EL QUE ABANDONÓ, SE LO PERDIÓ

Los mercados en 2019: el año que sorprendió para bien y crujió a los pesimistas

El ejercicio se cierra con el mayor retorno de los fondos españoles en su historia, como consecuencia de ganancias generalizadas que se perdieron muchos inversores por miedo

Foto: Foto: Reuters.
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El año 2019 arrastró el pesimismo creciente que dejó 2018 en los inversores. Muchos salieron escaldados en un ejercicio con el mayor porcentaje de activos en negativo —en torno al 90%— en tres décadas, y los que tuvieron miedo se han perdido un periodo histórico. Los fondos de inversión españoles, por ejemplo, han logrado una rentabilidad media del 7%, la mayor en la serie histórica que arranca en 1997.

Todas las categorías de fondos acabaron en positivo, desde el 1,6% en renta fija hasta el 10,4% de la renta variable nacional y el 22,2% en bolsa internacional. No es para menos. El Ibex 35 con dividendos acaba con un 18% de ganancias; el Euro Stoxx 50, con un 26%; y en Wall Street, el S&P 500 suma un 29%. En la renta fija, si se analiza el retorno del bono alemán a 10 años (de referencia en el mercado de bonos) en precio, este ha ganado un 3% en el año.

Esto es una buena noticia para los inversores, sobre todo para los que han sido pacientes. En general, los inversores ganan menos que el retorno que generan los mercados por el ‘timing’ de compra y venta. Los fondos europeos, por ejemplo, tuvieron un retorno anualizado del 5,3% de media entre 2010 y 2018, periodo en el que los partícipes ganaron un 4,78%, según un estudio de Morningstar.

Aunque no hay datos para 2019, los flujos invitan a pensar que este diferencial ha crecido. Solo en diciembre de 2018, los partícipes españoles retiraron 2.323 millones de los fondos locales, mientras que en enero estos productos disfrutaron de un retorno del 2,33%. Pero el miedo no se había disipado, y ese mes salieron otros 1.071 millones. También había habido salidas entre septiembre y noviembre del pasado año. En total, los reembolsos netos alcanzaron en cinco meses los 4.954 millones. A lo largo de 2019, las suscripciones netas han sido de 742 millones.

Las rentabilidades de los fondos españoles fueron negativas en 2018, con pérdidas del 4,8%, mientras que en abril de 2019 ya sumaban un 5%. Esta dinámica fue habitual en todos los activos de riesgo. El S&P 500 firmó pérdidas del 7% en el último trimestre del año pasado, pero ya había superado los máximos de 2018 en abril de 2019. Quien se mantuviera, recuperó lo ganado con creces, añadiendo importantes rentabilidades. Quien no, se perdió uno de los mayores ‘rallies’ de los últimos años.

Por contextualizar, y para que sirva de alivio a los inversores que hayan sufrido el peor escenario —pérdidas en 2018 y no beneficiarse del ‘rally’ de 2019—, había motivos para el pesimismo. La curva de tipos en el mercado de bonos estadounidense se invirtió definitivamente, indicador que ha resultado ser el mejor predictor de recesión de la economía norteamericana en las últimas décadas, aunque no siempre llega de forma inmediata.

La acumulación de deuda, las dudas sobre los bancos centrales, la guerra comercial entre Estados Unidos y China —con efectos colaterales para Europa— y el debilitamiento de los datos macro en las economías desarrolladas también dieron argumentos y munición a los más agoreros, sumando incertidumbres políticas como el Brexit. Había motivos para no caer en la cita crítica de Joseph Alois Schumpeter, que dijo que “los economistas habían predicho ocho de las últimas cinco recesiones”.

Pero en esta coctelera faltaban algunos elementos que han acabado siendo claves. Quizás el más importante es que las empresas han seguido teniendo beneficios. No solo eso, sino que los han aumentado. “El verdadero motor de la bolsa es el crecimiento del beneficio por acción de las empresas. Aunque la gente señala a los tipos de interés, las variables macro o la política, esto solo afecta a la bolsa a la larga si tiene efecto en el beneficio empresarial”, recuerda Julián Pascual, presidente de Buy & Hold.

Aquí reside la principal razón por la que las bolsas sorprendieron en 2019 respecto al resultado de 2018. En el tercer trimestre, por ejemplo, los beneficios de las empresas del S&P 500 se incrementaron un 4,4% anual. Las compañías siguieron incrementando sus ganancias y, además, sorprendieron al alza. El 77,7% de estas empresas, según datos de Bloomberg, obtuvo un beneficio superior al que estimó el consenso de analistas.

El verdadero motor de la bolsa es el crecimiento del beneficio por acción de las empresas

“Los inversores han asumido ya que la economía de Estados Unidos crece menos pero crece, y que la europea reduce ritmos y entra en un periodo de cierto estancamiento pero sin recesión”, resume Jesús Sáez, responsable para mercado de capitales para sector público y financiero en España de Natixis. “Los tipos de interés y los tipos de la deuda han ido reflejando esto, con mínimos alcanzados en el verano pero que se corrigen al alza de manera casi continuada desde entonces. Y la economía real ha ido dando buenas noticias que ha supuesto un buen soporte a las bolsas tras los buenos resultados empresariales”, agrega el experto.

Efectivamente, en agosto hubo otro episodio de histeria con el repunte de la tensión entre Washington y Pekín con nuevos aranceles y más amenazas. El bono alemán a 10 años, considerado el activo refugio de referencia, marcó mínimos históricos con la rentabilidad por debajo del -0,7% en el mercado secundario. El ‘bund’ termina el ejercicio por encima del -0,2%, lo que supone pérdidas para los inversores que compraran entonces. En el mismo periodo, el Euro Stoxx se anota un 14%.

Apoyo de los bancos centrales

Junto con el principio de acuerdo de octubre entre China y EEUU, que marca un cambio de sentimiento en los mercados que se puede entrever en la caída de la volatilidad o el cese de anomalías en el mercado de deuda como la curva invertida, los inversores también se han visto agraciados por el apoyo de los bancos centrales.

El retiro de los estímulos monetarios fue el principal error de los analistas en el cambio de 2018 a 2019, con algunos de ellos llegando a prever subidas de tipos de interés hasta en Japón. Sin embargo, mientras la Reserva Federal (Fed )acometió tres recortes consecutivos al precio del dinero en 2019, el Banco Central Europeo (BCE) rebajó aún más el tipo del depósito y relanzó hasta nueva orden el programa de compra de activos.

Unas medidas que se tomaron en un escenario económico que, todavía después de verano, pintaba incierto. Alemania mantuvo a la Unión Europea en vilo hasta desvelar en noviembre que había esquivado la recesión técnica tras contraerse su PIB en el segundo trimestre del año, mientras que el PMI manufacturero de la eurozona sigue por debajo del umbral de 50 (aunque ya en noviembre superó las estimaciones preliminares al alza).

Además, en Estados Unidos, la Oficina de Análisis Económico del Gobierno tuvo que revisar el dato del PIB al alza después de haber vaticinado que este se desaceleraría. Además, los datos de empleo de la potencia norteamericana —clave en las decisiones de la Fed— siguen mostrando fortaleza pese a haber sufrido algunos meses más flojos, como junio. En este contexto, mientras las bolsas suben, la renta fija sigue desinflándose: prueba de ello es la menguante cantidad de bonos soberanos que cotizan en negativo en la eurozona, resquicio de una burbuja marcada por el miedo.

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