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Dentro de la agónica evacuación del Donbás: "Soy proucraniana, si llegan, van a matarme"
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El frente se centra en el este

Dentro de la agónica evacuación del Donbás: "Soy proucraniana, si llegan, van a matarme"

El Confidencial se sube a uno de los autobuses que hacen la ruta de evacuación desde el Donbás a Dnipro. Tras el ataque contra Kramatorsk, se ha cerrado la evacuación por tren

Foto: Sergeii, el conductor del autobús de evacuación de Donetsk, que pide no salir en las fotos. (A. A.)
Sergeii, el conductor del autobús de evacuación de Donetsk, que pide no salir en las fotos. (A. A.)

Son las 6:01 de la mañana. Se acaba el toque de queda nocturno sobre Dnipro, la ciudad puente entre el este y oeste de Ucrania, y el autobús de Sergeii, pintado de rosa y azul, de girasoles y un soldado a punto de disparar su rifle, sale rumbo a Kramatorsk. Sobre el papel, es un viaje de 10 horas entre ida y vuelta desde una ciudad relativamente segura a otra apenas a 25 kilómetros del frente. El objetivo: evacuar a varias familias que huyen del Donbás, donde según todos los indicios se concentrará la ofensiva rusa en las próximas semanas. Con Ucrania también reposicionando parte de sus fuerzas en el este, la batalla será cruenta.

El destartalado autobús que conduce Sergeii es uno de las varias decenas que se están fletando para evacuar a todos los civiles posibles de las provincias orientales de Donetsk y Lugansk. “Evacuad cuanto antes, mientras sea todavía posible”, instó Iryna Vereshchuk, viceprimera ministra de Ucrania, a principios de semana. Apenas dos días después, un misil Tochka-U mataba a 57 personas, entre ellas varios niños, que esperaban el tren en la estación de Kramatorsk, principal ciudad de la provincia de Donetsk y que desde 2014 actúa como capital del distrito. Desde entonces y por temor a nuevos ataques, se han cortado las evacuaciones en tren en la zona y las autoridades regionales han pedido ayuda a voluntarios para que ofrezcan sus coches, monovolúmenes, furgonetas, minibuses… Lo que sea para sacar a los civiles desesperados.

placeholder El autobús de Sergeii, que evacuará a casi dos docenas de personas. (A. A.)
El autobús de Sergeii, que evacuará a casi dos docenas de personas. (A. A.)

La carretera desde Dnipro hasta Soledar (a 34 kilómetros de Kramatorsk y a menos de 25 del frente), el pueblo donde esperan cinco familias para ser evacuadas, está cuajada de interminables ‘check points’. Ejército, policía, Defensa Territorial, Guardia Nacional, Ejército otra vez piden documentación bajo la fuerte lluvia, pese al cartel de 'Voluntario' que Sergeii ha colocado en la luna delantera. Adelantamos a numerosos camiones militares, cargando suministros o incluso tanques y otro armamento pesado. En la dirección contraria pasan varias furgonetas con un identificador, el '200', que es para el transporte de muertos y heridos de las Fuerzas Armadas. También otros autobuses de evacuación que salen temprano desde Kramatorsk.

Foto: Funeral colectivo por 25 soldados ucranianos muertos en el frente este de la guerra contra Rusia. (EFE/Manuel Bruque)

En el Donbás, las cicatrices de los nuevos bombardeos rusos se confunden con las de 2014. Una vez pasado Kramatorsk, entramos en esa área gris de la línea de contacto, comunidades en la frontera entre la zona controlada por Ucrania y la conquistada por los rebeldes separatistas prorrusos. Cuando les preguntas por la guerra, no hablan del 24 de febrero de 2022, sino de los ocho últimos años. Pero, en esta ocasión, el éxodo se está ampliando incluso a quienes se quedaron en 2014.

Llegamos al pueblo. Empiezan a entrar familias. Tres niños pequeños con su madre. Una pareja de ancianos. Un hombre adulto, el único en edad militar. Otro anciano. Varias mujeres y otra niña. La furgoneta, que casi solo se mantiene entera por un milagro, pronto se llena a rebosar con los equipajes y bolsas que trae cada uno. Porque, ¿qué se lleva uno cuando tiene que salir corriendo, a veces sin la esperanza de poder regresar? Para Tetiana, que huye junto a su hija de corta edad y su hermana, son sus dos gatos y un periquito, que meten como pueden en el autobús, además de cuatro grandes bolsas de ropa y otros efectos personales. En el caso de Olena, otra refugiada que ha huido del Donbás, los rusos tomaron la decisión por ella.

placeholder El periquito, Musha, en su jaula. (A. A.)
El periquito, Musha, en su jaula. (A. A.)

Olena vivía en Novobakhmutivka, frente a frente con la autoproclamada República Popular de Donetsk (DPR, por sus siglas en inglés). Hoy, las tropas rusas ocupan ya parte de la localidad, mientras el Ejército ucraniano lucha por mantener el control del resto. A finales de marzo, oyó cómo un misil impactaba cerca de su casa. Muerta de pánico, cogió a sus tres hijos y se refugió en su cava, una especie de bodega subterránea que muchas casas rurales ucranianas tienen en el jardín. Estuvieron allí 12 horas. Cuando salieron, su casa había sido completamente bombardeada. Lo había perdido todo. Nada que llevarse en la evacuación. Tuvieron que estar viviendo en la cava durante una semana antes de huir. Ahora está refugiada en Dnipro, en un hotel reconvertido en casa de acogida gestionado por la organización Kust.

"Si llegan los rusos, me matarán"

Para Olena, no es casualidad que su casa fuera objetivo. Nativa del Donbás, desde 2014 ha estado ayudando al Ejército ucraniano "cocinándoles, dándoles comida, ayudando de cualquier manera posible", explica. Ese voluntariado tan abierto le ha puesto una diana en la espalda ahora que se acercan las tropas rusas. "Alguien le ha dado información al Ejército ruso de dónde vivíamos, [si me quedara] el Ejército ruso nos encontraría a mí y a mi familia, y sin duda me matarán", asegura la mujer.

No es la única. En la ciudad liberada de Shevchenkove, al este de Kiev, vecinos del pueblo también me contaron que, nada más hacerse con el control de la localidad, las tropas rusas se plantaron en la puerta de un activista proucraniano y le metieron dos tiros a bocajarro. "Alguien tuvo que avisarles". El testimonio de Olena y los vecinos de Shevchenkove, así como denuncias de Kiev de activistas, políticos y líderes vecinales secuestrados y asesinados en las ciudades ocupadas, como Bucha, Irpín o Borodyanka, pero también Jersón en el sur, coinciden con las advertencias de varios servicios de Inteligencia occidentales ya el pasado febrero, antes de la invasión, que apuntaban a que Rusia estaba elaborando listas de disidentes para "ser eliminados o deportados". Una estrategia de terror calcada también a la utilizada por Rusia en la guerra de Chechenia.

Foto: Funeral por soldados ucranianos caídos en combate cerca de la ciudad de Jersón. (EFE/George Vitsaras)

"Hay [en el Donbás] todavía muchos prorrusos que no se han vuelto más listos en estos ocho años de guerra. Llevan esperando que llegara el Ejército ruso con su 'paz rusa", critica.

Los asesinatos, torturas o violaciones masivas descubiertos en Bucha tras la retirada de las tropas rusas, o la destrucción total de Borodyanka, con cientos de personas sepultadas bajo los escombros, han aguijoneado el miedo de los que todavía quedan en el Donbás controlado por Ucrania. "El sonido de las explosiones ya era algo habitual en nuestra vida [del último mes], pero después de lo que se ha visto en Bucha, cada vez más y más gente está queriendo abandonar Kramatorsk, nos sentimos más en peligro. Ya solo quedan dos o tres familias en el vecindario, el resto está demasiado asustado y huyendo al oeste de Ucrania", asegura Anatolii, un anciano que ha escapado de Kramatorsk con su mujer, Svitlana, hasta Dnipro. Dejan atrás su huerto, con sus vides y el vino casero que les espera en la cava, y la casa donde han vivido los 44 años que llevan casados.

"Check point, no phone!"

Desde el ataque contra la estación de Kramatorsk, la sensación de seguridad también ha cambiado: ahora los ucranianos sienten que los convoyes de evacuación también pueden ser objetivo de los misiles rusos.

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En el autobús de vuelta a Dnipro hay alguna risa, pero sobre todo nervios y sensación de miedo. Natalia, que apenas lleva lo puesto y una pequeña bolsa, se santigua y reza una oración cada vez que pasamos por alguna iglesia. Me riñe por usar el móvil justo cuando pasamos un ‘check point’ del Ejército —no hay que hacer enfadar a los soldados—, lo que pronto se convierte en un ‘meme’ del viaje, con hasta los niños diciéndome “check point, no phone!” cada vez que llegamos a uno. De regreso, los milicianos son mucho más suspicaces, y el trayecto se alarga entre miradas sospechosas. Los militares desplegados llevan de vez en cuando insignias rojas y negras, las del antiguo Ejército nacionalista ucraniano; son del oeste. Hablan en ucraniano, el pasaje del autobús solo habla ruso. Al hombre más joven del grupo le hacen bajar varias veces, comprueban sus documentos, los salvoconductos que prueben que ayuda a su madre soltera a cuidar a los otros tres hijos menores. Le miran el teléfono, las fotos y los contactos, buscando algún lazo con la DPR. Mientras avanzamos a trompicones y en medio de un fuerte atasco, se oye una explosión, aunque a lo lejos. Junto al arcén, me da tiempo a vislumbrar un cementerio, con varias tumbas de tierra recién excavada.

Once horas después, llegamos a la estación de tren de Dnipro, parada final del autobús de Sergeii, pero solo la primera etapa para muchos de los pasajeros. Pocos se quedarán en Dnipro, la mayoría intentarán llegar al oeste. Mañana, Sergeii conducirá de nuevo hacia Kramatorsk, en busca de nuevas familias que evacuar. "Seguiremos con las evacuaciones hasta que no haya gente que evacuar", sostiene Asya Avetyan, la mujer detrás del esfuerzo de Sergeii. Desde su organización, Corazón Vigilante, está organizando toda una flotilla de autobuses y conductores (más de una veintena al día) para evacuar Kramatorsk y otras 10 ciudades de los alrededores, como Soledar. "Después del ataque contra la estación, el Gobierno de Donetsk me llamó para que ayudara con la evacuación, los autobuses que tienen no son suficientes, y la mayoría de la gente se evacuaba en tren", explica.

placeholder Algunos de los pasajeros del autobús, tras una parada técnica. (A. A.)
Algunos de los pasajeros del autobús, tras una parada técnica. (A. A.)

Avetyan, que se mudó a Ucrania desde Georgia para ser cirujana hace 10 años, ha organizado centenares de evacuaciones desde el inicio de la invasión rusa. La de Kramatorsk es, de momento, de las fáciles, porque "todavía no está el Ejército ruso en el camino". Hace unas semanas, Chernihiv era el punto caliente. Ahora, el alcalde de Enerhodar —200 kilómetros al sur de Dnipro, tomada por los rusos junto a su planta nuclear— también se ha puesto en contacto con ella para intentar evacuar a la población, algo "mucho más difícil". "Tenemos que hacer lo que tenemos que hacer", asegura.

Svitlana, la mujer de Anatolii, todavía espera volver a casa a poder ver crecer las flores de su huerto. Pero no a cualquier precio, asegura: "Soy ucraniana con cada célula de mi cuerpo, y no estoy lista para volver a Kramatorsk si no es Ucrania".

El fondo de ayuda 'Corazón vigilante' organiza autobuses de evacuación para civiles desde varias zonas de Ucrania. Su trabajo ha sido corroborado por El Confidencial. Si quiere hacer una donación, sus datos son:

Company Name : БФ ПИЛЬНЕ СЕРЦЕ БО
(IBAN Code) : UA253052990000026030015004440
Name of the bank : JSC CB "PRIVATBANK", 1D HRUSHEVSKOHO STR., KYIV, 01001, UKRAINE
Bank SWIFT Code: PBANUA2X
Correspondent banks

Account in the correspondent bank : 400886700401
SWIFT CODE : COBADEFF
Correspondent bank) : Commerzbank AG, Frankfurt am Main, Germany

Son las 6:01 de la mañana. Se acaba el toque de queda nocturno sobre Dnipro, la ciudad puente entre el este y oeste de Ucrania, y el autobús de Sergeii, pintado de rosa y azul, de girasoles y un soldado a punto de disparar su rifle, sale rumbo a Kramatorsk. Sobre el papel, es un viaje de 10 horas entre ida y vuelta desde una ciudad relativamente segura a otra apenas a 25 kilómetros del frente. El objetivo: evacuar a varias familias que huyen del Donbás, donde según todos los indicios se concentrará la ofensiva rusa en las próximas semanas. Con Ucrania también reposicionando parte de sus fuerzas en el este, la batalla será cruenta.

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