LOS EFECTOS DE UNA POSIBLE VACUNA

España encara una recuperación asimétrica lastrada por el 'efecto precaución'

La recuperación, en el mejor de los casos, será gradual. No todos los sectores se comportarán igual. El llamado 'efecto precaución' lastra la reactivación de la actividad

Foto: Una terraza de la céntrica plaza Universidad, de Barcelona. (EFE)
Una terraza de la céntrica plaza Universidad, de Barcelona. (EFE)
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Una palabra puede reflejar mejor que ninguna otra expresión las consecuencias que podría tener en la economía europea —en el corto plazo— la distribución de la vacuna contra el covid-19: asimetría. O, expresado de otra forma, al igual que los efectos de la pandemia sobre la actividad productiva en la eurozona serán este año muy desiguales —el PIB caerá entre un -2,2% (Lituania) y un -12,4% (España)—, también la recuperación será muy diferente por países, algo que es especialmente relevante debido a la enorme integración de las economías europeas. Lo que pase en la Unión Europea (UE) afectará de forma determinante en España por su particular especialidad productiva.

Esto es así, por una razón fundamental. Los sectores más perjudicados por la pandemia, normalmente del sector servicios, son, precisamente, los más expuestos a la movilidad social, al contrario de lo que ocurre, por ejemplo, con la industria o la agricultura, que sufren menos las restricciones. Y no hay que olvidar que los sectores más afectados en esta crisis (hostelería, restauración, transporte y ocio) representan en torno al 9% en la zona euro, pero su peso es mayor en España (13%) o Italia (11%).

Es decir, los sectores más vulnerables son aquellos más dependientes de los viajes de negocios y, sobre todo, de la posibilidad de los ciudadanos de trasladarse sin limitaciones de un sitio a otro. Y lo cierto es que la economía española tiene una elevada exposición al turismo, que representa nada menos que el 16% del total de las exportaciones de bienes y servicios. Se trata de un porcentaje muy superior a los observados en la eurozona, con excepción de Portugal y Grecia. En total, y en términos de PIB, nada menos que el 12,3%, según la patronal del sector. Es más, el conjunto de las actividades afectadas por las medidas de contención de la movilidad, en los momentos de mayor rigor de la pandemia, durante el segundo trimestre de este año, ha llegado a representar en torno al 30% del valor añadido bruto (VAB).

Lo lógico sería pensar que, al tratarse de los sectores más castigados por las restricciones, también deberían ser los más beneficiados por su levantamiento, pero eso sería obviar que la normalización va a ser necesariamente gradual por todo tipo de causas. Los 50,2 millones de turistas que se han perdido entre enero y septiembre respecto del mismo periodo del año anterior no volverán de un año a otro.

Gasto turístico

Se puede pensar que el turismo nacional —por la absoluta movilidad que puede permitir la vacuna entre regiones— puede sustituir, al menos parcialmente, al extranjero hasta que todas las limitaciones se levanten, pero lo cierto, según datos del Banco de España, es que la capacidad del turismo interno para compensar la caída del gasto turístico realizado por los extranjeros es limitada, al suponer alrededor del 40% del gasto total efectuado en España.

Es decir, la recuperación de un sector muy significativo para la economía española dependerá de cuándo y cómo se abran las fronteras, para lo cual lo más relevante será recuperar la confianza de los extranjeros en las condiciones de salud de los países receptores. No solo por parte de los ciudadanos sino también de los gobiernos, que mantendrán las restricciones hasta que no tengan la absoluta seguridad de que la apertura de fronteras no supone un riesgo a la importación de casos de contagio. Entre otras causas, porque la distribución de la vacuna será, necesariamente, gradual por razones logísticas.

Está acreditado que la reacción de los agentes económicos a un 'shock' de estas características, como sucedió tras la gripe española, que dio paso, tras el fin de la Gran Guerra, a los llamados ‘locos años veinte’, tiene más que ver con la sociología del comportamiento humano que con la economía, ya que depende de factores subjetivos y del llamado ‘efecto precaución’, un efecto que se manifiesta con especial intensidad respecto del ahorro. Por lo tanto, son las expectativas las que van a guiar las decisiones de consumo e inversión de los agentes económicos en los próximos trimestres.

Propensión al consumo

La propensión al consumo, como se sabe, depende de multitud de factores, como el nivel de renta o de la edad, pero también de las condiciones macroeconómicas existentes en ese momento, y mucho del dinero embalsado en los últimos meses por miedo a la situación económica —el volumen de depósitos se ha disparado— tardará algunos trimestres en saltar a la economía. Lo habitual es que primero se dispare el gasto en bienes duraderos (lavadoras, coches o frigoríficos), que son los primeros que se congelan cuando llega una crisis.

Hay evidencias empíricas de que el miedo a perder el empleo tarda en disiparse, ya que las economías, después de un 'shock' intenso, tardan en ajustar oferta y demanda, y esto afecta, como se sabe, al volumen de ahorro, que hoy se encuentra en niveles históricamente elevados.

Es decir, la economía —familias y empresas— deberá metabolizar los daños estructurales causados en su tejido productivo por la pandemia

Con un nivel de desempleo de cerca del 17%, la propensión al ahorro es menor que cuando la tasa de paro está en la mitad, como sucedió antes de que en la última recesión explotara la burbuja de crédito. Entonces, y con un paro del 8%, el consumo privado se disparó, empujado, como ahora, por la existencia de tipos de interés reales negativos. Aunque ninguna crisis es igual, en la anterior, el máximo de desempleo se alcanzó en el primer trimestre de 2013 (26,94% de la población activa), pero se tardó cinco años en bajar al nivel actual (16,8%), pese a que ya durante ese tiempo el BCE había desplegado su política monetaria utraexpansiva. Muchos agentes económicos no se creyeron que la reactivación estaba en marcha y eso retrasó sus decisiones de inversión o de consumo.

Es decir, la economía —familias y empresas— deberá metabolizar los daños estructurales causados en su tejido productivo por la pandemia, al igual que los efectos perniciosos que ha tenido sobre las cuentas públicas, y eso lleva tiempo.

Estabilizadores automáticos

A su vez, un elevado endeudamiento —cercano al 120% del PIB el año próximo— limita la capacidad del sector público de empujar más la economía, en este caso, a favor del ciclo alcista, aunque bien es cierto que tanto la recaudación como el gasto podrán beneficiarse de la reactivación al enfriarse los llamados estabilizadores automáticos, que son aquellos componentes de las políticas públicas que los gobiernos dejan libremente actuar por razones contracíclicas.

La clave de la futura reactivación, por lo tanto, estará en el ritmo de levantamiento de las actuales restricciones, que dependerá, lógicamente, de la eficacia de la vacuna, de la especialización productiva y de las condiciones económicas y sanitarias existentes en cada territorio. También, obviamente, de los daños estructurales causados por la pandemia económica en el tejido productivo local.

Las comunidades autónomas más afectadas tardarán más en recuperarse. En muchos casos, porque el punto de partida es peor, ya que la renta disponible de las familias habrá caído con mayor intensidad y su capacidad de gastar será menor, aunque ya no existan restricciones a la movilidad. Por el contrario, los territorios más volcados en las exportaciones y la industria, como Cataluña, Navarra o el País Vasco, saldrán antes del agujero, al contrario que la Comunidad de Madrid, volcada en el sector servicios, cuya evolución depende de muchas más variables, no solo económicas sino también legales, sanitarias e, incluso, decisiones subjetivas.

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