Superó los 8.700 millones en 2018

España sufre el mayor déficit comercial en ocho años lastrado por el automóvil

El saldo comercial sin el petróleo arrojó un déficit de 8.700 millones de euros en 2018. El año se cierra con una caída de las ventas de automóviles del 10%

Foto: Fábrica de Ford en Almussafes. (EFE)
Fábrica de Ford en Almussafes. (EFE)

"El principal cambio estructural de la economía española es el crecimiento del sector exportador". Esta es una frase que todos los ciudadanos hemos escuchado en alguna ocasión desde el ‘crash inmobiliario’. Es cierto que en 2010 y 2011 la venta de bienes españoles al resto del mundo fue el único contrapeso a la recesión económica y se convirtió en una vía de oxígeno para las empresas, que estaban ahogadas por el hundimiento de la demanda interna. Sin embargo, la transformación estructural fue solo un espejismo y la recuperación económica ha vuelto a mostrar la debilidad de España en su balanza de bienes.

Las importaciones de bienes sumaron en 2018 el quinto año consecutivo creciendo más rápido que las exportaciones (para todos estos datos, excluimos la energía, que es el componente más volátil porque fluctúa en función del petróleo). Según los datos publicados por el Ministerio de Industria y Comercio, las exportaciones de bienes crecieron un 2,4%, mientras que las importaciones avanzaron un 3,5%. Esta diferencia en el crecimiento, que dura ya un lustro, ha provocado que España tenga el mayor déficit comercial de bienes desde el año 2010, cuando Europa estaba en pleno hundimiento.

La recuperación de la demanda interna desde 2014 ha provocado un fuerte crecimiento de las importaciones que las exportaciones no han sido capaces de compensar. En concreto, las exportaciones han crecido un 20% mientras que las importaciones se han disparado un 39%, el doble.

[¿Frenazo o simple desaceleración? Qué le pasa a la economía española]

El supuesto cambio estructural del sector exportador tampoco es tal. Es cierto que en 2014 y 2015 experimentó una gran expansión, pero eso fue un espejismo. Entre 1995 y 2013 (periodo que incluye el hundimiento posterior a la burbuja), el crecimiento anual de las exportaciones fue del 6,7%, y desde 2014 hasta 2018 ha sido del 3,7%.

Desde 2013, las exportaciones de bienes han crecido un 20% mientras que las importaciones se han disparado un 39%, el doble

Con las importaciones ha ocurrido todo lo contrario, entre 1995 y 2013, crecieron un 5,1%, y desde entonces han avanzado a ritmos del 6,8%. El resultado ha sido que la balanza de bienes se ha deteriorado a un ritmo frenético en los últimos años. En concreto, ha pasado de un superávit de 24.500 millones en 2013 a un déficit de 8.700 millones en 2018. Más de 33.000 millones de diferencia.

Es cierto que España está hoy mucho mejor que en 2007, pero la diferencia principal está en el hundimiento que sufrieron las importaciones con la crisis y no tanto en el avance del sector exportador, que avanza a un ritmo inferior al logrado en las décadas anteriores a la crisis.

El deterioro de la balanza de bienes se compensa únicamente gracias a la entrada de divisas por el ‘boom’ del turismo, el desplome del petróleo y el frenazo de las importaciones. Solo así se explica el superávit de la balanza por cuenta corriente que todavía conserva España. Este sí que es el gran cambio de la crisis: el turismo y el petróleo. Algo que no tiene nada que ver con el crecimiento ni la consolidación de la industria.

La peor noticia: el automóvil

El sector del automóvil se ha llevado la peor parte del frenazo del comercio mundial. Dos problemas se han solapado para provocar que las exportaciones acumulen ya dos años consecutivos de caídas. El primero es la debilidad de la demanda, consecuencia de las políticas arancelarias y el parón del consumo. El segundo es la intermitencia en la llegada de suministros como consecuencia del parón de la producción de motores, en especial en Alemania.

El resultado es que de los últimos 10 trimestres, las exportaciones de automóviles cayeron en siete de ellos. El cambio de tendencia se produjo en el año 2017. En ese momento, la exportación de vehículos y componentes de los automóviles suponía el 19% de todas las exportaciones no energéticas. Sin duda, el sector industrial con más peso. Al cierre de 2018, el peso del automóvil cayó por debajo del 17%.

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