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Italia vuelve a ser Italia: la 'crisis Draghi' genera nervios e incertidumbre en la UE
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Choque con el M5S

Italia vuelve a ser Italia: la 'crisis Draghi' genera nervios e incertidumbre en la UE

Draghi ha presentado su dimisión, aunque ha sido rechazada por el presidente de la República. Una nueva crisis política en Italia genera nervios en Bruselas y otras capitales

Foto: El primer ministro italiano, Mario Draghi. (EFE/Angelo Carconi)
El primer ministro italiano, Mario Draghi. (EFE/Angelo Carconi)

Cansado de las peleas internas, frustrado por el ruido de sables de unos partidos que ya pensaban en clave electoral, Mario Draghi, primer ministro italiano de un Gobierno de concentración que sumó todas las fuerzas políticas, salvo a Fratelli d’Italia, ha presentado este jueves por la noche su dimisión a Sergio Mattarella, presidente de la República. El país está de nuevo al borde de una crisis política que todavía tiene muchos posibles resultados.

Draghi ha dimitido después de que el Movimiento 5 Estrellas se haya ausentado durante una votación en el Senado sobre un decreto de ayudas a la ciudadanía que había ido generando tensión a lo largo de la semana entre el líder del M5S, el antiguo primer ministro Giuseppe Conte, y el antiguo presidente del Banco Central Europeo (BCE). De hecho, el decreto llevaba acompañada una moción de confianza. Para Draghi, se ha convertido en una línea roja y, como anunció, ha decidido romper la baraja, incluso si el decreto ha salido adelante sin los votos del M5S.

Foto: El primer ministro de Italia, Mario Draghi dimite. (Reuters)

Ahora, Mattarella vuelve a tener que lanzar los dados. Por lo pronto, ha rechazado la dimisión de Draghi, con el objetivo de que el primer ministro forme un nuevo Gobierno, aprovechando que cuenta con los apoyos suficientes para seguir adelante. En Bruselas, esperan que ese sea el resultado. Que esto se trate de un golpe sobre la mesa, de un intento del primer ministro de evitar que su Ejecutivo se convierta en una jaula de grillos de aquí a las elecciones. Pero el discurso del líder italiano ante su Consejo de Ministros no invita al optimismo: "La mayoría de unidad nacional que ha sostenido a este Gobierno desde su creación ya no existe".

Italia está muy acostumbrada a las crisis políticas. La dimisión de un primer ministro no significa el final de su tiempo en el poder. La única duda que genera esta posible crisis es que Draghi no actúe como suelen hacer otros líderes italianos. Que su dimisión sea una decisión firme. En cualquier caso, salvo que la situación acabe bloqueada y sean necesarias unas elecciones anticipadas, los comicios se celebrarán en la primavera de 2023, incluso si el primer ministro sigue al frente del Gobierno.

Dimensión europea

Draghi es un actor fundamental para la Unión Europea. Un hombre conocido por el resto de los líderes europeos, cuyos años de experiencia en el BCE le han dotado de una ‘auctoritas’ de la que Roma se beneficia en los grandes debates de la Unión. El resto de Estados miembros, los mercados y el propio Banco Central Europeo confían enormemente en el líder italiano. Porque no fue un presidente del eurobanco cualquiera. Su despedida en Fráncfort se convirtió en su ascenso al panteón de los padres fundadores de la Unión: con su 'whatever it takes' salvó el euro y revolucionó el papel del BCE, y eso ayuda a entender la autoridad que el italiano ha tenido entre sus socios europeos.

Y tras convertirse en primer ministro, ha sido un jugador importante en el tablero político de la Unión. Quizá no haya sido determinante, pero ha mantenido su autoridad. Por ejemplo, su papel fue crucial a la hora de convencer a Olaf Scholz, canciller alemán, y Emmanuel Macron, presidente francés, de aceptar dar el estatus de país candidato a Ucrania. No es casualidad que fuera Draghi, el único de los grandes líderes europeos que abiertamente había apoyado dar ese estatus a Kiev, el que acompañara a los líderes de Alemania y Francia en su primera visita a la capital ucraniana.

Foto: El hasta ahora primer ministro italiano, Mario Draghi. (EFE/Angelo Carconi)

La dimisión no llega en el peor momento posible, porque la agenda europea entra en un largo letargo estival hasta principios de septiembre, pero al mismo tiempo el escenario es muy delicado. Italia difícilmente puede permitirse una crisis política que pueda desequilibrarla durante muchos meses, y seguramente eso forme parte de los cálculos los próximos días en Roma: las perspectivas económicas para el otoño son muy negativas, con el fantasma de un posible corte de suministro por parte de Rusia que obligará a la Unión Europea a moverse de forma rápida, unida y decidida y que necesitará de una Roma activa. Además, la subida de tipos de interés por parte del BCE afectará negativamente a Italia, y aunque Fráncfort quiere despejar fantasmas del pasado con una nueva herramienta antifragmentación, la realidad es que el mejor calmante para los mercados ha demostrado ser el antiguo banquero central.

Por otro lado, la Unión anda corta de líderes. La marcha de la canciller alemana Angela Merkel, ahora enormemente criticada por su política respecto a Rusia, pero que siempre actuó como un ancla de estabilidad, ha dejado la Unión sin líderes más allá de sus fronteras. Macron era el destinado a conseguirlo, pero sus malos resultados en las elecciones legislativas le obligan a concentrarse en la política nacional, mientras Scholz no ha sido capaz de sustituir la autoridad que ejercía Merkel. Draghi ha estado también muy centrado en la agenda interna italiana, pero en Bruselas saber que hay alguien en Roma controlando que el país no descarrile es sinónimo de 'líder europeo'.

Puerta hacia la inestabilidad

La Unión Europea necesita una Italia estable. El país se considera uno de los polvorines europeos, uno de esos Estados miembros que pueden poner en serios aprietos a los Veintisiete, como ocurrió durante la etapa del Gobierno del M5S con la Lega de Matteo Salvini, hasta que el líder derechista hizo caer al Ejecutivo con la intención de ir a unos nuevos comicios que frenó Mattarella. Aquella experiencia ya fue problemática y nadie la recuerda con dulzura en la capital comunitaria. Y, sin embargo, hay una sensación de inevitabilidad que rodea cualquier conversación sobre Italia con funcionarios europeos, diplomáticos o técnicos de los distintos países.

Foto: Giorgia Meloni, líder de los Hermanos de Italia. (EFE)

Las elecciones son innegociables. Llegarán antes o llegarán después, eso es algo que decidirán el presidente de la República, Draghi y la clase política italiana en las próximas jornadas. Pero llegarán. La idea de que Draghi no es eterno se ha escuchado bastante en Bruselas desde que asumió las riendas del Gobierno: hay que prepararse para cuando ya no esté. Pero lo cierto es que nadie está preparado. Los comicios llevarán a un escenario enormemente fragmentado en el que la principal beneficiaria será Giorgia Meloni, líder del partido de extrema derecha Fratelli d’Italia, todavía más a la derecha que la Lega de Salvini.

Al mismo tiempo, en Bruselas siempre hay una cierta sensación de que Italia sabe cocinar ella sola las crisis que más adelante resuelve para después volver a hacerlas explotar. Es un ciclo y algunas fuentes tienden a tomárselo con cierta naturalidad: de una forma u otra, lo resolverán durante un tiempo. Italia vuelve a ser Italia.

Cansado de las peleas internas, frustrado por el ruido de sables de unos partidos que ya pensaban en clave electoral, Mario Draghi, primer ministro italiano de un Gobierno de concentración que sumó todas las fuerzas políticas, salvo a Fratelli d’Italia, ha presentado este jueves por la noche su dimisión a Sergio Mattarella, presidente de la República. El país está de nuevo al borde de una crisis política que todavía tiene muchos posibles resultados.

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