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Las nuevas tuberías del capitalismo de las que dependen los empleos del futuro
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CADENAS DE SUMINISTRO

Las nuevas tuberías del capitalismo de las que dependen los empleos del futuro

Hasta ahora, el diseño de las cadenas de suministro daba prioridad a la rentabilidad, y no necesariamente a su resistencia. Las empresas las están transformando en 'redes' de suministro, y los gobiernos les están pagando para que lo hagan

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Nos encontramos ante la aparición de un nuevo orden mundial para las cadenas de suministro vitales por las que pasan la mayoría de los bienes de los que dependemos para nuestra día a día.

Las empresas, especialmente las tecnológicas, están cuestionando las ortodoxias de los últimos 50 años de globalización. Estas ortodoxias incluyen la búsqueda del fabricante de menor coste, por muy lejano que esté, y no tener nunca excedentes de inventario o de piezas. Los resultados del cambio que se está produciendo actualmente podrían incluir el movimiento de puestos de trabajo y de fabricación, que representa cientos de miles de millones de dólares en actividad económica durante las próximas décadas.

A medida que las empresas construyen más fábricas, en más lugares, y compran piezas y materiales a un abanico de proveedores cada vez más amplio, las cadenas de suministro del mundo se están pareciendo más a redes de suministro.

Foto: Costa del congestionado puerto de Los Ángeles. (Reuters)

El diseño de las cadenas de suministro modernas da prioridad a la rentabilidad, y no necesariamente a su resistencia. Desde la adopción del contenedor de transporte en la década de 1960, las cadenas de suministro de la mayoría de las mercancías se han alargado cada vez más. El abaratamiento y la fiabilidad del transporte marítimo transoceánico y transcontinental permitió trasladar la producción a los lugares donde los salarios eran más bajos. Esto, a su vez, significó que la mayoría de las fábricas se trasladaron al otro lado del mundo, principalmente a China. Pero también significó, especialmente en el caso de la tecnología más compleja, como los teléfonos inteligentes y los ordenadores, que a lo largo del proceso por el que los materiales se empleaban para hacer piezas, subcomponentes y, finalmente, productos terminados, podían cruzar el mundo varias veces.

Los aparatos electrónicos, que suelen tener un mayor número de piezas procedentes de más lugares que casi cualquier otro producto, a excepción de los automóviles y los equipos industriales complejos, han resultado ser especialmente dependientes de tres características del comercio mundial que, hasta hace pocos años, se daban por sentadas. La primera es que las materias primas siempre serían baratas y habría gran disponibilidad. La segunda, que el transporte marítimo siempre costaría una fracción del valor de las mercancías que se trasladan. La tercera, que este transporte marítimo sería siempre fiable.

La guerra comercial entre Estados Unidos y China que comenzó en 2018 hizo evidente para muchos fabricantes que estas suposiciones podrían no ser ciertas. Después, la pandemia lo confirmó. Ahora, las sanciones contra Rusia, la continuación de la guerra comercial con China, las catástrofes naturales y la capacidad de producción y de transporte marítimo inmovilizada por la invasión de Ucrania parecen haber hecho crónicos los problemas de las cadenas de suministro globalizadas.

Las empresas reconocen su vulnerabilidad y los gobiernos se centran más en asegurar el acceso a bienes clave por razones de seguridad nacional

Para muchas empresas, la pausa en la globalización provocada por la pandemia ha dado pie a un amplio esfuerzo por determinar cómo hacer más sólidas las cadenas de suministro añadiendo más fábricas, proveedores y fuentes de materiales. No se trata de una desglobalización ni mucho menos, pero sí de una lenta y costosa reorganización de los lugares de fabricación.

Todos esos materiales y bienes aún tienen que venir de alguna parte. En logística, este cambio de las cadenas de suministro a las redes se conoce como "abastecimiento múltiple", explica Nathan Resnick, presidente y cofundador de Sourcify, que ayuda a las empresas a encontrar y gestionar fábricas en Asia. Hace tiempo que es habitual tener más de un proveedor de bienes y piezas en una cadena de suministro, pero desde que comenzaron las guerras comerciales más recientes, ha aumentado el número de empresas, incluso extendiéndose a las pequeñas y medianas, que se han visto obligadas a hacer el duro trabajo de establecer más fábricas y sincronizar la calidad de los bienes en todas ellas, añade.

Willy Shih es profesor de la Universidad de Harvard y miembro de un comité que asesora al Departamento de Comercio de Estados Unidos sobre cómo reforzar las cadenas de suministro nacionales. En un ensayo reciente, describió cómo la pandemia ha sido una llamada de atención para los directivos y cómo el mundo parece estar inclinándose hacia las empresas y los países que están pensando en reubicar las cadenas de suministro dentro de bloques comerciales regionales de países políticamente aliados.

A la par que las empresas reconocen su vulnerabilidad a las interrupciones del suministro, los gobiernos también se centran más en asegurar el acceso a bienes clave por razones de seguridad nacional. Estas políticas tienen muchos nombres. En China, este movimiento hacia la autosuficiencia se conoce como "doble circulación". Se anunció en mayo de 2020, en el 14º plan quinquenal del país. En la Unión Europea, la parte de esta filosofía que se ocupa de la tecnología se ha bautizado como "soberanía tecnológica".

Foto: La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. (Virginia Mayo/Reuters)

En Estados Unidos, una serie de leyes, decretos y normas del Departamento de Comercio tienen como objetivo reforzar las cadenas de suministro nacionales. Entre ello se incluye la ley conocida como $52 billion Chips for America Act (ley de 52.000 millones de dólares en chips para EEUU), que tiene por objetivo invertir la tendencia de las últimas décadas que ha reducido la cuota de Estados Unidos de la fabricación mundial de chips a menos del 12%, frente al 40% de 1990.

La tecnología vuelve a casa

La demanda de microchips crece tan rápidamente que los fabricantes no pueden seguir el ritmo, por lo que los fabricantes no se limitan a esperar por la Ley de Chips. Han anunciado una serie de nuevas fábricas, repartidas por todo el mundo. Taiwan Semiconductor Manufacturing, o TSMC, fabricante de casi todos los chips de última generación de los productos de Apple, dedicará 100.000 millones de dólares en los próximos tres años a aumentar su capacidad, incluyendo el establecimiento de nuevas fábricas en Arizona y Japón. Intel se ha comprometido a gastar 95.000 millones de dólares en aumentar su capacidad de fabricación en Europa, y 20.000 millones de dólares en una nueva fábrica en Ohio que podría llegar a suponer una inversión de 100.000 millones de dólares. Samsung planea levantar una nueva instalación de 17.000 millones de dólares en Texas. Incluso los fabricantes de chips con tecnología más antigua, como Texas Instruments y On Semiconductor —empresas que siguen siendo fundamentales para los automóviles y los electrodomésticos y para las funciones mundanas de algunos aparatos avanzados— están invirtiendo grandes cantidades para ampliar sus fábricas y construir otras nuevas.

El fomento de estas inversiones se ha convertido en uno de los casos poco comunes de acuerdo entre los dos partidos políticos en Washington DC, ya que muchos, tanto del partido demócrata como del republicano, consideran que subvencionar industrias económicamente importantes como la fabricación de chips es también importante para la seguridad nacional. H.R. McMaster, ex asesor de seguridad nacional durante la administración de Trump, calificó esta semana pasada de "absolutamente crítica" la financiación de la Ley de Chips.

placeholder Puerto de Amberes, en Bélgica. (Reuters)
Puerto de Amberes, en Bélgica. (Reuters)

La situación mundial actual, en la que los países se agrupan en extensas alianzas geopolíticas separadas por guerras comerciales y guerras reales, recuerda a la Guerra Fría e incluso a la Segunda Guerra Mundial, cuenta Klon Kitchen, un miembro senior especializado en tecnología y seguridad nacional del American Enterprise Institute, un centro de tendencia conservadora. Añade que, en caso de que se produzca una escalada de tensiones entre Estados Unidos y sus aliados y Rusia, China u otras naciones aliadas, Estados Unidos no puede permitirse el lujo de perder el acceso a los microchips avanzados y a las demás piezas y la fabricación necesarias para construir todo, desde sistemas de armas hasta smartphones y redes 5G.

En la actualidad, casi toda la fabricación de microchips avanzados del mundo se concentra en Taiwán, una democracia insular autogobernada de 24 millones de personas situada a 100 millas de la costa de China continental, que el gobierno comunista chino reclama desde hace tiempo y ha jurado recuperar.

Según Emily Kilcrease, directora del programa de energía, economía y seguridad del Center for a New American Security, un 'think tank' de Washington que a finales de la década de 2000 suministró talento a la administración Obama, esta situación representa "una concentración extrema que debería preocuparnos". Agrega además que "nos pone muy nerviosos el hecho de que esté en un lugar tan tenso desde el punto de vista geopolítico, dadas las tensiones entre China y Taiwán".

Fabricación regional

Los chips de ordenador no son el único tipo de tecnología para el que las cadenas de suministro se están transformando en redes de suministro de múltiples fuentes.

La fabricación de baterías, especialmente para vehículos eléctricos, está dominada actualmente por China. Pero se están construyendo decenas de nuevas gigafábricas de baterías para vehículos eléctricos en todo Estados Unidos y en el mundo, es decir, prácticamente en cualquier lugar donde haya una infraestructura sólida de fabricación de automóviles.

Foto: Foto: A. Cohen/Reuters.

El iPhone, ese icono de las cadenas de suministro más largas y complicadas del mundo, sigue llegando a tiempo en parte gracias a la coordinación de Apple y Foxconn, su principal fabricante contratado. Incluso antes de la pandemia, Foxconn aprovechó las generosas subvenciones para redistribuir la fabricación del iPhone, dividiendo la producción del dispositivo y de muchos otros que fabrica entre Shenzhen y el oeste de China, según afirma el Dr. Shih. Foxconn también ha ampliado la fabricación del iPhone a Chennai (India) y la de los AirPods a Vietnam.

El sudeste asiático, en particular, se ha convertido en un hervidero de 'nearsourcing' regional de fabricación de tecnología. (El 'nearsourcing' es cuando la fabricación se establece en países cercanos a donde se consume un artículo o donde tiene lugar el montaje final; un ejemplo clásico es cuando las empresas estadounidenses trasladan la fabricación de China a México). En el sudeste asiático, se copian fábricas chinas enteras y se trasladan a países como Vietnam y Tailandia, que siguen estando cerca de las piezas y los materiales que se fabrican en China, pero donde los costes laborales son más bajos. Samsung Electronics, por ejemplo, fabrica la mayoría de sus teléfonos inteligentes en Vietnam, así como sus aparatos inteligentes.

Según el Dr. Shih, dado que la mayoría de los países del Sudeste Asiático intentan mantener la neutralidad geopolítica, la región podría seguir siendo un proveedor de casi todas las naciones del mundo. Eso no impedirá que las empresas intenten copiar algunos elementos de lo que se lleva a cabo actualmente en esta región, como el empaquetado de los microchips, un paso posterior a su fabricación, en Estados Unidos y Europa. El resultado podría ser la fabricación regional, en la que los países intentan asegurarse de que, aunque no fabriquen algo ellos mismos, pueden obtenerlo de un aliado, añade.

Aunque quisiéramos, tratar de reproducir toda la cadena de suministro de productos electrónicos en Estados Unidos, desde las materias primas hasta los productos acabados, sería extraordinariamente difícil, si no imposible, sostiene Lauren Dudley, analista de investigación centrada en la competencia con China en Rhodium Group, una empresa de investigación económica con sede en Nueva York.

"La desvinculación de la que tanto se habla ahora mismo tardaría décadas en ser una realidad"

Según el Dr. Shih, Aunque puede que Estados Unidos haya fabricado en algún momento casi todos los componentes de los aparatos modernos, gran parte de esos conocimientos se han perdido, ya que las fábricas se han trasladado al extranjero, los ingenieros y los técnicos se han jubilado y no se ha formado a nadie para ocupar sus puestos.

Algunas personas que estudian las cadenas de suministro y las redes opinan que el cambio actual podría ir demasiado lejos. Intentar conseguir en Estados Unidos algo parecido al objetivo de soberanía tecnológica de los funcionarios de la UE sería un error, asevera Kilcrease. Aunque tiene sentido que los chips y la electrónica que se destinan a los sistemas de defensa se fabriquen aquí, eso sigue siendo una pequeña fracción del total que se fabrica cada año. "No debemos olvidar las lecciones que hemos aprendido sobre cómo las cadenas de suministro globalizadas realmente complejas pueden conducir a la innovación", añade.

Independientemente de las inversiones que hagan las empresas y los gobiernos, ningún aspecto de un sistema mundial de fabricación y entrega de bienes cambia rápidamente. Reordenar décadas de globalización, trasladando tanto las fábricas como los conocimientos necesarios para gestionarlas, es una tarea hercúlea que requiere mucho dinero, y mucho tiempo.

"La desvinculación de la que tanto se habla ahora mismo tardaría décadas en ser una realidad", afirmó el Dr. Shih. "Realmente, hay que comprometerse".

*Contenido con licencia de 'The Wall Street Journal'.

Nos encontramos ante la aparición de un nuevo orden mundial para las cadenas de suministro vitales por las que pasan la mayoría de los bienes de los que dependemos para nuestra día a día.

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