LA PRECARIEDAD SE ENSANCHA

Cada puesto de trabajo creado en 2018 obligó a firmar 43 contratos

La creación de empleo tiene una cara b. Y no es otra que la alta rotación de trabajadores alrededor de un empleo. En 2018, se precisaron 43 contratos por cada nuevo ocupado

Foto: Almacenes de Amazon en Torrejón de Ardoz, Madrid. (EFE)
Almacenes de Amazon en Torrejón de Ardoz, Madrid. (EFE)

La rotación laboral alrededor de un mismo puesto de trabajo es una vieja conocida de la economía española. Pero lo que ha sucedido en 2018 es significativo. Máxime, cuando la economía crecerá por cuarto año consecutivo en el entorno del 3%. El año pasado, por cada puesto de trabajo que se creó en el régimen de trabajadores por cuenta ajena -513.400 a lo largo del año-, se necesitaron firmar 43,4 contratos de trabajo. O lo que es lo mismo, el año pasado las oficinas públicas de empleo 'sellaron' algo más de 22,29 millones de contratos, lo que significa 61.073 cada día, incluyendo fines de semana y festivos. O lo que es igual: 2.544 contratos a la hora.

La cifra es singularmente alta si se compara con lo que sucedió en 2017, cuando se necesitaron 34,7 contratos para crear un puesto de trabajo. Es, incluso, superior, a la que se registró en 2015 y 2016, años ya de recuperación económica, en los que se precisaron alrededor de 40 contrato de trabajo para crear un empleo. Es decir, que lejos de reducirse la precariedad laboral, va en aumento. También en 2018. No en vano, el año pasado se firmaron nada menos que 20 millones de contratos temporales, diez veces más que los indefinidos.

La causa de tan elevada rotación tiene que ver, lógicamente, con la amplia panoplia de modalidades de contratación, que permite a los empleadores contratar por periodos de tiempo muy cortos, lo que tiene que ver con la alta estacionalidad de la economía española, pero también con las facilidades que incorpora la legislación laboral.

Un dato lo corrobora. Prácticamente, nueve de cada diez contratos de trabajo son de naturaleza temporal, situación que afecta al 27,4% de la población activa, lo que significa la tasa más elevada desde que el estallido de la crisis afectara con mayor crudeza a los contratos más precarios y hundiera la ratio hasta el entorno del 23%. A aquel porcentaje hay que añadir el 13,9% de tasa de parcialidad o el conjunto de trabajadores que tienen un empleo como fijos discontinuos o se encuentran en situación de formación o prácticas. En total, algo más del 44% de los contratos son de duración determinada o de jornada laboral inferior a la normal. El 56% restante es, por lo tanto, indefinido a tiempo completo.

Otro dato revela la enorme flexibilidad de la economía española a la hora de contratar y tener acceso al mercado laboral -otra cosa es a la hora de despedir-. Nada menos que el 40% de los contratos firmados tiene una duración inferior a 1 mes, cifra que contrasta con el hecho de que sólo el 1% de la población asalariada trabajaba con contratos de duración inferior al mes. Eso quiere decir que la precariedad, como sostiene un informe del gabinete técnico de CCOO, se concentra en los trabajadores menos cualificados que a lo largo de su vida laboral van saltando de un contrato a otro sin solución de continuidad.

Coyuntura empresarial

No se trata, en todo caso, de un problema en vías de solución o que tenga que ver con una coyuntura empresarial adversa que pudiera obligar a contratar en peores condiciones. Al contrario. Si en 2010, en medio de la crisis, el 41% de los contratos temporales era de naturaleza indefinida, ese porcentaje ha bajado hasta el 36,5% en el tercer trimestre de este año (últimos datos publicados), mientras que el número de contratos con una duración superior a los seis meses ha pasado de representar el 2,8% al 2,6%, lo que da idea de la realidad del mercado de trabajo. Se crea empleo con fuerza, más de medio millón cada año, pero el trabajo tiende a repartirse entre cada vez más empleados.

Eso quiere decir que en el año 2018 las cosas han seguido igual desde el punto de vista de la calidad en el empleo. Básicamente, por la utilización generalizada de dos modalidades de contratación: eventual por circunstancias de la producción y obra y servicio, que representan el 60% de los contratos temporales. El resto se reparte entre tiempo parcial, interinidad, prácticas y formación.

Como sostiene el informe de CCOO, el empleo indefinido a jornada completa empezó a perder peso al inicio de la recesión por el avance de la jornada parcial -las empresas necesitaban menos horas de trabajo para atender la demanda, y, posteriormente, por el repunte del empleo temporal. Es decir, que mientras en 2007 la precariedad venía caracterizada por el empleo temporal, en 2018 la jornada parcial también tiene un peso muy relevante en la precariedad, que lejos de haberse diluido con la recuperación económica, continúa creciendo.

La alta inestabilidad laboral tiene que ver, lógicamente con el modelo productivo, al margen de la legislación laboral, que se basa en sectores de baja cualificación y pobre valor añadido. En concreto, y en términos absolutos, uno de cada tres empleos netos de los asalariados se han creado en la hostelería y la industria manufacturera, y si se añaden sanidad y servicios sociales, comercio y construcción, estas cinco ramas concentran dos de cada tres empleos asalariados netos generados durante la recuperación.

El fenómeno de la precariedad, en todo caso, ha dejado de ser pasajero, como se pensó durante mucho tiempo al vincularse a la situación económica. Es decir, se pensaba que eran los más jóvenes quienes estaban más años con un empleo precario, ya fuera a tiempo parcial no deseado o de naturaleza temporal. Pero la crisis, y la persistencia de una legislación laboral muy flexible, además de los numerosos fraudes en la contratación, están cambiando esa realidad. Hasta el punto de que la precariedad laboral ya afecta con intensidad a quienes tienen entre los 30 y los 39 años.

A esta conclusión llegó un estudio del Centro de Estudios Demográficos de Cataluña en el que se constató el "imparable" aumento de la precariedad laboral entre los adultos. Y, en concreto, se estimó que las mujeres han pasado de tener 1,5 años de vida laboral en situación de precariedad a sumar 2,6 años entre las edades de 30-39 años. Los números entre los hombres también aumentan, y pasan de uno a dos años. En ambos casos, sostiene el estudio, las generaciones nacidas después de 1972 "son las que se han visto más afectadas por la precariedad".

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