¿SERÁ QUE ESTAMOS MAL ACOSTUMBRADOS?

La volatilidad de las bolsas sigue por debajo de los picos de la crisis... a pesar de Trump

Aunque haya a quien le parezca que el mercado anda raro, lo cierto es que en volatilidad vive una etapa normal, que parece fuerte por la inusual tranquilidad de los últimos años

Foto: Foto: iStock.
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El dinero nunca duerme —ni siquiera en vacaciones—. En pleno periodo estival, los mercados se han embarcado este agosto en lo que a cualquier inversor huidizo le podría parecer el fin del mundo. Pero la historia demuestra que el descalabro de este agosto es apenas un pequeño bache en comparación con otros altibajos sufridos por las bolsas en el pasado. De momento, 2019 no se parece ni de lejos a la montaña rusa vivida a comienzos de la crisis.

Los meses de verano se caracterizan por unos niveles de volumen más bajos, lo que exagera la percepción de una cantidad de movimientos que en otra época del año pasaría más desapercibida. "En el periodo vacacional, el volumen de operadores es más reducido y cualquier evento inesperado tiene un mayor impacto en los precios debido a esa ausencia de volumen", explica Gonzalo Lardíes, gestor del DIP Spanish Equities de A&G Banca Privada. "Si no suceden este tipo de eventos, normalmente el proceso es el contrario, la actividad de mercado cae de forma importante y por lo tanto las oscilaciones suelen ser mucho menores que en el resto de meses del año".

Son muchos los agostos memorables en el Ibex 35: en 2018, los mercados sufrieron el desplome de las divisas emergentes (-12%); en 2015, la espiral bajista del yuan puso de manifiesto la ralentización de la economía china (-8%); en 2011, España se vio directamente señalada por la deuda soberana de la eurozona (-10%)... Hay para dar y regalar.

Con todo, más allá de agosto, los mercados llevan desde el otoño de 2018 pasando por un momento ‘raro’: tras los desplomes de diciembre, las bolsas recuperaron los máximos en primavera, aunque volviendo a ponerse nerviosas entre mayo y agosto. La gran sombra que las atemoriza es la guerra comercial y la incertidumbre que trae consigo; sobre todo cuando esta viene de la mano de la ralentización económica y la ambigua normalización monetaria (aunque unos tipos bajos sean droga fácil para el sector empresarial, la falta de visibilidad de los bancos centrales deja inquietos a los mercados). Y mientras tanto, el mercado ya lleva meses dando señales de dolencia, con la curva de los tipos invirtiéndose en Wall Street y la totalidad de los bonos alemanes cotizando en negativo en Europa.

Un panorama difícil que se refleja en los niveles de los índices VIX —índices que, sin embargo, demuestran que la volatilidad registrada estos meses, por más temible que parezca, no es para tanto—. “Los altibajos que llevamos viendo este año no son para nada excepcionales”, explica Luis Benguerel, consejero de Anattea Gestión y también con un largo recorrido como ‘trader’. “Ante la falta de volatilidad que hemos vivido en los últimos años, con los índices subiendo de forma escalonada gracias al apoyo de los bancos centrales, ahora a cualquier ‘sustillo’ o ‘recogida de beneficios’ lo llamamos volatilidad”.

Y es que este panorama no tiene nada que ver con los niveles de 2008-2011, cuando el Ibex 35 podía llegar a caer 500 puntos en un día. “Yo entonces era operador de futuros y a veces me encontraba con clientes que querían vender posiciones intradía pero no podían porque no había comprador”, recuerda Benguerel, que aunque considera que los desarrollos económicos y políticos que se están dando de fondo sí pueden ser preocupantes, la volatilidad en sí no lo es.

“Una de las características más notables del ambiente del mercado global desde 2013 ha sido un mercado inusualmente tranquilo en los mercados de renta variable y renta fija”, explica Paul O’Connor, director del equipo de Multiactivos de Janus Henderson. “Parte de la explicación es que la volatilidad macroeconómica en sí ha sido inusualmente baja —las variaciones en el crecimiento económico a nivel global en los últimos años han sido muy modestas en comparación con otros periodos de la historia—”.

“La política de los bancos centrales también ha jugado un papel importante en atenuar las fluctuaciones de los mercados financieros, ya que la volatilidad está normalmente correlacionada con los movimientos de los tipos de interés reales”, añade O’Connor. “Unos tipos de interés inusualmente bajos a nivel global en los últimos años han suprimido muchas tensiones económicas y financieras, recreando un ambiente inusualmente tranquilo en los mercados financieros, donde la inyección de dinero poscrisis ha mantenido en paz a los inversores durante años”.

Miedo a invertir

¿Es preocupante que se hayan acabado los días golfos? Al final, la volatilidad es señal de nerviosismo, sobre todo cuando las que se imponen son las ventas. Gergely Majoros, miembro del comité de inversiones en Carmignac, entiende que las razones detrás de los altibajos actuales den pie a nerviosismo. “Hay un alto nivel de incertidumbre por las políticas, tanto comerciales como monetarias, y mientras persista la incertidumbre, aguantará la volatilidad”, explica. Sin embargo, aunque cree que los niveles de inestabilidad actuales no son excepcionales, Majoros recuerda que la volatilidad es parte del trabajo del gestor y que es su herramienta para conseguir rentabilidad. “La gestión del riesgo es nuestro trabajo como gestores y tenemos que asumirlo escogiendo bien los activos y midiendo los tiempos”. Desde la firma, el experto apuesta por los valores de calidad, por empresas bien gestionadas y con unos flujos de caja y balances sólidos.

Lo mismo opina Javier Ruiz desde Flossbach von Storch, y defiende que “la volatilidad es una mala medida del riesgo”. “Cuando tú inviertes en una empresa, inviertes en ella analizando sus fundamentales”, argumenta. “En un momento en que el mercado no discrimina entre las buenas o malas compañías, la volatilidad actual es una buena oportunidad para seguir invirtiendo prestando atención al valor intrínseco de cada empresa de forma independiente”.

Aunque algunos entienden que las subidas y bajadas pronunciadas puedan ser un arma de doble filo que desata la locura entre los inversores. “Es la pregunta del millón y depende: la volatilidad de la bolsa ha arruinado a muchos inversores” explica Pablo Martínez Bernal, responsable de Relación con Inversores en Amiral Gestion. Sin embargo, Martínez Bernal matiza que la volatilidad es inherente a la inversión en bolsa. “Si como inversores queremos obtener buenas rentabilidades, tenemos que convivir con ella. Y convivir con ella significa adecuar nuestros horizontes de inversión. Por eso es una temeridad invertir en bolsa capital que necesites de aquí a menos de cinco años”.

Y es que en momentos de inestabilidad, a más de uno le entran ganas de apechugar con las pérdidas y salir corriendo. Chris Gannatti, directora de Análisis especializada en Europa en Wisdom Tree, también aconseja tener una visión a largo plazo y recomienda continuar contribuyendo a la inversión de forma consistente, incluso cuando las cosas van mal. “Nosotros todavía no hemos visto que sea posible acertar repetidamente con las subidas y bajadas del mercado y regular la inversión según estos movimientos”, argumenta Gannatti. “Creemos que la mayoría de inversores pueden llegar a perder mucho dinero si intentan acertar con los tiempos en vez de seguir una estrategia disciplinada de inversión”.

Stefan Hofrichter, director de Estrategia Global en Allianz, pone en relieve que el beneficio o daño que pueda causar la volatilidad también depende en gran parte a la gestión del riesgo que le dé cada inversor. “Unos altos niveles de inestabilidad, siempre que coincidan con las ventas (lo que, por ejemplo, no fue el caso en la burbuja de los noventa), suponen siempre puntos a favor, ya que la volatilidad suele deberse a una exageración del mercado”, matiza. “Sin embargo, unos niveles bajos de volatilidad suelen invitar a una toma de riesgos que puede ser excesiva, tanto en los mercados como en la economía real”. El experto pone como ejemplo el caso del comienzo de la crisis financiera entre 2007 y 2008, cuando los bajos diferenciales del mercado de crédito llevaron a las empresas a endeudarse por encima de sus posibilidades.

"Es precisamente en estos momentos de volatilidad cuando pueden surgir oportunidades de inversión que no conviene desaprovechar"

Es difícil saber a ciencia cierta si la volatilidad ha vuelto para quedarse o si será pasajera… Pero vayan abrochándose los cinturones. “La volatilidad es sumamente cíclica y hay buenas razones para creer que los mínimos vividos en los últimos años han quedado atrás”, considera O’Connor. El gestor identifica como factores a vigilar cuestiones geopolíticas como el Brexit o la guerra comercial, a la vez que las decisiones de la política monetaria —y eso que todos son desarrollos que se caracterizan por pasar por una fase de suma impredecibilidad, sobre todo cuando carecen de precedentes—.

Y es que los expertos ya están preparando la temporada de resultados de otoño, cuando las empresas digieran las vivencias del verano. “La volatilidad durante finales de verano se debe también a que los inversores han recibido los informes del primer semestre y toman conciencia de que los acontecimientos no se están desarrollando tan bien como pronosticaban”, explica Michael Browne, gestor de Martin Currie (Legg Mason). “De acuerdo con Morgan Stanley, en cuatro de los últimos cinco años, el ritmo de las revisiones a la baja de los beneficios fue más marcado en agosto”, apunta.

“Todo parece indicar que las noticias sobre la guerra comercial continuarán durante las próximas semanas, lo que augura otro mes de agosto con mucha volatilidad”, prevé Gabriel Ximénez de Embún, director de Credit Suisse Gestión. “Adicionalmente, existen otros factores de riesgo como el Brexit, la debilidad de los beneficios empresariales, así como otros riesgos geopolíticos como Irán, Hong Kong, etc., que pueden contribuir a elevar dicha volatilidad”.

“En escenarios como este, lo mejor es mantener la calma y no sobrerreaccionar”, aconseja el experto. “Es precisamente en estos momentos de volatilidad cuando pueden surgir oportunidades de inversión que no conviene desaprovechar”.

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