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Italia: manual para hacer caer un Gobierno con una pandemia y una ¿incineradora?
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DRAGHI PRESENTA SU DIMISIÓN

Italia: manual para hacer caer un Gobierno con una pandemia y una ¿incineradora?

La dimisión de ayer del primer ministro Mario Draghi carga con el topicazo de ser de nuevo la crónica de una muerte anunciada

Foto: Mario Draghi abandona el Palacio del Quirinal tras reunirse con el presidente, Sergio Matarella. (EFE/EPA/Massimo Percossi)
Mario Draghi abandona el Palacio del Quirinal tras reunirse con el presidente, Sergio Matarella. (EFE/EPA/Massimo Percossi)
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Draghi dice que se va, Mattarella le dice que no lo acepta y los italianos salen de cena. Todo en orden en el enésimo cuento político italiano.

Hay frases muy manidas que esclarecen todo. La dimisión de ayer del primer ministro, Mario Draghi, carga con el topicazo de ser de nuevo la crónica de una muerte anunciada. A más o menos nueve meses de las próximas elecciones generales, la emergencia del país pasa a un segundo plano respecto a la emergencia de algunos políticos, como el ex primer ministro y líder del Movimiento 5 Estrellas, Giuseppe Conte, quien urgentemente necesitaba recordar a sus votantes que a ellos les pueden seguir votando los enfadados. El corto camino del éxito del M5S, desde que arrasara en las anteriores elecciones de 2018, ha dejado una lección fiable: los antisistema son un caballo ganador mientras no ganen.

“La mayoría de la unidad nacional que ha apoyado a este Gobierno desde su creación ya no existe. El pacto de confianza que subyace a la acción del Gobierno ha fracasado. En los últimos días, ha habido el máximo compromiso por mi parte para continuar por el camino común, tratando también de atender las necesidades que me han adelantado las fuerzas políticas. Como se desprende del debate y la votación de hoy en el Senado, este esfuerzo no ha sido suficiente”, anunció Draghi a media tarde de ayer. El portazo de Super Mario deja de nuevo un país políticamente hecho pedazos.

Draghi saldará la crisis de su Gobierno en el Parlamento

Analíticamente, la impredecible política italiana de los últimos años tiene la gran virtud de que es muy predecible. Puede pasar de todo entre juegos de poltronas, alianzas, transfuguismo, partición de partidos, traiciones. Pero hay dos reglas no escritas que son —casi— sagradas. La primera es que si la cosa se pone muy mal, el presidente de la República llama a filas y mete a todos a remar en el mismo barco, en el que pone de capitán a un tecnócrata para que tome decisiones complicadas que no son capaces de tomar, por intereses electorales, los políticos.

La segunda es que, en cuanto pasa un poco la tempestad y se acercan las elecciones, los políticos retoman su oficio, sacrifican al tecnócrata y vuelven a poner el país patas arriba para comenzar su verdadero trabajo, que es ganar elecciones. Exactamente lo mismo que pasó con el Gobierno de Mario Monti en 2012.

Hay una tercera regla, que subyace de las dos anteriores, y que es altamente preocupante. El absoluto hartazgo general de la ciudadanía, que ya ni hace aspavientos ante estos bochornosos 'shows' de sus representantes, sino que hace algo más arriesgado: dejar de votar o votar opciones radicales. “Votamos al Movimiento 5 Estrellas (populistas) y ahora a Fratelli d’Italia (extrema derecha) para ver si cambia algo”, me explicaban algunos vecinos recientemente en una serie de reportajes en el barrio más pobre de Roma, Tor Bella Monaca, donde ambas formaciones radicales se han alternado en el poder.

Romperlo todo para volver a empezar

Los causantes de este nuevo terremoto político italiano son esta vez los populistas del Movimiento 5 Estrellas (M5S). En las elecciones de 2018, arrasaron con casi un 33% de los votos y alcanzaron el poder con su mensaje antisistema. Hoy, el Movimiento que venía a regenerar la política es un partido hecho mil pedazos, en caída libre —en elecciones y encuestas—, que necesita recobrar la senda que lo llevó al éxito. Esto es, oponerse a casi todo, hasta a ellos mismos.

Foto: El primer ministro italiano, Mario Draghi. (EFE/Angelo Carconi)

Giuseppe Conte, líder del M5S, sabe que tiene que desmarcarse del Gobierno Draghi para tener una voz propia. Las encuestas les van mal y la imagen de antisistema debe mantenerla, por eso está forzando los desencuentros con este Gobierno”, explicaba a El Confidencial recientemente Simone Canettieri, periodista de 'Il Foglio', especializado en el M5S.

“Desde los otros, forzamiento y chantaje. O hay una respuesta verdadera o nadie tendrá los votos del M5S”, había dicho Conte horas antes de la ruptura con la retirada de su formación en la votación del Senado.

Conte lleva semanas escenificando desencuentros con Draghi. Debía encontrar una excusa buena para hacer caer un Gobierno de unidad nacional en una situación de emergencia. No parece haberla encontrado convincente, al menos no la ha explicado. Pero el M5S es un pez dando bocanadas en un charco seco. Más allá de algunas generalidades sobre ser contrario al envío de armas a Ucrania —lo qué desembocó en la ruptura con 62 senadores y parlamentarios que abandonaron la formación para irse a un nuevo grupo con el actual ministro de Asuntos Exteriores y exlíder de la formación, Luigi Di Maio—, ¿qué ha provocado la ruptura? La razón principal que apuntan los analistas es que los M5S estaban en contra de una planta de tratamiento de residuos que se pretende instalar en Roma.

Foto: EC.

El nuevo alcalde de la Ciudad Eterna, posiblemente la capital más sucia y con peor tratamiento de residuos de Europa, ha decidido construir una incineradora ecológica para acabar con las montañas de bolsas de basura que siguen acumulándose sin recoger por toda la ciudad. Pero a los M5S, que han gobernado Roma cinco años y han sido fulminados en las elecciones de 2021 (entre otras cosas, por su incapacidad para limpiar la urbe), esta solución no les gusta y les ha parecido una justificación para no ir al Senado y votar el decreto de ayudas de Draghi.

“El decreto de ayuda, al Movimiento 5 Estrellas no le gusta, y por eso no lo votó en la Cámara, donde dijo sí a la confianza. En el Senado hay voto único, por eso los senadores del M5S se fueron de la Cámara, porque contiene una norma que otorga poderes extraordinarios al alcalde de Roma en materia de residuos. En particular, es posible crear una planta incineradora de residuos que generará energía. Una solución que el M5S considera obsoleta y contraria a su visión. Y después de haber aceptado ver derribadas sus piedras angulares, el Movimiento no apoya esto porque se ha convertido en una cuestión de principios”, explica el prestigioso periódico 'Corriere' sobre los motivos de la ruptura.

Un descrédito total

El descrédito social de la política italiana tiene, por tanto, un nuevo capítulo que deja escenarios complicados por delante. Pero eso tocará luego, cuando Draghi se reúna con Sergio Mattarella y el viejo presidente decida. Por ahora, ha dicho que no acepta la renuncia, que Draghi debe mantenerse y llegar las fuerzas políticas a acuerdos. Pero el escenario es muy abierto. En todo caso, si hay alguien que tiene legitimidad para forzar a sus señorías a encontrar un acuerdo, es el presidente. Los partidos italianos pidieron y obligaron a Mattarella a que repitiera mandato por no encontrar un sustituto de consenso, tras haber manifestado él que quería jubilarse, para que ahora sus señorías, seis meses después, hagan saltar todo por los aires en medio de un escenario complicadísimo.

Foto: El primer ministro de Italia, Mario Draghi dimite. (Reuters)

Del perfil de Draghi y de sus palabras de renuncia parece que el exbanquero reconvertido en primer ministro ha tomado una decisión difícil de revertir. Super Mario se ha cansado de idas y venidas, en este caso del ex primer ministro Giuseppe Conte, y de una retahíla de desencuentros de otras formaciones como la Lega, que apoya y amenaza con irse soterradamente porque su líder, Matteo Salvini, debe escenificar siempre que puede irse, aunque sabe que no le conviene hacerlo. Empieza a parecer que hay una maldición sobre su cabeza que le hace siempre llegar muy pronto o muy tarde a su cita con su soñada presidencia del país.

En 2019, cuando el propio Salvini hizo caer su coalición de Gobierno con el M5S porque las encuestas le daban un 34% de votos, los archienemigos del M5S y la izquierda del Partido Democrático (PD) formaron un nuevo Gobierno hasta entonces impensable. Conte demostró tener tragaderas para todo y pasó de gobernar con la extrema derecha soberanista a hacerlo con la izquierda europeísta.

Desde entonces, que tome nota Conte ahora, la Lega no para de perder elecciones y votos. Los italianos han castigado aquel movimiento de Salvini, que se entendió como electoralista y personalista, y han optado por una opción a la derecha suya, los Fratelli d’Italia (FdI), de Giorgia Meloni.

Foto: El primer ministro italiano, Mario Draghi. (Reuters/Leonhard Foeger)

Ahora, en 2022, la Lega es la tercera formación en intención de voto, con un 16%, seis puntos por debajo de FdI y PD. En unas hipotéticas elecciones hoy, según las encuestas, ganaría el bloque conservador que forman FdI, Lega y la Forza Italia de Silvio Berlusconi. El problema para la Lega es que ellos son ahora segundos y serían los FdI, primeros, los que tendrían mayor poder.

De hecho, solo FdI se ha declarado, como lleva haciendo desde que comenzó el Gobierno Draghi, a favor de convocar ya elecciones. Ellos son la única oposición en el Parlamento a este Ejecutivo y los únicos que pueden desmarcarse de haber participado en él. Dicho de otra manera: ellos son ahora los antisistema que eran los M5S en 2018.

Por el contrario, a favor de que se mantenga el Gobierno están el PD y Forza Italia.

¿Y la sociedad italiana? De cena, en las playas, pasando el calor y añorando el fantástico verano pasado, cuando el país ganó Eurovisión, la Eurocopa de fútbol y un saco de medallas en los Juegos Olímpicos de Tokio. Lo de los juegos de los políticos es otra Italia, la que nadie se toma en serio.

Draghi dice que se va, Mattarella le dice que no lo acepta y los italianos salen de cena. Todo en orden en el enésimo cuento político italiano.

Mario Draghi
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