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Quién gana y quién pierde en el acuerdo sobre el plan europeo de ahorro de gas
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Crisis energética

Quién gana y quién pierde en el acuerdo sobre el plan europeo de ahorro de gas

Los Veintisiete han alcanzado un acuerdo en el que flexibilizan los objetivos de ahorro respecto a las intenciones iniciales de la Comisión Europea, que además pierde poder en el mecanismo

Foto: La ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera. (EFE/EPA/Stephanie Lecocq)
La ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera. (EFE/EPA/Stephanie Lecocq)
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Los ministros de Energía de la Unión Europea alcanzaron este martes en Bruselas un acuerdo sobre un plan de reducción de consumo de gas destinado a hacer frente a los efectos de un corte de suministro total por parte de Rusia, un escenario que en la capital comunitaria se considera cada vez más probable. El pacto solamente llegó después de días de negociaciones a nivel diplomático tras una primera propuesta de la Comisión Europea que no gustó a un buen grupo de Estados miembros.

En 2021, el 40% del gas importado en la Unión Europea provenía de Rusia a través de los gasoductos que conectan directamente el país vecino con buena parte de Europa del Este y Centroeuropa. La invasión rusa de Ucrania cambió por completo el escenario. Los Veintisiete han ido adoptando sanciones contra el Kremlin, que ha respondido con lo que en Bruselas se ha calificado de “chantaje energético”. Ahora se da por hecho que tarde o temprano Moscú cortará el suministro de gas y un número considerable de países no contarían con reservas suficientes para superar el invierno, incluso después de que se acordara que los Estados miembros tendrían sus reservas al 80% en el inicio de la temporada de calefacción.

¿Cómo ha cambiado el plan?

La propuesta original de la Comisión Europea establecía un objetivo de ahorro del 15% en el consumo de gas para todos los Estados miembros, de forma que si había un corte de suministro se podía redirigir el gas a los países que más lo necesitasen. Era un objetivo en principio voluntario, pero si el Ejecutivo comunitario lo veía conveniente o si tres Estados miembros lo solicitaban, se podía convertir en obligatorio. Esta propuesta levantó las críticas de un grupo de países liderados por España y por la vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra de Transición Energética, Teresa Ribera.

Acuerdo decisivo de la UE para reducir el consumo de gas

El texto final incluye importantes diferencias. Establece una serie de excepciones. Por un lado, están las directas para las islas, es decir, Malta, Chipre e Irlanda. Hay otras condicionadas a la demostración de una serie de condiciones y circunstancias que deberán demostrarse y justificarse. Este es el grupo más grande, y va desde el caso de España y Portugal (se explica más adelante) hasta el de los bálticos, muy conectados a la energía rusa y que, en caso de corte de suministro, no tendrían margen de maniobra para recortar. Por último, existe una excepción para los países que han cumplido con el objetivo ya mencionado de tener las reservas de gas al 80%.

De forma que se ha flexibilizado el objetivo del 15% inicial. Además, para activar el mecanismo de alerta que convierte esas metas de ahorro en obligatorias ya no bastará con que así lo decida la Comisión o lo pidan tres Estados miembros. La Comisión solamente podrá solicitarlo y el umbral de países que pueden pedirlo sube de tres a cinco, y en todo caso la última palabra la tendrá el Consejo, que debe votar por mayoría cualificada a favor: es decir, deben apoyarlo 15 de los 27 Estados miembros con una población de al menos el 65%.

¿Cómo queda España?

Madrid ha sido la gran opositora al plan inicial de la Comisión Europea y Ribera se ha convertido en la líder entre las voces críticas. El argumento español ha consistido en defender que el país tiene una capacidad limitada para reenviar gas al resto de Europa, incluso si ahorra el 15%, ya que su nivel de interconexión es muy limitado, el famoso argumento de la 'isla energética' que ya utilizaron Ribera y Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, para obtener el permiso de la Comisión Europea para establecer un tope al precio del gas.

Foto: Teresa Ribera, ministra de Transición Ecológica. (EFE/Chema Moya)

Además, el Ejecutivo español ha defendido su capacidad logística tanto para recibir gas natural licuado (GNL) como para regasificarlo, además de para servir de centro de operaciones para su reenvío a otros países europeos. Una vez cortado el suministro de gas ruso, Europa depende en gran parte de recibir el gas en forma de GNL por la falta de infraestructuras para obtener suministro alternativo, y España ha jugado esa carta a nivel diplomático y en la reunión del Consejo de este martes. “Somos el puerto de entrada más importante de gas natural licuado para el conjunto de la Unión Europea. Tenemos la posibilidad de reforzar esa capacidad en beneficio de todos, poniendo a disposición de todos unas infraestructuras costosas, complejas, que no se pueden construir en pocos meses”, defendió Ribera al finalizar la reunión con sus homólogos europeos.

Así, España podrá optar a una reducción de ocho puntos porcentuales en el ahorro de gas si justifica adecuadamente su situación, algo a lo que también se podrá acoger Portugal y probablemente también podría hacerlo Italia. Eso significa que para la Península Ibérica el plan de ahorro se podría quedar en el 7%, bastante por debajo de lo inicialmente previsto por el Ejecutivo comunitario, según han confirmado fuentes comunitarias. Además, se contemplan otras circunstancias, como por ejemplo que no se tengan en cuenta el consumo de las industrias esenciales cuando el gas representa una parte importante del 'mix' energético.

Entonces, ¿quién gana y quién pierde?

España obtiene un buen acuerdo, como expresó la vicepresidenta al llegar al encuentro. “Estamos obligados a decir que sí”, explicó. Llegaba a la reunión después de que los embajadores representantes permanentes de los Veintisiete hubieran trabajado durante los últimos días por obtener un terreno común que pudiera ser admisible para todos. Solamente el ministro húngaro, cuyo país siempre se ha mostrado contrario a reducir su dependencia del suministro energético ruso, ha votado en contra del plan de ahorro de energía, lo que refleja el nivel de apoyo de la medida.

En una negociación europea, es muy difícil establecer quién gana y quién pierde, porque la respuesta a ambas preguntas es la misma: todos y ninguno. Todos tienen que ceder algo, todos tienen que dejar que puntos que ellos consideraban importantes se caigan del texto final, siempre va a haber una cifra que te parezca demasiado alta o baja, siempre va a haber algo que te incomode. Es inevitable cuando se negocia a 27. Pero, al mismo tiempo, la esencia de la negociación europea es que nadie quede lo suficientemente descontento como para votar en contra, como para bloquear algo. Es lo que Alex Stubb, ex primer ministro finlandés y una de las voces de referencia en los debates sobre el futuro de Europa, identifica como “soluciones subóptimas”.

La negociación de este plan de ahorro ha recogido la esencia de esa negociación. Todos los países disconformes han obtenido algún tipo de excepción o reducción, pero no tanta como la que probablemente habrían querido, al mismo tiempo que los Estados miembros que hace una semana se sentían completamente solos ante el riesgo de un corte de suministro ruso saben que ahora hay un plan de emergencia encima de la mesa que les ayudaría a afrontar la situación.

Foto: Merkel, Putin y el perro negro. (EFE/Sergei Chirikov)

Quizás, entonces, la perdedora sea la Comisión Europea, ¿no? Presentó una propuesta hace solamente una semana, el pasado miércoles, y este martes las capitales ya habían cambiado muchos de sus elementos principales y le habían quitado el poder absoluto a la hora de activar el mecanismo de emergencia que pedía Bruselas. Probablemente, la respuesta a esta pregunta también sea que no, que la Comisión no es la perdedora. Fuentes comunitarias explican que la propuesta inicial era obviamente muy ambiciosa, muy dura, muy amplia. Y lo era porque sabían que los Estados miembros iban a rebajarla sí o sí: si en vez de haber exigido un ahorro del 15% lo hubieran dejado en el 10%, también la habrían recortado. Es como funciona la negociación europea: la primera propuesta siempre es mucho más ambiciosa para intentar contrarrestar la rebaja que siempre aplican las capitales.

El hecho de que la Comisión pidiera el poder para activar esos objetivos y convertirlos en obligatorios, algo que los Estados miembros le han negado, entra dentro de la normalidad: el Ejecutivo comunitario siempre busca expandir sus poderes, llevarlos un poco más allá, ser capaz de actuar con más autonomía, firmeza y rapidez. Y las capitales intentan limitar ese impulso natural. Se trata de un pulso central en la construcción europea. Así es como llegó la compra centralizada de vacunas contra el coronavirus, por ejemplo. En Europa, a veces se gana y a veces se pierde, pero la mayoría de las veces se gana y se pierde al mismo tiempo.

Los ministros de Energía de la Unión Europea alcanzaron este martes en Bruselas un acuerdo sobre un plan de reducción de consumo de gas destinado a hacer frente a los efectos de un corte de suministro total por parte de Rusia, un escenario que en la capital comunitaria se considera cada vez más probable. El pacto solamente llegó después de días de negociaciones a nivel diplomático tras una primera propuesta de la Comisión Europea que no gustó a un buen grupo de Estados miembros.

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