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El drama de Italia amenaza con detonar la frágil estabilidad económica de Europa
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El drama de Italia amenaza con detonar la frágil estabilidad económica de Europa

El estallido de una nueva crisis política en Italia puede corre el riesgo de hacer más difíciles los intentos del BCE para evitar los riesgos de fragmentación en la eurozona

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Europa y la economía europea están habituadas a lidiar con la inestabilidad política italiana. Pero la crisis política en la que se ha adentrado el país mediterráneo tras la dimisión de su primer ministro, Mario Draghi, supone una bomba de relojería capaz de hacer saltar por los aires la frágil estabilidad económica de la eurozona.

Falta apenas una semana para que el BCE celebre una de sus reuniones más trascendentales de los últimos años. En ella, además de preverse la primera subida de los tipos de interés en la región en más de una década, se espera que la institución que preside Christine Lagarde presente (o al menos ofrezca mayores pistas) el nuevo mecanismo con el que la institución pretende combatir la fragmentación financiera en Europa, es decir, la escalada de las primas de riesgo periféricas.

Sin embargo, si ya existían recelos sobre la capacidad del banco central para lograr este objetivo en paralelo a sus intentos de aplacar la inflación, la tarea puede tornar en una especie de misión imposible si la situación política de Italia no se encauza rápidamente.

La prima de riesgo italiana ya escaló este jueves por encima de los 200 puntos básicos

Este jueves, las especulaciones sobre la posible salida de Draghi del Ejecutivo ya motivaron que la prima de riesgo italiana repuntara hasta los 207 puntos básicos. Apenas 35 puntos por debajo del máximo que estableció el pasado 14 de junio y que llevó precisamente al BCE a anunciar de forma súbita un plan para contener las primas de riesgos en la región. Todo apunta a que el diferencial italiano se elevará aún más en la sesión del viernes, una vez que la renuncia de Draghi —aunque rechazada por el presidente de la República, Sergio Mattarella— deja en el alero la continuidad del Ejecutivo trasalpino.

Para el BCE, el drama político italiano representa una especie de paradoja, pues es al mismo tiempo un fenómeno que hace aún más necesario un mecanismo para evitar la fragmentación financiera en la región y un factor que puede hacer mucho más difícil sacar adelante ese proceso. Son diversas las señales que evidencian que en el seno de la institución existen voces críticas con esta herramienta y una situación de caos político podría reforzarles en sus posiciones. “La agitación política en Italia podría hacer que los que se oponen al TPM [el Mecanismo de Protección de la Transmisión, como se conoce este plan] se atrincheren, ya que es exactamente el tipo de situación a la que no quieren verse arrastrados”, consideran los expertos de Capital Economics.

Foto: El primer ministro italiano, Mario Draghi. (EFE/Angelo Carconi)

Lo cierto es que, para hacer compatible este mecanismo con su mandato, el BCE ha lanzado la idea de que su función será evitar una ampliación de los diferenciales como consecuencia de su normalización de la política monetaria y que no esté motivada por los fundamentales económicos. Pero si Italia se viera envuelta en una nueva crisis política, sería complicado justificar que cualquier repunte de su prima de riesgo se debe a la subida de los tipos de interés.

En cualquier caso, las dificultades económicas que puede desencadenar la nueva crisis política italiana no se restringen exclusivamente al ámbito del BCE, sino que también pueden hacer más difíciles los intentos de la eurozona por esquivar la recesión. Al fin y al cabo, se trata de la tercera economía más importante de la región y una eventual caída de su Gobierno corre el riesgo de generar una situación de parálisis en un momento especialmente delicado. No solo por la necesidad de abordar decisiones con las que combatir la crisis generada por la guerra de Ucrania, sino también porque la situación puede llegar a poner en riesgo el Plan de Recuperación, precisamente en el país llamado a recibir la mayor parte de los fondos.

Hasta la fecha, Italia ha recibido 25% de los fondos que se le han asignado en el marco del programa Next Generation EU, tras sacar adelante una serie de importantes reformas gracias al respaldo de un gobierno con una mayoría muy amplia y encabezada por una figura de prestigio como la de Draghi. Si estos factores se vienen abajo, podrían verse muy comprometidas las posibilidades de sacar adelante el resto de las reformas comprometidas con Bruselas, necesarias para recibir el 75% adicional de los fondos.

Sin reformas adicionales, Italia no podría recibir el 75% del fondo europeo de recuperación

A todo esto, la posibilidad de elecciones anticipadas podría azuzar los temores a que llegara a formarse un nuevo Gobierno liderado por las fuerzas más a la derecha del espectro político trasalpino (Fratelli d’Italia, Lega y Forza Italia), muy reforzadas en las encuestas más recientes. Se trataría de una conjunción de fuerzas que podría hacer muy tirantes las relaciones con Bruselas, dado el carácter euroescéptico de muchos de sus postulados.

Con todos estos elementos, ni siquiera es descartable que la tormenta italiana acabe permeando hacia otras economías de la región consideradas vulnerables a la inestabilidad, como podría ser la española.

De momento, tras un primer amago de caer por debajo de la paridad con el dólar, el euro ha reaccionado con cierta estabilidad a las últimas turbulencias de la política italiana, favorecido por las noticias de que Mattarella ha rechazado la dimisión de Draghi. Quizás el mercado siga manteniendo la fe en que quien un día encontró la manera de salvar la eurozona en sus horas más difíciles, dé con una vía por la que evitar el desencadenamiento de una nueva tormenta capaz de llevar a la región a revivir pesadillas que parecían cosa del pasado.

Europa y la economía europea están habituadas a lidiar con la inestabilidad política italiana. Pero la crisis política en la que se ha adentrado el país mediterráneo tras la dimisión de su primer ministro, Mario Draghi, supone una bomba de relojería capaz de hacer saltar por los aires la frágil estabilidad económica de la eurozona.

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