MERMA EL CRECIMIENTO Y ENDURECE LA INFLACIÓN

Trump encamina a China a más comunismo y al mercado a un cortocircuito con la Fed

Los expertos empiezan a ver una estrategia de largo plazo para impedir que el gigante asiático dispute el liderazgo económico, tecnológico y militar de Estados Unidos

Foto: Foto: iStock.
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Hace casi 80 años que un economista británico (Keynes) y otro estadounidense (White) comenzaron una batalla intelectual para construir los acuerdos de Bretton Woods, porque aunque tenían muchas diferencias entre sí, ambos estaban de acuerdo en que el comercio internacional genera crecimiento, estabilidad y paz, los tres pilares que explotaron en la década de los años treinta. Ocho décadas después, vuelve a cuestionarse el comercio mundial con la guerra abierta entre Estados Unidos y China que inició Donald Trump.

Los dos intelectuales también coincidían en la necesidad de una estabilidad monetaria que garantice el comercio internacional. Los bancos centrales fueron un arma arrojadiza entre países antes de la Segunda Guerra Mundial con sus devaluaciones, en un mundo encaminado al proteccionismo. Por ahora, la Reserva Federal (Fed) se ha mantenido al margen de las presiones de Trump, que quiere que siga el mismo camino que el Banco Popular de China.

La autoridad monetaria asiática ya planea nuevos estímulos para evitar un frenazo de China con la guerra comercial, mientras que la Fed solo ha dado su brazo a torcer para desacelerar el ritmo de reducción del balance que estaba recortando la liquidez en los mercados financieros. Pero las implicaciones de los aranceles van más allá de un menor comercio que tenga impacto en el crecimiento. Goldman Sachs ya habla de presiones inflacionistas que dejan un papel complejo a los bancos centrales.

“La principal manera en la que los aranceles afectan a EEUU es a través de una inflación más alta”, explican los analistas de la firma de inversión. Según los estudios citados por Goldman Sachs, hasta ahora, “los exportadores chinos no han absorbido los aranceles en sus márgenes de beneficio y, por otra parte, los productores estadounidenses que compiten contra esos precios han subido sus precios como respuesta”. Asimismo, el banco estima que esta dinámica resulte en una subida de entre 0,22 y 0,99 puntos porcentuales dependiendo de cuánto de grave sea el escenario arancelario, partiendo de una inflación actual en torno al 2%.

Si aumenta la inflación, los bancos centrales podrían tener el incentivo —u obligación— de intervenir endureciendo sus políticas, pero a la vez ello puede ser una amenaza para el crecimiento, necesario para provocar aumento sostenido y estable de los precios a largo plazo. Una amenaza de cortocircuito en los mercados en toda regla, ya que las expectativas sobre las políticas monetarias han condicionado las decisiones de los inversores en la última década, y ahora empiezan a oscurecerse sus predicciones.

Goldman Sachs resalta esta encrucijada de política monetaria. Por un lado, los analistas predicen que "la guerra arancelaria ha revivido uno de los riesgos para el crecimiento que justo a principios de mes el presidente del banco central, Jerome Powell, dijo que se estaba desvaneciendo", sin embargo, también "significa que el auge de la inflación durará más tiempo". Pese a que Goldman predice que el repunte de los precios será temporal, "esto puede aumentar la probabilidad de una subida de los tipos de interés que la Reserva Federal pensó que estaba garantizada por una perspectiva más amplia".

No en vano, los principales riesgos que ven los gestores de fondos están relacionados, según la encuesta mensual de Bank of America Merrill Lynch: guerra comercial, desaceleración de China, políticas estadounidenses y una política monetaria impotente ocupan los primeros puestos en las preocupaciones de los profesionales.

Se cierra el círculo comunista

El economista que lideró la posición británica es uno de los más famosos e influyentes del siglo XX, sino el que más, John Maynard Keynes (1883-1946). El norteamericano fue menos más famoso, pero más importante para el devenir de la infraestructura del capitalismo tras la Segunda Guerra Mundial. Era un tecnócrata del Departamento del Tesoro llamado Harry D. White (1892-1948), al que curiosamente se le señaló desde el FBI como comunista y colaborador de la URSS.

Ocho décadas después, podría cerrarse el círculo de la paradoja entre comunismo y capitalismo, porque si hay un símbolo capitalista y antiintervención es Donald Trump. Pero sus amenazas podrían fomentar que el gigante asiático dé marcha atrás en la liberalización de su economía para impedir un frenazo económico por la guerra comercial, en la que se ha metido de lleno con el anuncio de aranceles del 25% sobre 2.493 artículos, un 20% sobre 1.078 bienes, un 10% sobre 974 productos y un 5% sobre otros 595. El valor conjunto es de 60.000 millones de dólares —más de 50.000 millones de euros—.

John Maynard Keynes y Harry Dexter White, en el tratado de Bretton Woods.
John Maynard Keynes y Harry Dexter White, en el tratado de Bretton Woods.

“China responde a Trump y pone encima de la mesa los estímulos que habían provocado desequilibrios en la economía. Pekín tiene una mayor posición de debilidad”, sostiene Alex Fusté, economista jefe de Andbank. A su juicio, el nuevo escenario “ha reducido las opciones posibles, y el Gobierno de Xi Jinping y el Banco Popular de China se preparan para el peor escenario posible”.

El modelo de crecimiento chino ha estado basado en los últimos lustros por la planificación central, con subsidios y una deuda galopante que ha elevado la percepción de vulnerabilidad vista desde el mercado. La tasa de quiebras, recuerda Fusté, se cuadriplicó en 2018 hasta los 30.000 millones de dólares, lo que aún es ‘solo’ el 0,5% del PIB, pero “lo relevante es la dinámica, que continuó acelerándose en el inicio de 2019, y puede haber un efecto espiral negativo como huida de flujos”.

Estos ‘default’ son consecuencia de que la política de Pekín se reorientó al desapalancamiento, lo que ha provocado falta de financiación para muchas empresas, para “evitar crecimientos abultados de deuda tras un proceso de planificación central fracasado”, recuerda el economista. Fruto de ello, diagnostica, los principales índices de renta variable china se desplomaron en torno al 40% el año pasado.

Ocho décadas después, podría cerrarse el círculo de la paradoja entre comunismo y capitalismo, porque si hay un símbolo de antiintervención, es Trump

Pero China no podrá dejar atrás esta etapa si Trump insiste. “Republicanos y demócratas están en pocas cosas de acuerdo, pero una de ellas es que China es un lugar que a base de trampas se ha convertido en una amenaza para el dominio económico, tecnológico y militar de Estados Unidos”, arguye Fusté.

Estados Unidos también asume riesgos, porque uno de los pocos consensos globales entre economistas es que menos comercio es menos crecimiento a largo plazo. Además, “al mundo le conviene que a China le vaya bien”, asegura el economista jefe de Andbank, aunque ve por esta vía que la economía norteamericana “se desacoplará de la china y tendrá menor daño”. Aun así, el consenso republicano en torno a Trump empieza a resquebrajarse, ya que, según informa ‘Financial Times’, hay senadores preocupados con la dinámica entre Washington y Pekín.

Esta división en el Partido Republicano podría obligar a Trump a flexibilizar su posición, igual que Xi Jinping está interesado en un pacto que evite a China volver al modelo de subsidios fiscales y estímulos monetarios. Además, el gigante asiático aspira a que su divisa, el renminbi, sea una moneda de referencia en la región, como lo fue el marco alemán en Europa en los años noventa. Para ello, necesita estabilidad monetaria.

Por esta razón, además, China no tiene capacidad de devaluar su moneda o de usar como arma su tenencia de deuda pública estadounidense por valor de casi 1,2 billones (millones de millones) de dólares. Además de porque una venta masiva de bonos provocaría a China pérdidas al tumbar el precio, es la manera que tiene el banco central chino de depreciar su moneda, ya que compra bonos estadounidenses gracias al superávit comercial. Por otro lado, “consigue rentabilidades de entre el 2% y el 2,5% con los ‘treasury’, no hay nada que el banco central chino pueda comprar como alternativa sin deteriorar el balance”, asevera Fusté.

Vienen curvas en los mercados

Los mercados están nerviosos. Tras cerrar 2018 en rojo, las bolsas remontaron a principios de año; pero un tuit de Donald Trump el día 5 bastó para que estas viraran de nuevo a la baja. El S&P 500 acumula una caída de más del 3% desde ese fin de semana (respecto a la ganancia del 13% de principios de año), habiendo registrado pérdidas diarias que no veía desde enero. El chino SEE Composite, a su vez, cae desde la primera amenaza de Trump más de un 6% (pese a que todavía aguanta la subida del 15% de los últimos cinco meses). Pero no son solo las bolsas: la curva de las rentabilidades de la deuda soberana se ha vuelto a invertir en las últimas semanas, con el bono a tres meses llegando a alcanzar mayores rentabilidades que la renta fija a 10 años. El yuan, a su vez, acumula dos semanas de pérdidas de valor frente al dólar.

En este contexto, las gestoras avistan curvas. Un tercio de los inversores sondeados en la última encuesta de Bank of America Merrill Lynch ha contratado coberturas para protegerse contra una caída pronunciada de los mercados durante los próximos tres meses —el nivel más alto de la historia de la encuesta—. No en vano, la guerra comercial es el primer factor en el orden de las preocupaciones de los inversores encuestados (con un 37% de la cuota total de los riesgos avistados por estos), seguida de la desaceleración en China (un 16%) y la política estadounidense (12%).

La bolsa de Shanghái. (Reuters)
La bolsa de Shanghái. (Reuters)

“La disputa comercial entre China y EEUU dominará el ánimo de los inversores durante algún tiempo, y la clave es que la relación a más largo plazo entre las dos naciones probablemente sea más difusa, sin una colaboración o cooperación clara entre ellas”, explica Jing Ning, gestor de un fondo de Fidelity enfocado en China. “A muy corto plazo, esperamos que los mercados sigan presa de la volatilidad”, predice el experto, que cree que “lo anterior no es necesariamente negativo para los inversores, a la vista de las oportunidades que surgen de la volatilidad”. Asimismo, desde la gestora recomiendan poner el foco sobre los fundamentales de las empresas, reducir exposición a las compañías exportadoras y sobreponderar los sectores más orientados a la economía moderna.

Kim Catechis, gestora y responsable de mercados emergentes de Martin Currie, filial de Legg Mason, va un paso más allá y prevé que “en este punto, la reacción de los mercados seguramente cambie la mentalidad de Washington” ante la proximidad temporal de las elecciones generales de 2020.

La guerra comercial va a dominar la (falta de) confianza de los inversores en los próximos meses

Los inversores tienen pocas opciones de protegerse ante esta situación, si es que el deterioro prosigue. “A los perfiles más conservadores les recomendamos reducir peso en los activos de riesgo, y tener posiciones en fondos monetarios o de deuda a corto plazo con comisiones muy bajas, fondos con titulizaciones, productos de retorno absoluto y mixtos patrimonialistas”, aconseja José María Luna, socio de Luna Sevilla Asesores Patrimoniales, mientras que para los más agresivos, recuerda que “la volatilidad no es 'per se' un enemigo, ya que los niveles macro y micro no son malos, y puede haber oportunidades como en fondos ‘growth’ o en ‘utilities”.

“La imposición recíproca de aranceles está dentro de la estrategia de negociación y a ambos países les interesa llegar a un acuerdo”, asegura Miguel Ángel García, director de Inversiones de Diaphanum, que recomienda “un aumento de renta variable” en las carteras. “Una buena estrategia es contar con 'cash' en la cartera: nos protege de las caídas y permite, en su caso, aprovechar estas tomando posiciones a mejores precios”, opina Guillermo Santos, socio de iCapital, pero también, añade, “pueden protegerse las carteras con fondos de activos que actúan de refugio en caso de incertidumbre económica, como los ligados a bonos americanos tanto a corto como a largo plazo o a oro”.

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