Es noticia
Menú
El enésimo y repentino volantazo de Truss: ¿qué busca en la Comunidad Política Europea?
  1. Mundo
El peligro de otra tormenta política

El enésimo y repentino volantazo de Truss: ¿qué busca en la Comunidad Política Europea?

Seis años después del Brexit, la primera ministra asiste al nuevo club europeo propuesto por Macron, lo que marca un nuevo inicio en las relaciones entre el Reino Unido y el bloque

Foto: La primera ministra británica, Liz Truss, a su llegada a la primera reunión de la Comunidad Política Europea en Praga. (Getty/Pool/Alastair Grant)
La primera ministra británica, Liz Truss, a su llegada a la primera reunión de la Comunidad Política Europea en Praga. (Getty/Pool/Alastair Grant)

En el congreso anual que el Partido Conservador celebró en 1980, pese a la gran presión que existía por la subida del desempleo y una economía en recesión, Margaret Thatcher, por aquel entonces primera ministra, se negó a renunciar a sus planes de liberación del mercado. "La dama no tiene intención de dar media vuelta", sentenció en su discurso con una frase que pasaría luego a la posteridad.

Liz Truss, la actual inquilina de Downing Street, aspiraba a seguir los pasos de su gran ídolo cuando esta semana acudía al primer congreso de la formación convertida en líder. Tras ganar las primarias en septiembre, aseguró que se mantendría firme en sus medidas "aunque fueran impopulares". Sin embargo, cuando solo lleva un mes al frente del Ejecutivo, ya ha dado varios volantazos. El más mediático ha sido su cambio de parecer respecto a abolir el tipo máximo del 45% del IRPF para las rentas más altas. "Se había convertido en una distracción", justifica.

Foto: La primera ministra británica, Liz Truss. (Reuters/Dylan Martinez)

Pero no es el único. Truss —esa euroescéptica reconvertida que primero hizo campaña por permanecer en la UE y luego se volvió la más 'brexiteer' de todos para lograr el apoyo del ala dura que la alzó al poder— quiere ahora estrechar lazos con el bloque. La líder 'tory' estará este jueves en Praga para asistir a la primera reunión de la Comunidad Política Europea. Fue el presidente francés, Emmanuel Macron, el propulsor de un club donde los líderes de los Veintisiete, junto con países candidatos (como Ucrania, Balcanes Occidentales y Turquía), y vecinos que no quieren estar dentro de la UE (como Noruega, Suiza o el propio Reino Unido), pudieran discutir cuestiones que afectan al Viejo Continente.

Cuando el proyecto se propuso el pasado mes de mayo, Boris Johnson y su camarilla de euroescépticos se burlaron. Y, sin embargo, su sucesora en el número 10 no solo asististe a la primera cita, sino que quiere que la próxima reunión se celebre en Londres. Aunque tendrá que competir con Moldavia, que también quiere convertirse en anfitriona. Eso sí, los 'sherpas' británicos quieren cambiarle de nombre. En lugar de Comunidad Política Europea lo quieren llamar Foro Político Europeo, por aquello no herir sensibilidades.

Truss, en la cuerda floja

Seis años después del histórico referéndum del Brexit, el Gobierno de Truss no se está planteando un regreso a la UE. Pero su asistencia este jueves a la cita de Praga sí marca un nuevo e interesante inicio en las relaciones entre Reino Unido y el bloque, en plenos desafíos como la guerra de Ucrania o el covid, un virus que todavía no ha sido erradicado. Nadie sabe realmente en qué se convertirá la Comunidad Política Europea o si sobrevivirá. Pero, al participar desde el principio, Reino Unido quiere evitar repetir sus errores de la década de 1950, cuando se mantuvo al margen de las negociaciones que condujeron luego a la entonces Comunidad Económica Europea y no pudo moldear en su propio interés. Ahora Truss tiene sus líneas rojas: los temas de defensa deben ser dominio exclusivo de la OTAN y no quiere dar ningún paso que amenace al G7 o G20.

Desde esa perspectiva, su asistencia a Praga es inteligente. Sin embargo, desde un análisis puramente de política doméstica, la decisión de reincorporarse a un proyecto político europeo en un momento en el que su autoridad está completamente cuestionada —primero por la caída de la libra y luego por los posteriores volantazos— es una opción de alto riesgo. Truss no puede permitirse ahora el lujo de enfadar, aún más, a sus filas. Sus planes fiscales ya han sido motivo de grandes amenazas de rebeliones internas. Está por ver ahora cómo reacciona la formación a este acercamiento a la UE.

Foto: Protesta frente a la conferencia del Partido Conservador en Birmingham. (EFE/EPA/Tolga Akmen) Opinión

Desde luego, si los conservadores pierden las próximas elecciones generales previstas para 2024 —como apuntan todas las encuestas—, Truss ya ha allanado el camino al líder laborista Keir Starmer para continuar en este nuevo club. Los 'tories' ya no le podrían acusar de traicionar el Brexit.

De momento, esta primera reunión en Praga podría servir como acercamiento en las negociaciones que Londres y Bruselas aún mantienen a día de hoy con el Protocolo de Irlanda del Norte, pieza clave del acuerdo del Brexit. En su época como ministra de Exteriores, Truss se mostró de lo más radical, presentando ella misma el proyecto de ley con el que el Gobierno de Boris Johnson quería romper unilateralmente lo pactado, justificando que los nuevos controles aduaneros que hay que aplicar ahora en la provincia británica están desestabilizando el proceso de paz entre católicos y protestantes. Sin embargo, ahora ha cambiado considerablemente el tono.

La tensa relación entre Londres y París

Además, el encuentro en Praga también supone un punto de inflexión en la propia relación personal entre Truss y Macron. La química entre el presidente francés y Boris Johnson era nula. Cuando este último fue obligado a presentar su dimisión, se pensó que entre Londres y París habría un nuevo comienzo. Pero con Truss el arranque no fue precisamente afable.

Durante las primarias, cuando le preguntaron si Macron sería amigo o enemigo, la entonces aspirante a líder 'tory' respondió: "El jurado está aún deliberando, pero, si me convierto en primera ministra, lo juzgaré por los hechos, no por las palabras". Aquello desató una tormenta política a ambos lados del canal de la Mancha. Fueron muchos, incluido el exembajador de Reino Unido en Francia, Peter Ricketts, quienes condenaron los comentarios como "irresponsables".

La pareja, sin embargo, limó asperezas cuando se reunió en la última asamblea de la ONU celebrada en Nueva York el pasado mes de septiembre. "Creo en las pruebas y los resultados. Existe la voluntad de volver a comprometerse, de avanzar y demostrar que somos amigos y aliados en un mundo complejo", matizó el presidente galo. En cualquier caso, entre Londres y París aún existe el peliagudo asunto de la migración ilegal en el canal de la Mancha, motivo de grandes tensiones. El nuevo Ejecutivo británico quiere sacar adelante un proyecto de ley para otorgar a los tribunales de Reino Unido la supremacía sobre el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en cuestiones de inmigración, reemplazando así los planes de la Carta de Derechos Británicos propuesta en su día por Boris Johnson.

Foto: Una manifestación organizada por grupos de derechos humanos condena el acuerdo migratorio entre Ruanda y Reino Unido. (EFE/Andy Rain)

Los ministros están furiosos porque puede tomar hasta 400 días procesar las denuncias de que los migrantes que llegan en botes pequeños son víctimas de la "esclavitud moderna". Tal y como ha expresado la nueva ministra del Interior, Suella Braverman, su "sueño" y "obsesión" es ver despegar un vuelo hacia Ruanda antes de Navidad. Después de que Reino Unido aprobara su polémico plan para mandar hasta el país africano a los solicitantes de asilo que llegan por rutas ilegales —una de las políticas más controvertidas tomadas por Downing Street desde el Brexit—, el primer avión debía haber salido el pasado mes de junio. Pero, tan solo 30 minutos antes del despegue, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos lo detuvo planteando dudas sobre la legalidad.

Truss comparte con la nueva titular de Interior imponer mano dura a la migración ilegal. Sin embargo, no logran ponerse de acuerdo en otras materias. Porque la inquilina de Downing Street sí quiere facilitar a las empresas la contratación de personal con talento del extranjero para puestos a corto plazo en Reino Unido, ya que los empresarios se quejan del gran problema de escasez de mano de obra posterior al Brexit en múltiples industrias.

Entre las demandas de los líderes empresariales están acuerdos recíprocos de movilidad juvenil con la UE en la línea de un esquema que permite a los adultos menores de 30 años de Australia, Canadá y Nueva Zelanda vivir y trabajar en el Reino Unido por hasta dos años. Pese a las reticencias de miembros de su Gabinete, entre ellas la propia ministra de Interior, Truss ya ha pedido una revisión del nuevo sistema de visas pos-Brexit. Entre otras cosas, quiere levantar el límite impuesto ahora a la cantidad de extranjeros que pueden trabajar cada año en granjas.

Unión Europea Reino Unido