SE ABRE LA CAMPAÑA PARA LAS GENERALES DEL 28A

La campaña de los mil frentes: de la reválida de Sánchez a Vox, el quinto elemento

Hay contienda en la España vacía y en las provincias más pobladas, en Facebook y en WhatsApp. La derecha compite entre sí y contra Sánchez. No hay muchas certezas

Foto:   Pedro Sánchez, Albert Rivera, Pablo Casado, Santiago Abascal, Alberto Garzón y Pablo Iglesias.
Pedro Sánchez, Albert Rivera, Pablo Casado, Santiago Abascal, Alberto Garzón y Pablo Iglesias.

España afronta su periodo electoral más trepidante en 40 años. En mes y medio hay elecciones generales, autonómicas, municipales y europeas. Por primera vez, cinco partidos nacionales aparecen en las encuestas con más del 10% de estimación de voto. La campaña electoral de las generales, que arrancó anoche, tiene mil frentes. Prácticamente todas las circunscripciones están abiertas; el PSOE busca hablar de las medidas sociales y caminar sobre las aguas de la división de la derecha; PP, Ciudadanos y Vox critican a Sánchez pero a la vez compiten entre sí; unos van a por los jugosos escaños de la España vacía y otros a por las provincias más pobladas; habrá campaña segmentada en Facebook y otra oculta en WhatsApp. Y todo, en medio de una Semana Santa. El PSOE parte como favorito pero con tanto indeciso las encuestas no son infalibles.

Durante años, los analistas repitieron que la ley electoral española favorecía el bipartidismo. Hubo un tiempo en que cambiar esa ley era una prioridad para los partidos pequeños. La irrupción de Podemos y Ciudadanos primero, y de Vox después, ha demostrado que todo era falso, un lugar común tomado como certeza a base de ser repetido. El último CIS coloca a PSOE, PP, Ciudadanos, Unidas Podemos y Vox con estimaciones de voto que van desde el 30% al 12%. La ley electoral penaliza mucho si los partidos se mueven entre el 7% y el 10% pero por encima de esa cifra ya no ocurre. Prácticamente solo Soria, con dos escaños en juego, queda fuera de la contienda.

Pedro Sánchez llega como favorito. Hace unos años, el PSOE era cuarto en las encuestas y amenazaba descomposición. Hoy, después de diez meses en Moncloa, se ve con un 30% de estimación de voto y hasta 140 escaños en los sondeos. Nadie tose al presidente, que ha demostrado su poder para purgar las listas sin apenas críticas en público.

La campaña diseñada es la de hacer poco ruido, no cometer errores y esperar que pase el tiempo. Hablar solo de políticas sociales e ignorar Cataluña y la relación del PSOE -pasada y quizá futura- con los independentistas. Esa idea es la misma que estuvo detrás de la primera parte de la fallida campaña de Susana Díaz pero en Ferraz nadie cree que sean situaciones comparables: en Andalucía el PSOE llevaba 38 años de Gobierno y Vox entonces no era visto como una amenaza. Con maldad añaden que Pedro no es Susana.

El PSOE presenta el dilema de que hay que elegir entre sanchismo o barbarie. Que si Sánchez no gobierna la alternativa es un tripartito con la extrema derecha de Vox. Sánchez ha rechazado un cara a cara con Casado -durante años esa fue una exigencia del PSOE a Rajoy y a Aznar- y ha preferido un debate a cinco en Atresmedia (participada por Planeta, la editorial del libro de Sánchez). Para ello ha dejado de lado a TVE, que proponía un debate a cuatro sin Vox, por lo que ha recibido críticas de los trabajadores de la cadena pública. Pero Sánchez quiere confrontarse con Vox, que Santiago Abascal esté en el plano junto a Casado y Rivera. Moncloa decidió adelantar elecciones solo dos días después de la foto de Colón y el miedo al 'trifachito' sigue siendo la principal gasolina para el proyecto.

Como la mitad de la campaña discurre en Semana Santa, con España a medio gas, el debate es la gran opción para los candidatos. Pero en un formato a cinco es más fácil eludir el cuerpo a cuerpo. El debate organizado por El Confidencial entre las cinco principales mujeres esbozó un guion que conviene al PSOE: PP, Vox y Ciudadanos mantuvieron sus propios roces que diluían las críticas a los socialistas.

El PP comparece achuchado por todos los flancos. Ciudadanos ya le quitó una buena parte de su electorado centrista y Vox, el quinto elemento, le amenaza ahora por la extrema derecha. Pablo Casado ha modelado las listas con mano de hierro. En el partido dan por hecho una gran caída de escaños pero, al igual que en Andalucía, no descartan que llegue a la presidencia del Gobierno. Como dijo aquel torero, "o te pongo un piso o llevarás luto por mí".

La precampaña del PP ha ido a trompicones, marcada por los errores no forzados

Su precampaña ha ido a trompicones. El PP diseñó su plan con dos ideas fuerza: Cataluña y la economía. Pero un día Suárez Illana con el aborto, otro día Casado con el salario mínimo o el portavoz económico con las pensiones han ido enturbiado sus mensajes. Los excesos de Casado -"Sánchez prefiere las manos manchadas de sangre que manos blancas"- y las peticiones de coaliciones con Ciudadanos y Vox han hecho el resto. La precampaña ha estado marcada por los errores no forzados de los partidos más que por sus propuestas. Los programas electorales son en la práctica papel mojado porque del 28-A es muy improbable que salga un Gobierno monocolor.

Pablo Casado, en el acto de inicio de campaña electoral. (Reuters)
Pablo Casado, en el acto de inicio de campaña electoral. (Reuters)

Los populares confían en el 'efecto Renault'. El asesor político César Calderón, director de Redlines, compara la decisión del voto con la compra de un coche. A meses de tomar la decisión, el comprador puede fantasear con un BMW, un deportivo o con un diseño exótico, pero unos días antes de la compra le basta un Renault, fiable y que le traslade sin averías. Los populares serían ese Renault. Vale que no cantan el himno de la Legión y que el 155 fue 'light', pero pasado año y medio del 1-O es evidente que Cataluña no se ha independizado. El PP ha sido tradicionalmente -al menos con Rajoy- el partido de los abogados del Estado y los altos funcionarios, un partido de Gobierno mejor valorado en las encuestas que los socialistas para llevar la economía. Pero de momento, su campaña ha ido más hacia Cataluña y contra Sánchez que de sacar pecho de la gestión.

En cuanto Sánchez convocó elecciones, Albert Rivera sorprendió anunciando que jamás pactaría con el PSOE. Hasta entonces hablaba de evitar el sanchismo. De nuevo es el mismo guion que en Andalucía. Rivera lo fía todo a un tripartito a la andaluza, a ser el líder de la derecha. Tras un inicio titubeante, ensombrecido por un pucherazo descarado en las primarias de Castilla y León que el partido de la regeneración no ha explicado, las encuestas le dan repuntando en estimación de voto pero en su caso eso no es garantía. Según el CIS, la mitad de su electorado aún duda a quién votará y tiene fronteras de voto con PSOE y PP pero también con Vox y con la abstención. Nadie puede perder tanto... o ganarlo.

Albert Rivera, proyectado mediante un holograma, durante el inicio de campaña electoral. (EFE)
Albert Rivera, proyectado mediante un holograma, durante el inicio de campaña electoral. (EFE)

Es una constante en las últimas campañas. Con el multipartidismo, la oferta está más segmentada y el voto se decide más tarde. El CIS que dirige el polémico José Félix Tezanos presentó su macroencuesta electoral con una nota metodológica de 21 páginas en la que se curaba en salud por si todo daba un vuelco. "El CIS presenta en este documento una medición en marzo de 2019 del estado del sistema de electorados para las elecciones generales en España. Es decir, un diagnóstico en foto fija de las dinámicas que experimentan los electorados. No es en absoluto un modelo de pronóstico de los resultados de las elecciones. [...] En los resultados electorales del 28 de abril tendrán, según los estudios, un efecto clave las campañas electorales y las estrategias de comunicación de los partidos políticos".

En esa estrategia de comunicación es a lo que lo fía Unidas Podemos. El partido, azotado por mil escisiones y lejos de la movilización de 2015, fía su remontada a la vuelta de Pablo Iglesias tras su permiso de paternidad y a su discurso duro contra el 'establishment', los medios, la banca y las eléctricas. Su objetivo es insistir en que el PSOE es menos socialista sin Podemos, que solo su apoyo al Gobierno ha permitido las medidas sociales y que si llegara a entrar en un Ejecutivo de coalición eso se multiplicaría. Con multitud de escisiones y abandonado el sorpaso, se centrará en las grandes circunscripciones para sacar escaño.

El espionaje de las cloacas del Estado a Podemos bajo el Gobierno del PP y las investigaciones judiciales al excomisario Villarejo han cargado de argumentos a la formación. Pablo Iglesias vuelve a ser el menos institucional, capaz de dar una entrevista a un 'youtuber' que lleva casi un millón de visitas. Porque no hay solo una campaña ideológica, sino también de medios. Los partidos van a gastar alrededor de 1,2 millones de euros en campañas en redes. Hay equipos para viralizar vídeos y responder al adversario al minuto.

Pablo Iglesias (i) y Alberto Garzón, durante la tradicional pegada de carteles. (EFE)
Pablo Iglesias (i) y Alberto Garzón, durante la tradicional pegada de carteles. (EFE)

Quien explica que maneja las redes para evitar a los medios es Vox, el quinto elemento de la campaña, el recién llegado y el último fenómeno de masas. Abascal ha lanzado una campaña tipo Trump, pura guerra cultural. Contra el independentismo, sí, pero también contra la prensa, los 'progres', el cine español, la inmigración, las autonomías, los sindicatos y los ecologistas. Tiene el voto de la extrema derecha, de Pachá y del Barrio de Salamanca, sí, pero en sus mítines hay más que eso. En vez de centrarse en las provincias con muchos escaños en juego se ha lanzado a por la España vacía, justo donde Casado le pidió que no se presentara.

Como en Andalucía, conforme avanza la precampaña, las encuestas le han ido dando mejores resultados pero hay muchas incertidumbres. Un partido capaz de organizar colas en Palencia para un mitin un día laborable tiene algo, está en estado de gracia. O quizá solo tiene a unos votantes muy movilizados, pero desde Podemos en 2014 no se veía algo así. Superado el resbalón de las armas ni el goteo de candidatos con historial ultra que le aparecen ni un programa económico que propone semiprivatizar las pensiones les hace mella. Ahora mismo, Vox es capaz de llevar el debate de la inmigración y la delincuencia a Palencia, una de las provincias con menos de ambas sin que chirríe al público. El CIS deja a Vox como partido marginal en parte de la España plurilingüe, un escaño en Galicia y ninguno en Euskadi, lo que no impedirá que Abascal, vasco de Amurrio, tenga programados tres actos en el País Vasco.

Santiago Abascal y Rocio Monasterio, líder de Vox en Madrid, durante el acto de inicio de campaña. (EFE)
Santiago Abascal y Rocio Monasterio, líder de Vox en Madrid, durante el acto de inicio de campaña. (EFE)

En sus mitines, Vox apela a lo más básico: la patria, la bandera, los valores tradicionales, Manolo Escobar y José Manuel Soto. Netflix tiene un fantástico documental sobre la relación entre Richard Nixon y Johnny Cash, el mito del country que cuando en el país proliferaban las protestas contra la guerra de Vietnam apoyó al presidente. En él, Pat Buchanan, asesor de Nixon, Ford y Reagan, explica las claves de la campaña en el sur profundo de los republicanos para ganar desde ahí el país. "La esencia era el conservador tradicional y la ley y el orden, apoyar la guerra de Vietnam, enfrentarse a manifestantes contra la guerra, y representar los valores y creencias del americano medio, en contra del creciente movimiento social y la revolución cultural del país". España no tiene una guerra de Vietnam pero sí un movimiento separatista en Cataluña y lo que Abascal llama "la brecha progre" entre la élite y el pueblo. En campaña está todo inventado.

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