APUESTA POR LA BOLSA Y CUIDADO CON TRUMP

El gran error (y dos aciertos) que cometieron los analistas en sus predicciones para 2019

Por estas fechas hace un año, las grandes casas de análisis pensaban, en pleno desplome de los mercados y el miedo a la desaceleración que hasta el Banco de Japón subiría los tipos de interés

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Antes de lanzarse a leer las quinielas de los analistas para 2020, quizás sea prudente echar la vista atrás a lo que estos predijeron para 2019. Con los mercados cerrando el ejercicio en rojo y los bancos centrales balbuceando ante la desaceleración de la economía, los inversores se despidieron de 2018 con el corazón encogido. En ese entorno, las predicciones fueron muchas y variadas; pero, entre los avances de las grandes casas de análisis destaca un fallo garrafal y dos aciertos a medias.

El fin del dinero gratis

El error más contundente de los analistas de cara a 2019 fue que predijeron un endurecimiento generalizado de la política monetaria de los bancos centrales. Los reguladores tenían previsto normalizar su política entre 2018 y 2019 — una expectativa que contribuyó al auge de la volatilidad en el cambio de ejercicio, ya que los inversores, golpeados por el pesimismo de los ‘profit warning’ o las anomalías del mercado, no concebían una retirada del apoyo monetario y sus consecuencias—.

Cada casa tuvo sus explicaciones para augurar un ajuste de política monetaria, con la Reserva Federal como banco central de referencia. “Con el mercado laboral estrechándose y las presiones inflacionarias incrementándose gradualmente, nuestro escenario base es que la Reserva Federal suba los tipos en diciembre y tres veces más en 2019”, explicaba Goldman Sachs, que esperaba que el precio del dinero en EEUU se situase en un 3,15%-3,5% para finales de 2019.

JP Morgan, a su vez, se blindaba en la mejora de los salarios y, por ende, la inflación. “Una aceleración moderada de los salarios supondrá, sin duda, una presión al alza de los precios al consumidor. Sin embargo, el aumento reciente del dólar estadounidense y los precios del petróleo a nivel global deberían mantener a la inflación bajo control. Unos aranceles más altos deberían, claro, añadir a la inflación en el corto plazo, pero su efecto depresivo sobre la economía probablemente contrarreste esto”, detallaba la gestora del banco liderado por Jamie Dimon, que por ende vaticinaba que la inflación se mantendría en el objetivo del 2%.

Asimismo, los analistas de JP Morgan lo tenían claro: “La Fed probablemente continúe subiendo los tipos a principios de 2019, añadiendo dos subidas más a mitades de verano hasta el rango del 2,75-3%”, zanjaban. “Otros cuantos bancos centrales podrían unirse a la Fed en el endurecimiento gradual de la política monetaria en 2019. El BCE terminará la compra de activos en enero de 2019 y debería empezar a subir los tipos a mediados de 2019. Otros grandes bancos centrales, como el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón podrían involucrarse en algún tipo de endurecimiento modesto”. Los analistas de la gestora estadounidense llegaron a considerar como un riesgo que la Fed “endureciese demasiado” la política monetaria.

Un argumento similar al de Morgan Stanley, que también se apoyaba en el crecimiento de los salarios y la presión de los aranceles, subrayando que los bancos se concentrarían en la inflación subyaciente. Su apuesta era arrolladora: “el Banco de Japón terminará por sorpresa su política de tipos negativos en el segundo trimestre de 2019; el Banco Central Europeo allanará el camino para subir los tipos 15 puntos básicos en octubre de 2019; el Banco de Inglaterra endurecerá la política más de lo esperado”, preveía. “La Reserva Federal subirá los tipos en marzo y en junio, según empieza el año comprometida con la normalización de la política”, terminaba la gestora del banco liderado por James P. Gorman, que también subrayaba la inminente reducción del balance de los bancos centrales en 2019.

Nada más lejos de la realidad. El Banco de Japón y el de Inglaterra se pasaron 2019 flotando a la deriva, con el británico enrocándose deliberadamente en sus tipos de interés por culpa del Brexit. El Banco Central Europeo, mientras tanto, relanzó en otoño el programa de compra de activos hasta nueva orden, bajando incluso los tipos del depósito. A su vez, la Reserva Federal acometió tres bajadas de tipos de interés.

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No preveían recesión, pero sí desaceleración —además de, por otro lado, endurecimiento de la política monetaria—. Un escenario que, a priori, puede parecer difícil de navegar para la renta variable, que venía de un 2018 desgarrador. Sin embargo, los analistas apostaron por la bolsa y acertaron: el S&P 500 ha vuelto a saborear los máximos, las bolsas europeas han igualado el margen con la americana e incluso todo apunta a que el índice de Hong Kong terminará el año al alza. Todo teniendo en cuenta que los mínimos de cierre de 2018 habían dejado las valoraciones muy bajas y que también había que pensar en superar los máximos de 2018 (año en el que, por cierto, los analistas fallaron estrepitosamente al apostar por la bolsa).

Las casas de análisis se apoyaban en el crecimiento de los beneficios empresariales, con BlackRock asumiendo que “los beneficios de 2018 no se repetirán, pero somos optimistas respecto a la renta variable”, que sin embargo recomendaba ser selectivo con la cartera. También JP Morgan explicaba que, aunque parecía que el crecimiento de los beneficios se iba a ralentizar en 2019, esta tendencia “no parece que vaya a parar”, con los ingresos empresariales subiendo previsiblemente en el año entre doble y único dígito, “apoyando al mercado de renta variable al alza”. Para la gestora, el riesgo estaba en la presión sobre los márgenes de la subida de los tipos y, por otro lado, las relaciones comerciales entre países.

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A parte de vaticinar el revivir de la renta variable, los analistas también acertaron en poner el foco sobre la guerra comercial. Sin embargo, también es cierto que se enfocaron más en analizar el fenómeno como un riesgo a la baja que como un catalizador del optimismo inversor que impulsaría a las bolsas al alza. También cabe matizar que fueron poco incisivos en el tema de la guerra comercial en comparación con otros análisis más técnicos o macroeconómicos. Un fenómeno que tiene cierto sentido dada la impredecibilidad de los tuits de Donald Trump.

La cuestión comercial es un riesgo menos cuantificable — creemos que una escalada de la guerra comercial con China podría tener un impacto significativo directo en los beneficios del S&P 500, y podría suponer costes indirectos mayores dependiendo en la medida de la respuesta por parte de china y el impacto atenuador de la agitación sobre la confianza del inversor y la economía global”, explicaban hace un año desde JP Morgan. “Sin embargo, creemos que EEUU y China evitarán una escalada más allá del aumento de los aranceles de 200.000 millones de dólares en bienes chinos, preparada para el uno de enero”. Poco sabían los analistas que iban a llegar muchas tandas de aranceles más.

Y luego hay casos como el de Goldman Sachs que vaticinaba que “los riesgos políticos son elevados y una fuente clave de bajadas episódicas en los mercados”. “Creemos que esto continuará siendo el caso en 2019”, zanjaban desde la gestora del banco estadounidense. “Las preocupaciones por el comercio probablemente terminen siendo vistas como exageradas, pero también admitimos que hay una alta probabilidad de que el daño se vuelva más significativo”, aventuraban.

UBS le dedicó más matices a la cuestión. “Estamos ante un antes y un después en cómo los inversores piensan sobre el riesgo político”, zanjaba hace un año en su informe de perspectivas. “Desde su inauguración, muchas de las políticas de la administración de Trump han sido a favor del crecimiento; sin embargo, con la política comercial empezando a dejar mella en los datos económicos, la administración se enfrenta a una decisión entre apoyar el crecimiento o perseguir sus propios objetivos estratégicos, incluyendo su rivalidad con China”. El banco suizo sí que apuntó a la posibilidad de que la guerra comercial llegase a ser razón para que las bolsas subiesen, “una mejora en las relaciones con China ayudarían a aliviar las preocupaciones del mercado y ayudaría a apoyar al alza los precios de los activos”. “Sin embargo, si pese habiendo observado el impacto negativo de los aranceles que ya han sido implementados, la administración de EEUU todavía escoge el conflicto con China, esto mostraría que las consideraciones económicas a corto plazo no son clave en su agenda”, matizaba UBS. “Si esto resulta ser el caso, los inversores se volverán más sensibles al riesgo”.

Durante el año, los índices han ido respondiendo directamente a los titulares de la guerra comercial. Prueba de ello son los mínimos de mayo, en los que Trump boicoteó a Huawei por peligro a la seguridad nacional, y los mínimos de agosto, fruto de las acusaciones en las que EEUU tachaba a China de ser una “manipuladora de divisas”. Mínimos que, sin embargo, fueron remediados con los acercamientos de la Administración del republicano con la potencia asiática, cuando Trump anunció nuevas negociaciones en junio tras el veto a Huawei, y cuando EEUU anunció junto a China el principio de acuerdo que ha relanzado a las bolsas a la cima, con el optimismo impregnando las bolsas ya desde días antes.

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