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La mirada iraní al conflicto: "¿Un niño de Yemen vale menos que uno de Ucrania?"
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Acusaciones de hipocresía occidental

La mirada iraní al conflicto: "¿Un niño de Yemen vale menos que uno de Ucrania?"

En el país de los ayatolás, como pasa en otros muchos Estados, se acusa a Europa y EEUU de tener un doble rasero en la guerra según las víctimas

Foto: Niños transportan botellas en un campo de refugiados cerca de Saná, Yemen. (Reuters/Khaled Abdullah)
Niños transportan botellas en un campo de refugiados cerca de Saná, Yemen. (Reuters/Khaled Abdullah)
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“Separar a los negros de los blancos y sacarlos de los trenes [de refugiados] o expresar pesar en sus medios de comunicación porque la guerra está teniendo lugar en Europa en lugar de en Oriente Medio son ejemplos del evidente racismo de Occidente”, dijo a la nación el 21 de marzo en su discurso televisado por el Nowruz (año nuevo iraní), en referencia a Ucrania, el ayatolá Alí Jamenei.

El líder supremo de la República Islámica de Irán fue más allá y afirmó que “hoy es uno de los periodos más abiertamente vergonzosos de la historia contemporánea en términos de opresión y arrogancia. La gente del mundo está presenciando directamente estos actos de opresión y doble vara de medir”. Jamenei ponía así voz a un discurso muy extendido en el país y en muchas otras naciones que no forman parte del bloque occidental, que creen que existe un doble rasero a la hora de tratar la guerra de Ucrania en comparación con otros conflictos similares que, para los occidentales, no han merecido esa respuesta.

Occidente ha generado en las últimas décadas, casi siglos, muchas enemistades por el proceso colonizador y su intervencionismo en muchos países de Asia, África y América Latina. Socialmente, una parte de la población en estos lugares, en una guerra como la de Ucrania, más que elegir con quién va, elige con quién no va.

Foto: El embajador keniano ante la ONU, Martin Kimani. (Naciones Unidas/Loey Felipe)

La República Islámica de Irán, miembro destacado del 'eje del mal' para Washington, tiene claro, entre sus dirigentes y la mayor parte de su pueblo, que el bloque occidental no es el suyo y se ha situado del lado de Rusia. “No conozco ningún atleta estadounidense al que se haya prohibido participar en una competición internacional porque su país hubiera invadido Irak con pruebas falsas de armas de destrucción masiva”, expresa a El Confidencial un cambiador de divisa iraní en el sur de Teherán al preguntarle por la guerra. Ese día es complicado conseguir cambiar euros porque la moneda local, el rial, ha tenido otra devaluación. Irán lleva desde 2012 fuera del sistema bancario Swift y sufre un embargo potenciado por EEUU, quien lo acusa de tener un programa nuclear encubierto y mantener vínculos con grupos terroristas. Esas mismas sanciones las sufre ahora Rusia. La posible resurrección del acuerdo nuclear, que parece hoy viable, podría revertir eso.

No muy lejos del lugar de cambio, en la embajada británica, cuelga la única bandera de Ucrania que vemos en todo el país. Unas horas después, de camino al hotel, un enorme mural en una fachada muestra otra bandera, la de EEUU, de la que caen bombas. No hay, en todo caso, muchas referencias críticas a los estadounidenses y sí una exhibición constante de mártires iraníes, héroes de guerra, cuyas caras figuran por todas partes. “Nos recuerdan siempre que estamos en deuda”, resume una joven con la que charlamos en una cafetería moderna de Teherán.

Solo parece haberse alzado, hasta ahora, una única voz crítica importante contra el ataque ruso. El expresidente iraní Mahmoud Ahmadinejad escribió el 3 de marzo en su cuenta de Twitter: “Señor Putin, pare esta guerra satánica. De lo contrario, no tendrá logros, sino remordimientos”. Un día antes había escrito: “La gran nación de Ucrania y su presidente Zelenski, su honorable y casi inigualable resistencia destapó las tramas satánicas de los enemigos de la humanidad. Confíe en que la gran nación de Irán le apoya mientras admira su heroica resistencia”.

Foto: Ebrahim Raisi, durante la campaña electoral. (Reuters)

Una iraní, al preguntarle por la razón de estos mensajes del expresidente que van contra la línea oficial de su Gobierno, lo resumió así: “Tras dejar la presidencia no le dieron un puesto destacado y ahora, junto a sus seguidores, que reúne de vez en cuando en una plaza, suelta estas provocaciones”.

Ataque con misiles desde Irán

Esa misma madrugada, 12 de marzo, a las dos de la mañana, las redes sociales comienzan a arder con un supuesto ataque con misiles balísticos que los iraníes habrían lanzado contra una base militar y consulado de EEUU en el Kurdistán iraquí. Hay vídeos que enseñan las explosiones. Muchos se apresuran a sacar conclusiones, hablan de movimiento inusual de aviones en bases estadounidenses del entorno, anuncian represalias y hablan de la internacionalización de la guerra rusa. Especialmente desde los entornos mediáticos de Ucrania se alerta de que esta puede ser la mecha que faltaba por prender para que el conflicto se internacionalice. Incluso, algunos senadores de EEUU hablan de retirarse de las conversaciones nucleares de Viena y castigar a Irán.

Pero el ruido de las redes se traduce en nada. Teherán duerme y se levanta ajena a todo ese jaleo. Las televisiones locales no hablan del asunto. Hay algunas menciones en el prohibido Twitter, que muchos usan en el país con VPN, pero sin alarmismos. Pocas horas después, el Gobierno iraní reconoce el ataque, pero no contra un consulado y una base estadounidenses, sino contra lo que califican como instalaciones israelíes. Responden a un ataque previo, dicen.

"Es una lejana guerra que no nos afecta"

Dos días antes, el 9 de marzo, Irán acusó a Israel de matar con un ataque aéreo a dos guardias revolucionarios iranís en Damasco. Aquel fue un ataque similar, pero entonces el alarmismo en redes fue menor. Un ataque con misiles, hasta una guerra, en esta parte del mundo es rutina. Siria, Yemen, Iraq, Palestina o Afganistán están más cerca que Ucrania. “Una lejana guerra que no nos afecta”, califica el actual conflicto un pescador de la iraní isla de Qeshm, frente al posible inicio de la III Guerra Mundial del que se habla en Europa.

Parte de esa anormalidad que es la guerra convertida en rutina se ve en el Museo Nacional de la Revolución Islámica y Sagrada Defensa de Teherán. El Ejército y su colección de mártires que dieron la vida por la patria y la revolución son reliquias sagradas. Fuera del museo, con una colección de misiles balísticos de fondo, hay un espacio dedicado a los “mártires del uranio”. Cuatro coches reventados de un mísil o bomba en los que Israel o EEUU mataron, dicen los paneles, a científicos inocentes. "¿Por qué delito han sido asesinados?", se pregunta una placa.

Nada contra Ucrania

La mayoría de voces iranís consultadas no tienen nada contra Ucrania, abogan por que se acabe la guerra, pero miran con perplejidad la respuesta occidental y sus razones. “No quiero hablar sobre política, pero sobre lo que ahora está ocurriendo en Ucrania los países occidentales tienen un comportamiento con Rusia distinto que con Arabia Saudí o Israel. Guerra es guerra y la gente muere”, explica Saeed Zali, hombre de negocios iraní relacionado con el turismo, hijo de un ministro de Agricultura en los tiempos del Ayatolá Jomeini.

Foto: Única reunión entre los ministros de Exteriores de Rusia y Ucrania hasta ahora, en Antalya, Turquía. (EFE/Cem Ozdel)

Saeed, que viaja con frecuencia fuera de Irán y lleva años intentando tender puentes entre Teherán y Madrid, apunta de nuevo a las contradicciones occidentales. “Los países quieren retirar a Rusia de la Organización Mundial del Turismo, pero eso es un comportamiento discriminatorio. ¿Cuántas guerras ha tenido EEUU? Vietnam, Irak... Si es una decisión correcta, ¿por qué no se aplica a otros países?”, señala.

El hijo de un ministro de Jomeini que estudió en la Universidad estadounidense de Berkeley critica el control del relato: “Hay más de mil millones de musulmanes en el mundo y la imagen que tienen los países occidentales está muy influenciada por los grupos terroristas. Eso hace que tengan una opinión que no es verdadera. Por eso es importante que gracias al turismo puedan ver la realidad de un país islámico como es Irán. En ocasiones, la culpa es de los medios de comunicación, que no dicen la verdad”, afirma Saeed.

En la televisión iraní, todos aquellos días, se da un enfoque de la Guerra de Ucrania benevolente con Rusia. Al menos, se apunta a la presión de EEUU y la OTAN como causantes del conflicto. “EEUU ha creado esta tensión y alimentado esta crisis. Ha arrastrado a Ucrania hasta donde está ahora”, dijo el ayatolá Jamenei. En un hotel de Bandar Abbás, ciudad del sur, en la televisión vemos por segunda vez allí que emiten un documental de la cadena estatal rusa RT, prohibida ahora en la UE, que relata los supuestos constantes ataques que sufrían los rusos por parte de los ucranianos en el Dombás.

¿Qué diría Unamuno?

Najmeh Shobeiri, catedrática de filología española, intelectual, traductora de obras, viajera del mundo, de familia musulmana practicante y a la que han ofrecido ser diputada en diversas ocasiones, según explica ella misma, es otra voz en contra de la guerra que ve una hipocresía en la postura occidental. “Ahora ha ocurrido esa desgracia con Ucrania. Estamos muy tristes, está muriendo gente, pero lleva ocurriendo lo mismo en Palestina desde hace 60 años. Lleva ocurriendo lo mismo en Yemen desde hace años. Occidente vende la noticia cuando quiere. Es descaradísimo: esta vez dicen que es que está muriendo gente de ojos azules. No sé cómo justificar eso. ¿Qué diría Schopenhauer, qué diría Unamuno de esas frases tan tristes? ¿A dónde estamos llegando? ¿Quién justifica que un niño de Yemen tiene menos precio que uno de Ucrania? Para mí son iguales. Durante la guerra entre Irán e Irak (1980-1988) yo iba a España, a la clínica del doctor Barraquer, a llevar a gente que tenía problemas en los ojos por la guerra. ¿Quién estaba vendiendo las armas a Irak para que nos bombardearan? Eso son cosas que no se hablan en Occidente”, sentencia.

“Nos están humillando por estar en Oriente Medio para que se beneficie el mundo occidental"

¿Siente que Irán está más señalado que otros países por belicismo? “El ser humano es el ser humano, pero allí dicen que han matado a tres soldados israelíes en la calle tal mientras no cuentan que han bombardeado a miles de personas en Gaza. Allí llegaron a morir 280 personas en un día. La gente ignorante ve las noticias que se venden en la televisión. Irán no es más agresivo que otros, todos somos seres humanos, pero depende de quién te nutre las noticias. La noticia dice que Irán es agresivo, pero de la noche a la mañana nos invadieron [Irak] y violaron a todas las mujeres de Jorramchar [ciudad fronteriza iraní]. Dejaron destrozada la ciudad y nadie nos ayudaba. ¿Cómo no íbamos a ser agresivos?”, responde ella.

La profesora universitaria, que pide más cultura para entenderse los pueblos y menos política, por la que manifiesta desinterés, denuncia en todo caso que su país vive bajo el yugo occidental. “Nos están humillando por estar en Oriente Medio para que se beneficie el mundo occidental. ¿Por qué Ucrania está sufriendo? Porque la OTAN quería meter sus narices allí y Putin no lo permite. Nosotros estamos sufriendo por temas geopolíticos. Irán sufre por estar en Oriente Medio. Si Irán estuviera en Siberia estaría en paz. Al mundo le interesa Irán porque estamos en un lugar geopolítico interesante y por la maldición del petróleo”.

Foto: 43 aniversario de la revolución islámica en Irán (EFE/Abedin Taherkenareh)

¿Hacen algo de autocrítica? ¿Hay algo que haya hecho mal Irán para estar en esta situación? “En Irán no henos tenido Kissingers o Thatchers, no hemos tenido democracia. Seguro que nos hemos equivocado. Hay equivocaciones en el Gobierno y cosas interiores, seguro. ¿Que se ha producido robos? Segurísimo. El ser humano peca. Claro que hemos tenido corrupción. ¿Si el yerno del Rey de España roba cómo no va a hacerlo un iraní?”, concluye ella.

Niños de ojos azules

Rusia, de nuevo, solo contó con cuatro apoyos el jueves 24 de marzo en la votación de la ONU que condena por segunda vez su invasión y exige un cese de hostilidades: Bielorrusia, Corea del Norte, Eritrea y Siria. Muchos analistas lo ven como una bofetada diplomática, pero otros apuntan a que nada menos que 37 países, algunos de enorme peso, se abstienen de condenar un brutal ataque unilateral que está dejando miles de víctimas. Esos 41 países en total forman parte de las naciones donde quizá no se tiene nada contra Ucrania, pero sí contra EEUU y Europa o, al menos, se está en deuda con Rusia como herencia de la Guerra Fría.

No solo entre la población iraní hay un rechazo al bloque occidental. Un diplomático egipcio explicaba a este periódico: “La mayor parte de la gente más culta y con mayor nivel adquisitivo de mí país está en contra del ataque ruso a Ucrania, pero en las clases medias y bajas lo que indigna es la hipocresía de Occidente. En Irak, Palestina, Yemen, Siria… se han vivido guerras y nadie se volcó así con las víctimas. ¿Qué castigo ha tenido EEUU por Irak? ¿Israel? Esas cosas escuecen mucho”.

"Esto es relativamente civilizado, una ciudad relativamente europea"

Especialmente ofensivas han sido algunas zarandeadas crónicas periodísticas en redes que califican a las víctimas como “personas civilizadas”, “rubios y con ojos azules” o “europeos”, otorgando a esas características un agravante. Al Jazeera recogía la indignación causada por las palabras del corresponsal de CBS en las que decía: “Este no es un lugar, con todo el respeto, como Irak o Afganistán que han vivido conflictos durante décadas. Esto es relativamente civilizado, una ciudad relativamente europea, debo elegir las palabras con cuidado, donde no esperas que esto pase”.

Tampoco las palabras en la BBC de David Sakvarelidze, ex fiscal general de Georgia y vicefiscal de Ucrania, hablando de que es “muy emotivo, porque veo cada día a europeos rubios y con ojos azules asesinados por los misiles de Putin”, han sentado bien entre los que entienden que el drama de estar bajo un bombardeo es igual independientemente del color del pelo o de lo asfaltada que esté la calle. Los cientos de millones de no rubios y no “civilizados” de la aldea global creen que las bombas que les caen a ellos matan igual, pero “molestan” menos.

Otros, sin embargo, hasta en Irán, creen que ese no es el debate ahora y condenan el ataque ruso sin miramientos. No condenar el ataque ruso es dar la razón a los que no condenan otros ataques similares, piensan. “Es una salvajada o una injusticia que hay que detener porque mueren miles de inocentes”, nos dicen los “sin nombre”. Porque esos, los que contradicen la línea oficial, no tienen nombre.

“Separar a los negros de los blancos y sacarlos de los trenes [de refugiados] o expresar pesar en sus medios de comunicación porque la guerra está teniendo lugar en Europa en lugar de en Oriente Medio son ejemplos del evidente racismo de Occidente”, dijo a la nación el 21 de marzo en su discurso televisado por el Nowruz (año nuevo iraní), en referencia a Ucrania, el ayatolá Alí Jamenei.

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