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Todos los horrores que nos quedan por ver en Ucrania: "Lo que no conquisten, lo van a destruir"
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esto es solo la punta del iceberg

Todos los horrores que nos quedan por ver en Ucrania: "Lo que no conquisten, lo van a destruir"

Los relatos sobre el terreno han horrorizado al mundo, desatado una oleada de condenas y espoleado a los aliados para aumentar la presión sobre Rusia. Para muchos, esto es solo el principio

Foto: Tumbas en la ciudad de Bucha. (EFE/Oleg Petrasy)
Tumbas en la ciudad de Bucha. (EFE/Oleg Petrasy)
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Tatiana sabe que nunca más volverá a Severodonetsk. No habrá Severodonetsk al que regresar. "Los rusos no van a dejar piedra sobre piedra. Si no pueden conquistarlo, tienen que destruirlo. O de ellos, o de nadie". La mujer, de 68 años, abandonó su ciudad, en la provincia oriental de Lugansk, entre bombardeos y disparos de las tropas rusas. Ahora, la suya es apenas una de los cientos de historias que han conseguido huir a la ciudad de Dnipro, enclave estratégico de la vanguardia ucraniana y primera parada en la ruta de evacuación de las provincias orientales del Donbás, donde el Kremlin ha dicho que se concentrará sus esfuerzos militares en esta nueva fase de la invasión. Lo que no sabemos son todas las que se han quedado detrás. Ni las que están por llegar.

Como los restos que la marea esparce sobre la playa cuando se retira, los horrores de la guerra de Ucrania emergen tras la salida del Ejército ruso de los enclaves que ocupaba en el norte del país, especialmente en el 'óblast' de Kiev. La ciudad de Bucha, a unos 30 kilómetros de la capital, se ha convertido estos días en el epicentro del terror. Desde allí llegan imágenes de cadáveres ajusticiados, con las manos atadas en la espalda y esparcidos por las calles o semienterrados en fosas comunes. Algunos derribados mientras iban en bicicleta, otros con las llaves de casa en la mano. En parejas, en grupos o solos. Así, al menos 300, aseguran las autoridades locales, en un escenario de casas reducidas a escombros, tanques quemados y vehículos abandonados.

Foto: Cuerpos de civiles ucranianos yacen en las calles de Bucha, cerca de Kiev. (Reuters/Zohra Bensemra)

"[Los soldados rusos] tratan a la gente peor que a los animales. Es muy difícil negociar cuando has visto lo que han hecho aquí", dijo Zelenski, quien se desplazó hasta la ciudad para evaluar una situación que calificó de "genocidio". "Los líderes de grandes países que deben tomar la decisión sobre si Ucrania debería entrar en la OTAN [...], creo que deberían venir aquí y ver cómo acaban estos juegos y flirteos con la Federación Rusia", agregó el mandatario ante las cámaras, con un chaleco antibalas de camuflaje y rodeado por una fuerte escolta.

Moscú ha acusado a las tropas ucranianas de escenificar la catástrofe y ha pedido una investigación de este "montaje" en la ONU. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, calificó la masacre de Bucha como "crímenes de guerra" y al presidente Vladímir Putin como un "criminal de guerra" que debe ser juzgado; mientras que la Unión Europea y Ucrania, por su parte, iniciarán una pesquisa conjunta para recabar pruebas sobre estos asesinatos masivos, que las imágenes de satélite apuntan a que se produjeron antes de la salida de los soldados del Kremlin el 31 de marzo. Los relatos sobre el terreno han horrorizado al mundo, desatado una oleada de condenas y espoleado a los aliados para aumentar la presión sobre Rusia. Para muchos, esto es solo el principio.

"Lo que el mundo está viendo en Bucha, por desgracia, puede ser solo el principio"

"La brutalidad de las fuerzas de ocupación rusas ha ido más allá de todas las normas del mundo civilizado", valoró el ministro de Exteriores lituano, Gabrielius Landsbergis, quien ha pedido a la UE cortar las compras energéticas a Moscú para dejar de ser "cómplices". "Lo que el mundo está viendo en Bucha, por desgracia, puede ser solo el principio. A medida que se liberen otras ciudades, es posible que veamos más casos horribles de crímenes de guerra", agregó, un día antes de anunciar, este martes, la expulsión del embajador ruso en su país como protesta por "las atrocidades cometidas en varias ciudades ocupadas en Ucrania".

La dramática situación de Bucha podría estar lejos de ser una excepción. Fuentes militares ucranianas temen que los "crímenes rusos" sean incluso peores en las zonas ocupadas al este de Kiev, localidades pequeñas algo más alejadas de la capital, explican a El Confidencial. El temor se extiende a otras zonas que han sido más golpeadas por el conflicto y que están actualmente bajo asalto, especialmente la ciudad costera de Mariúpol, donde se calculan miles de civiles muertos bajo los bombardeos. "Bucha es solo la punta del iceberg", dijo el ministro de Exteriores ucraniano, Dmytro Kuleba, durante una conferencia de prensa con su homóloga británica, Liz Truss, el lunes.

El horror de Bucha en primera persona.

Asalto en el Donbás

El rastro que dejan los rusos obedece a la presión militar de la resistencia ucraniana, que ha forzado su reposicionamiento táctico del grueso de sus tropas hacia la frontera con Bielorrusia y hacia el este. "La mayoría de grupos tácticos de batallón que estaban formando contra Kiev, al menos en el norte y el noroeste, han comenzado ahora a retirarse lejos [de la capital]", aseguró el portavoz del Departamento de Defensa de EEUU, John Kirby, en una rueda de prensa. El Pentágono considera que estos movimientos disminuyen considerablemente el riesgo de que Kiev sea ocupada por las tropas invasoras.

La ofensiva entra así en la nueva fase anunciada por el Kremlin hace una semana y cuya hoja de ruta, con objetivos menos ambiciosos, contempla el despliegue para lo que será un “ataque masivo” en el este del país. La nueva narrativa de Moscú es que el plan de "liberar el Donbás" fue siempre el objetivo original de su "operación militar especial" —pese a que los hechos indiquen lo contrario—. Algunos analistas militares consideran que la impaciencia de Putin por poder exhibir una victoria de cara al 9 de mayo, cuando se conmemora el Día de la Victoria, podrían acelerar la ofensiva en busca del control de las provincias ucranianas de Donetsk y Lugansk.

Foto: La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. (Reuters/Pool/Kenzo Tribouillard)

Lugansk, la más oriental de las regiones ucranianas, es la que está más cerca de caer en manos rusas y donde se está produciendo la ofensiva más intensa. Allí, Rusia estaría preparando el inminente asalto a las ciudades de Rubizhne y Popasna, como paso previo a hacerse con la actual capital de la provincia, Severodonetsk, señaló el portavoz del Ministerio de Defensa ucraniano, Oleksandr Motuzyanyk —unos pronósticos compartidos por el Pentágono y el Ministerio de Defensa británico en sus informes públicos de inteligencia sobre la invasión—. Imágenes de satélite y otras fuentes de inteligencia abierta también confirman la reorganización de las tropas rusas —incluidos los mercenarios del Grupo Wagner, según el Institute for War Studies— en el frente.

La lucha en el este será la más sangrienta y la más lejana de las cámaras. En un artículo de opinión publicado esta semana en el medio 'Ria Novosti', afín al Kremlin, se aboga por tratar prácticamente a todos los ucranianos, "nazis", incluidos los civiles, como colaboracionistas y sin resección posible. "Ucrania debe pagar sus culpas a Rusia. Debe ser tratada como el enemigo y, por lo tanto, solo debe desarrollarse supeditada a Rusia. No debe haber 'Plan Marshall'. No 'neutralidad', ni ideológica, ni pragmática", dijo el medio, según una traducción del analista Sergej Sumlenny, detallada en un hilo de Twitter.

Severodonetsk lleva siendo "tratada como el enemigo" desde el inicio de la guerra. Según cuenta Tatiana, los bombardeos rusos han destruido hospitales, bloques de apartamentos y tiendas. Casi no hay alimentos para comprar y pocos tienen valor —o ánimo— para salir a la calle. Era imposible aislarse, ni en lo cotidiano. Las ventanas rotas por los bombardeos a finales de febrero hacían que el frío atenazara a los hogares. La alarma antiaérea no para de sonar durante nuestra conversación en una antigua cafetería reconvertida en centro de acogida de refugiados de la organización Kust en Dnipro.

En Ucrania, los ancianos son siempre los últimos en irse. Tatiana vio partir a su hija y su nieta rumbo a Dinamarca, donde esperan obtener el estatuto de refugiadas, casi con los primeros compases de la invasión. Ella se aferró a su casa, su perro y su gato. A su "vida sencilla", con la confianza de que todo pasaría rápido.

Foto:
"Tenemos que sacar a nuestra hija de Irpin"
Marcin Suder Outriders VA Diseño Sergio Beleña Luis Rodríguez Pablo López Learte

Su pelo suave, como de diente de león, combina a la perfección con la fragilidad de gestos que da la edad. Una apariencia que engaña con una biografía de resistencia. Viuda desde hace muchos años, crio a su hija prácticamente sola con un modesto sueldo de cocinera en una guardería y ahora apenas sobrevive con una pensión de 2.000 grivnas (unos 60 euros) al mes. En 2014, cuando Severodonetsk ya cayó en manos de los separatistas prorrusos durante unos meses, tampoco se fue y pudo ser testigo de cómo la ciudad fue reconquistada por tropas ucranianas. En esta ocasión, confiaba en que bastaría con refugiarse unos días en el sótano. Quizá, simplemente, no quería abandonar —ahora sabe que para siempre— la casa donde fue feliz. "Los jóvenes lo tienen más fácil, toman una decisión y se van, tienen menos que perder".

placeholder Tatiana, ahora refugiada en Dnipro (A.A.)
Tatiana, ahora refugiada en Dnipro (A.A.)

Pero los bombardeos han podido más que su voluntad sencilla. No hubo despedida emotiva, solo pánico. "No puedo ni decirte cómo de asustada estaba", cuenta. De camino a la estación de autobús, el sonido de los disparos comenzó a sonar cada vez más cerca y tuvo que esconderse, parapetada tras las paredes. Después, "correr, correr, correr" para poder salir del pueblo lo más rápido posible. ¿Dónde? "Donde fuera, daba igual". Hace una semana que no sabe nada de sus vecinos. No sabe si están muertos o si lograron escapar. Apenas hay conexión y la ciudad se está quedando aislada. El primer paso para el horror es el silencio.

Tatiana sabe que nunca más volverá a Severodonetsk. No habrá Severodonetsk al que regresar. "Los rusos no van a dejar piedra sobre piedra. Si no pueden conquistarlo, tienen que destruirlo. O de ellos, o de nadie". La mujer, de 68 años, abandonó su ciudad, en la provincia oriental de Lugansk, entre bombardeos y disparos de las tropas rusas. Ahora, la suya es apenas una de los cientos de historias que han conseguido huir a la ciudad de Dnipro, enclave estratégico de la vanguardia ucraniana y primera parada en la ruta de evacuación de las provincias orientales del Donbás, donde el Kremlin ha dicho que se concentrará sus esfuerzos militares en esta nueva fase de la invasión. Lo que no sabemos son todas las que se han quedado detrás. Ni las que están por llegar.

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