EL FUTURO DEL BREXIT

Boris Johnson, o cómo ser el futuro sucesor de May sin contestar a una sola pregunta

Diga lo que diga -o mejor dicho lo que no diga-, Johnson tiene la batalla por ser primer ministro en Reino Unido más que ganada, debido a su peculiar personalidad

Foto: Boris Johnson. (Reuters)
Boris Johnson. (Reuters)

La pregunta grandiosa vino de la mano de un joven que estaba entre el público del plató: “¿Qué cualidad valoras más de tu adversario para ser el próximo primer ministro británico?”.

Boris Johnson balbuceó y luego realizó una pausa, seguida de sus características muecas. “Digamos que valoro su capacidad de cambiar de opinión… sí… me alegra que haya cambiado de opinión y que, tras haber realizado campaña por la permanencia, ahora defienda el Brexit”, manifestó.

Jeremy Hunt fue más directo: “Su capacidad para evitar contestar a las preguntas que se le plantean. No las contesta, pero suelta una gracia que hace que la otra persona olvide lo que le ha preguntado… una buena cualidad para un político, pero no para un primer ministro”.

Y esa es la gran conclusión. Tanto del debate que emitió el martes por la noche ITV con el primer cara a cara entre los dos candidatos que compiten por las llaves de Downing Street, como de las primarias que celebran los 'tories'.

Diga lo que diga -o mejor dicho lo que no diga-, Johnson tiene esta batalla más que ganada, debido a su peculiar personalidad. Por su parte, haga lo que haga, Hunt jamás podrá cambiar que defendió a la UE en el histórico referéndum de 2016, por lo que las bases no le ven ahora como el hombre capaz de ejecutar el Brexit.

En otras circunstancias, se habría podido cumplir la máxima del Partido Conservador donde nunca gana el que parte como favorito. Al fin y al cabo, en las encuestas publicadas en los últimos días tanto en 'Daily Mail' como 'The Telegraph' -cabeceras de referencia entre los 'tories'-, el público en general considera que Hunt sería un mejor primer ministro. Y las bases de una formación siempre quieren tener al candidato mejor valorado en la calle.

Sin embargo, las circunstancias tan excepcionales que vive hoy Westminster con el Brexit lo cambian todo. La mayoría de los 160.000 afiliados que debe ahora elegir al nuevo inquilino del Número 10 considera que Johnson es el único que puede ejecutar el divorcio -aunque eso suponga salir sin pacto-, el único que puede ganar a Jeremy Corbyn en unas elecciones anticipadas- y el único que puede recuperar a todos aquellos votantes que en los últimos comicios locales y europeos han abandonado la formación para votar por el Partido del Brexit de Nigel Farage.

El equipo de Johnson quiso retrasar lo más posible el cara a cara con Hunt para evitar que las características salidas de tono del excéntrico político mermaran su popularidad entre las bases. Pero ahora las meteduras de pata son, de alguna manera, un mal menor, ya que la mayoría de los afiliados ha emitido ya su voto. El resultado se conocerá el próximo 23 de julio y el ganador se convertirá automáticamente en el próximo primer ministro.

Un hombre sin respuestas

A lo largo del debate, Johnson fue simplemente…. Johnson. Hizo reír, prometió sacar al Reino Unido del bloque sin dar el más mínimo detalle de su plan, se comprometió a arreglar la polémica salvaguardia para evitar frontera dura en Irlanda durante la futura fase de negociaciones comerciales (algo a lo que Bruselas se niega por activa y pasiva) y eludió las preguntas más directas.

No quiso aclarar si dimitiría de su cargo si no logra sacar al país del bloque para Halloween. Y también rehusó a comprometerse a dejar al actual embajador del Reino Unido en los Estados Unidos, Kim Darroch, tras la polémica protagonizada esta semana entre este último con Donald Trump.

El presidente estadounidense tildó el martes al embajador británico de “chiflado, estúpido e imbécil pomposo”, un día después de que se filtrara un cable en el que el diplomático criticaba a la Casa Blanca y describía al mandatario republicano como “inepto”. “Debería hablarle a su país, y a la primera ministra May, sobre sus fallidas negociaciones por el Brexit y no enojarse por mis críticas por lo mal que les fue”, recalcó Trump en Twitter.

Hunt señaló que eran inaceptables los comentarios hacia la aún primera ministra y defendió dejar a Darroch en su cargo. “A los embajadores los pone y los quita el Gobierno británico y nadie más”, dijo en su momento Hugh Grant de Love Actually. Por su parte, Johnson tiró balones fuera recalcando la importancia de preservar las históricas relaciones especiales entre Londres y Washington. A nadie se le olvida el particular vínculo que une a Johnson con Trump.

En definitiva, sin sorpresas a la hora de anunciar ganador, las primarias 'tories' están resultando un proceso de lo más inapetente. Pero tan sólo es la calma antes de la gran tormenta porque nadie sabe exactamente qué va a ocurrir cuando el excéntrico político de melena albina se traslade al Número 10.

Todas las opciones vuelven a estar sobre la mesa. Incluida la de un segundo referéndum. Parecía que se trataba de un escenario completamente enterrado. Y, sin embargo, el líder de la oposición, Jeremy Corbyn, lo ha vuelto a situar encima de la palestra. El veterano político anunció el martes que pedirá a quien se convierta en el próximo primer ministro que someta su plan de divorcio -ya sea con o sin acuerdo- a un plebiscito donde el Partido Laborista hará campaña por la permanencia en la UE.

Giros que llegan tarde

Se trata de un importante giro que pone de manifiesto la presión a la que el responsable de la oposición se ha visto sometido en los últimos meses y que suma ahora más suspense, si cabe, al thriller que se espera vivir en Westminster el próximo otoño.

La ambigüedad de Corbyn respecto a la cuestión europea ha desangrado a los laboristas por ambos extremos: los europeístas les han abandonado por los Liberal Demócratas y los euroescépticos por el populista Nigel Farage.

Se supone que la carta enviada por Corbyn a las bases es la de presentar a los laboristas de nuevo como una formación pro UE. Y sin embargo, en su misiva, el veterano político, que acaba de cumplir 70 años, sigue sin especificar cuáles serían sus planes si llega a convertirse en primer ministro. Ni una sola palabra sobre si trataría de negociar un nuevo Acuerdo de Retirada, convocaría un segundo referéndum o aceptaría los resultados de la histórica consulta de 2016.

Nadie quiere contradecir al sabio Heráclito, filósofo de la Grecia antigua. Pero con el debate del Brexit, “nada fluye y todo permanece”.

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