¿Por qué no es sostenible?

La subida de los salarios por encima de la inflación tiene los días contados

El repunte se debe a factores coyunturales que se irán apagando. Los problemas de productividad de España hacen que no sea sostenible la subida de sueldos reales

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Los salarios en España están subiendo en 2019 el doble que la inflación. Los convenios firmados en enero y febrero recogen una revalorización del 2,25% mientras que la inflación se encuentra anclada en el entorno del 1%. Esta situación permite a los trabajadores lograr una importante mejora en su poder adquisitivo, pero es completamente excepcional. Tanto, como que nunca antes la subida salarial ha duplicado la inflación durante un año completo.

Este rebote de los salarios responde a factores coyunturales, pero en ningún caso es el resultado de cambios estructurales que permitan su mantenimiento en el tiempo. En otras palabras, el desacoplamiento actual de los salarios y el IPC es temporal y en algún momento volverán a converger. Y la vía para ello será la desaceleración de los salarios, ya que para las empresas es más sencillo frenar las retribuciones que subir los precios de sus productos.

“No es posible que se mantenga en el tiempo un desacoplamiento entre los salarios y la inflación”, explica Rafael Doménech, responsable de análisis macroeconómico de BBVA Research. “Puede haber desacoplamiento en el corto plazo, pero no en el largo plazo, en algún momento precios y salarios volverán a converger”, coincide Marcel Jansen, investigador de Fedea.

No es posible que se mantenga por mucho tiempo un desacoplamiento entre la subida de los salarios y la inflación

En resumen, este crecimiento de los salarios por encima de los precios es insostenible en el tiempo. Las empresas pueden mantener esta situación durante un tiempo sacrificando sus márgenes, pero en algún momento tienen que optar por subir precios o ajustar salarios. Y la vía más sencilla de hacerlo es ralentizar los salarios, ya que la globalización genera una gran competencia de precios que limita mucho la capacidad de las empresas de elevar sus precios.

Precisamente esta competencia en el mercado de bienes y servicios es la que está provocando que las subidas salariales no se traduzcan en una inflación superior. Las empresas prefieren asumir un ajuste temporal en sus márgenes a subir las tarifas y perder cuota de mercado. Solo así se explica que la subida de los salarios no esté generando presiones inflacionistas en Europa ni en EEUU, un fenómeno que ha sorprendido a los bancos centrales, ya que ha roto una correlación que se ha mantenido durante décadas.

Una subida de salarios coyuntural

El repunte de los salarios en España responde a factores coyunturales que difícilmente se podrán mantener en el tiempo. El motivo principal es el acuerdo entre los agentes sociales para subir los salarios después de años casi congelados durante la crisis económica. El IV Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva, firmado en julio de 2018, pactó que los salarios volvieran a subir en torno a un 2%. La patronal cedió a las presiones de los sindicatos y con ello se ha garantizado la ‘paz social’ durante todos estos meses.

“Es bueno que los agentes sociales hayan decidido subir los salarios en España a pesar de la holgura que todavía mantiene el mercado laboral”, apunta Jansen. Con una tasa de paro del 14,5%, España todavía tendría margen para seguir creando empleo sin generar presiones salariales, sin embargo, las empresas optaron por hacer este esfuerzo. Lo que es difícil es que pueda mantenerse en el tiempo: “Si la inflación sigue baja, estoy seguro de que los empresarios justificarán que no pueden soportar una subida superior de los precios”, señala Jansen.

En algunos sectores concretos, de alto valor añadido, sí existen presiones salariales por la escasez de mano de obra. El repunte de las vacantes en los últimos trimestres evidencia los problemas de algunas empresas para encontrar trabajadores cualificados. En esos casos, la subida de los salarios sí es endógena al equilibrio del mercado de trabajo. Esto ocurre también en varios países europeos que están ya en situación de pleno empleo. Alemania es el ejemplo paradigmático, ya que tiene una tasa de paro del 3,4%.

Si la inflación sigue baja, estoy seguro de que los empresarios justificarán que no pueden soportar una subida superior de los precios

Esta situación de pleno empleo explica que Alemania acumule ya cuatro años consecutivos con una subida salarial superior al 2% y a la inflación. Sin embargo, esta subida provocada por el pleno empleo también es temporal y terminará cuando los costes laborales provoquen tal pérdida de competitividad que la inversión se hunda y se pare la creación de empleo. “Si la subida salarial se debe a que los trabajadores tienen mayor capacidad de negociación, terminará provocando un repunte del desempleo”, lo que corregirá el auge de las retribuciones, explica Doménech.

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En cualquiera de los casos, los precios acabarán determinando la evolución de los salarios. Y lo que marcan actualmente es que no existe ninguna presión inflacionista. El IPC subyacente (que elimina el efecto de la energía y los alimentos frescos, que son los productos más volátiles) se ralentizó hasta el 0,7% en febrero, el dato más bajo en dos años y medio. En definitiva, los precios están prácticamente estancados. Y también lo están las previsiones.

El mercado descuenta que la previsión de inflación para los cinco años siguientes es de apenas el 1,4%. Esto significa que los agentes económicos consideran que la inflación seguirá siendo muy baja al menos durante una década. En esta situación, las empresas difícilmente podrán subir los precios y lo que terminarán por hacer es congelar los salarios.

La clave está en la productividad

La única vía que tiene una economía para permitir subidas salariales por encima de la inflación es la productividad. En ‘jerga’ económica sería: los salarios reales tienen que responder a la productividad.

Tiene sentido que así sea, ya que si la producción por cada hora de trabajo aumenta, entonces las empresas pueden revertir ese aumento en los trabajadores por la vía de mayores salarios sin que su competitividad se vea afectada. O lo que es lo mismo: los salarios aumentarían sin que eso suponga que ganen peso en el total del PIB, porque también el PIB crece. Así todos ganan.

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Ese es el crecimiento ideal que todos los países buscan. La realidad, sin embargo, es que los datos de productividad están siendo muy pobres, y en España no solo no aumenta sino que está disminuyendo. La productividad por hora trabajada acumula ya tres trimestres consecutivos en negativo (en tasa interanual), algo que no había ocurrido desde 1999.

Es cierto que la productividad puede estar cayendo por un efecto composición: “El crecimiento se basa en sectores poco productivos que hacen que la productividad media sea menor”, explica Doménech. Por ejemplo, la construcción o la hostelería, dos sectores clave en los últimos años, contribuirían a deteriorar este indicador. Sin embargo, también es cierto que España, al igual que los principales países desarrollados, tiene un problema de productividad que lleva años manifestándose.

Esta caída de la productividad coincide con el incremento de los salarios, lo que supone dos fenómenos contrapuestos. Tarde o temprano, uno deberá ceder y volver a correlacionarse al otro, y probablemente sean los salarios quienes lo hagan. “No podemos tener permanentemente salarios desacoplados de la inflación”, explica Doménech. Esto hace prever que la subida salarial del inicio de año tenga los días contados.

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