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Todas las armas que vi (y las que no) en la 'carretera de la muerte' hacia Lysychansk
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Mientras las tropas rusa avanzan

Todas las armas que vi (y las que no) en la 'carretera de la muerte' hacia Lysychansk

Moscú ha logrado conquistar Lysychansk y establecer "control total" sobre la provincia de Lugansk. El siguiente objetivo es más jugoso: lograr avanzar hacia la Donetsk controlada por Ucrania

Foto: Soldados ucranianos en la carretera de Bakhmut. (EFE)
Soldados ucranianos en la carretera de Bakhmut. (EFE)

Una de las imágenes de la guerra de Ucrania es que no importa dónde estés, ya sea en la destruida Borodyanka, donde ningún edifico queda en pie, o en el frente del este, en las últimas ciudades a pocos kilómetros del avance de las tropas rusas, siempre hay alguien montando en bicicleta en el arcén de la carretera. Menos en esta. La 'carretera de la muerte' que une las ciudades gemelas de Severodonetsk y Lysychansk con el corazón de la provincia de Donetsk. Esta carretera es ahora un punto clave donde se decidirá la batalla del Donbás.

El fin de semana pasado, las tropas ucranianas se retiraron de Severodonetsk, la que fue capital administrativa de la provincia oriental de Lugansk, ante el avance de las tropas rusas. Hoy han hecho lo propio en Lysychansk, a 10 kilómetros de Severodonetsk y la última ciudad que resistía —a duras penas— bajo control de Kiev en la provincia. Ya en la tarde del domingo, Moscú aseguró que habían logrado conquistar la ciudad y, por tanto, han establecido "control total" sobre la provincia de Lugansk. El siguiente objetivo es más jugoso: lograr avanzar hacia la Donetsk controlada por Ucrania. Kiev niega que haya perdido la ciudad.

Aunque una dolorosa pérdida para las tropas ucranianas, que en las últimas semanas están cediendo terreno metro a metro ante el implacable avance de la artillería rusa, la conquista de ambas ciudades por parte de Moscú es más bien una victoria moral y política para el Kremlin. Haciéndose con "el 100%" de la provincia de Lugansk, la más pobre de los 'óblast' que seguían bajo control de Kiev después de 2014 (la vecina Donetsk, en cambio, es mucho más rica), alimenta su propaganda interna, sedienta de grandes victorias. Cumple, además, gran parte de los objetivos de la segunda fase de la "operación militar especial", que se centraba en el Donbás. En Donetsk, sin embargo, los avances han sido más limitados y, sumando la secesionista República Popular de Donetsk (DPR) controlan solo el 60% del territorio original de la provincia.

Hay un chiste de nuevo cuño entre los que gustan del humor negro en Ucrania. Durante los últimos años, parte de los planes de desarrollo e inversión del Gobierno de Kiev incluía la mejora de grandes carreteras a lo largo y ancho del país. Unas "carreteras que ahora los rusos están utilizando para avanzar más rápidamente". Hace una semana y media, hice el recorrido de ida y vuelta desde Kramatorsk (fortificada capital de Donetsk) y Bakhmut hacia la Lysychansk que resistía a duras penas. A Severodonetsk y las tropas ucranianas que resistían en la fábrica Azot apenas le quedaban dos días. Esos 55 kilómetros de carretera, y lo que vi en ella, encarnan la última fase de la infructuosa defensa de Lugansk y la primera de la nueva batalla que se abre, la de Donetsk.

Foto: Locales totalmente destruidos en Lysychansk, Ucrania. (EFE/EPA/Oleksandr Ratushniak)

"¿Puede el coche ponerse a 170 kilómetros por hora? Parece un poco chatarra…". Es la primera pregunta antes de comenzar la ruta. El trayecto empieza ominoso en Bakhmut: un enorme agujero en la carretera es todo lo que queda del intento infructuoso de un misil ruso de intentar volar el puente de la ciudad.

placeholder El agujero en la carretera donde impactó el fuego ruso, junto a mi coche. (A. A.)
El agujero en la carretera donde impactó el fuego ruso, junto a mi coche. (A. A.)

Bakhmut, que con la caída de Lysychansk y Severodonetsk se convierte en la primera zona de contención del Ejército ucraniano antes de llegar a la capital de Donetsk, es una ciudad muy militarizada. Antes de llegar, en la carretera vemos varios autobuses cargados de reclutas, vestidos de militares, con sus mochilas y sus macutos. Son nuevos soldados que Ucrania manda al frente del este, donde pierde un rango de unos 200 soldados al día —según ha admitido el propio presidente Volodímir Zelenski— bajo la artillería rusa. En dirección contraria nos cruzamos con muchos vehículos militares con los tubos de munición vacíos, la mayoría de sistemas de lanzamiento múltiples de la era soviética Grad. En esta guerra de desgaste y artillería, Ucrania se estaba quedando sin munición.

"No tenemos opciones para responder a todo [el fuego de artillería ruso]", me aseguró más tarde Tolek, soldado ucraniano desplegado en la zona, pero añade: "Ellos también nos disparan desde más lejos". "Necesitamos que lleguen más armas [occidentales] y que lleguen ya". Desde que Rusia reenfocara sus esfuerzos en el Donbás, Kiev ha solicitado una y otra vez nuevo armamento pesado. Los misiles antitanque portátiles, como los famosos Javelin, que tan útiles fueron en la primera fase de la guerra en las emboscadas ucranianas a las tropas rusas en los bosques de la zona de la capital, son bastante menos útiles en la guerra en el Donbás.

Foto: Artillería ucraniana. (EFE)

En la carretera adelantamos a un goteo de camiones de transporte de armas militares. Vehículos acorazados de infantería (IFV, por sus siglas en inglés) y blindados, pero todavía la mayoría de estilo soviético, es decir, los propios del Ejército ucraniano o los cedidos en el marco de la OTAN por los países vecinos como Polonia, Eslovaquia o República Checa. Veo uno, con torreta para disparar misiles, que se nota que ha sido rápidamente repintado para tapar los símbolos del país que lo ha donado. Ucrania ha recibido ya también más de un centenar de 'howitzers' (obuses) M777 (EEUU), FH70 (Reino Unido) y una primera tanda de franceses Caesar.

"Rusia está echando aquí en el [frente del] Donbás todo lo que tiene, todo su poder militar", me asegura Sergei, un soldado ucraniano desplegado en el área de Bakhmut. En la misma se lamentaba Roman Vlasenko, de la Administración de Severodonetsk, este viernes: "Están usando su aviación. Los misiles Tochka-U. Todo tipo de artillería. Están avanzando en todas direcciones".

Agónicos retrasos

Ucrania, mientras tanto, se enfrenta a problemas de retrasos. Parte del armamento occidental necesita a veces semanas de formación, y los soldados ucranianos que van a ser instruidos en su manejo tienen que ser desplazados a bases en el extranjero, para luego mandarlos de vuelta al frente. Armas occidentales que se prometieron hace meses, con mayor alcance y poderío militar, todavía no han llegado. Solo ahora, a finales de junio-principios de junio, es que empiezan a verse (como por ejemplo los Caesar franceses, obuses autopropulsados, y los HIMARS estadounidenses, sistema de lanzamisiles múltiple ligero que han llegado justo en la última semana). Ni rastro de los Gepard (carro con cañones y sistemas antiaéreos) alemanes, por ejemplo, prometidos en mayo pero que no llegarán —tras muchos titubeos de Berlín— hasta, según se ha anunciado esta semana, mediados de julio.

Según un informe del Instituto Kiel para la Economía Mundial, con sede en Alemania, EEUU ha entregado cerca de la mitad de sus promesas militares a Ucrania, mientras que Alemania apenas un tercio. Polonia y Reino Unido, sin embargo, habrían entregado prácticamente todo lo prometido.

Foto: Una de las salas donde comen hasta 200 soldados ucranianos en el frente del Donbás. (Alicia Alamillos)

De repente, nos sobrevuela un helicóptero casi al ras. Pasa tan cerca que podemos incluso leer los números pintados en su carcasa y detectar el círculo azul y amarillo, los colores de Ucrania, que nos hacen respirar de alivio. Hay disparidad en los consejos sobre qué hacer en este tipo de situaciones. Algunos me dicen que detenga el coche inmediatamente, sea ucraniano o ruso, mientras que otros apuestan por pisar el acelerador. De regreso, veo otros tres helicópteros, también casi rozando los campos que este año se quedarán sin arar. Un soldado me explica que tienen que pasar tan a ras de suelo para no ser detectados y derribados por los rusos.

No es el único elemento que veremos en el cielo. Más tarde, de noche en Bakhmut, es posible detectar algunos drones, aunque no lo suficiente para saber si son ucranianos o rusos, haciendo un reconocimiento antes de redirigir su artillería.

Estamos ya acercándonos a Lysychansk y mucho más cerca de lo que uno esperaría se oyen detonaciones: una, dos, tres… en apenas cinco segundos. Artillería y misiles. Frente a nosotros, en la línea del horizonte, se pueden ver las oscuras columnas de humo de los bombardeos en Severodonetsk y Lysychansk.

En muchos momentos de la carretera tenemos que pasar haciendo eses evitando obstáculos (a veces montones de tierra, otras, coches carbonizados) colocados por Ucrania. En cualquier otro lugar del país, serían puestos de control. Aquí, es un 'check point' fantasma sin soldados, demasiado peligroso bajo el constante fuego ruso.

"El verano será caliente para los invasores rusos", ha declarado el ministro de Defensa

Para los últimos kilómetros, el que dirige el convoy decide tomar una ruta alternativa. Una semana antes, un periodista francés, Frédéric Leclerc-Imhoff, acreditado por la cadena BFMTV, murió alcanzado por la metralla de un proyectil mientras viajaba en un autobús de evacuación de civiles de Severodonetsk/Lysychansk. Su caso, por ser extranjero, es de los pocos que trascienden públicamente, pero para los últimos voluntarios que organizaban evacuaciones de estas dos ciudades, estar al día de la situación de seguridad y rutas alternativas es clave. "Ese tramo es terrorífico, nos coordinamos con el Ejército y la Policía", explica ya en Lysychansk Jean Camenen, un voluntario que coordina el que será uno de los últimos viajes de evacuación. Durante los últimos cinco días, según el gobernador ucraniano de Lugansk, Serhiy Haidai, el indiscriminado fuego de artillería rusa ha impedido cualquier evacuación.

El desvío es apenas un camino de tierra en el que hay que conducir casi a ciegas entre la enorme polvareda. Así, durante unos kilómetros, se gana una cierta sensación de seguridad; los árboles que la flanquean la hacen algo más oculta. Pero el tramo final es en zona de campo abierto. "Aquí [los rusos] han hecho prácticas de tiro", me asegura Anton, uno de los últimos policías entonces todavía desplegados en Lysychansk. Pasamos junto a una fábrica todavía echando humo (¿quizá un misil?), varios agujeros —enormes— en la carretera.

Repetimos el camino de vuelta a Bakhmut. Esta 'carretera de la muerte' es la primera punta de lanza que puede utilizar Rusia para hacer 'pinza' y encapsular a las tropas ucranianas en el Donbás. Desde Lysychansk por el noreste, mientras refuerzan también sus posiciones en el norte en Sloviansk y empiezan a avanzar (de momento, muy lentamente) por el sur desde la zona de Horlivka. Una pinza que Ucrania tiene que evitar a toda costa, con ayuda —espera Kiev— del armamento occidental que ya sí empieza a llegar. "El verano será caliente para los invasores rusos", ha declarado el ministro de Defensa, Oleksii Reznikov.

Una de las imágenes de la guerra de Ucrania es que no importa dónde estés, ya sea en la destruida Borodyanka, donde ningún edifico queda en pie, o en el frente del este, en las últimas ciudades a pocos kilómetros del avance de las tropas rusas, siempre hay alguien montando en bicicleta en el arcén de la carretera. Menos en esta. La 'carretera de la muerte' que une las ciudades gemelas de Severodonetsk y Lysychansk con el corazón de la provincia de Donetsk. Esta carretera es ahora un punto clave donde se decidirá la batalla del Donbás.

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