. Torres (BBVA), G. Gortázar (CaixaBank).
J. Oliu (Sabadell), M. Menéndez (Liberbank), A. Botín (Santander), M. Azuaga (Unicaja), M. D. Dancausa (Bankinter), J. I. Goirigolzarri (Bankia), C. Torres (BBVA), G. Gortázar (CaixaBank).

Los banqueros españoles suspenden en bolsa. Solo una de los ocho primeros ejecutivos de entidades cotizadas genera valor para sus accionistas desde el comienzo de su mandato, María Dolores Dancausa, consejera delegada de Bankinter. Y aunque es cierto que la última década no ha sido la mejor para gestionar un banco, la foto tampoco sale favorecedora cuando se compara con un índice de referencia sectorial europeo, como el EuroStoxx Banks. Tan solo el banco dirigido por Dancausa bate al indicador. La nota generalizada está más cerca del 'suspenso' que del 'notable': destruyen de media un 7,4% de valor anual, una vez incluido el reparto de dividendos.

Esta fotografía ha empeorado en los últimos meses tras el cambio de política monetaria del BCE, que amenaza al sector financiero con dejar los tipos más bajos y durante más tiempo, llevando cerca de mínimos históricos las cotizaciones de Bankia, Sabadell, Liberbank y Unicaja Banco.

Pero no es solo una cuestión de los bajos tipos de interés. El mercado siempre ha encontrado una buen argumento (o excusa, dependiendo del lado que lo mire cada uno) para castigar a los bancos españoles: las sentencias judiciales, con golpes en los últimos años como las cláusulas suelo, los gastos hipotecarios y ahora el IRPH; los crecientes requisitos regulatorios; los sustos de los grupos internacionales en países como Turquía, México, Brasil o Argentina; y, más recientemente, los 'profit warnings' (revisión a la baja de expectativas de beneficios) de las entidades con más exposición a España.

A pesar de llegar en momentos distintos, los primeros ejecutivos de las tres mayores entidades españolas coinciden en su evolución: Ana Botín, Carlos Torres y Gonzalo Gortázar registran números rojos durante su mandato de cerca del 40%, incluyendo el pago de dividendos, y superiores al 50% sin tenerlo en cuenta.

Botín y Gortázar cogieron las riendas ejecutivas de Santander y CaixaBank en 2014, por lo que la pérdida de valor anual asciende a algo más del 9%. Mientras, desde que Torres entró en lo más alto de la cúpula —mayo de 2015, cuando fue nombrado CEO (es presidente desde enero de este año)—, los accionistas de BBVA ven esfumarse un 11% de su inversión al año.

En el caso de la presidenta del Santander, la cotización no ha conseguido levantar el vuelo desde su llegada a la presidencia en septiembre de 2014 y las dos ampliaciones de capital de 7.000 millones, la primera en enero de 2015 para fortalecer el capital y la segunda para comprar Popular en 2017.

Pasión turca

La evolución en bolsa de BBVA y CaixaBank es similar, con un desplome más acusado durante el último año. A BBVA le ha pesado la exposición al IRPH, la inestabilidad en Turquía y Argentina y la potencial desestabilización de México con el nuevo Gobierno de López Obrador.

Por su parte, la entidad catalana es la que mayor posible impacto tiene por el IRPH, a lo que se ha sumado el elevado coste de su plan de bajas —de 978 millones— y la rebaja en la previsión de crecimiento de los ingresos, por los bajos tipos de interés.

Banco Sabadell es el más castigado durante el mandato de su presidente, Josep Oliu. Contando dividendos, pierde casi un 58%, aunque el periodo es mucho más amplio que el de sus competidores, por lo que la pérdida de valor anual se rebaja hasta el 4,6%. Oliu fue nombrado presidente en 1999 y la entidad salió a bolsa en 2001. La caída es también la más abultada desde máximos, de más del 80%. El banco catalán lleva intentando detener la sangría en los últimos meses con la venta de participadas y su salida del ladrillo, pero siguen pesando la presión de los tipos de interés y el susto millonario que sufrió el año pasado en Reino Unido.

Porcentaje similar al de Oliu es el que ostenta José Ignacio Goirigolzarri, presidente de Bankia, con una pérdida de valor del 4,9% al año. Aunque el banquero vasco llegó a la entidad nacionalizada en mayo de 2012, estas cifras tienen en cuenta la evolución del banco desde mayo de 2013, cuando la cotización se estabilizó tras la inyección de capital del Estado. Este grupo marcó máximos en 2014 y desde entonces pierde un 69%, al ser uno de los más afectados en su cartera de créditos por la política monetaria del BCE. Recientemente ha tenido que anunciar un 'profit warning' por ello.

Castigo a las cajas

Junto a Sabadell, la entidad que más pierde desde máximos es Liberbank, cuyo primer ejecutivo, Manuel Menéndez, está al frente del grupo desde antes de que saliera a bolsa en 2013. Desde entonces, el grupo destruye un 11,6% de valor a sus accionistas, algo que se ha acelerado en los últimos meses por el cambio de política del BCE. Para paliarlo, Menéndez negoció sin éxito a principios de año una fusión con Unicaja y descartó una oferta de Abanca. Desde que se levantaron de la mesa de negociaciones con la entidad malagueña, su cotización pierde un 17%. Menéndez es también el que peor compara frente al EuroStoxx Banks.

En el caso de Unicaja, su presidente ejecutivo, Manuel Azuaga, es el que sale en el 'ranking' con una mayor pérdida anual para sus accionistas, del 18%, aunque influida porque el banco lleva apenas dos años cotizando.

La excepción que confirma la regla es la de Bankinter, la entidad española que menos exposición al ladrillo tenía al estallar la crisis y que ha podido compensar la caída de los tipos de interés gracias a Línea Directa y con una mayor apuesta por banca privada y banca de empresas, y su entrada en Portugal. Sus accionistas han ganado casi un 10% anual con dividendos. Una utopía a día de hoy para el resto de inversores financieros.

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