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La lección que la UE aprendió en Afganistán y que la guerra de Ucrania le obligó a olvidar
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¿Seguidismo de EEUU?

La lección que la UE aprendió en Afganistán y que la guerra de Ucrania le obligó a olvidar

Con la marcha del último convoy que partía de la capital afgana, el alto representante admitió que este evento debería empujar a la UE "a invertir más en su seguridad y a aprender a pensar y a actuar en términos estratégicos"

Foto: La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. (EFE)
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. (EFE)

Tal día como hoy, hace un año, el mundo asistía perplejo a la veloz toma de Kabul por parte de los talibanes. Se hacían con el control de Afganistán 20 años después. La caótica retirada de las tropas de la OTAN que siguió dejó en suelo europeo muchos aprendizajes. Y el más importante fue, quizá, la llamada para forjar una política de seguridad y defensa europea autónoma y desligada de la mano de su hermano mayor, Estados Unidos. "Algunos eventos catalizan la historia. La debacle de Afganistán es uno ellos. Los europeos debemos extraer lecciones", aseguraba Josep Borrell, el jefe de la diplomacia europeo, en una tribuna de 'The New York Times'. Pero mal que le pese a Bruselas, la tutela norteamericana ha regresado a la fuerza con la invasión rusa de Ucrania.

Con la marcha del último convoy que partía de la capital afgana, el alto representante admitió que este evento debería empujar a la UE "a invertir más en su seguridad y a aprender a pensar y a actuar en términos estratégicos". La decisión unilateral de la Administración Biden para sacar a las tropas aliadas del país centroasiático se forjó sin consultas y con precipitación. Y marcó el fin del idilio de la luna de miel transatlántica, que apenas se recuperaba del divorcio que dejó el huracán Trump. La UE quería abandonar el país, pero no con estas formas.

Foto: Los talibanes, en el Palacio Presidencial. (Al Jazeera)

Y ahí fue cuando, tras muchos años de declaraciones vacías, se dieron cuenta de la debilidad a la que estaban expuestos tras haber cedido su seguridad y defensa al escudo norteamericano desde siempre. Pero siete meses después llegó la guerra en Ucrania y les devolvió su espejo en forma de la OTAN: su política exterior está necesitada de los quehaceres del gigante norteamericano.

Hace un año, las imágenes desesperadas de la evacuación del aeropuerto de Kabul sacudieron las conciencias de la misión más longeva de la Alianza Atlántica. Los expertos coinciden en que el regreso de los talibanes propició un golpe brutal a las libertades, la igualdad y los derechos fundamentales de los afganos. Pero también en que fue una bofetada para la credibilidad de Occidente, que tras dos décadas abandonó el país por la puerta de atrás y sin cumplir una de sus misiones principales: asentar las bases para un Estado estable y democrático.

Guerra de EEUU, guerra de Europa

La guerra de Afganistán fue la guerra de EEUU, no la de Europa. Pero los aliados de este lado del Atlántico se vieron arrastrados a ella tras el 11-S, que propició por primera y única vez en la historia la activación del artículo 5 de la OTAN. Esta cláusula de defensa colectiva implica que si un país es atacado, lo son todos sus miembros. Y como tal se inmiscuyeron en una misión comandada, orquestada y ejecutada por la Casa Blanca.

El desgaste de su guerra más larga minó la moral de las tropas estadounidenses y deja ya el interrogante de cuál ha sido el sentido de esos más de 2,2 billones de dólares gastados —según los cómputos de la Brown University— en estos 18 años. Para los europeos, el coste económico tampoco fue banal, más de 17.000 millones de euros en entrenamiento militar, capacidades logísticas y ayuda humanitaria.

Foto: Labores de extinción en Hostens. (EFE/Departamento de Bomberos de la región de Gironde)

Tras todo ese esfuerzo, llegó la retirada final. La OTAN concluyó su misión de forma oficial en 2014, pero mantuvo sobre el terreno a más de 13.000 soldados. Tras su aterrizaje en la Casa Blanca, el expresidente Donald Trump tomó la decisión de poner el punto y final definitivo. Pero fue Joe Biden quien la ejecutó el año pasado tras el avance imparable de los talibanes. El aeropuerto de Kabul estaba escoltado por los soldados estadounidenses, que supervisaban cada entrada y dirigían cada vuelo. La UE aguardaba sus órdenes. Pero incluso aunque hubiesen querido, los europeos no habrían sido capaces ni tan siquiera de mantener el aeropuerto abierto. El papel de la UE como actor en este evento 'catalizador' se limitó a coordinar la identificación y el traslado de su personal.

Es cierto que en comparación a las capacidades militares y logísticas de EEUU, las de la UE son testimoniales. Al fin y al cabo, el bloque comunitario no ha actuado nunca como un todo en la arena global, sino como un ente equilibrista de 27 partes que cuentan con una historia diferente y leen las amenazas con 27 partituras distintas. Esta realidad es algo que siempre ha irritado a los estadounidenses.

"Hay una posibilidad real de un futuro sombrío y negro para la Alianza Transatlántica"

La misión de la OTAN sobre Libia, que lideraron Francia y el Reino Unido en 2011 para derrocar a Gadafi, evidenció las flaquezas europeas: divisiones internas y falta de experiencia en estrategia militar. Francia y Alemania chocaron por visiones opuestas a la intervención y la operación fue haciendo estragos hasta que EEUU se vio empujado a asumir el liderazgo. Una situación que provocó una de las respuestas verbales más 'confrontantes' de Washington hacia su principal aliado. "Hay una posibilidad real de un futuro sombrío y negro para la Alianza Transatlántica", aseguró el secretario de Estado de Barack Obama, Robert Gates, en 2011.

Después de estas declaraciones, la OTAN continuó su declive. Macron la calificó de estado vegetativo. Estaba en “muerte cerebral”. Y Donald Trump aseguró que era una organización "obsoleta" y llegó a cuestionar el sagrado artículo 5. Pero el regreso de la guerra al Viejo Continente la ha resucitado, dándole esa razón de ser que venía buscando. Y aquí también, los europeos van a rebufo de las consignas de Washington, el líder 'de facto' en el mayor foro defensivo del mundo.

¿Nacimiento geopolítico o sumisión estadounidense?

Al igual que los europeos no podrían haber asumido el control del aeropuerto de Kabul, su apoyo a Ucrania sería mucho más residual sin EEUU. La situación geográfica favorece a la UE para cooperar con Kiev, pero la perjudica en torno a las consecuencias del conflicto, mucho más punzantes para ellos que para los estadounidenses.

Ya en la antesala de la guerra, Bruselas dependía casi al 100% de la Inteligencia norteamericana. Tras la irrupción de la contienda, ha sido la Casa Blanca quien ha trazado las líneas generales de la estrategia occidental. Una de las realidades que deja ya el conflicto es la mayor presencia militar de Estados Unidos en Europa. La OTAN ha creado por primera vez los cuerpos de despliegue rápido, sus efectivos y material bélico en las fronteras bálticas se han multiplicado y EEUU establecerá en Polonia su primera base militar permanente.

Foto: Un ejercicio conjunto de soldados polacos y estadounidenses en Polonia. (Reuters/Leonhard Foeger)

"Mientras la guerra de Vladímir Putin ha revitalizado la OTAN, también ha profundizado la dependencia estratégica de Europa sobre Estados Unidos. Esto es una tendencia que ya se había evidenciado insostenible incluso antes de la irrupción del conflicto. La Alianza ha de poner solución a uno de sus desafíos a largo plazo más importantes: reequilibrar la defensa transatlántica", recoge un análisis del Brookings Institute.

Tras Afganistán, las llamadas hacia la autonomía estratégica tomaban fuerza en los pasillos de Bruselas. Pero el eco no terminaba de llegar a países como Polonia o Estonia, que prefieren seguir delegando su defensa al todopoderoso militar estadounidense. Y la irrupción del conflicto en Ucrania debilitó el camino de la UE hacia una desconexión de la cúpula defensiva de su aliado tradicional. El seguidismo a los dictámenes de Washington regresó por una cuestión meramente de fuerza: es el país que más contribuye a la OTAN, ha aportado 8.500 millones de euros a Kiev desde el inicio de la guerra (la UE ha comprometido 2.500 para envío de armas bajo el Fondo Europeo para la Paz) y sus servicios de seguridad proporcionan la información más detallada sobre el terreno.

Foto: El alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell. (EFE/ Alberto Valdes)

Ante cualquier escalada, el propio Biden inicia conversaciones telefónicas con una decena de líderes europeos, entre los que nunca ha estado el español Pedro Sánchez. Además, pocos dudan de que en el hipotético acuerdo de paz EEUU será una parte más en la mesa de negociación junto a Ucrania y Rusia.

La UE no es una organización militar, quiere ser una geopolítica y lucha por ser una política. Avanzar en materias de seguridad, defensa y política exterior es mucho más complicado que hacerlo en otras áreas como la fiscal o la comercial. “[La guerra en Ucrania] es la partida de nacimiento de la Europa geopolítica. El momento en el que tomamos conciencia del reto al que nos enfrentamos. El momento en que Europa debe hacer frente a sus responsabilidades (…) Una de las lecciones que hemos tenido que aprender es que Europa debe pensar estratégicamente sobre sí misma, su entorno y el mundo. Ya no es un lujo, es una necesidad”, aseguraba Borrell frente a la Eurocámara una semana después del inicio del conflicto, en el que ha sido uno de sus discursos más aplaudidos. De Kabul a Kiev, los europeos continúan buscando a qué posición en el mundo les lleva su brújula estratégica.

Tal día como hoy, hace un año, el mundo asistía perplejo a la veloz toma de Kabul por parte de los talibanes. Se hacían con el control de Afganistán 20 años después. La caótica retirada de las tropas de la OTAN que siguió dejó en suelo europeo muchos aprendizajes. Y el más importante fue, quizá, la llamada para forjar una política de seguridad y defensa europea autónoma y desligada de la mano de su hermano mayor, Estados Unidos. "Algunos eventos catalizan la historia. La debacle de Afganistán es uno ellos. Los europeos debemos extraer lecciones", aseguraba Josep Borrell, el jefe de la diplomacia europeo, en una tribuna de 'The New York Times'. Pero mal que le pese a Bruselas, la tutela norteamericana ha regresado a la fuerza con la invasión rusa de Ucrania.

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