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Dentro del frente de Jersón: en la 'línea cero' de la contraofensiva ucraniana en el sur
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"Unos kilómetros más y estoy en mi casa"

Dentro del frente de Jersón: en la 'línea cero' de la contraofensiva ucraniana en el sur

Los ataques sistemáticos contra los puentes son solo el primer paso del plan para rodear, asediar y finalmente reconquistar la ciudad de Jersón

Foto: Un soldado ucraniano dispara un obús en la región de Mykolaiv, a 90 km de Jersón. (Reuters/Oleksandr Ratushniak)
Un soldado ucraniano dispara un obús en la región de Mykolaiv, a 90 km de Jersón. (Reuters/Oleksandr Ratushniak)

“El día de las explosiones en Crimea nos 'han cubierto' pero bien [de fuego de artillería]. Te despiertas por la noche porque el edificio está temblando por el ataque directo de la artillería del enemigo… Después de la explosión escuchas el sonido de los ladrillos que están crujiendo. Cuando este ruido para, sigues durmiendo”, resume Dima, un militar ucraniano de 31 años. Las noches aquí, en las trincheras de Jersón, se pasan en el sótano de un edificio herido y sin ventanas, rodeado de cráteres de los proyectiles que se acercan cada vez más peligrosamente. Se trata de la 'línea cero' del frente ucraniano en el sur, foco clave de la contraofensiva de Kiev y que, tras los últimos bombardeos de posiciones militares en Crimea, ha sacudido también los cálculos militares de Moscú.

El pueblo en que se encuentra su unidad de Inteligencia se ubica a apenas siete kilómetros del despliegue de las tropas rusas. Es uno de los 53 pueblos ya recuperados de la ocupación rusa en la provincia de Jersón, según fuentes de la Administración regional. La liberación del sur de Ucrania, una de las zonas donde los rusos avanzaron con mayor rapidez con el inicio de la invasión a gran escala el 24 de febrero, se ha convertido ahora en una de las tareas prioritarias declaradas por Kiev.

En las últimas semanas, Ucrania ha bombardeado con éxito varios puentes clave en la región de Jersón y a lo largo del río Dnipro. Con apoyo de las lanzaderas Himars, suministradas por EEUU a finales de julio, el Ejército ucraniano ha dañado severamente el puente de Antónovski, con el objetivo de aislar a las tropas rusas desplegadas en el sur continental de los posibles refuerzos —y suministros— desde Crimea. Hace apenas unos días, nuevos bombardeos ucranianos hicieron inutilizable el puente de Kajovskiy. Y así. Los ataques sistemáticos contra los puentes son solo el primer paso del plan para rodear, asediar y finalmente reconquistar la ciudad de Jersón. La liberación de esta estratégica ciudad portuaria se convertiría en una de las victorias más importantes para Ucrania desde el inicio de la invasión rusa.

Foto: Una zona residencial destrozada tras el ataque ruso en Odesa. (Reuters/ Fuerzas Armadas de Ucrania)

Mientras la capital celebra cada localidad recuperada de las tropas rusas, en estos pueblos todavía no cantan victoria. El nivel de destrucción recuerda a las escenas que ya dejó la retirada rusa cerca de Kiev, en la masacrada Bucha o la destruida hasta los cimientos Borodianka. Los postes del tendido eléctrico caídos, la mayoría de las casas en un estado irreparable, la escuela local, reformada justo antes de invasión, ha perdido todas las ventanas. El ruido de artillería es constante y unas 4-5 explosiones diarias recuerdan que la guerra sigue. “Aquí casi no hay gente, quedaron nueve personas… En el pueblo al lado, más cerca del frente, no hay casas intactas. Cuando dejan los pueblos, los intentan destruir lo más posible”, comentan los soldados.

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En las trincheras (Olha Kosova)

Valera, uno de los vecinos del pueblo cercano, cuenta que de los 3.000 habitantes que había en su pueblo ya solo quedan 25. Le propusieron evacuarle, pero prefirió quedarse, y ahora asegura que ya se acostumbró. El Ejército y los voluntarios le traen comida y agua. Durante los primeros días de guerra, los rusos destruyeron la iglesia local. Lo único que quedó intacto fue un icono de María. Valera cree que es una señal de que todo al final saldrá bien.

Foto: Tumbas en la ciudad de Bucha. (EFE/Oleg Petrasy)

La unidad con la que pasamos dos días pertenece a la Inteligencia del Ejército. Cada explosión aquí se siente muy cerca y acelera el pulso. “¿Estáis buscando héroes aquí? Todos los que no huyeron ya son héroes”, comenta el soldado en la cincuentena, que lleva en el Ejército desde 2014, cuando comenzó la guerra del Donbás y Rusia se anexionó Crimea en un referéndum no reconocido internacionalmente.

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La escuela destruida (Olha Kosova)

En esta unidad se toman el peligro —tan cercano— con calma, asumiendo los riesgos con una actitud estoica. Aquí se cree en la suerte y en el destino. “Si no tienes suerte, ¿qué haces en la guerra entonces?”, dice un comandante de aerointeligencia, que reside en la cercana cuidad de Mykolaiv, pero que también cubre este sector. Está la suerte y también el profesionalismo. "No es la nuestra [segundos antes de un obús] fueron las últimas palabras de miembros de las fuerzas de defensa territorial", es uno de los chistes que cuentan los militares. En el frente, diferenciar el tipo de misil —ucraniano o ruso— por el sonido da unos segundos para saber si vives o mueres. "La tuya es la que te mata". También se refieren a Dios. "Estamos ganando porque el Espíritu Santo está con nosotros, por eso, a pesar de todas las apuestas [en contra], Ucrania sigue resistiendo", asegura el capellán militar.

Por segunda vez en una semana, los rusos han sido atacados en la península de Crimea

La mayoría de estos hombres estudiaron el oficio militar y tienen años de experiencia en el Ejército. Pero también se han unido algunos combatientes internacionales, con experiencia en Siria y Afganistán. Al otro lado de las trincheras y más allá de la línea de colisión, está la 'crème de la crème' del Ejército ruso, las fuerzas aerotransportadas. En este punto están los enemigos que se igualan en profesionalismo y experiencia.

Sin resultados rápidos

“Entonces, la pregunta que preocupa al país entero. ¿Cuándo vamos a poder comer las famosas sandías [el producto típico de la región] en Jersón?”. Los chicos que se reúnen en la cocina empiezan a reír y hacer bromas. “¿A este paso? Creo que en el año 2030, a lo mejor”, dice uno de ellos. La contraofensiva no es tan fácil como esperan los civiles, que quieren resultados rápidos. Para avanzar más, se necesitan más armas. Pese a las donaciones de armamento pesado de EEUU, Ucrania cuenta todavía con pocos Himars, que trata como oro en paño: cada uno de los lanzamisiles está en un punto concreto del largo frente de guerra, y no vuelve a esa misma posición hasta pasadas unas semanas. El Ejército ruso sigue teniendo ventajas en la artillería y es muy difícil forzar la retirada de algunas posiciones. Y cada gran avance ucraniano es a costa también de fuertes pérdidas.

Foto: Una de las salas donde comen hasta 200 soldados ucranianos en el frente del Donbás. (Alicia Alamillos)

En esta cocina comen sopa de conservas y cuentan cómo les fue la milagrosa defensa de la región. El periodo más duro fue el mes de marzo. La escasez de armamento y la ventaja del Ejército ruso eran de uno a 10, incluso de uno a 12. La región de Mykolaiv se considera el ángel guardián de Odesa y el suroeste del país. Debido a unos errores defensivos clave la noche del 24 al 25 de febrero, como que Ucrania no bombardeara los puentes que unían el sur peninsular con la Crimea ocupada, el avance de las tropas rusas en las grandes llanuras meridionales fue especialmente rápido. Pero se estrellaron en Mykolaiv, que ya contaba con la experiencia de ser una 'ciudad cerrada' en tiempos soviéticos y no ha llegado a ser conquistada, pese a la presión de las fuerzas armadas del Kremlin.

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(Foto: Olha Kosova)

La mayoría de los soldados tienen alguna historia de haberse encontrado con la muerte. "El día en que los rusos entraron en uno de los pueblos [que defendían], la correlación de fuerzas era muy superior, tuvimos que huir del pueblo. Salí y vi a los tanquistas ucranianos en un barquito", cuenta Anton, quien regresó a Ucrania desde Israel cuando comenzó la invasión. Según cuenta, en su escapada les ayudaron las primeras fuerzas de guerrilla subversiva del sur, que habrían firmado varios atentados y conatos de resistencia insurgente en las ciudades ocupadas por los rusos.

Foto: Un soldado ucraniano patrulla en la región de Donetsk. (EFE/EPA/STR)

“Los civiles esperan la desocupación… El problema es que los rusos están incumpliendo todas las normas de la ley humanitaria internacional, destruyendo no solo los objetos de la infraestructura, sino también atacando a la población civil”, comenta el comandante del batallón. Es sorprendentemente joven y no le hace gracia que se lo recuerden. Tiene 26 años y recibe el apodo de 'Nesquik'. Según sostiene, con esa estrategia los rusos pretenden asustar a la población local para que esté en contra de la presencia del Ejército ucraniano en su pueblo.

Al despedirse pregunto a Nesquik sobre su motivación de estar en el Ejército. “¿Qué otra opción tenemos? Lo que me ayuda a mantener mi moral es el hecho de que mi casa y todo lo que tengo está en el territorio ocupado por los rusos. De este punto ya me quedan un par de kilómetros. Un par de kilómetros más y estoy en mi casa”.

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“El día de las explosiones en Crimea nos 'han cubierto' pero bien [de fuego de artillería]. Te despiertas por la noche porque el edificio está temblando por el ataque directo de la artillería del enemigo… Después de la explosión escuchas el sonido de los ladrillos que están crujiendo. Cuando este ruido para, sigues durmiendo”, resume Dima, un militar ucraniano de 31 años. Las noches aquí, en las trincheras de Jersón, se pasan en el sótano de un edificio herido y sin ventanas, rodeado de cráteres de los proyectiles que se acercan cada vez más peligrosamente. Se trata de la 'línea cero' del frente ucraniano en el sur, foco clave de la contraofensiva de Kiev y que, tras los últimos bombardeos de posiciones militares en Crimea, ha sacudido también los cálculos militares de Moscú.

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