geopolítica

Cinco años de la anexión rusa de Crimea: ¿qué pinta la Unión Europea en esto?

Para muchos en Bruselas la guerra en Ucrania es una guerra europea, en la que se juega el futuro del continente o, al menos, cómo la UE se relaciona con la Rusia de Vladimir Putin

Foto: Celebración del quinto aniversario de la anexión de Crimea por parte de Rusia. (Reuters)
Celebración del quinto aniversario de la anexión de Crimea por parte de Rusia. (Reuters)

"El mundo nunca volverá a ser el mismo", dijo Herman van Rompuy tras la anexión rusa de Crimea de 2014. Para muchos en Bruselas la guerra en Ucrania es una guerra europea, en la que se juega el futuro del continente o, al menos, cómo la Unión Europea se relaciona con la Rusia de Vladimir Putin. La ocupación de la península de Crimea por parte de Moscú fue un 'shock' en Bruselas y se temió lo peor: que fuera solo el principio.

Ucrania ha contado desde entonces con el apoyo total de la Unión Europea, que mantiene una relación muy estrecha con Kiev. Esta misma semana, Petro Poroshenko, presidente del país, tiene previsto acudir a la capital comunitaria donde cenará con Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, y Donald Tusk, presidente del Consejo. A la vez, la UE no quiere que ese apoyo sea incondicional y pide reformas a Kiev y una lucha más eficiente contra la corrupción.

Cuando Rusia tomó posiciones en Crimea y Sebastopol en 2014, la UE reaccionó tal y como suele hacer en estas ocasiones: convocar una reunión extraordinaria. Los ministros de Asuntos Exteriores hicieron lo poco que tenían en su mano y se canceló la participación de los socios europeos en la reunión del G8 en Sochi (Rusia). El Consejo Europeo se reunió tres días después con el primer ministro ucraniano, pero poco más.

Este domingo, Federica Mogherini, Alta Representante de la UE para Exteriores, señalaba que la UE “se mantiene firme en su compromiso con la soberanía y la integridad territorial de Ucrania”. Pero hasta ahí puede llegar Europa. No tiene muchos más instrumentos más allá de su influencia política y una caja de herramientas que se limita a las sanciones económicas. Como se demostró recientemente con Venezuela, la batalla exterior de Europa está en las palabras, en poner una coma aquí o allá, o en denominar una acción exterior con un término más o menos duro. Pero la UE, como agente global, vive atada de pies y manos.

Además, la crisis ucraniana ha puesto a prueba el compromiso de los Estados miembros y la ruptura no tanto entre el sur y el norte, sino entre el este y el oeste. Mientras los primeros tienen la crisis ucraniana como una de sus prioridades, así como la amenaza rusa en general, los segundos andan centrando su atención en otros aspectos, como la crisis migratoria o asuntos de seguridad exterior.

Distintas posiciones de los países

Uno de los asuntos más espinosos entre el triángulo UE-Ucrania-Rusia es el Nord Stream II. El gaseoducto, un megaproyecto que plantea conectar directamente Rusia con el norte de Alemania por el Mar del Norte, es considerado por muchos un movimiento egoísta por parte de Berlín que deja a Ucrania en una posición muy débil: hasta ahora Kiev contaba con el “salvavidas” de ser el territorio por el que corrían los gaseoductos de territorio ruso al europeo. Con el nuevo proyecto alemán perderán mucho peso, y los ucranianos temen que eso les deje más vendidos a Moscú.

Es también la preocupación de los países bálticos y de Polonia, que consideran que hay que reforzar la posición de Ucrania, un país que sirve de barrera entre ellos y Rusia. Sin embargo, no todo es amor europeo hacia Ucrania. Hungría veta cualquier reunión de alto nivel formal en la que esté presente Kiev por una ley ucraniana que, según Budapest, pone en riesgo a la minoría húngara en el país.

Sanciones contra la ocupación

Pero Crimea no es la única crisis abierta. La del mar de Azov también es un dolor de cabeza para la Unión Europea. Mogherini ha condenado “el uso injustificado de la fuerza que hizo Rusia contra Ucrania el 25 de noviembre de 2018”, lo que considera “un recordatorio de los negativos efectos que produce la anexión ilegal sobre la estabilidad regional”. Pero hasta ahí puede leerse.

La UE no puede hacer mucho más, pero por lo pronto hay 170 personas y 44 entidades que tienen congelados sus activos y están sujetos a restricciones de viaje por sus acciones para minar la integridad territorial de Ucrania, su soberanía e independencia. Estas sanciones se renovaron este mismo mes y están en pie hasta septiembre de 2019, cuando previsiblemente se renovarán otra vez.

La Unión también tiene medidas económicas en marcha, como la prohibición de importar productos de Crimea y Sebastopol, restricciones al comercio y a las inversiones en ambas regiones en determinados sectores económicos, prohibición de suministrar servicios turísticos en Crimea o Sebastopol y también una restricción sobre la exportación de bines y tecnologías a dicha zona.

¿Qué ha supuesto para Rusia y Ucrania?

Este fin de semana Rusia celebró el quinto aniversario del referéndum en la península con el nombre "Primavera crimea" para celebrar "la reunificación". "Lo hicimos todo tan rápido, tan por sorpresa y con tanta osadía que nuestros oponentes no tuvieron tiempo de reaccionar", dijo el lunes el jefe de la república de Crimea, Serguéi Axiónov, citado por la Agencia Federal de Noticias.

"El mantenimiento de un conflicto congelado en la región es lo que más le interesa a Moscú para no perder del todo su papel protagonista en el país"

Para Ruth Ferrero Turrión, codirectora del Grupo de Estudios de Europa y Eurasia, la anexión de Crimea significó simbólicamente la vuelta a la escena internacional de Rusia "y permitió a Putin alcanzar cotas de popularidad fuera de lo común", según explica a El Confidencial.

Sin embargo y pese al hundimiento de la aprobación de Putin, Ferrero Turrión rechaza la idea de que cinco años más tarde se pueda producir otra Crimea: "La idea detrás de la anexión y de la intervención en el Donbass era la desestabilización de Ucrania para no perder cuota de influencia en la zona. El mantenimiento de un conflicto congelado en la región es lo que más le interesa a Moscú para no perder del todo su papel protagonista en el país".

En esta misma línea se mueve Kadri Liik, investigadora sénior del European Council on Foreign Relations y experta en política doméstica y exterior rusa. Liik afirma a este diario que Crimea es una excepción y que a corto-medio plazo no habrá casos similares. "Otra cosa es que crezcan tensiones en Ucrania o en el Donbass. Las negociaciones no están yendo a ningún lado. Los rusos están esperando a ver qué pasa en las próximas elecciones en Ucrania", subraya.

Ferrero Turrión se muestra pesimista respecto al futuro de Ucrania. Considera que el país continúa en crisis pese al Euromaidán, porque no ha puesto en marcha las políticas de lucha contra la corrupción y regeneración democrática en el país. "Más que una revolución, lo que se produjo fue un cambio de liderazgo y de estrategia geopolítica por parte de las élites que se hicieron con el poder. Ucrania ha continuado bajo el control de los distintos oligarcas territoriales, uno de ellos el propio Poroshenko", culmina.

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