LA GUERRA POR CONTROLAR LA POSCONVERGENCIA

Los 'lobbies' independentistas se reorganizan y pelean por el control político de Cataluña

El intento de hacerse con el antiguo espacio de Convergència ha provocado una sorda lucha intestina que ha dado alas a ERC para consolidarse como la formación hegemónica

Foto: El presidente de la Generalitat de Cataluña, Quim Torra (i), junto al 'expresident', Carles Puigdemont (d), hacen unas declaraciones tras reunirse en Waterloo. (EFE)
El presidente de la Generalitat de Cataluña, Quim Torra (i), junto al 'expresident', Carles Puigdemont (d), hacen unas declaraciones tras reunirse en Waterloo. (EFE)
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Distintos grupos de presión se están reorganizando en el independentismo catalán, en lo que es el antiguo espacio de Convergència, que hasta ahora había estado férreamente controlado por el 'expresident' fugado, Carles Puigdemont. El control por ese ámbito ha provocado una sorda lucha intestina que ha debilitado a unos y ha dado alas a ERC para consolidarse como la formación hegemónica del independentismo catalán.

Desde Waterloo, Puigdemont supo dinamitar calculadamente los pocos núcleos de poder y neutralizar al PDeCAT, el partido heredero de Convergència. Así, impuso su marca electoral de Junts per Catalunya (JxCAT) en detrimento del partido, en el que, además, impuso a la vicepresidenta Miriam Nogueras. Esta fue la encargada de ser la ejecutora de los designios del fugado tanto en el PDeCAT como en la lista electoral de CiU en Madrid, donde fueron barridos los moderados como Jordi Xuclà o Carles Campuzano. Durante los dos últimos años, en la estrategia de Puigdemont no había lugar para el diálogo. Y Nogueras fue la encargada de enmendar la plana a cualquier dirigente que mostrase en público alguna discrepancia con la línea oficial del 'expresident'.

El control del espacio posconvergente por parte de Puigdemont se hizo, en realidad, por dos vías: a través de las listas electorales y a través del Govern. En las listas, Puigdemont impuso su propia marca (aunque a la postre está registrada a nombre del PDeCAT). Quiso dar la puntilla a la formación creando otro instrumento como la Crida Nacional, pero resultó un estrepitoso fracaso: los convergentes de pro jamás se apuntaron en masa ni a la Crida ni al otro brazo político de Puigdemont, el Consell per la República, los dos intentos del mandatario fugado de sustituir al PDeCAT por una formación de la que él tuviera el control absoluto. Pero consiguió que el PDeCAT fuese un cero a la izquierda, un partido que ni siquiera concurrió con su nombre a ninguna de las citas electorales que ha habido en estos dos años.

Sin embargo, el paso del tiempo y la dificultad de controlar exhaustivamente el partido y el Govern han hecho mella y han provocado una cierta pérdida de autoridad en ese espectro político. El 'expresident', no obstante, jugó bien sus bazas a través del presidente de la Generalitat, Quim Torra, un interino que nunca se creyó su cargo de 'president' hasta ahora, cuando corre el peligro de tener que dejarlo obligado por los tribunales, y del grupo parlamentario de JxCAT.

El núcleo duro de Puigdemont

En el Parlament, tiene a varios incondicionales que no se deben a nadie más que a él, bien porque no son militantes del PDeCAT o bien porque hayan cambiado las lealtades al partido por las lealtades a Puigdemont. El vicepresidente de la Cámara, Josep Costa, y los portavoces, Albert Batet y Eduard Pujol, son los claros exponentes de escuderos fieles a Puigdemont. Junto a nombres como Aurora Madaula, Gema Geis, Laura Borràs o Elsa Artadi (esta última desmarcándose en algunas ocasiones), conforman un núcleo de incondicionales al 'expresident', apoyados por una pléyade de cargos de la Administración que no admiten disidencias.

Pero el desgaste de Puigdemont es enorme y su vuelta a Cataluña, así como su liderazgo, se han resentido en los últimos meses. Quim Torra le encuentra cada día más gusto al poder y quiere desprenderse ahora de la etiqueta de 'president provisional' o 'interino'.

En las últimas semanas se ha producido también un acercamiento entre Torra y el consejero de Políticas Digitales y Administración Pública, Jordi Puigneró, al que algunos ven como su delfín. "Es un hombre cercano a Puigdemont y no está supeditado al partido. Es el complemento perfecto para Torra", explica una de las fuentes consultadas por este diario. Lo cierto es que, de ser un hombre fuertemente vinculado a Convergència, Puigneró fue alejándose de la estructura de la formación y ahora es considerado uno de los exponentes de la 'tercera vía' en el Govern, es decir, de los equidistantes del PDeCAT y de Puigdemont.

Pero también hay varios grupos o 'lobbies' posconvergentes que tratan de copar parcelas de poder desde hace pocas semanas. Por un lado, el partido que apoya al Govern, el PDeCAT, tiene a Miquel Buch como su principal exponente dentro del Ejecutivo. Buch, cuyo nombre suena para liderar el futuro gran partido posconvergente, forma tándem con otro peso pesado de CDC, Francesc Homs, exconsejero de presidencia, y con Artur Mas. Este grupo logró colocar a Joana Ortega, exvicepresidenta, como asesora de Empresa en políticas transversales el pasado mes de mayo. Además, no ven con malos ojos que la consejera de Empresa, Àngels Chacón, sea la sustituta de Quim Torra en un futuro cercano si se convocan elecciones o si el 'president' es inhabilitado. El exconsejero de Presidencia Jordi Turull estaría también cercano a este grupo de presión.

Artur Mas se deja querer

El expresidente Artur Mas pulula alrededor de estos grupos de presión. Una de las fuentes explica que la 'reina madre', como se le conoce en algunos círculos, está a la espera de que le pidan que salve al PDeCAT y al proyecto convergente. Por afinidades, se ubicaría en el lobby que incluye a Homs y a Buch, pero prefiere no decantarse políticamente porque su meta es intentar encontrar apoyos para su proyecto personal de vuelta al ruedo político a finales del próximo invierno, una vez cumplida la pena de inhabilitación que le fue impuesta por la consulta del 9 de noviembre de 2014.

"Mucha gente, tanto del partido como de fuera, le está pidiendo que vuelva y él se ha limitado a escuchar pero no ha decidido nada", admite una persona de su confianza que le trata periódicamente. Se deja querer y se prepara para pedir a todos los grupos de presión, en un momento dado, que tienen que apoyarlo a él.

Pero no hay que olvidar a otro 'lobby': el formado por el actual consejero de Territorio y Sostenibilidad, Damià Calvet, y su mentor y protector, Josep Rull, uno de los dirigentes que proviene de la estructura de Convergència. En este sector se podrían incardinar algunos de los cuadros que provienen de la antigua CDC y que Rull controlaba territorialmente. La ambivalencia de este sector para jugar tanto en el terreno de la Administración como en el del partido es lo que le confiere un mayor peso político. Este grupo podría jugar un papel menos protagonista en la política catalana, aunque no por ello menos importante: Calvet es vendido como un "valor en alza", pero sus responsabilidades y decisiones políticas en el pasado, igual que las de Puigneró, le pueden pasar factura en el futuro.

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