CONSECUENCIAS DE LA GUERRA COMERCIAL

El nacionalismo le da un mordisco de 350.000 millones a la globalización

Algo ya ha cambiado en el comercio mundial. Las medidas proteccionistas ya le han arrancado un buen mordisco a la globalización. Desde 1930 no sucedía algo parecido

Foto: El presidente de EEUU, Donald Trump. (Reuters)
El presidente de EEUU, Donald Trump. (Reuters)

La amenaza de Donald Trump de aumentar los aranceles a China a partir del próximo viernes pasó este lunes factura en las bolsas mundiales, pero sus efectos van mucho más allá que un simple ajuste en las cotizaciones. Pase lo que pase con la décima ronda de negociaciones entre dos de los tres colosos del comercio mundial (el tercero es la Unión Europea), sus efectos ya se han dejado notar.

La llamada 'desglobalización' comienza a tomar carta de naturaleza, y aunque los datos son todavía poco concluyentes, hay una primera evidencia. EEUU, como pone de relieve este trabajo reciente de la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER, por sus siglas en inglés), ha impuesto ya aranceles (los impuestos que se pagan en el comercio entre países) por valor de más de 300.000 millones de dólares (268.000 millones de euros), lo que supone, como sostiene el estudio, el mayor nivel de proteccionismo desde que en 1930, en medio de la Gran Depresión, se aprobara la Ley Smoot-Hawley, que marca un hito en el nacionalismo económico y que provocó un rearme arancelario que intensificó la recesión.

Esos 300.000 millones representan el 13% del comercio total, y a esa cantidad hay que añadir otros 100.000 millones de dólares (89.300 millones de euros) impuestos por otros países, principalmente China, como respuesta a la ofensiva de la Administración Trump, que, según el trabajo de la NBER, cuesta a los consumidores estadounidenses unos 1.400 millones de dólares mensuales, al tener que comprar bienes con precios más elevados por falta de competencia. En total, algo más de 357.000 millones de euros que han restringido el comercio mundial.

Según el estudio, los precios han crecido, como media, un 1% respecto de lo que hubiera sucedido en caso de que no se hubiera producido una guerra comercial. Y los daños han sido especialmente relevantes para las empresas que han hecho cuantiosas inversiones para establecer una cadena global de valor, que supone poder producir determinados bienes en varios países aprovechando la libertad de comercio y las ventajas comparativas (salarios o normas medioambientales). El trabajo estima que las empresas se han visto obligadas a redireccionar bienes por valor de 165.000 millones de dólares para salvar los nuevos impuestos al comercio mundial.

Propiedad intelectual

Según sus cálculos, el nuevo régimen arancelario ha reducido las importaciones de EEUU en un 32%, mientras que los aranceles impuestos como represalia por otros países han provocado una disminución del 11% en las exportaciones estadounidenses. Es más, el estudio recuerda que si el objetivo de la Administración Trump era reducir la dependencia de China, no se ha tenido en cuenta que, en 2017, EEUU recibió unos 8.000 millones de dólares por la explotación de 'royalties' derivados de la propiedad intelectual.

Este trabajo es coherente con otros que reflejan ya una ralentización del comercio mundial a causa del neoproteccionismo. En un reciente estudio del Banco Central Europeo (BCE), se recuerda que el proceso de integración comercial comenzó tras la II Guerra Mundial, cobró un nuevo impulso en los años ochenta y vivió una época dorada en el periodo comprendido entre 1990 y 2008, cuando el comercio total de bienes y servicios creció y pasó de representar el 39% al 61% del PIB mundial.

¿Qué está sucediendo ahora? Pues que el comercio se ha ralentizado hasta situarse actualmente en el 58% del PIB mundial, mientras que, en paralelo, el proteccionismo ha ido en aumento “como consecuencia del incremento de las barreras no arancelarias y, más recientemente, de las arancelarias”. Es decir, el nacionalismo económico se deja notar. Entre otras cosas, como afirman las autoras del estudio, las economistas Vanessa Gunnella y Lucia Quaglietti, porque “el apoyo público a la globalización ha disminuido a ambos lados del Atlántico”.

Es más. Según la base de datos de Global Trade Alert, que monitoriza en tiempo real las decisiones que adoptan los gobiernos que afectan al comercio mundial, en 2017 más del 50% de las exportaciones de los países del G-20 estaba sujeto a medidas comerciales perjudiciales, en comparación con el 20% de 2009. En consecuencia, se afirma, el crecimiento del comercio se ha desacelerado “más bruscamente en aquellos sectores en los que se han adoptado amplias medidas discriminatorias que en los sectores que se han beneficiado de la liberalización comercial”.

Represalias

El estudio recuerda que todo empezó con la imposición de aranceles para paneles solares y lavadoras en enero de 2018. A continuación, se introdujeron aranceles del 25% para las importaciones de acero y del 10% para las compras de aluminio para una amplia gama de países, en marzo de 2018. Después, las tarifas sobre acero y aluminio también se aplicaron a Canadá, México y la Unión Europea, lo que a su vez activó medidas de represalia. La Unión Europea impuso un arancel del 25% sobre una gama de productos estadounidenses por un valor de 3.200 millones de dólares. La Administración Trump, por su parte, inició una nueva investigación de las importaciones de automóviles para determinar sus efectos en la seguridad nacional, sugiriendo la posibilidad de un aumento arancelario del 20% al 25%.

Como recuerda el trabajo del BCE, las industrias más afectadas, en el caso de China, son aquellas que producen componentes electrónicos, equipos eléctricos y maquinaria, que, precisamente, se incluyen en el plan industrial Made in China 2025, impulsado por el Gobierno de Pekín. Respecto de la zona euro, las tarifas impuestas por los EEUU afectan a unos 5.500 millones de dólares, principalmente en el sector del metal básico y, en menor medida, del metal fabricado.

Cadenas globales de valor

El estudio estima que el aumento del proteccionismo afecta a la actividad económica a través de varios canales. En particular, por el hecho de que los derechos de importación más altos aumentan los costes comerciales, “lo que puede alterar tanto la cantidad como el precio de los bienes comercializados internacionalmente”, sostienen las autoras del estudio. La existencia de cadenas de suministro de producción global complejas puede amplificar este efecto.

El BCE recuerda que, en un mundo caracterizado por cadenas globales de valor muy complejas, las mercancías cruzan las fronteras varias veces y los costes arancelarios se acumulan debido a una especie de efecto cascada, algo que afecta, sobre todo, a los bienes intermedios, que sirven para fabricar otras mercancías. La conclusión es obvia. Cuando los productos terminados han llegado al consumidor, el precio final “puede haber aumentado significativamente”.

Y a precios más altos, menos comercio, como refleja el Índice de Globalización que elabora el Instituto de Economía de Suiza (KOF), que muestra una evidente ralentización respecto de las dos últimas décadas. En ese índice, España aparece con 80 puntos (sobre 100), muy por encima de los 58 puntos a nivel mundial, lo que significa que la desglobalización le afecta más que a otros países.

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