Del pánico a la euforia: 11 gráficos que resumen el año del covid en los mercados
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2020 DE CORONAVIRUS

Del pánico a la euforia: 11 gráficos que resumen el año del covid en los mercados

El petróleo en negativo, el 'rally' del euro, los máximos del bitcoin... Los mercados cierran un ejercicio plagado de altibajos que quedará para los libros de historia

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El año 2020 llega a su fin. El año del coronavirus ha traído (y sigue trayendo) muchas incertidumbres y momentos de pánico a los inversores, pero la llegada de las vacunas este otoño ha alumbrado algo de luz al final del túnel, desatando también destellos de euforia en los mercados. Un equilibrio delicado, sobre todo porque las anomalías vistas a lo largo de 2020 siguen frescas en la memoria de los partícipes. A la espera de lo que depare 2021, 11 gráficos reflejan algunos de los hitos de los mercados en este año marcado por la pandemia.

1. Pagar por prestar

Los bonos bajo cero ya rozan los 18 billones de dólares en el mundo, según el Bloomberg Barclays Global Negative Yielding Debt Index. La deuda soberana en negativo es una tendencia que ya se llevaba viendo desde antes del covid-19. Sin embargo, la pandemia la ha acelerado. No en vano, al miedo del mercado (y la consiguiente huida hacia activos refugio) hay que añadirle la intervención récord de los bancos centrales, sobre todo cuando ya antes del virus algunos de estos buscaban fórmulas para escapar de los experimentos de política monetaria heredados de la crisis financiera.

Es el caso del Banco Central Europeo (BCE), que este año ha inyectado más de 752.000 millones de euros solo con su programa de emergencia contra la pandemia (PEPP, al que hay que añadir las otras herramientas de Mario Draghi), según los últimos datos disponibles. Debido a que la rentabilidad del bono se mueve de forma inversa a su precio, que a su vez está condicionado por la oferta y la demanda, las compras masivas de la institución presidida por Christine Lagarde han desencadenado un dominó que sigue presionando a la baja la renta fija pública, hasta rozar esta la totalidad de los bonos públicos que cotizan en la eurozona. Con las primas de riesgo adormecidas, son muchos los países que han agradecido este entorno de mercado, sobre todo ante la necesidad de endeudamiento que ha determinado el covid-19. Sin embargo, también crece la preocupación por cómo terminará este ciclo macro-financiero y, de hecho, en 2020 la intervención del banco central en los mercados ha llegado a levantar ampollas, como mostró la resolución del Tribunal Supremo de Alemania en primavera.

2. Alegrías (y penas) en la renta variable

Las bolsas miden los pronósticos de beneficio futuro que los inversores tienen de las empresas. Bajo este parámetro, cualquiera diría que estamos ante una pandemia cuyo fin está todavía por determinar: son varios los índices bursátiles que cotizan en máximos históricos en el mundo. El desempeño de estos índices viene marcado por la composición de estos: por ejemplo, el Ibex 35 sufre por el peso de los bancos, entre otros, mientras que el S&P 500 goza de un alto grado de tecnológicas. Además, nuestro índice no incluye dividendos, mientras que otros, como el DAX alemán, sí. Con todo, la renta variable también se ha visto animada por el apoyo incondicional de los bancos centrales y su impacto en el bienestar corporativo. De cara al inversor, son varios los factores que también contribuyen a explicar estas subidas en época de crisis: la represión financiera, la remuneración al accionista de algunas empresas, el crecimiento de la gestión pasiva…

3 y 4. Valoraciones de vértigo

¿Miedo a las alturas? Las cotizadas de las bolsas estadounidense vuelan lejos de su situación fundamental (al menos, en el conjunto del índice). Tanto la ratio PER actual (que divide los beneficios de las cotizadas por el precio de sus acciones), como la ratio CAPE (que elabora el mismo cálculo, pero con base en la media de beneficios de los últimos 10 años) del estadounidense S&P 500 (índice dominado por el auge tanto de empresas disruptivas como grandes compañías ya asentadas) apuntan a valoraciones no vistas desde la burbuja 'puntocom'. El dicho popular apunta a que se sube por la escalera y se baja por el ascensor, pero los selectivos bursátiles están mostrando una habilidad de recuperación en precios sin precedentes, aunque la situación fundamental del tejido corporativo en su conjunto no acompañe y pese a que fue hace apenas meses cuando las bolsas vivieron desplomes históricos en tiempo récord.

5. Huida en desbandada

Las caídas bursátiles de este 2020 han sido históricas: sin ir más lejos, el Ibex 35 firmó este año la mayor pérdida diaria de su existencia. Por un lado, está la delicada situación que generó el coronavirus en marzo, cuando los jugadores del mercado dudaban entre sobrerreaccionar e infravalorar la situación. Lagarde escogió la segunda en su primera intervención ante la pandemia, y posteriormente tuvo que rectificar, llevándose por delante la tranquilidad de los inversores, que no solo huyeron de la renta variable sino también de todos los activos cotizados de forma indiscriminada. La proclamación global de confinamientos duros sin una fecha clara de fin fue la puntilla final a la hecatombe inversora. A todo esto, además, hay que añadir el entramado de ‘stop loss’ de los inversores (es decir, órdenes automáticas y otras decisiones generadas por algoritmos) y su impacto en las olas de ventas en momentos de pánico.

6. El destierro de las 'blue chips'

Los índices están cambiando de color. Las nuevas compañías disruptivas amenazan a las viejas glorias de la renta variable: la subida a triple dígito de Tesla en el sector del motor o el auge de las compañías de renovables (Solaria, Soltec, Solarpack, Grenergy, etc.) frente a las petroleras y otras energías. Sin ir más lejos, este año, el Ibex ha recibido la entrada de dos farmacéuticas y una fotovoltaica, apuntando a la renovación del índice tras la salida de la papelera Ence, la televisiva Mediaset y la teleco MásMóvil. En este entorno, apenas Iberdrola (impulsada precisamente por su dominio de la energía verde) aguanta con subidas en 2020. Otras ‘blue chips’, como Telefónica, BBVA y el Santander, han acelerado su pérdida de peso en el Ibex 35, llegando a caerse incluso de otros grandes índices. Las ‘empresas de toda la vida’ no han aguantado cambios de paradigma como el de la pandemia.

7. Compras bancarias a precio de saldo

Este 2020 ha sido un año histórico para el sector de la banca en cuanto a fusiones se refiere. El matrimonio de CaixaBank y Bankia dará paso a la mayor entidad de España, mientras que la unión entre Unicaja y Liberbank resultará en el quinto mayor banco del país. Estos no han sido los únicos que han estado en el foco, ya que también el BBVA y Sabadell se intentaron dar una oportunidad, pero al final no pudo ser. Toda esta consolidación se da en un momento en que los bancos cotizan a precio de derribo respecto a su valor en libros, una tendencia que ya estaba latente antes del covid-19, pero que con la llegada de la pandemia se ha acelerado por la crisis económica y lo eterno de los bajos tipos de interés. La perspectiva de fusiones en el sector, así como el regreso de los dividendos, ha dado un ligero impulso a los precios en bolsa en la segunda mitad del año, aunque en algunos casos, como en el Sabadell, las ilusiones se han acabado difuminando con el tiempo (o al menos, así lo muestran las cotizaciones).

8. El aviso limitado de los CDS

El índice iTraxx a cinco años, que mide los índices de 'swap' de incumplimiento crediticio, es decir, la percepción del riesgo de impago, sufrió un ligero sobresalto durante las semanas críticas de primavera, pero no llegó ni a acercarse a los niveles de la crisis financiera. Un matiz relevante en medio de los esfuerzos de los gobiernos y bancos centrales por evitar que se produjese una pérdida de confianza que transformase una crisis coyuntural en algo estructural. Sin embargo, la crisis del coronavirus todavía no ha terminado, por lo que el riesgo sigue latente.

9. El triunfo del euro

Este año, el euro se ha revalorizado a doble dígito frente al dólar, alcanzando máximos de 2018. Hasta la pandemia, los billetes de Benjamin Franklin habían permanecido alejados del euro precisamente por gozar de un ciclo de tipos de interés más avanzado que el del Banco Central Europeo (BCE). Con la llegada del coronavirus, el terreno de juego en política monetaria se niveló, lo que impulsó las primeras caídas de la divisa estadounidense. A esa situación le siguió el tira y afloja político de EEUU, tanto en materia del paquete de estímulos como en las elecciones generales (con el demócrata Joe Biden como ganador), mientras que la Unión Europea daba un paso histórico al aprobar el fondo de recuperación del continente. La llegada de las vacunas ha terminado de dar la puntilla final al billete verde, considerado activo refugio, mientras los inversores reactivan la búsqueda de mayores rentabilidades.

10. Precios negativos en el petróleo

La caída de los precios del ‘oro negro’ en negativo es un gráfico que no puede faltar en cualquier balance de los mercados en 2020. La pandemia desplomó en primavera la demanda de petróleo, mucho más allá de lo que los productores habían conseguido contener la oferta, llevando a los futuros del West Texas Intermediate a alcanzar un precio de cerca de 40 dólares por barril en los vencimientos del contrato entre marzo y abril, en una serie de operaciones marcadas por el complejo entramado de la inversión en los futuros del ‘oro negro’. Tras los ajustes de los productores de la materia prima y ante la reactivación posterior de las economías, el petróleo recuperó la ‘normalidad’. No obstante, factores como los nuevos confinamientos o el auge del teletrabajo siguen sin devolver el barril a los niveles previos a la pandemia y, a cierre de 2020, el crudo acumula una caída del 21,3%.

11. La fiebre del refugio

Los vaivenes del mercado y los cambios económicos han animado a los inversores a buscar refugio en nuevos horizontes. El oro, puerto seguro de referencia entre los inversores, ha vivido un año de ‘rally’, mientras que el bitcoin, activo de reciente creación que espera liderar los cambios financieros de las próximas décadas, ha recuperado el furor perdido en la volatilidad de años pasados. Mientras que sus seguidores apuestan por estos activos como escudos para cambios de paradigma futuros (como, por ejemplo, la subida repentina de la inflación), sus detractores levantan las cejas ante la existencia de una posible burbuja.

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