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España ❤️ OTAN: cómo la guerra de Ucrania desató nuestro furor atlantista
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ENCUESTA DE METROSCOPIA

España ❤️ OTAN: cómo la guerra de Ucrania desató nuestro furor atlantista

El caso español es paradigmático. La percepción de que la OTAN es beneficiosa para los intereses de nuestro país se ha disparado 20 puntos hasta un histórico 70%. El resultado más alto en la serie de barómetros sobre 'Defensa Nación'

Foto: Cumbre de la OTAN en Madrid. (Reuters/Violeta Santos Moura)
Cumbre de la OTAN en Madrid. (Reuters/Violeta Santos Moura)
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Las cumbres internacionales son fogueo periodístico. Un espectáculo informativo de relumbrón, pero pasajero. Se olvidan pronto y es difícil que pasen a ningún imaginario colectivo. Hace 12 años, era Lisboa la capital europea que colapsaba bajo el peso logístico de una cumbre de la OTAN. Como estos días en Madrid, se cerraron calles y avenidas, con perímetros de seguridad y controles de todo tipo para proteger a los jefes de Estado y Gobierno de la Alianza. Muchos policías en las calles y muchos presidentes en los informativos. Hasta aquí, todo normal. La gran diferencia fue el ambiente previo a la reunión.

Pocos días antes de la cita transatlántica, las autoridades portuguesas rechazaron la entrada de más de 200 personas en el país y se reactivaron los controles fronterizos con España por primera vez desde 2004 para evitar potenciales conatos de violencia en la cumbre. El año anterior, la ciudad francesa de Estrasburgo fue escenario de una batalla campal entre jóvenes y policías como anfitriona de los fastos del 60 aniversario de la OTAN. Eran otros tiempos para la Alianza, cuando sus reuniones atraían las inevitables protestas y contracumbres para competir por la narrativa del acto.

Foto: Manifestación en contra de la OTAN en Madrid. (EFE/J.J. Guillén)

Finalmente, ese noviembre de 2010, unas 30.000 personas se manifestaron pacíficamente por el centro lisboeta mientras la cumbre se desarrolló sin grandes contratiempos. Aun así, la policía portuguesa arrestó esos días a 42 manifestantes por bloquear una de las vías de acceso al recinto donde se reunía la alianza militar. En Madrid, la marcha para protestar contra la reunión atlantista —apoyadas por IU y Podemos— fue secundada por apenas 2.000 personas. Un pinchazo de público y crítica signo de los tiempos que vivimos. La guerra de Rusia en Ucrania ha cambiado el escenario diametralmente. Hoy, la OTAN está de moda.

El caso español es paradigmático. La percepción de que la OTAN es beneficiosa para los intereses de nuestro país se ha disparado 20 puntos hasta un histórico 70%, según una encuesta de Metroscopia realizada entre el 20-22 de junio. Este sería el resultado más alto en la serie de barómetros sobre 'Defensa Nacional' del CIS, donde el respaldo a la OTAN ha oscilado las últimas dos décadas entre un mínimo de 42% (2013) y un máximo de 52% (2009) de apoyo.

Esta misma tendencia es captada por el barómetro de junio del Real Instituto Elcano, donde un 83% de los consultados apoya la permanencia de España en la OTAN, cinco puntos más que en 2018. Una opinión generalizada entre los votantes de derecha y centro (90%), pero también mayoritaria entre la izquierda (66%). La pregunta es distinta, pero también recoge el impacto de la invasión en el sentimiento la opinión pública.

“España lleva siendo años claramente otanista; es decir, que ya hay una mayoría de más de tres cuartas partes de los españoles a favor de mantener la permanencia en la OTAN”, explica Carmen González Enríquez, investigadora sénior de Elcano y autora de este estudio sobre la opinión de los españoles acerca de la Alianza, a El Confidencial. “Lo que ha cambiado sustancialmente en los últimos meses, a raíz de la invasión de Ucrania por Rusia, ha sido la conciencia o la percepción de la utilidad [de la OTAN]”, sostiene la experta.

Aceptación transversal

Uno de los motivos de esta normalización en el respaldo y aceptación de la OTAN entre los españoles ha sido el hecho de que las consignas antiotanistas han ido en declive en los últimos años, incluso entre las corrientes más antimilitaristas que vivieron su apogeo en las masivas movilizaciones globales contra la guerra de Irak en 2003. El PSOE ya cruzó ese río en 1986, cuando el Gobierno de Felipe González tuvo que volcarse para ganar el referéndum de permanencia en la OTAN con un ajustado 52,5%. "Desde entonces hasta aquí, ese apoyo [a favor de mantener a España en la OTAN] ha ido creciendo continuamente", explica González.

Podemos hizo lo propio en 2015, cuando retiró su propuesta de un nuevo referéndum sobre la Alianza de su programa electoral para adoptar posturas "más realistas", limitándose a prometer una "revisión" de los convenios de defensa con Estados Unidos. Hubo algunas críticas internas, pero es un debate que se daba por cerrado. Ahora, desde el Gobierno coalición, la oposición de Podemos y Yolanda Díaz a la cumbre ha sido casi simbólica.

"Lo que no se entiende es que algunos sectores de la izquierda miren para otro lado y digan este 'sapo nos lo tenemos que comer'"

"Lo que no se entiende es que algunos sectores de la izquierda que habían construido casi una identidad religiosa en respecto al 'OTAN No, Bases Fuera', de repente, digamos, miren para otro lado y digan este 'sapo nos lo tenemos que comer' porque estamos dentro del Gobierno", dijo el exvidepresidente Pablo Iglesias en una entrevista en el canal Pandemia Digital, asegurando que el tema no es la OTAN, sino crear un Ejército Europeo.

Esta combinación de tema con poco rédito electoral y mucha contradicción ideológica ha hecho que el antiotanismo languidezca. "Una vez celebrado el referéndum, en España no hemos vivido, más que de forma marginal, debates o divisiones respecto a elementos esenciales de la política internacional, como es la pertenencia a la OTAN", señala González, recordando que en general ha habido "un ambiente de consenso [político] en todo lo relacionado con lo importante de la política internacional".

Según la encuesta de Metroscopia, esto ha cristalizado en que la imagen positiva de pertenencia a la OTAN es superior a la negativa en todo el espectro político. El respaldo es casi unánime entre los votantes del PSOE (86%) y PP (84%) y Ciudadanos (87%) y mayoritario entre los de Vox (75%) y los abstencionistas (62%). Menos sólido, pero también positivo, se ve entre los simpatizantes de Unidas Podemos (55%), mientras que en el bloque nacionalista es donde la opinión está más dividida (un 48%, positivo frente a un 30%, negativo).

El sondeo también muestra el respaldo de los españoles a la incorporación de Ucrania a la OTAN (67%), una mayor implicación de los socios —incluido España— para reducir la dependencia militar de Estados Unidos (79%) y a favor de crear unas Fuerzas Armadas Europeas (73%).

Fuentes de la OTAN comentan a El Confidencial que España siempre ha sido un país muy implicado en la Alianza y, pese a que es el segundo país más alejado del objetivo del 2% del PIB, compensa participando en muchas misiones. Aunque no entran a comentar en profundidad el cambio en la opinión pública, apuntan a que los partidos políticos del país siempre se han mostrado muy colaborativos, como muestra el hecho de que en el éxito de organización de esta cumbre hayan cooperado los gobiernos nacional, regional y municipal pese a sus tensiones políticas. Incluso Podemos ha cooperado manteniéndose en un discreto segundo plano.

Más riesgo, más gasto

Otra tendencia que identifican tanto Metroscopia como Elcano es la sensación de los españoles de que es necesario aumentar el presupuesto nacional a seguridad. El sondeo de Metroscopia capta cómo en una década se han invertido las proporciones sobre este asunto: hoy día, un 37% considera insuficiente el presupuesto en defensa frente un 31% que lo ve adecuado y un 14%, excesivo. Hace 10 años, un 31% que lo consideraba excesivo y un 14% que lo veía insuficiente. En la misma línea evoluciona el apoyo al incremento del gasto en defensa en el barómetro de Elcano —uno de los compromisos del Gobierno de Pedro Sánchez en esta cumbre—, que ya respaldan un 52% frente al 35% antes de que Rusia invadiera Ucrania.

Aquí, con la inflación desbocada y las secuelas de la pandemia todavía presentes en la economía, el dilema político promete ser más complejo. La Alianza Atlántica calcula que España gastó en 2021 el 1,02% del PIB en inversión militar, prácticamente la mitad del 2% comprometido en el seno de la OTAN. Una difícil cuadratura del círculo para un Gobierno que va a elecciones en 2023.

Porque uno de los problemas es que este proceso de 'otanización' de la sociedad española no ha ido acompañado de un mayor conocimiento sobre la Alianza, su función, misiones, espíritu o papel que juega España. Al igual que ha sucedido con la Unión Europea —según demuestra cada sucesivo Eurobarómetro—, la opinión positiva de la institución europeo incluye un componente de inercia. En un sondeo de la propia OTAN en 2021, un 55% de los españoles conocían "muy poco", "por el nombre" o "nunca habían oído hablar" de la organización. Los octavos por la cola.

Foto: Pedro Sánchez durante la cumbre de la OTAN en Madrid. (Sergio Beleña)

Sin embargo, sí aumenta claramente la percepción de la amenaza rusa como un riesgo propio —como europeos—, un movimiento tectónico en nuestra visión geopolítica como sociedad del flanco este del continente, propiciado por el comportamiento agresivo y errático de Vladímir Putin y el Kremlin. En el estudio de Elcano, un 52% menciona específicamente a Rusia como amenaza, frente al 33% que menciona Marruecos.

"Esto es un gran cambio que hemos visto en los últimos meses", explica González. "Rusia, que no era percibida en España como una amenaza a nuestra seguridad, a raíz de lo que ha hecho se percibe que la actitud rusa es un riesgo no solo para Ucrania o los países vecinos, sino para toda la Unión Europea, y nosotros también", agrega.

Resurrección atlantista

El cambio de opinión sobre la OTAN tras la invasión de Ucrania no ha sido exclusivo de España. Ni tampoco es España el país más otanista del vecindario. La agresión de Putin ha revivido una alianza que el presidente francés, Emmanuel Macron, declaraba en "muerte cerebral" en 2019 y que el año pasado firmaba una humillante y caótica salida de Afganistán. Ahora se ve como más estratégica que nunca en la región, no solo por la cercanía del conflicto, sino también por cómo estamos viviendo la onda expansiva del conflicto en los precios de los combustibles o los alimentos.

En Finlandia, por ejemplo, las encuestas que en enero apuntaban a que solamente un 30% de los ciudadanos apoyaban la entrada del país en la Alianza Atlántica dieron un vuelco en cuestión de meses y ya en mayo eran un 76% apoyaban la entrada en la OTAN. Tanto Finlandia como Suecia han solicitado el ingreso en la Alianza y está previsto que pasen a ser formalmente invitados a principios de la semana que viene, tras lidiar con las reticencias de Turquía.

La encuesta del centro estadounidense Pew Research también muestra que la OTAN tiene un respaldo medio de 65% en los estados miembro, por un 26% cuya visión es negativa. Lideran la tabla Polonia, Países Bajos, Reino Unido y Alemania. España aparece décima con un 53%, nivel similar a Francia, con un 54%. Tan solo Grecia, con un 64% en contra, muestra una visión general negativa a la Alianza.

Las cumbres internacionales son fogueo periodístico. Un espectáculo informativo de relumbrón, pero pasajero. Se olvidan pronto y es difícil que pasen a ningún imaginario colectivo. Hace 12 años, era Lisboa la capital europea que colapsaba bajo el peso logístico de una cumbre de la OTAN. Como estos días en Madrid, se cerraron calles y avenidas, con perímetros de seguridad y controles de todo tipo para proteger a los jefes de Estado y Gobierno de la Alianza. Muchos policías en las calles y muchos presidentes en los informativos. Hasta aquí, todo normal. La gran diferencia fue el ambiente previo a la reunión.

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