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La frontera de la guerra: cómo la invasión ha dinamitado el tablero geopolítico global
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FRONTERAS DE LA UE DEL FUTURO VII

La frontera de la guerra: cómo la invasión ha dinamitado el tablero geopolítico global

Que si no se le paran los pies a Vladímir Putin el siguiente objetivo puede ser un país de la UE es un mensaje que se repite en los andenes de la estación de Przemyśl, en las calles de Kiev y en las trincheras del Donbás

Foto: Funeral por un militar en Lviv, Ucrania. (Reuters/Pavlo Palamarchuk)
Funeral por un militar en Lviv, Ucrania. (Reuters/Pavlo Palamarchuk)

El Confidencial, en colaboración con el Parlamento Europeo, presenta la séptima entrega de 'Las fronteras de Europa', parte del proyecto editorial 'Decodificando la mente del Parlamento Europeo', cofinanciado por la institución. Durante el último año, hemos publicado más de 50 entrevistas con eurodiputados de todas las familias políticas sobre los grandes debates que van a marcar nuestro futuro. Ahora, aterrizamos esta amplia mirada en una serie de reportajes para comprender estos desafíos sobre el terreno. En esta crónica, analizamos la frontera más peligrosa de la Unión: la de la guerra.

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La guerra de Ucrania ha sido como el regreso al pasado. Mientras el mundo se preparaba para conflictos híbridos, amenazas no-militares como ciberataques, atentados terroristas, interferencia económica o campañas de desinformación y actores desde grupos terroristas a organizaciones criminales o incluso oleadas desestabilizadoras de inmigración o los complejos riesgos transnacionales para la seguridad del cambio climático y las pandemias, en las llanuras del este de Ucrania la guerra es de artillería y tanques, de obuses y balas, de un estado que invade a otro estado soberano.

En el mundo de las policrisis, pocos en Europa creían en la guerra de Ucrania, que ha echado por tierra la asunción de que la paz en una UE que se forjó en las cenizas de la Segunda Guerra Mundial estaba garantizada. Incluso los ucranianos, en guerra desde 2014, no terminaban de creérselo. En la estación de Kiev, donde todavía salen diariamente trenes de evacuación hacia el oeste del país, Polonia, Hungría o Austria, Lula rompe a llorar cuando piensa en la vida que no va a poder jamás recuperar, en su hija pequeña que tendrá que criar en Polonia y el trabajo que ha dejado en Kiev. "Todas las mañanas me levanto deseando despertarme de esta pesadilla. ¿Por qué a mí, por qué a Ucrania? De un día para otro, mi vida ya no es mi vida, ya nunca más puedo volver a la que era el 24 de febrero". A más de 700 kilómetros, desplegado bajo la artillería en el frente del Donbás, Sergei ha cambiado los motores de avión que arreglaba por los coches del Ejército. Ahora sabe más de armas, y sobre cómo usarlas, de lo que podría jamás haber soñado. Pero cuando hablas con él siempre vuelve a su bicicleta y cómo cada domingo salía a montar por las montañas de su pueblo natal, en la provincia de Volyn (en la frontera con Polonia).

Foto: Locales totalmente destruidos en Lysychansk, Ucrania. (EFE/EPA/Oleksandr Ratushniak)

"Nadie quiso enfadar a Putin, y entonces comenzó una guerra a gran escala en Ucrania. Si no se reacciona, seguirá más. Nadie sabe qué país podría ir después, pero después de Ucrania la siguiente frontera es ya la Unión Europea", asegura Nataliya Forsyuk, directora general de la Oficina Gubernamental para la Integración Europea y Euroatlántica de Ucrania, en una entrevista en Kiev. Que si no se le paran los pies a Vladímir Putin el siguiente objetivo puede ser algún país de la UE es un mensaje que se repite una y otra vez en los andenes llenos de refugiados de la estación de Przemyśl, en las calles de Kiev y en las trincheras del frente del Donbás.

Además de traer fantasmas del pasado, con la invasión a gran escala de Ucrania el presidente ruso Vladímir Putin ha resucitado también una organización que estaba en "muerte cerebral", cómo fríamente la diagnosticó el presidente francés Enmanuel Macron en noviembre de 2019.

placeholder Borodyanka, Ucrania. (Alicia Alamillos)
Borodyanka, Ucrania. (Alicia Alamillos)

En aquel entonces y para muchos, la OTAN se encontraba sin norte, sin objetivos definidos y si unidad interna, con tensiones entre la UE y la Alianza Atlántica. El desapego de Estados Unidos con sus aliados europeos en el seno de la OTAN ya era anterior al expresidente Donald Trump, quien con su 'America First' llevó la tensión y la desconfianza a máximos, socavando la fe europea en EEUU. Paralelamente, la UE estaba ya buscando sus propias opciones para el desarrollo de su defensa común no necesariamente bajo el paraguas de la OTAN. La llegada de Joe Biden tampoco bastó para eliminar la aprensión, especialmente por ejemplo con la creación de la alianza de seguridad AUKUS (Australia, Reino Unido y EEUU), que se anunció sin avisar a sus aliados europeos y sin incluir a Francia, que perdió además un importante contrato militar, pero también con la caótica retirada de Afganistán. Los objetivos también empezaban a cambiar, alejándose de la vocación —propia de la Guerra Fría, cuando se creó la Alianza— de defensa de Europa del antiguo enemigo oriental. Mientras EEUU buscaba un cambio de enfoque de la OTAN para mirar a la amenaza de China, países como Francia o España buscaban un enfoque más al sur, hacia el Mediterráneo, el Sahel y los riesgos del terrorismo.

Lo explicaba así Witold Jan Waszczykowski, eurodiputado polaco del ultraconservador Partido Ley y Justicia (PiS) y vicepresidente de la comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento Europeo en una entrevista con El Confidencial en enero de este año, apenas un mes antes de la invasión. "El problema [con la OTAN] no está en Estados Unidos. Nosotros tenemos nuestros propios problemas internos en la UE. No tenemos una política exterior común. Ni una definición conjunta de qué es una amenaza porque cada país las considera diferentes. Por ejemplo, para nosotros, los orientales, la principal amenaza es la invasión rusa; para el sur es la inmigración masiva. Sin definiciones comunes, no hay respuestas comunes. Las decisiones se toman, además, por unanimidad. Y nos faltan recursos. Por todo ello, la UE no está presente en la esfera de toma de decisiones en los temas de seguridad".

placeholder Un soldado pasa delante de un tanque en Borodyanka. (Alicia Alamillos)
Un soldado pasa delante de un tanque en Borodyanka. (Alicia Alamillos)

Menos de dos años después del diagnóstico de "muerte cerebral", la OTAN está más presente que nunca, y en los últimos meses la colaboración entre la Alianza y la Unión Europea es una de las más intensas desde la creación de estas dos instituciones, en su esfuerzo coordinado —tanto militar como económico— para hacer frente a las intenciones del Kremlin. Con la invasión rusa, la OTAN ha vuelto además a su propósito original, y sus miembros, especialmente en la UE, han aceptado las circunstancias.

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Se suele decir que la Unión Europea avanza a golpe de crisis. Una crisis que sustituye a la anterior. Y esto se refleja no solo en la sociedad europea, sino también en los propios representantes directos en el Parlamento Europeo. Las 50 entrevistas a eurodiputados que El Confidencial ha ido publicando a lo largo del último año van dibujando esas cambiantes preocupaciones y crisis, con sus correspondientes riesgos y enemigos. Tras el Brexit, fue los miedos a nuevas desintegraciones europeas o una guerra comercial. Con el inicio de la última legislatura en 2019, las prioridades eran la lucha contra el cambio climático y la respuesta europea, la búsqueda de una 'agenda verde'. Luego vino el coronavirus, que demostró la necesidad de una Unión Europea de la Salud y el nacimiento de los mecanismos de solidaridad y de deuda conjunta. También el coronavirus remarcó el papel de China como rival sistémico y rescató la necesidad de recuperar el control de la industrialización o las cadenas de suministros. Pero entonces ha llegado la guerra de Ucrania, y ha convertido a la Defensa en la prioridad más absoluta.

Foto: Sergeii, el conductor del autobús de evacuación de Donetsk, que pide no salir en las fotos. (A. A.)

El riesgo de una escalada del conflicto con Rusia es para los eurodiputados la principal amenaza para la estabilidad de la Unión, un sondeo realizado por El Confidencial en colaboración con el Parlamento Europeo, que se publicará íntegramente el próximo lunes. Cuatro de cada cinco eurodiputados (78,7%) la señalan como uno de los principales riesgos a los que se enfrenta la UE, y el 46,8%, como el mayor.

La Defensa se ha convertido en la principal prioridad de los eurodiputados: un 33,3% la coloca por encima de otras prioridades como la transición energética y la agenda 'verde' (22%), salud y protección social (15%) y el desarrollo económico e industrial (13%).

A la Unión Europea, que estaba pensando en amenazas en el Sahel o el Indopacífico, la invasión de Putin le pilló de sorpresa. "La UE se confió en que podría controlar a la Rusia de Vladímir Putin como solo un vecino difícil, quizá incluso como un posible aliado. Pero eso acabó alimentando al monstruo", aseguraba a El Confidencial un exalto cargo del ministerio de Defensa ucraniano en un encuentro en Kiev. "Creo que [la UE] debe aprender las lecciones que Ucrania está aprendiendo a diario en esta guerra; la UE debería proponer una agenda ambiciosa en una nueva política de seguridad y defensa… No debería haber ni ambigüedad ni vacilación".

Foto: Artillería ucraniana. (EFE)

La invasión de Ucrania ha borrado de un plumazo la mayoría de las dudas acerca de la importancia de la Defensa, pero no ha solventado el cómo en el marco de la relación con la OTAN. Mientras que países como Alemania, Francia, Italia o España han intentado tradicionalmente en los últimos años apostar por una mayor Cooperación Estructurada Permanente en la Defensa Europea más allá de la OTAN, países del grupo de Visegrado, con una mayor cercanía a Rusia, preferían seguir apostando por el espíritu inicial de la Alianza Atlántica. Unas dudas que siguen existiendo entre los eurodiputados. Para el 50% de los consultados, la UE necesita un Ejército Europeo —durante años un elemento casi tabú, aunque ya la crisis de Afganistán motivó las llamadas a una creación de batallones de fuerzas de respuesta rápida conjuntos— y una mayor política de seguridad común, mientras que el 23% se inclina más por reforzar la OTAN o una evolución de la Alianza. Pero la cooperación sigue siendo clave; apenas un 6,5% apuestan porque sea cada país el que desarrolle su propia seguridad más allá de la OTAN o la UE.

Pero hay otros obstáculos genuinamente europeos. "Mientras tengamos esta necesidad de unanimidad en Asuntos Exteriores será muy difícil tener una postura europea propia y fuerte ante situaciones difíciles", afirmaba la eurodiputada Hannah Neumann, de los Verdes alemanes, en entrevista en El Confidencial. Una necesidad que va más allá de la Defensa y que el 25% de los eurodiputados señalan como la principal reforma que habría que hacer de los Tratados europeos.

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En el frente del este, en Donbás, donde Ucrania pierde cada día cerca de 200 soldados bajo el fuego de artillería rusa, Tolek sonríe cuando se oye la detonación de un ‘howitzer’ estadounidense enviado al Ejército ucraniano. “Ahí va un regalo nuestro para los rusos”. El soldado agradece el armamento enviado por los países occidentales, aunque no es suficiente. “Sin estas armas, no podemos hacer frente a Rusia. Recibimos mucho, pero tiene que ser más: no estamos luchando solo por nosotros, sino también por vosotros. Si nosotros caemos, ¿quién sabe dónde atacará Rusia después?”.

El Confidencial, en colaboración con el Parlamento Europeo, presenta la séptima entrega de 'Las fronteras de Europa', parte del proyecto editorial 'Decodificando la mente del Parlamento Europeo', cofinanciado por la institución. Durante el último año, hemos publicado más de 50 entrevistas con eurodiputados de todas las familias políticas sobre los grandes debates que van a marcar nuestro futuro. Ahora, aterrizamos esta amplia mirada en una serie de reportajes para comprender estos desafíos sobre el terreno. En esta crónica, analizamos la frontera más peligrosa de la Unión: la de la guerra.

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