Liz Truss: conozca a la (otra) ambición rubia favorita para suceder a Boris Johnson
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'In Liz We Truss'

Liz Truss: conozca a la (otra) ambición rubia favorita para suceder a Boris Johnson

La jefa de la diplomacia británica y nueva responsable de las negociaciones Brexit se perfila como favorita para suceder al primer ministro, en sus horas más bajas por el escándalo del Partygate

Foto: Liz Truss en 2020. (EFE/Neil Hall)
Liz Truss en 2020. (EFE/Neil Hall)

Este miércoles, cuando Boris Johnson se enfrentaba a una de las sesiones de control más complejas de la legislatura -en la que tuvo que admitir su asistencia a una fiesta en Downing Street en pleno confinamiento al "confundirla" con una “reunión de trabajo”-, Liz Truss estaba sentada a su lado. La responsable de Exteriores, de 46 años, permaneció impertérrita, codo con codo junto al líder, aguantando la tormenta y peticiones de dimisión. Eso sí, no fue hasta las 21:14 hora local cuando se pronunció sobre el escándalo en Twitter: “Apoyo al primer ministro al 100% mientras hace avanzar a nuestro país”.

Tardó exactamente 54 minutos más en mostrar su apoyo -y de manera menos enérgica-, que Rishi Sunak, el responsable del Tesoro y el otro candidato para una eventual sucesión del primer ministro. Tal y como están ahora las cosas en Westminster, cada minuto cuenta, porque ya ha comenzado la guerra civil dentro del Partido Conservador y el panorama es ambición rubia contra ambición rubia. Interesante. Hay ya incluso un grupo de WhatsApp entre algunos diputados bautizado como 'Liz for Leader', cuyo de grito de guerra es “In Liz We Truss” (confiamos en Liz), parafraseando así el 'In God We Trust' que acompaña a los dólares estadounidenses.

¿Está preparada Truss, defensora acérrima del libre comercio, fan del manual republicano estadounidense y pionera y hábil como pocos con las redes sociales, para convertirse en la próxima inquilina del Número 10? Entre los 'tories', las opiniones están divididas. Algunas fuentes del entorno de la formación aseguran a El Confidencial que “sin duda es la que está mejor posicionada”, mientras otras recalcan “ni en sus mejores sueños”. La misma respuesta-binomio que cuando -no hace mucho- preguntábamos sobre qué opciones tenía Boris Johnson durante las horas más bajas de Theresa May.

Foto: El Big Ben en Londres. (Reuters/Henry Nicholls)

Entre Johnson y Truss hay (demasiados) paralelismos. Y no solo por su habilidad ante el oportunismo y los 'affaires' extramaritales. Si la tensión no rebaja por el escándalo del 'Partygate', la 'ambición rubia número 2' podría arrebatar el puesto a la 'ambición rubia número 1'. Se necesitan 54 peticiones formales de diputados 'tories' para activar una moción de confianza contra el primer ministro. El número de las cartas ya entregadas se guarda en secreto. Pero, según los rotativos británicos, va en aumento y la cifra clave podría alcanzarse a finales de mes, cuando se conozcan las conclusiones de la investigación interna respecto a la polémica.

Favorita de la militancia

La responsable de la diplomacia británica lleva tiempo postulándose como la favorita de la militancia, con un 82% de aprobación, según ConservativeHome, biblia para los 'tories'. Cierto es que el 'Chancellor' (ministro de Finanzas) también se presenta como un duro competidor. Pero mientras éste último va a tener que empezar a lidiar con el incremento de los precios de la energía, la inflación y los aumentos de impuestos que llegarán en las próximas semanas, creando una crisis del costo de vida para millones de ciudadanos, Truss cuenta ahora con un arma que entre los suyos puede ser invencible: las negociaciones del Brexit. El Reino Unido ha salido ya de la UE, pero las negociaciones continúan.

Tras la dimisión de David Frost como responsable del Brexit a finales del año pasado, el ministerio como tal ha desaparecido y es Truss quien asume ahora las competencias para seguir negociado con Bruselas el gran dilema del Protocolo de Irlanda. Londres denuncia que la solución que pactó con la UE para evitar frontera dura en Irlanda -una de las claves del acuerdo de divorcio- no funciona.

Como su antecesor, Truss advierte ahora que invocará el artículo 16 del Protocolo, que permite suspender unilateralmente parte de sus disposiciones, si no se cumplen sus demandas. “Permítanme ser clara: no suscribiré nada que lleve a que los bienes que se mueven dentro de nuestro propio país estén sujetos a controles”, escribía recientemente en 'The Telegraph', sin mencionar que esto es exactamente lo que su propio Gobierno firmó hace más de un año a fin de evitar quedarse dentro de la unión aduanera.

Foto: Rishi Sunak. (Reuters)

Downing Street no quiere cumplir ahora los controles a los que se comprometió para los bienes que vayan desde Gran Bretaña hasta la provincia británica de Irlanda del Norte. También quiere disminuir (si no consigue quitar por completo) el papel del Tribunal de Justicia de la UE como supervisor ante cualquier disputa respecto al protocolo. Por su parte, Bruselas está dispuesta a reducir gran parte de los controles, pero no va a ceder respecto al tribunal.

Este jueves ha sido la primera reunión entre Truss y Maros Sefcovic, vicepresidente de la Comisión, en Chevening House, la residencia campestre en el condado de Kent que suele utilizar como lugar de descanso para el titular de Exteriores de turno. No existen ahora fechas límites para llegar a (otro) acuerdo. Pero, preferiblemente, se querría dejar zanjado el problema antes los de los comicios autonómicos de mayo en Irlanda del Norte.

Una 'remainer' oportunista

Paradójicamente, Truss hizo en su día campaña por la permanencia en la UE. No por convicción, sino porque pensaba que sería la opción ganadora. Pero tras el triunfo del Brexit, no tardó en cambiarse de bando y, llegado el momento, fue una de las primeras que mostró su apoyo a Johnson cuando se postuló como candidato para liderar el partido. Oportunismo puro y duro ¿les suena?

Johnson le recompensó luego con la cartera de Comercio Internacional. Tenía experiencia en Gabinete por los puestos previos que había ocupado durante las eras de David Cameron y May. Aparte de renovar alianzas con alrededor de 60 países haciendo un copia y pega del acuerdo que tenía con ellos estando en la UE, la lista de nuevos socios comerciales es más bien escueta y no aporta mucho desde el prisma económico. El comercio de Londres con Tokio representa solo el 2% del total del Reino Unido y el pacto de Australia, según las propias estimaciones del Gobierno, supondrá tan solo un incremento a largo plazo de un 0,02% al PIB.

Pero Truss supo vender su labor como gran triunfo y, tras la salida de Dominic Raab por su desastrosa gestión de la retirada de Afganistán, el 'premier' la puso al frente de la diplomacia británica. Ya saben, por aquello de tener a los enemigos cuanto más cerca mejor. Aunque en su día May también nombró a Johnson como ministro de Exteriores y la jugada no le salió demasiado bien.

Foto: Boris Johnson firma el tratado del Brexit bajo la mirada de Lord Frost, exsecretario de Estado del Brexit. (Reuters/Leon Neal)

Antes de la política, Truss -licenciada en Políticas, Filosofía y Economía- trabajó como gerente comercial en la compañía de petróleo y gas Shell, y como directora económica en la compañía de telecomunicaciones Cable & Wireless. Tras dos intentos fallecidos, consiguió escaño conservador en 2010. Sus padres no quisieron hacer campaña por ella. Estaban demasiado ocupados “cortando el césped”. Los progenitores -un profesor de matemáticas y una enfermera - son de izquierdas. Nacida en Oxford, la infancia de Truss pasó entre manifestaciones antinucleares y protestas en contra de Thatcher. Pero, para disgusto de los suyos, acabó siendo una gran seguidora de la Dama de Hierro.

A los 21 años se afilió al Partido Conservador, no sin antes coquetear en la Universidad de Oxford (como lo hiciera el propio Johnson) con otras formaciones, como los Liberal Demócratas, donde llegó a ser presidenta de la sociedad universitaria. En el momento en el que se afilió, los 'tories' pasaban sus horas más bajas ante el auge del Nuevo Laborismo de Tony Blair. Pero Truss se mostró fiel a sus principios.

En 2011, cuando todavía era una diputada sin cartera, fundó el grupo parlamentario 'Free Enterprise Group' y provocó controversia al publicar un libro -en coautoría con Kwasi Kwarteng y Priti Patel (ahora también ministros)- donde afirmaba que “los británicos se encuentran entre los peores ociosos del mundo”.

Dicen que es astuta, perseverante como pocas y amante de los karaokes. Está casada con Hugh O'Leary, un contable, con quien tiene dos hijas. Sus detractores tienen poco que rascar de su vida privada, porque el 'affaire' que mantuvo en 2005 con un diputado 'tory', también casado, salió a la luz ya hace años y su matrimonio superó hace tiempo la crisis.

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