PUEBLOS QUE CAMBIAN EL PSOE POR VOX

Tres teorías para explicar por qué a Madrid le ha salido un cinturón verde

Los aspiracionales del 'boom' económico han quedado aislados por el frenazo de la construcción y están votando alternativas que cuestionan el sistema

Foto: Personas en el bar Juvi de Chapinería.
Personas en el bar Juvi de Chapinería.

Madrid siempre ha sido una ciudad azul rodeada de un gigantesco anillo rojo que se extendía hasta el final de la provincia. Tras las elecciones de abril, el anillo comenzó a ponerse naranja, por la parte interior, y después se volvió azul. Lo más sorprendente es que, por fuera, el anillo es casi todo verde.

Las elecciones del domingo constataron que decenas de municipios madrileños, históricos votantes del PSOE, se han pasado a Vox. El nuevo anillo verde, aun incompleto, se intensifica en los pueblos limítrofes, especialmente en las fronteras con Guadalajara y Toledo. Navalcarnero, Aldea del Fresno, Arroyomolinos, Fuente el Saz, El Molar, Loeches y otros tantos han saltado de Sánchez a Abascal en tan solo seis meses. Del socialismo a la ultraderecha con solo un verano de por medio.

Se trata, junto con la región de Murcia, del mayor granero de votos de Vox en España. ¿Qué está pasando en los confines de Madrid?

Villanueva de Perales, 50 kilómetros al suroeste de la capital, 11:00 de la mañana. En la plaza, intentando calentarse al sol, Isabel y Corrochano toman unas cervezas. Hablan de política, de cómo se ha impuesto Vox por primera vez en el pueblo. Isabel dispara primero: "Yo he votado a Vox. Antes votaba al PP, pero me he hartado. Y en el pueblo de al lado, en Villamantilla, que conozco yo a casi todos, han hecho igual". ¿Hartado de qué? "Del PP y el PSOE. Estoy harta, no hacen nada por nosotros". Al otro lado de la mesa Corrochano, con una gorra de cuando trabajaba en el acero, se lo piensa antes de abrir la boca: "Yo he votado al guapo", dice refiriéndose a Pedro Sánchez. "Pero es la última vez que lo hago, de hecho me he arrepentido. Si pudiera volver a votar, votaba a Vox", explica mientras sujeta su vino blanco.

El vecino Corrochano, en la plaza de Villanueva de Perales.
El vecino Corrochano, en la plaza de Villanueva de Perales.

Corrochano alude a uno de los bulos más comunes propagados por la ultraderecha para justificar su cambio: "El otro día me contaron que a uno de por aquí, que al parecer es policía, le entraron en casa a robar con toda la familia dentro. El hombre, que por supuesto tenía su arma reglamentaria, disparó al ladrón en una pierna. ¡Y ahora quieren meter en la cárcel al policía! Eso no se puede permitir, hombre, y Vox parece ser el único que dice algo", continúa.

También está el asunto de la caza. Isabel, sobre la economía del pueblo: "Aquí no hay nada. Tres tiendecitas, el trabajo que da el ayuntamiento y el coto de caza. Aquí viene bastante gente a cazar, y esperemos que eso se conserve, porque si no...".

A los partidos antisistema no les votan los pobres, sino los que han visto defraudas sus expectativas

Al fondo, solo en una mesa, Rui Carreira escucha la conversación con su doble de cerveza. A este portugués, con más de cincuenta años de historia en España, no le sorprende que sus vecinos hayan votado a Vox: "Mira que es pequeño este pueblo (1.500 habitantes), pero no te imaginas lo que se habla de Cataluña", dice. "La gente está asustada, no sabe qué va a pasar con el país, y quieren que las cosas se arreglen de una vez". En el fondo Rui, de naturaleza reflexiva, cree que lo nuestro no tiene solución: "Los españoles estáis muy... (se lleva el dedo a la sien y hace círculos) con Franco y el pasado. Media España odia a Franco, la otra mitad lo adora. En Portugal tuvimos a Salazar también, pero ya pasó. ¡Incluso hicimos una encuesta en la televisión y lo eligieron como el mejor portugués de la Historia! Está bien, se superó".

El alcalde de Villanueva, el independiente José Miguel Lloret, abunda en la idea del hartazgo: "En el pueblo siempre ha habido una bolsa importante de voto conservador, que normalmente se iba al PP, y que ahora se ha ido a Vox. Tampoco podemos olvidar que este partido ha hecho bandera de la caza y los toros, que son dos elementos que funcionan muy bien en los pueblos, y este no es una excepción".

El vecino Rui Carreira.
El vecino Rui Carreira.

Pero, ¿quién vive en estos pueblos? Lo define Emmanuel Rodríguez, sociólogo, historiador y autor de 'La política en el ocaso de la clase media': "Este anillo verde no son zonas consolidadas de población obrera como Getafe, sino a emplazamientos de nuevo cuño: del Corredor del Henares (Algete, Meco) a Ocaña (Toledo). Lugares en los que viven inmigrantes que trabajan en las obras, antiguos agricultores dedicados a la construcción, pequeñas fortunillas, militares, guardias civiles o personas expulsadas de los viejos barrios obreros... un pequeño 'Far West' popular, pero sin tradición obrera o izquierdista alguna. Es decir, Vox no gana ni en Getafe, ni en Alcorcón, ni en Móstoles, pero en esos sitios sí”.

Sobre el hartazgo de esta ciudadanía perimetral ha publicado Andrés Rodríguez-Pose, catedrático de Geografía Económica en la London School of Economics. Según su visión, el nacimiento de un cinturón verde en Madrid era cuestión de tiempo: "España era la excepción europea de un fenómeno común. Sucede en París con el Frente Nacional o en el norte de Italia con la Lega: es la venganza de los sitios que no importan". Según sus estudios (PDF), estas poblaciones del extrarradio de las grandes ciudades se habrían visto especialmente perjudicadas en el tránsito de una economía industrial a otra más globalizada. "Ya ha llegado a Madrid, pero también sucede a las afueras de Barcelona con el voto independentista, que aunque parezca opuesto al de Vox, es igualmente un voto antisistema, de protesta", dice Rodríguez-Pose.

Continúa el catedrático: "Son, en esencia, ciudadanos acomodados que han visto en los últimos quince años cómo el valor de su trabajo descendía, y con él su poder adquisitivo. Ya casi no hay sector industrial, ni astilleros, ni manufactureros... y muchos de ellos son incapaces de reconvertirse. Se sienten completamente abandonados". Menciona Rodríguez-Pose el caso de la Naval en los años 80, donde ya veía el germen de lo que está sucediendo: "¿Recuerdas las manifestaciones de la Naval en el norte? Una de las cosas que cantaban era 'no queremos ser camareros'. Eso significa, en esencia, que no querían hacer un producto de menos valor o dar un servicio, porque implica una degradación del nivel de vida"

El catedrático sostiene que estos cinturones de descontento en torno a las grandes ciudades es un problema común en países cuyos polos económicos están muy concentrados, como es el caso de España. "Alemania, en este aspecto, es un país mucho más organizado: sus centros económicos están muy repartidos por el territorio, lo que favorece el desarrollo de muchas ciudades. En España, si miramos los datos de los últimos treinta años, solo ha crecido un poquito el País Vasco y muchísimo Madrid, el resto más o menos se mantiene".

Muchos pueblos del cinturón verde son lugares donde la clase media se ha dado el hostión

Para Rodríguez-Pose el voto contra el sistema, ya sea para exigir la independencia de una región o la supresión de las autonomías, no es tanto patrimonio de las clases bajas como de las clases medias desencantadas, una idea que comparten otros académicos. "Estamos hablando de municipios que en algunos casos han doblado su población, que se han llenado de ciudadanos que llegaron durante el frenesí del ladrillo", afirma Isidro López, investigador y coautor de 'Fin de ciclo' (PDF), un extenso trabajo académico sobre la gestación, desarrollo y consecuencias del estallido de la burbuja económica en España.

Vamos, pues, con la segunda teoría: "Son ciudadanos que abandonaron Madrid durante la burbuja y se las prometían muy felices en su nuevo lugar de vida, cada uno en su opción: para unos fue un PAU en Arroyomolinos y para otros un 'chaletaco' en Illescas. Unos lo hicieron para tener mejores condiciones por menos dinero que en Madrid y otros por mantener el nivel de vida, porque no podían pagar un piso grande como el de sus padres en la ciudad. A todos les prometieron que aquel erial se convertiría pronto en una ciudad. Todos ahora están desilusionados", dice López.

A estos ciudadanos no hay partido nacional o autonómico que les represente, porque son demasiado pocos y están demasiado lejos de la Puerta del Sol. "La construcción paró de golpe tras la burbuja y a estas personas a las que se le prometió prosperidad y desarrollo, se sienten aislados y desconectados de cualquier núcleo urbano. Son lugares donde la clase media se ha dado el hostión", dice el investigador. Así, el voto en estas zonas "se convierte en algo instrumental, de ensayo y error", ya que "no están conectados a los polos políticos y ningún partido llega realmente, mucho menos a fidelizarles, así que cambian de color según consideran oportuno".

Los datos apoyan la teoría del aluvión: con respecto al resto de Madrid, las localidades del cinturón verde están compuestas por ciudadanos más jóvenes de la media que han nacido en otras zonas de la región. Los desarrollos inmobiliarios en esta parte de Madrid, sobre todo en el 'boom' económico, han conformado un paisaje curioso, de pueblos desvencijados flanqueados por imponentes chalets con piscina. En la última década, localidades como Arroyomolinos han experimentado un crecimiento de más del 150%, seguido por Villamantilla o Seseña, por encima del 70%.

"En este tren no se puede ir a trabajar"

Cuarenta kilómetros separan Villanueva de Perales de Zarzalejo, un pueblecito de la Sierra Oeste madrileña. Transcurren por la M-510, atravesando pueblos como Chapinería, Navas del Rey o Robledo de Chavela, que ya votaron por Vox en primavera y han aprovechado estos comicios para ampliar su mayoría. Sin embargo, Zarzalejo vota contra su entorno. Resiste como una mancha morada entre el verdor predominante. Es uno de los pocos municipios de Madrid en los que gana Unidas Podemos por sistema.

"Bueno, pero por un solo voto al PSOE", dice entre risas Juanpi, vecino del pueblo y expropietario del bar La Parada, al lado de la estación de tren. "¿Sabes por qué dejé el bar? Porque estaba harto de que me friesen a impuestos. Pagaba los mismos impuestos que un tío que tiene un bar en San Lorenzo de El Escorial o en Majadahonda, cuando en esos pueblos tienen diez veces más negocio que aquí", continúa.

Juanpi, a la derecha, junto a un vecino en el barrio de la estación de Zarzalejo.
Juanpi, a la derecha, junto a un vecino en el barrio de la estación de Zarzalejo.

"'¿Y para qué pago yo estos impuestos?', me preguntaba, 'si aquí no tenemos nada'. Ni la Guardia Civil sube hasta aquí, esto es como el 'wild west'. Cuando pasa una patrulla le preguntamos que si se ha perdido. Y luego está el tren, que es una mierda", sigue. "Para ir a cualquier sitio tienes que cambiar de tren en El Escorial, solo hay dos regionales al día y para llegar a Madrid es casi una hora y siete 'pavos', ya me dirás para qué sirve un tren así. Será para ir de excursión, desde luego no para ir a trabajar".

Después de unos minutos despotricando contra el sistema tributario, el vecino de Juanpi por fin se anima a explicar el misterio de Podemos y Zarzalejo: "Aquí hay gente de todo tipo, pero mayormente de derechas. Y muchos son de Vox, aunque solo sea porque todos tenemos una escopeta en casa y estamos locos por echarnos al monte a cazar el jabalí. Lo que sucede es que hace unos años empezó aquí un movimiento medio místico... al principio eran cinco o seis, pero consiguieron movilizar a más gente...".

"Yo los llamo 'los bioguays', puedes ponerlo en el periódico", interrumpe Juanpi. Se refiere a Zarzalejo en transición, una iniciativa vecinal que surgió en 2011 y aboga por el respeto a la naturaleza y la preservación de los recursos. "Por ahí empezó todo. Vendieron bien su rollo y llegó aquí bastante gente a vivir como ellos y a trabajar en sus huertos ecológicos. Luego se construyeron esos nuevos chalés y... desde entonces aquí gana Podemos", explica el amigo de Juanpi.

La iglesia de Zarzalejo, en el barrio de la estación.
La iglesia de Zarzalejo, en el barrio de la estación.

Como indica el vecino de Zarzalejo, a lo largo de toda la frontera sur del cinturón verde se repite un patrón: grandes casas en grandes extensiones de terreno. Y con esto llegamos a la tercera teoría, con fines taxonómicos: la 'España de las piscinas'. El término lo acuñó Fernando Caballero, autor de '¿Por qué Madrid es de derechas?' y arquitecto en una firma con sede en Fráncfort. "Estos son pueblos que han crecido mucho en pocos años, a base de promociones y urbanizaciones de chalets en propiedad con jardín y piscina, y que, aun estando 'en el campo', no están vinculados al mundo rural, sino a Madrid. Están planificados según modelos urbanísticos norteamericanos extremadamente individualistas, en los que se necesita el coche para ir al trabajo, a la compra o a llevar a los hijos al colegio, en muchos casos colegios privados y concertados", expone.

La España de las piscinas se está extendiendo a Zaragoza, Málaga o Valencia

Según su análisis, en Madrid se han formado tres anillos. Uno interior, el prémium, "entre la A-1 y la A-5", que pasó de las manos de Ciudadanos a las del Partido Popular, con rentas por encima de los 50.000 euros. Es el caso de Pozuelo de Alarcón o Las Rozas. Después está el clásico anillo rojo, cada vez más estrecho, que da paso al tercer anillo, el de Vox. "Se trata de zonas aspiracionales en el suroeste y el noreste del área metropolitana, donde viven principalmente asalariados con una renta media por hogar de entre 20 y 40.000 euros, también hasta ahora con muchos votantes de Ciudadanos que se han pasado a Vox. Algunos de esos pueblos ya están fuera de la Comunidad de Madrid y se han llenado con un flujo constante de población que no puede permitirse esa forma de vida dentro de Madrid", dice el experto.

"En definitiva, la España de las piscinas es un fenómeno nacido en Madrid que ha venido para quedarse, porque ya empieza a darse en otras capitales importantes como Zaragoza, Valencia o Málaga", indica Caballero.

Adin, vecino de Chapinería.
Adin, vecino de Chapinería.

14:30. Concluimos el viaje por el sur del cinturón verde en Chapinería. Un grupo de veinte o treinta marroquíes ocupa la plaza: los niños juegan al balón, mientras las madres, ataviadas con hiyab, les gritan que no chuten hacia la carretera. Por allí pasa Adin, de 36 años y vistosa chilaba al que preguntamos cómo es ser musulmán en un reducto de Vox: "Yo no sé mucho de política, pero si te refieres al racismo, aquí no hay ningún problema. Cuando llegué, en 1999 o 2000, a veces sí pasaban cosas, pero aquí todos nos llevamos bien: te tomas un café con cualquier vecino y ya somos hermanos", dice mientras corre con el pan camino de casa.

Dentro del bar Juvi, el más concurrido de Chapinería, todos miran a la televisión. Acaba de conocerse que Pablo Iglesias y Pedro Sánchez firmarán una coalición de gobierno y hay cierta conmoción. "Que dice el telediario que el Coletas va a ser vicepresidente, lo que nos faltaba", le dice un cliente a otro. "¿Vicepresidente? ¿Ya se sabe eso? Joder, mira cómo se han espabilado cuando le han visto las orejas a Abascal", responde.

Madrid

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