Varapalo financiero

El golpe del coronavirus agudiza el ocaso de la banca europea en bolsa

La crisis actual ha vuelto a cebarse en el parqué con el sector financiero europeo, que pierde la mitad de su valor en apenas seis semanas y cotiza a sus niveles más bajos en 33 años

Foto: Sucursal de Banco Santander en Brasil. (Reuters)
Sucursal de Banco Santander en Brasil. (Reuters)
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En los parqués bursátiles europeos la máxima de que la banca siempre gana hace tiempo que dejó de tener sentido. El sector financiero del Viejo Continente se ha convertido en sinónimo de pérdidas para unos inversores que parecen haberle dado ya la espalda, tras años de expectativas de mejoras frustradas.

Los números son suficientemente elocuentes: desde que alcanzara sus máximos en mayo de 2007, hace casi 13 años, el índice bancario del EuroStoxx acumula pérdidas próximas al 90%. Más de 800.000 millones de euros de capitalización se han visto fulminados en una sucesión de tormentas que se inició con el colapso financiero de 2008 y que ha tenido continuidad en los años siguientes, con episodios como la crisis del euro, el Brexit o la guerra comercial entre Estados Unidos y China...

Todos y cada uno de los episodios de tensión que han azotado los parqués europeos han tenido en la banca uno de sus principales damnificados. Y la crisis desatada por el coronavirus no ha sido una excepción. Un zarpazo que 'a priori' se presentaba como especialmente dañino para la industria turística, de viajes y de ocio, y que —ha sido repetido con insistencia— no representa una crisis financiera, ha vuelto a poner a los bancos en el ojo del huracán: ningún sector europeo se aproxima a las pérdidas del 50% que acumulan las entidades financieras desde que las bolsas de la región alcanzaron sus máximos anuales, el pasado 19 de febrero, y que le han llevado a registrar sus niveles más bajos desde, al menos, 1987.

Evolución del rendimiento comparado del índice EuroStoxx (línea naranja) y del subíndice bancario del EuroStoxx (línea clara). (Bloomberg)
Evolución del rendimiento comparado del índice EuroStoxx (línea naranja) y del subíndice bancario del EuroStoxx (línea clara). (Bloomberg)

En poco más de seis semanas, entidades como el Bank of Ireland, Société Générale o Natixis han visto desaparecer cerca de un 60% de su valor. Erste Group, Crédit Agricole, BNP Paribas, ING o Commerzbank les siguen a no mucha distancia, con recortes en el entorno del 55%. Y, aunque entre los mejores de la clase, no son menos dramáticas las cifras que arrojan los bancos españoles: CaixaBank se deja algo más del 40%; las pérdidas de Santander y BBVA superan el 46%; y las de Bankinter y Sabadell rozan el 50%. Bankia —que no está incluido en el índice— ha sido, sorprendentemente, el que mejor ha capeado el golpe, con recortes que no alcanzan el 38% en el periodo.

Todas estas cifras hablan de un sector en caída libre, que parece incapaz de recobrar la confianza de los inversores ni siquiera cuando sus valoraciones se sitúan, en términos generales, apenas al 32% de su valor contable.

El más reciente castigo, que le ha llevado a restar más de un 13% de su valor en la última semana, ha estado en gran medida motivado por la sucesión de cancelaciones de dividendos —uno de los últimos ha sido Santander—, motivada por la insistencia de las entidades supervisoras, con el Banco Central Europeo (BCE) a la cabeza. En un momento de máxima incertidumbre económica, en que se han puesto a disposición del sector miles de millones de euros orientados a impulsar el crédito, las autoridades financieras han creído conveniente forzar un ejercicio de prudencia en el sector, con la suspensión de los pagos a sus accionistas.

El veto del BCE a los dividendos ha sido el último golpe a la confianza de los inversores en un sector que arrastra caídas próximas al 90% desde 2007

Esta medida, sin embargo, ha encontrado cierta oposición entre algunos inversores y analistas, entre los que destacan los de Bank of America. La firma estadounidense defiende que una interferencia de raíz política como esta, que ni siquiera hace distinciones entre los bancos mejor capitalizados y los que no, siembra dudas no solo sobre los pagos actuales sino los del futuro más próximo. Y, al mismo tiempo, genera desconfianza sobre la propia regulación europea, lo que puede alejar aún más a los inversores. "Creemos que el elevado coste del capital resultante es un desincentivo para prestar", advierten en la entidad.

En cualquier caso, la de los dividendos es solo una —y no precisamente la más importante— de las incertidumbres que vuelve a levantar en torno a la industria financiera la crisis del coronavirus.

Una vez más, las autoridades han vuelto a situar a la banca en el centro de la lucha contra la crisis que se cierne sobre el continente. La provisión de riadas de liquidez está encaminada a que las entidades abran las compuertas del crédito para evitar que grandes y pequeñas empresas se vean ahogadas por la coyuntura actual y abocadas a la quiebra. El problema es que, aunque necesaria, esta medida encierra riesgos a medio plazo para el sector.

Las entidades se ven abocadas, de este modo, a asumir un mayor riesgo de crédito, que dada la magnitud de la recesión que se cierne sobre la Eurozona, parece inevitable que se traduzca en un incremento de la morosidad. Medidas como las moratorias crediticias decretadas por gobiernos como el español azuzan aún más el peligro de deterioro de los balances, como han recordado con insistencia firmas como la agencia Moody's.

Además, la crisis del coronavirus no ha hecho sino exacerbar una situación con la que la banca europea viene lidiando desde hace más de un lustro y con la que parece condenada a convivir hasta un horizonte cada vez más lejano: el de los tipos de interés en negativo, que cercena la rentabilidad del sector. Aunque el BCE ha evitado en su reciente batería de medidas contra la crisis ahondar en el escenario de tipos negativos, la intensidad del 'shock' económico que se prevé en la región y los renovados temores a la deflación hacen muy difícil atisbar la retirada de las políticas monetarias extraordinarias en un plazo previsible.

Todo esto lleva a los analistas de entidades como Bankinter a afirmar que aún no es momento de pensar en tomar posiciones en banca. Y es que, a pesar del castigo acumulado, las recomendaciones de venta de las acciones de Santander, BBVA, Sabadell o Bankia se encuentran en sus niveles más elevados desde, al menos, 2018. Y no es mejor la situación entre las grandes entidades europeas, con consejos crecientes de venta sobre BNP Paribas, Crédit Agricole o UniCredit, entre otras.

El prolongado pesimismo que afecta a la banca española y europea ha acabado por descabalgar al que no hace tanto era el sector más relevante del mercado. El sector financiero, que llegó a representar casi una cuarta parte del EuroStoxx en 2007, supone hoy apenas un 6,5% del índice, lo que le ha llevado de ser, con creces, el más representativo a ocupar hoy la sexta posición por ponderación, claramente por detrás de la industria de bienes y servicios, la tecnología, los servicios de salud, la industria química o las 'utilities'.

Índice Ibex 35 Bancos. (Bloomberg)
Índice Ibex 35 Bancos. (Bloomberg)

En España, la pérdida de relevancia es menos llamativa, pero también indiscutible. Los datos de BME, que agrupan al sector financiero con el inmobiliario muestran que este macrogrupo ha pasado de representar más del 35% del mercado en 2014 a un 23,3% al cierre de 2019, aunque se mantiene como el más importante del mercado español.

Los datos del mercado a cierre del pasado viernes reflejan que los seis bancos cotizados del Ibex cuentan con una ponderación conjunta del 20,4%, muy alejada del 40% que llegó a rondar en los años previos a la crisis, y claramente inferior al casi 26% que representan las compañías del sector eléctrico. Solo Inditex está valorada en casi tanto como el sector bancario del Ibex en su conjunto y la capitalización de BBVA, que hasta 2018 había sido usualmente superior a la de Iberdrola, hoy es más de tres veces inferior. En poco más de dos años, el sector en su conjunto ha perdido alrededor de 140.000 millones de valoración.

El ocaso bursátil de la banca ha sido especialmente significativo en Europa, donde el sector ha estado expuesto en mayor medida a un entorno de negocio muy complejo, caracterizado por una regulación muy estricta y un escenario de tipos de interés especialmente adverso. Pero la pérdida de pujanza en los mercados del sector financiero ha sido generalizada en los últimos años, en los que incluso su papel como intermediario esencial de la actividad económica ha llegado a ponerse en cuestión, con el surgimiento de las nuevas tecnologías.

Baste comprobar que el índice KBW Banks, que engloba a las 24 principales entidades estadounidenses, al contrario que el mercado general, nunca ha llegado a superar sus máximos previos a la crisis financiera, que datan de finales de 2006, y hoy cotiza casi un 50% por debajo. Por entonces, hasta tres bancos (los estadounidenses Citigroup y Bank of America y el chino ICBC) se codeaban entre las diez mayores cotizadas del mundo, mientras que el británico HSBC pugnaba por hacerse también un hueco en el 'top ten'. Hoy, ninguno se sitúa entre los 15 mayores.

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