2017 se abre repleto de incertidumbres

El 'annus horribilis' de la Unión Europea

2016 ha sido el peor año para el proyecto europeo desde sus inicios, marcado por atentados, flujos migratorios, populismos nacionalistas y referéndums desestabilizadores

Foto: Manifestantes a favor de la Unión Europea protestan contra el Brexit en Londres, el 28 de junio de 2016 (Reuters)
Manifestantes a favor de la Unión Europea protestan contra el Brexit en Londres, el 28 de junio de 2016 (Reuters)

De los errores se aprende, y a la Unión Europea falta le hace empezar el año nuevo con la lección aprendida. Las instituciones europeas deberían tomar nota de este 2016, para saber qué ha fallado y cómo evitar que vuelva a pasar en el futuro. La balanza europea se ha desnivelado este año en materias tan importantes como la seguridad, la cooperación entre países y los acuerdos internacionales, a pesar de los esfuerzos inútiles de la Comisión y el Parlamento por intentar evitarlo.

2016 empezaba con la llegada de Cameron a Bruselas exigiendo un nuevo acuerdo de cara al referéndum por el Brexit. El entonces primer ministro británico viajó a la capital europea para reclamar cambios en la soberanía, la gobernanza económica, la emigración y el Estado de bienestar, materias es las que la UE no estaba dispuesta a hacer muchas concesiones, pero que el líder británico creía imprescindibles para su campaña por la permanencia. La fuerte cruzada por el ‘no’, promovida entre otros por el UKIP de Nigel Farage, ni siquiera se vio afectada por la radicalidad que tomó la campaña con la muerte de la laborista Jo Cox, asesinada a puñaladas y balazos por defender la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea.

Las encuestas preveían una victoria por la mínima del 'remain', aunque si algo ha demostrado este 2016 es que no hay que fiarse de los resultados de las encuestas. Europa amanecía con la sorprendente victoria del ‘no’ y confundida por las miles de dudas que se abrían tras este resultado. Los expertos intentaban analizar qué había pasado y qué les deparaba el futuro. El Brexit se llevó por delante a Cameron, que dimitió de su cargo aceptando la derrota y abriendo una etapa de incertidumbre en las instituciones europeas, que por primera vez se enfrentan a la salida de uno de sus miembros. Y no uno cualquiera.

Inmigrantes y refugiados tras una valla durante la visita del Papa Francisco al campo de refugiados de Moria, en Lesbos, en abril de 2016 (Reuters)
Inmigrantes y refugiados tras una valla durante la visita del Papa Francisco al campo de refugiados de Moria, en Lesbos, en abril de 2016 (Reuters)

Otro de los puntos más polémicos y amargos de este año dentro de la Unión Europea es el famoso pacto migratorio firmado con Turquía. Un acuerdo con el que la UE pretendía sellar la ruta del Mar Egeo por el que han entrado más de un millón de refugiados, devolviendo a tierras turcas a todos aquellos “migrantes irregulares” que llegan a Grecia. Turquía, que desde hace años lleva negociando su entrada en la Unión, vivió uno de sus momentos más agrios este verano, con el intento de golpe de estado que el presidente Erdogán solventó con mano de hierro. Las medidas del líder turco no han gustado en el Parlamento Europeo, que hace poco votó la congelación de las negociaciones con Turquía en oposición a la deriva autoritaria de Erdogán.

Varias organizaciones de ayuda humanitaria, como Oxfam o ACNUR, han denunciado las bajas cifras de acogida de refugiados de los países más ricos. España no ha llegado al 3% de lo prometido, mientras que Francia solo ha alcanzado el 7% y Reino Unido el 13% de lo previsto. Mientras tanto, las cifras de los refugiados que han muerto en el mar intentando llegar a tierras europeas es escandalosamente alta. La situación de los refugiados en tierras europeas es dramática y aún no se han dado soluciones específicas para tan terrible tragedia. Por otra parte, la canciller Angela Merkel se ha visto perjudicada por su política de acogida de refugiados, siendo Alemania un país con una de las tasas más altas de la Unión Europea. El problema al que se enfrenta Europa no es solo la cifra de acogida, sino el poder asegurar los derechos universales de los refugiados y garantizarles una estabilidad en su nueva residencia.

Aunque en eso de las “garantías” también la UE ha demostrado que tiene mucho que mejorar. A pesar de que la seguridad es una de las fortalezas entre los países miembro, los atentados terroristas sufridos en Bruselas, Berlín y Niza han sido la cara más triste y amarga de este año. A Bruselas le está costando recuperarse del mazazo sufrido en marzo y aún mantiene el nivel 3 de alerta, con soldados recorriendo las calles de la capital belga. Las evidencias han demostrado que la coordinación entre cuerpos de seguridad y los servicios de inteligencia han sido insuficientes a pesar de que los autores de los atentados estaban fichados y en la lista negra de la policía de Bruselas desde hace tiempo. Los atentados han demostrado una vez más la fragilidad de la seguridad europea, a pesar de los evidentes refuerzos y el mantenimiento del estado de alerta tanto en Francia como en Alemania y Bélgica.

Soldados belgas protegen el aeropuerto de Zaventem, en Bruselas, el 29 de marzo de 2016, una semana después del atentado (Reuters)
Soldados belgas protegen el aeropuerto de Zaventem, en Bruselas, el 29 de marzo de 2016, una semana después del atentado (Reuters)

Auge del populismo

Tras los atentados de Paris y la posterior respuesta bélica en Siria por parte de Francia, la popularidad de Hollande se hundió hasta tocar fondo, lo que supuso su retirada para las elecciones del próximo año. Como contraposición, Marine Le Pen no deja de crecer y ganar apoyos sin abandonar la radicalidad de su discurso contra los inmigrantes, los musulmanes y la propia Unión Europea. Un discurso que se repite y propaga entre países como Austria y Holanda y que parece ganar adeptos día a día.

El “populismo” ha dado más de un susto este año en Europa. En las elecciones de Austria, la extrema derecha estuvo a punto de dar la campanada. En Holanda, el partido de ultraderecha se postula como ganador en todas las encuestas de cara a las próximas elecciones, que se celebrarán en marzo de 2017. En Francia, para combatir el auge de Marine Le Pen, la derecha más conservadora ha confiado sus opciones en un candidato anti-europeísta como François Fillon. El “populismo” es otro de esos asuntos para el que las instituciones europeas parecen no haber encontrado aún la respuesta.

Con la victoria de Trump, el candidato que rompió todas las encuestas, las negociaciones del TTIP se han paralizado, aunque todo parece indicar que el acuerdo entre Europa y los Estados Unidos tiene las horas contadas. Para la Unión esto supondría otro fracaso político, más aún tras los continuos enfrentamientos con los opositores y las intentonas de dar más transparencia a las negociaciones. También se les atragantó a las instituciones europeas el CETA, el acuerdo de libre comercio con Canadá que estuvo a punto de suspenderse por la negativa de Valonia y que llegó a sacar de quicio a los líderes canadienses, que no dejaban de cruzar el Atlántico una y otra vez en vano para después volver a casa con las manos vacías. Finalmente, la UE se anotó un tanto que supo amargo y parece que no volverá a repetirse con los estadounidenses.

El presidente Matteo Renzi durante el último acto de campaña a favor del 'sí' en el referéndum de reforma constitucional, en Florencia, el 2 de diciembre de 2016 (Reuters)
El presidente Matteo Renzi durante el último acto de campaña a favor del 'sí' en el referéndum de reforma constitucional, en Florencia, el 2 de diciembre de 2016 (Reuters)

2016 termina dejando un mal sabor de boca en la UE tras la victoria del ‘no’ en el referéndum italiano, que se debatía por una reforma constitucional respaldada por las instituciones europeas y que terminó con la dimisión de Mateo Renzi. Al final, los italianos fueron a votar para deslegitimar a un presidente tecnócrata que no había necesitado las urnas para ostentar el poder. Así, Italia volvía a dejar su futuro en manos del presidente de la República que intenta evitar repetir elecciones a toda costa con la elección de Paolo Gentolini como nuevo primer ministro. Dos referéndums, dos dimisiones y dos decepciones para una Unión Europea más desunida y desconectada que nunca.

Las instituciones europeas encaran el próximo año con varios retos entre las manos. Entre ellos, la negociación con el Reino Unido para acordar su salida de manera definitiva a través de la activación del artículo 50. La Unión mete prisa a Londres para empezar las negociaciones con el fin de que la salida se dé antes del 2018. Además, otra de las preocupaciones de la Unión recae en las elecciones francesas, alemanas y holandesas, en las que se determinará si el “auge populista” acaba ganando terreno o se queda en agua de borrajas.

La estabilidad del Parlamento es otro de los problemas a resolver en 2017. En el pleno de enero se votará un nuevo presidente, con los socialistas y conservadores enfrentados. Unos, negando que haya ningún tipo de coalición y otros pidiendo respeto por los acuerdos firmados a principio de la legislatura. Habrá que ver si la Unión Europea encarrila el nuevo año y demuestra que se puede enfrentar a todos los retos con la lección más que aprendida.

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