La policía japonesa investigaba la desaparición de una joven de 23 años. Como principal sospechoso, un hombre de 27, y tras registrar su casa la policía halló un horror mayor: nueve cuerpos desmembrados, dos cabezas congeladas y todos los restos conservados por distintos puntos de la casa. Corresponden con los cuerpos de ocho mujeres y un hombre, entre ellos, el de la joven desaparecida. El detenido ha confesado sus crímenes y aclara que conoció a la chica a través de internet, cuando ella misma buscaba a alguien con quien suicidarse. Ahora los investigadores tratan de identificar al resto de víctimas y si las conoció, también, a través de las redes sociales en el caso que ya se conoce como El descuartizador de Tokio.

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