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Bolsa europea, tipos de interés y volatilidad: los fallos y aciertos de los analistas en 2018

Goldman Sachs, Morgan Stanley, UBS y JP Morgan sacan todos los años sus predicciones para el año que viene sobre qué activos comprar y los vientos cruzados a prevenir

Foto: Foto: EFE
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Son fechas de reflexión. Mientras muchos corren a dar sus previsiones para el año que entra, pocos se paran a pensar en los meses que dejamos atrás: las principales bolsas en rojo, miedo a una recesión, tensiones comerciales… Todo esto cuando a principio de año las grandes entidades financieras firmaban sus predicciones para el 2018 en un panorama de máximos históricos y crecimiento acelerado.

Y es que, aunque empresas como Goldman Sachs, Morgan Stanley, JP Morgan o UBS acertaron con algunos de sus augurios, también han fallado estrepitosamente en otros. A principios de año, las firmas internacionales apostaban (algunas más que otras) por tres cosas: la renta variable (sobre todo la europea), cambios en política monetaria (en especial por parte de EEUU) y volatilidad (en particular por tensiones políticas).

1. Bolsa europea

Pese a los riesgos que predecían, los analistas continuaban apostando a finales de 2017 por la renta variable: aunque menos jugosos que los de antaño, todavía veían potencial de retornos en las bolsas en 2018. Sobretodo, veían muy atractivas las bolsas europeas, a precios más accesibles que la estadounidense pero con un alto potencial de subidas.

“Basándonos en nuestras predicciones, continuamos recomendando que los clientes mantengan sus estratégicos activos de riesgo, aunque reconocemos que los retornos serán menores en el nuevo año”, explicaba Goldman Sachs. Lo mismo le pasaba a JP Morgan que, pese a que también predecía nubarrones en el horizonte, justificaba que “los aspectos positivos superan a los negativos, y seguimos recomendando comprar renta variable en 2018, ya que las alternativas no nos parecen alentadoras”.

Las firmas internacionales creían que la bolsa europea iba a rendir mejor que la bolsa estadounidense. Morgan Stanley se tiraba a la piscina recomendando “vender deuda para comprar renta variable, lo contrario que [en 2017]”, recomendando vender en bolsas estadounidenses y de mercados emergentes y comprar acciones japonesas y de la eurozona, también lo contrario de lo que [predicaban] el año pasado”. Lo mismo ocurría con JP Morgan, que le otorgaba un potencial de alza del 5% a la bolsa estadounidense y del 12% a la de la Eurozona. Y es que el suizo UBS aseguraba que “los principales indicadores económicos de la zona euro se encuentran en máximos plurianuales y las empresas de la región están muy orientadas a una mejora del ciclo económico mundial”.

Goldman Sachs hasta recomendó "comprar estratégicamente" en la bolsa española, específicamente su sector bancario

A su vez, viendo todavía potencial de crecimiento de Wall Street pero preocupado por un posible sobrecalentamiento, Goldman Sachs otorgaba a las bolsas estadounidenses una probabilidad de crecimiento de entre el 5% y 8% en 2018, frente al alza del 9% que veía en el Eurostoxx –de hecho, la firma explicaba que recomendaba “comprar de forma estratégica en la bolsa española”, atraída por los “precios atractivos, una incertidumbre política menor y un crecimiento acelerado del PIB”. Es más, la firma recomendaba especialmente comprar bancos españoles “los cuales se beneficiarán del alza de los tipos de interés” –.

Doce meses después, el S&P 500 pierde casi un 13%, el Eurostoxx 50 alrededor de un 15%, el Nikkei en torno a un 18,5%. El Ibex 35, lastrado por el peso de unos bancos que se han quedado sin sus anheladas subidas de tipos, se deja alrededor de un 15,5%. Con todo, el mercado de bonos soberanos –tanto a largo como a corto plazo (de hecho muchos bonos a dos años de la eurozona se encuentran todavía en rentabilidades negativas)– de Europa y Japón pierde rentabilidad a lo largo del año (aunque esto también significa que su precio sube, lo cual es positivo para los inversores del mercado secundario). Es solo en EEUU, donde los intereses del ‘treasury’ suben al son de las alzas de los tipos –eso sí, con una inusual volatilidad y con una curva de los rendimientos del corto y largo plazo que se aplana por momentos–.

2. Tres subidas de tipos

Y es que los inversores están nerviosos por el cambio de rumbo monetario, algo que también comentaban los analistas antaño. UBS estaba tranquilo: preveía dos subidas de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal, la conclusión del programa de compra de activos del Banco Central Europeo (BCE) para finales de año. “Es probable que el alcance del endurecimiento sea limitado”, decía en el informe, agregando que el impacto en los rendimientos de los bonos directamente resultantes de dicha ronda de endurecimiento sería limitado. “Pronosticamos que los rendimientos de 10 años en EEUU asciendan hasta un 2,5% a finales de 2018”, decía entonces UBS, cuando este año el bono a diez años ha llegado a superar el 3% de rentabilidad.

Tanto Morgan Stanley como Goldman Sachs esperaban tres subidas de los tipos de interés en EEUU sin que la ‘Fed’ se ponga agresiva y no veía que ni que el BCE ni el BoJ fuesen a cambiar la política acomodaticia por el momento. JP Morgan fue el más ‘atrevido’ al presagiar cuatro subidas de los tipos de interés en EEUU este año –mientras que esperaba que el BCE y el BoJ mantuviesen el precio del dinero en 2018–.

Al final, JP Morgan tenía razón: Mario Draghi se ha mantenido en sus trece sin subir los tipos de interés y ha terminado el programa de compras este diciembre. El Banco de Japón tampoco ha subido sus tipos de interés (en negativo desde 2016) y el único de los grandes bancos centrales a nivel mundial que ha movido ficha ha sido la Reserva Federal: Jerome Powell anunció la cuarta y última subida de los tipos de interés de este 2018 en un contexto de fortaleza macroeconómica pero nerviosismo en los mercados –habiendo, eso sí, moderado el tono acerca del cambio de rumbo en los últimos meses–.

3. Sismos en los mercados

Y es que la volatilidad sí que es un tema del que avisaron los analistas. Morgan Stanley razonaba que “una de las justificaciones a las altas valoraciones de la renta variable es que están a niveles razonables si se comparan con la baja rentabilidad de los bonos”. Sin embargo, predecía que “si los bonos suben como esperamos, esta situación se debilita y es probable que la volatilidad en la renta variable aumente”, añadiendo además que también el mercado de renta fija podría verse plagado de volatilidad si los inversores de bonos a largo plazo empezasen a impacientarse.

UBS, de hecho, también explicaba 2017 que “los bonos y las acciones podrían ascender y descender juntos si los inversores se preocuparan por la política monetaria” –algo que se ha visto muy claramente plasmado en las últimas correcciones en EEUU–. “Esta dinámica aumentaría la volatilidad de la cartera para los inversores diversificados en acciones y bonos”, avisaba el banco suizo.

Foto: EFE
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Con todo, los analistas no solo veían el cambio de política monetaria como fuente de inestabilidad en los mercados en 2018, si no que también estaban preocupados por el impacto en los mercados de las tensiones políticas que se avistaban en el horizonte. Goldman Sachs hasta hacía una lista: “deterioro de la política doméstica en Washington DC; miedo a la globalización y la creciente presencia de China en el comercio global; miedo a la inmigración; el terrorismo; el aumento del populismo; la amenaza de los ciberataques; tensiones geopolíticas en Corea del Norte; y la fiebre del bitcoin”.

Morgan Stanley, a su vez, creía que Corea del Norte tan solo iba a ser una preocupación menor para los inversores pero que la incertidumbre política en EEUU y las elecciones a nivel mundial estarían cada vez más en el foco a medida que avanzara 2018. Le preocupaba especialmente el auge de los populistas en Italia y el éxito de Morena (partido que veían como una amenaza al TLCAN).

Al final, mientras sí es cierto que las irreverencias del gobierno populista en Italia dispararon la prima de riesgo e hicieron temblar también a mercados periféricos como el bancario español, no fue México el que desafió los grandes tratados comerciales mundiales: fue el proteccionismo de Donald Trump el que no solo encaró a sus países vecinos, si no que también ha puesto en vilo la confianza de los inversores con sus amenazas comerciales a la Unión Europea o China.

De todas formas, Morgan Stanley sí que habló del proteccionismo de una manera más concreta, al referirse a su amenaza para los países emergentes: "unos intereses más altos supondrán un dólar más fuerte", explicaba la firma, "eso y la inminente amenaza del proteccionismo –si es que la administración de Trump termina siguiendo la retórica de su campaña– podrían desafiar la naciente recuperación de los mercados emergentes, altamente dependientes del comercio". El efecto de la fortaleza del dólar, junto con otras derivadas geopolíticas, ha hecho sus estragos este 2018 en países como Turquía o Argentina.

A JP Morgan, a su vez, le resbalaban los miedos a las tensiones geopolíticas. “No esperamos que las turbulencias políticas determinen el ciclo económico global este año”, zanjaba en el informe, “esperamos tan solo una moderada relajación de la política fiscal en EEUU y no vemos que ni las negociaciones del TLACAN o el Brexit, ni que las elecciones más importantes previstas para Europa y Latino America afecten el desempeño [económico]”.

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