ESTUDIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS DEMOGRÁFICOS

La precariedad se hace crónica y castiga ya a quienes tienen entre 30 y 40 años

La precariedad laboral ya no es un fenómeno que castiga con especial intensidad a los más jóvenes. El tiempo en esa situación se ha duplicado para los mayores de 30 años

Foto: Oficina de empleo en Madrid. (Reuters)
Oficina de empleo en Madrid. (Reuters)

Durante años, se pensó que la precariedad laboral estaba vinculada de forma determinante a la experiencia profesional. Es decir, eran los más jóvenes quienes estaban más años con un empleo precario, ya fuera a tiempo parcial no deseado o de naturaleza temporal. Pero la crisis, y la persistencia de una legislación laboral muy flexible, además de los numerosos fraudes en la contratación, están cambiando esa realidad. Hasta el punto de que la precariedad laboral ya afecta con intensidad a quienes tienen entre los 30 y los 39 años.

A esta conclusión llega un estudio del Centro de Estudios Demográficos de Cataluña en el que se constata el "imparable" aumento de la precariedad laboral entre los adultos. Y, en concreto, se estima que las mujeres han pasado de tener 1,5 años de vida laboral en situación de precariedad a tener 2,6 años entre las edades de 30-39 años. Los números entre los hombres también aumentan, y pasan de uno a dos años. En ambos casos, sostiene el estudio, las generaciones nacidas después de 1972 "son las que se han visto más afectadas por la precariedad".

Expresado de otra manera. Los resultados muestran que el tiempo en empleo precario se ha doblado. Es decir, la primera generación observada en el estudio, la nacida en 1957, pasó la mitad de años en situación de temporalidad e inseguridad laboral que la que nació con la democracia, en 1978.

Como dice el trabajo, "no es lo mismo vivir en la temporalidad y en incertidumbre un año que cinco o diez años". Ni tampoco hacerlo a los 20 años —cuando la protección familiar es mayor—, que a los 30, cuando se toman decisiones que afectan de forma determinante al resto de la vida. Algo que puede explicar que la precariedad haya pasado a convertirse en una de las mayores preocupaciones de los españoles.

Las autoras del análisis son las demógrafas Mariona Lozano y Elisenda Rentería, que parten de una realidad estadística. Entre los 30 y los 39 años, muchas personas toman algunas de las decisiones más importantes de sus vidas como, por ejemplo, tener hijos, casarse o establecerse en pareja de manera estable. En España, la edad media al primer hijo de las mujeres es de 30,8 años, la del matrimonio ronda los 35 (37,7 años en el caso de la de los hombres) y el perfil medio del firmante de una hipoteca tiene 38 años. Así pues, aseguran, desde un punto de vista agregado, "toda la sociedad puede ganar o perder mucho en función de cómo les vayan las cosas a los jóvenes de esta franja de edad".

Un gupo de empleados en una cadena de montaje. (EFE)
Un gupo de empleados en una cadena de montaje. (EFE)


Participación laboral

Lozano y Rentería llaman la atención sobre la brecha de género que existe en relación a la precariedad laboral. En concreto, la brecha pasa de un año de diferencia para los nacidos en 1957 a casi dos para las generaciones de 1978. Eso quiere decir que entre los 30 y los 39 años, las mujeres nacidas en 1978 han vivido dos años más que los hombres del mismo año en condiciones laborales precarias. Este aumento, aseguran, se ha producido a medida que las mujeres aumentaban su participación laboral. Mientras que las mujeres de 1957 tenían una tasa de actividad del 45,4% entre las edades 30-39, las nacidas en 1978, y en la misma franja de edad, tienen una tasa de actividad del 85,1%.

El estudio, y en contra de lo que de forma intuitiva puede suponerse, llega a la conclusión de que la menor cualificación profesional no lleva aparejada siempre mayor precariedad. Existe una evidencia: la vida laboral precaria varía en función del nivel educativo entre los 30 y 39 años, pero los resultados indican que aquellos con niveles medios de educación, y en el caso de las mujeres también los niveles más altos, "viven más años en precariedad". Esto se relaciona con varios factores que operan simultáneamente: la esperanza de vida, las tasas de empleo y la entrada al mercado laboral. En general, "las personas con niveles de estudios medios y altos también tienen una mayor esperanza de vida y participación laboral". Es decir, trabajan más y viven más.

Aquellos con niveles bajos tienen en general una menor esperanza de vida, y los más educados están más protegidos de años en precariedad

Esto explica, aseguran Lozano y Rentería, por qué son los trabajadores con niveles de instrucción medios los que viven más años en precariedad laboral. Aquellos con niveles bajos tienen en general una menor esperanza de vida, y los más educados están más protegidos de años en precariedad por el hecho que acceden a mejores posiciones dentro del mercado de trabajo.

Las mujeres con altos niveles educativos han ganado dos años de vida laboral en empleo precario, mientras que los hombres han ganado uno. En los niveles medios, el aumento ha sido de 2,2 y 2 respectivamente; y en los más bajos, de 2 para ellas y 2,5 para ellos. Por lo tanto, entre las mujeres, una mayor participación laboral parece exponerlas a más años de vida en precariedad laboral.

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