la evolución del pib no se explica sin la del déficit

España resiste el frenazo de Europa pero un tercio del crecimiento es gasto público

La política fiscal expansiva del Gobierno está en la base de la resistencia de la economía española a la desaceleración, eso sí, a costa de que el déficit estructural siga creciendo

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (Reuters)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (Reuters)

La economía española está sorprendiendo a todos los economistas en los últimos meses. El país parece inmune a la brusca desaceleración que está mostrando el resto de Europa y, de hecho, en el primer trimestre algunos analistas apuntan a una pequeña aceleración del PIB hasta crecer un 2,5% interanual. El propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, presumió de los datos económicos durante la semana. Sin embargo, el demonio está en los detalles: si España crece tanto es por la política fiscal expansiva que el país puso en marcha a mediados de 2018 y que está sosteniendo la demanda interna. Un tercio del crecimiento de los últimos meses se debe al estímulo fiscal que, al mismo tiempo, está agravando el déficit público.

Los últimos presupuestos de Mariano Rajoy ya introdujeron un importante estímulo fiscal, con la subida de las pensiones, de los salarios de los funcionarios, la rebaja de impuestos y la contratación de trabajadores públicos. Todo este paquete fiscal entró en vigor en la segunda mitad del año. En 2019 se han unido los decretos leyes aprobados por el Ejecutivo de Pedro Sánchez en los ya famosos 'viernes sociales' y que incluyen otra subida de las pensiones y del salario de los funcionarios, mejora de la protección social, etc.

El resultado es que en apenas tres trimestres se ha concentrado una política fiscal expansiva que ha generado esta fortaleza de la economía española. Pero claro, también ha provocado que el déficit público esté descontrolado, hasta el punto de que España es el único país del euro con un desfase estructural superior al 3% según las estimaciones de la Comisión Europea.

En resumen: el Gobierno está manteniendo el dinamismo de la economía a base de deuda pública. Según las estimaciones de BBVA Research, el ciclo económico, por sí mismo, bajaría el déficit público de España en 1,5 puntos del PIB en 2018 y 2019. Sin embargo, la realidad es que apenas bajará 0,6 puntos. Los 0,9 puntos restantes son, por tanto, estímulo fiscal del Gobierno, esto es, un crecimiento del gasto público superior a lo que permitiría el ciclo económico. El resultado de esta política fiscal es que que aumenta el déficit de forma estructural.

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La mayor parte de este nuevo gasto público se ha concentrado en el final de 2018 y el inicio de 2019, de modo que España está en los meses de pico del gasto público. Basta un solo ejemplo: el gasto en pensiones se está disparando más de un 7% en el inicio del año, un ritmo no visto desde 2008.

Si se tiene en cuenta que el multiplicador fiscal es próximo a la unidad, el resultado es que la política fiscal expansiva está aportando un tercio del crecimiento. Esto es, si el PIB está creciendo un 2,5%, en torno a 0,9 puntos se corresponden al impulso fiscal (incremento del déficit estructural). En otras palabras: si la economía no ha empezado a desacelerar es, precisamente, por el incremento del gasto público concentrado en los últimos meses. "La lectura de estos datos es que estamos creciendo considerablemente gracias al estímulo fiscal", explica Rafael Doménech, responsable de análisis macroeconómico de BBVA Research.

La lectura de estos datos es que crecemos considerablemente gracias al estímulo fiscal

Si España se ciñera este año al objetivo de déficit aprobado por las Cortes, del 1,3% del PIB, tendría que realizar un ajuste próximo al 1,2% del PIB. El resultado sería que el crecimiento de la economía se ralentizaría en una cuantía similar, de modo que el crecimiento real estaría más próximo al 1% que al 2%, en línea con el conjunto de la Unión Europea. Es más, si se lleva el cálculo al extremo, con un multiplicador fiscal de uno, significa que si España bajase su déficit nominal a cero, no crecería nada o prácticamente nada. Tal ajuste fiscal no es razonable, pero muestra hasta qué punto los datos del PIB están inflados por el estímulo fiscal.

Una política irresponsable

La mayor parte de este nuevo gasto son transferencias a los hogares en forma de pensiones, prestaciones sociales, salarios públicos y recortes de impuestos. Estas rentas van directamente a los hogares y estimulan su consumo, lo que explica la fortaleza de la demanda de las familias, que avanza todavía a ritmos del 2,2%, según los datos de contabilidad nacional del último trimestre del año. Esta demanda sostiene la creación de empleo y así fomenta el avance del PIB.

También está creciendo con fuerza el consumo final del conjunto de administraciones públicas, que alcanza ritmos no vistos desde 2009, en los últimos coletazos del 'Plan E' de José Luis Rodríguez Zapatero. En el último trimestre de 2018 el consumo público alcanzó el 3%, esto es, crece muy por encima del PIB y el doble que en Europa.

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El Banco de España criticó durante la semana la política fiscal expansiva del Gobierno por el descontrol del déficit público. Aunque en términos nominales se reduzca, el déficit estructural seguirá creciendo en 2019 como consecuencia del aumento del gasto aprobado por el Ejecutivo en las últimas semanas.

El director general de Economía y Estadística del Banco de España, Óscar Arce, aseguró que la entidad está "incómoda" con esta estrategia fiscal del Gobierno. "Si se materializase este déficit del 2,5% estaríamos hablando de que la política fiscal adaptaría un tono claramente expansivo", ha lamentado Arce, esto significa que el Gobierno "estaría introduciendo estímulo en un momento cíclico que ya de por sí es bastante favorable".

La política fiscal expansiva está introduciendo estímulo en un momento cíclico que ya de por sí es bastante favorable

Este incremento del gasto sin nuevos impuestos también provocará que España sume otro año más con déficit primario. Esto significa que los gastos volverán a ser superiores a los ingresos incluso antes de pagar la factura de la deuda. El Gobierno prometió que 2019 sería el primer año de superávit primario desde 2007, pero las últimas medidas aprobadas hacen que el saldo primario previsto arroje un déficit de unos 2.000 millones de euros.

"Nosotros defendemos que en una situación de crecimiento cíclico no se deberían realizar políticas expansivas", explica Doménech, "lo que deberíamos hacer es una 'consolidación fiscal inteligente' elevando el crecimiento potencial de la economía". Sin embargo, si el incremento del gasto se destina a realizar transferencias a los hogares, difícilmente se puede elevar la inversión y, por tanto, el crecimiento potencial.

Si el gasto público no eleva el PIB potencial, entonces estamos trayendo al presente crecimiento futuro

Si la política fiscal no fuese tan expansiva, la economía española estaría desacelerando hacia su crecimiento potencial, que es relativamente bajo. Es cierto que hay un abanico muy amplio de estimaciones (los economistas no llegan a un acuerdo) que van desde el 0,8% hasta el 1,9%. En cualquier caso, se trata de un ritmo inferior al actual.

El crecimiento actual es muy positivo, pero si el gasto público solo sirve para acelerar el PIB en el corto plazo, no tendrá ningún efecto positivo en el largo plazo. "Si el gasto público es eficiente y eleva el PIB potencial, entonces es bueno, pero si no lo hace, entonces estamos trayendo al presente crecimiento futuro", explica Doménech. O lo que es lo mismo: todo el crecimiento actual supondrá un avance inferior en el futuro. Eso sí, el crecimiento futuro no gana elecciones.

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