Es noticia
Menú
Viaje a la sierra nostálgica de Madrid: "Un perdedor de la guerra nunca tendría casa aquí"
  1. España
  2. Madrid
HISTORIA Y SOCIOLOGÍA DEL LUGAR

Viaje a la sierra nostálgica de Madrid: "Un perdedor de la guerra nunca tendría casa aquí"

En los sesenta, las clases acomodadas de la capital empezaron a levantar sus casas de campo bajo las montañas de Guadarrama, junto al Valle de los Caídos y El Escorial

Foto: Hospital abandonado de Los Molinos, en la sierra de Madrid. (F. P.)
Hospital abandonado de Los Molinos, en la sierra de Madrid. (F. P.)

Desde la cristalera del salón, Fermín puede seguir con la vista su porche, el pozo de la finca, la piscina que queda junto a la entrada y la verja de su vivienda. Si mira más allá, encontrará los demás chalés de Los Molinos, un pequeño municipio al noroeste de Madrid. Son de una o dos alturas, con tejas oscuras y muros de piedra. El más discreto está provisto, cuando menos, de jardín. Si dirige la vista al fondo, atisbará la sierra de Guadarrama, que corona el noroeste de Madrid y marca su frontera con Segovia. Escondida entre las faldas de las montañas, verá la cruz del Valle de los Caídos.

No es fácil encontrarla a primera vista, pero él ha pasado sus veranos allí desde pequeño. Su familia, de padre, madre y cinco hermanos, siempre fue acomodada, pero más bien progresista. "Ahora, el resto de los vecinos son fachas hasta la médula", apunta este madrileño. Lo cuenta de pasada, más apoyado en la costumbre que en ninguna cifra. Aunque los datos apoyan su intuición. En Los Molinos, PP y Vox sumaron más de la mitad de los votos en las elecciones generales de noviembre de 2019; para tomar el pulso ideológico a un grupo, siempre es mejor acudir a este tipo de comicios, y no a los locales o autonómicos. Así, el PP fue el partido más votado (28,5%) y uno de cada cuatro electores (25,25%) cogió, en concreto, la papeleta de la extrema derecha. Es una proporción muy por encima de la que Vox consiguió en la Comunidad de Madrid (18,49%) y, desde luego, en el conjunto del Estado (15,2%).

Foto: Franco inaugura un pantano. (Cedida)

En cualquier caso, este no es el más conservador entre los pueblos al noroeste de la capital, o Sierra Central, según la nomenclatura oficial de la Comunidad de Madrid. En aquellas mismas generales, Vox fue el partido más votado, también por encima de PP y PSOE, en municipios como El Boalo, Valdemorillo, Robledo de Chavela o Colmenar del Arroyo. En Hoyo de Manzanares, Collado Mediano y Alpedrete, la extrema derecha no gana, pero ocupa la segunda posición a muy pocos pasos del PP. Todos estos pueblos rodean la A-6, la autovía que une Madrid con Galicia. Los resultados se explican, en parte, gracias a la renta media del entorno, que ronda los 39.000 euros por hogar. Es la más elevada de la periferia madrileña y también supera a buena parte de la presente en la capital.

"Donde hay chalés, hay voto conservador. Esa relación está muy clara, como la de la renta", afirma el arquitecto José María Ezquiaga. Pero eso no es todo. El noroeste de Madrid, a la sombra de las montañas, cuenta con un valor en el paisaje que falta en el resto de la comunidad, como apunta este Premio Nacional de Urbanismo. "Los primeros ideólogos del franquismo odiaban la ciudad. La veían como un escenario de conflictos, donde tenía lugar la lucha de clases. La montaña era aire puro y salud. En esta sierra hay una épica, una nostalgia de lo español. No solo desde Franco, que colocó allí el Valle de los Caídos. En el mismo Escorial descansan los restos de nuestros reyes", anota Ezquiaga. A lo largo del siglo pasado hubo tres olas de interés por la sierra, comenta el urbanista. La primera fue durante los años veinte, más bien simbólica, minoritaria y presente en la literatura, en el relato de los intelectuales. Una oda a la naturaleza.

"Los primeros ideólogos del franquismo odiaban la ciudad. La veían como escenario de conflictos"

Cerca de Los Molinos yace abandonado el Sanatorio de la Marina. Algunos turistas merodean por sus alrededores. En su interior, encontramos muebles rotos, tabiques desconchados y pintadas. Este hospital militar abrió sus puertas en 1943 y las cerró en 2001. Durante casi siete décadas, allí se trataron las dolencias respiratorias de los soldados. A la sierra se le atribuían unos poderes curativos carentes en la ciudad, recuerda Ezquiaga. El arquitecto menciona a Pedro Bidagor, el urbanista del régimen que moldeó Madrid al comenzar la dictadura y que planificó la ampliación de la ciudad a pueblos aledaños, como Vallecas o Chamartín: "Incluso en sus bocetos, Bidagor hablaba de los dulces vientos del noroeste, del paisaje bello y puro, mientras que el sur era para él un lugar de vertidos, desagües y yesos. Por ello, el tronco superior de la capital llama a la riqueza, mientras que el inferior se ocupó más tarde, como un lugar de menos valor y por clases sociales humildes".

El renacer de la sierra

El segundo gran momento de la sierra llegó en los años sesenta, cuando la burguesía madrileña empezó a comprar fincas para levantar allí el sueño de una segunda vivienda. Eran chalés a medida, encargados y proyectados por cada familia; una forma de construcción fuera del alcance de las clases medias. "A partir de 1953, y de los acuerdos entre España y Estados Unidos, el franquismo abandonó la autarquía económica. Arrancó el turismo y empezó a llegar el dinero. Pero, claro, esa riqueza no se repartió. Se quedó en manos de las clases altas. Hablamos de un régimen corporativo, donde los hombres de bien eran banqueros y procuradores en las Cortes al mismo tiempo. Es imposible que una familia que perdiera la guerra tuviera una casa en la sierra de Madrid", sentencia el escritor Mariano Sánchez Soler. Este periodista lleva décadas siguiendo el dinero del franquismo, en libros como 'Ricos por la patria' (2001), 'Los Franco SA' (2003), 'Los banqueros de Franco' (2005) y 'Los ricos de Franco' (2020).

placeholder Plaza de España en Los Molinos. (F. P.)
Plaza de España en Los Molinos. (F. P.)

De aquellos años sesenta son los primeros recuerdos de Miriam, que disfrutaba del verano en la casa de su abuelo. En efecto, imagina que este combatió en el bando franquista, aunque no está segura. Sí sabe que era ingeniero. Recuerda un municipio en el que las mujeres pasaban allí los tres meses de verano, junto a los niños, y en el que los maridos apenas se acercaban al pueblo en agosto. "Los veraneantes no nos juntábamos con los del pueblo, no sé por qué. Era fácil distinguir a unos y otros. Sobre todo, en la ropa". Según cuenta esta madrileña, cada 18 de julio había hombres de Los Molinos, pero sobre todo de los alrededores, que se ponían una camisa azul y marchaban en fila hasta el Valle de los Caídos. “Pero esos eran veraneantes, no vecinos. Yo no creo que los votos a Vox vengan de esas familias, porque muchas ni votarán en estos pueblos. Estoy convencida de que vienen de los ganaderos, que son quienes viven aquí todo el año. El otro día, se acercó a nuestro jardín un hombre que vendía leña. Y venía maldiciendo a los ecologistas, claro, porque no los puede ni ver”, apunta Miriam.

Entre los caminos que llevan de Los Molinos a Guadarrama, una pintada decora la fachada de una caseta abandonada: 'Vota F/N'. Si las siglas se refieren a Fuerza Nueva, el grafiti contará al menos con cuatro décadas. Si hablan del Frente Nacional, el partido que fundó más tarde Blas Piñar, llevará allí cerca de 30 años. Cuentan los vecinos del entorno que este pasaba el verano en Cercedilla. "Si esto te parece españolísimo, espérate a las fiestas patronales", comenta Héctor, natural de Alpedrete. Banderas de plástico rojigualdas decoran las plazas principales de los pueblos cuando llegan esas fechas.

placeholder Pintada de 'Vota F/N' en la sierra de Guadarrama. (F. P.)
Pintada de 'Vota F/N' en la sierra de Guadarrama. (F. P.)

Fue en 1967 cuando la familia de Paco se compró un chalé en Villanueva de la Cañada. También en la sierra, aunque algo más cerca de la capital. Construida de antemano, no como las que solía proyectar la alta burguesía. "Había 10 fincas, todas seguidas, entre las tierras de los campesinos. La casa nos la vendió la familia Serrano, que eran los dueños de las tierras. Se veía que eran unos caciques, que manejaban el pueblo. Nuestro chalé fue barato, porque estaba en medio de la nada. Pasaron años hasta que tuvimos vecinos en la acera de enfrente".

El tercer 'boom'

El tercer 'boom' de la sierra llegó en los años ochenta y noventa, cuando a la sierra llegaron también los bloques de apartamentos y los grandes proyectos urbanísticos. Los pueblos que hasta entonces apenas habían ejercido como lugar de veraneo se convirtieron en ciudades dormitorio de Madrid. Los municipios más cercanos a la capital, al contrario de como había pasado hasta entonces, empezaron a ser los más caros de toda la sierra. En Villanueva de la Cañada, aquel pueblo sin urbanizar, y donde PP y Vox acumulan más del 60% de los votos, la renta por hogar supera hoy los 51.000 euros. En cambio, los pueblos que pegaban a la montaña se quedaron atrás, al menos en los indicadores puramente económicos. "Por ello, sus chalés resultan tan anticuados, apaisados y de piedra. Las urbanizaciones modernas están en ciudades como Majadahonda o Pozuelo de Alarcón. El franquismo decía amar la sierra, pero la condenó a ser un lugar de veraneo", reflexiona Ezquiaga.

"Los distritos más caros de la capital son los del norte y el oeste, y los más baratos, los del sur. Cuando la ciudad se desborda, y la gente se va fuera de Madrid, esa desigualdad se expande al resto del territorio. En ese movimiento, las familias acomodadas eligen el noroeste. Allí encuentran calidad de vida, un paisaje más bello y, además, están bien comunicados con los distritos de los que vienen, como Moncloa, Chamberí o Salamanca”, reflexiona José Ariza, doctorando en Sociología Urbana. Para él, el tamaño del municipio no influye en la ideología de sus habitantes. La renta sí lo hace, pero hay un factor más.

placeholder La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, durante su visita al Puerto de Navacerrada. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, durante su visita al Puerto de Navacerrada. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)

Porque no todo es azul a la sombra de Guadarrama. Hay pueblos que votan conservador en las elecciones generales, pero progresista cuando eligen el color del ayuntamiento. Es el caso de Torrelodones, donde gobierna desde hace más de una década el partido Vecinos por Torrelodones, que nació contra la especulación urbanística en la sierra. También ocurre en Galapagar, regida por el PSOE. Aunque quizá los casos más llamativos son los de Cercedilla y Navacerrada, dos localidades aledañas. La primera vota socialista, pese a que Blas Piñar figurase entre sus veraneantes. En Navacerrada, con más fuerza que en ningún municipio del entorno, Vox es el partido más votado (29,6%). Allí, la extrema derecha y el PP suman tres de cada cinco sufragios.

¿Y por qué, estando tan cerca la una de la otra, y a pesar de encontrarse en un entorno tan similar, resultan tan dispares? Ariza cuenta con una explicación reveladora. En Cercedilla, uno de cada cinco edificios pertenece al casco histórico del pueblo. Pero en Navacerrada esta proporción baja muchísimo. Solo uno de cada 20 inmuebles se levantó allí antes de 1960. La mayoría llegó a partir de los ochenta. "Si las nuevas construcciones ocupan una gran parte del municipio, y su número es muy superior al de las viviendas viejas del pueblo, esa localidad votará a la derecha. Hay quienes piensan que los vecinos ya son conservadores cuando eligen vivir allí, pero hay otra teoría. En pueblos donde no hay ni plaza, donde todo ocurre en casa y los desplazamientos son en coche, la idea de vecindad muere y la gente se vuelve más individualista", sentencia el sociólogo.

Entre los libros que Miriam atesora en su chalé se encuentra ' Un recorrido por Los Molinos ', de Marta Martín Fernández. Algunas de sus páginas mencionan a los vecinos ilustres del municipio. Los barones de Chirel mandaron construir seis casas en la misma calle, una por cada hija que tuvieron. Alfonso Senra Bernárdez llegó allí en 1939 y, durante la dictadura, fue miembro del Tribunal de Responsabilidades Políticas. El artillero Antonio Fernández Sola da nombre a un paseo en el pueblo. El libro también recoge la historia de Enrique Espí Alfaro, ingeniero, que trazó algunos de los embalses de la sierra. Murió en 1992, tras criar a seis hijos y convertirse en uno de los vecinos más involucrados en la vida de Los Molinos. Y todo aunque él, durante la guerra, combatió en el bando republicano. Antes había militado en la UGT.

No todo es azul a la sombra de Guadarrama, decíamos.

Desde la cristalera del salón, Fermín puede seguir con la vista su porche, el pozo de la finca, la piscina que queda junto a la entrada y la verja de su vivienda. Si mira más allá, encontrará los demás chalés de Los Molinos, un pequeño municipio al noroeste de Madrid. Son de una o dos alturas, con tejas oscuras y muros de piedra. El más discreto está provisto, cuando menos, de jardín. Si dirige la vista al fondo, atisbará la sierra de Guadarrama, que corona el noroeste de Madrid y marca su frontera con Segovia. Escondida entre las faldas de las montañas, verá la cruz del Valle de los Caídos.

Extrema derecha
El redactor recomienda