NUEVA ACCIÓN DEL SECESIONISMO

El independentismo lanza un vídeo con una guía para convencer a turistas en seis pasos

Unos gramos de cultura diferenciada de España, de sentimiento, una historia un poco manipulada y una economía un poco más distorsionada

Foto: Manifestación independentista en Berlín. (Reuters)
Manifestación independentista en Berlín. (Reuters)

Vender la independencia es como vender un producto. Uno solo tiene que hablar bien de él, destacar sus cualidades y camuflar sus deficiencias. Pues así es la guía rápida independentista de este verano para ‘vender’ la independencia a los turistas: unos gramos de cultura diferenciada de España, de sentimiento, una historia un poco manipulada y una economía un poco más distorsionada… Todo bien agitado, produce un bonito cóctel para convencer a cualquier interlocutor. Eso sí: con las mínimas palabras y el menor tiempo posible, para no cansar. La guía circula por los circuitos ‘indepes’ a la velocidad del rayo, publicada por Gerard Sesé.

La independencia, según la guía, “es un sentimiento, una cosa romántica, no se puede explicar con palabras”. Propone, pues, responder fácil y directamente, con tópicos ‘indepes’ para no cansar al interlocutor.

Para que lo entienda el viajero, lo primero es preguntarle de qué país es y ahí entra la picaresca: hay que hacerle una contrapregunta al turista. Si es francés, “se le podría responder que ‘si usted es francés, podría ser belga, porque hay una parte de Bélgica donde se habla francés”. Cuando el interlocutor se reafirme en que es francés y no belga, se le ha de responder: pues es exactamente lo mismo: yo soy catalán y no soy de España’. Y ya está”. La trampa reside, precisamente, en el hecho de querer unificar Francia y Bélgica, dos Estados diferentes, cuando lo lógico hubiese sido comparar a un bretón o a un corso con un francés, ya que Bretaña o Córcega son lo más parecido que tiene Francia a España con Cataluña.

Pero puede pasar que el interlocutor le responda que es ciudadano del mundo y que no quiere fronteras. Por eso, pone otro ejemplo: un encuentro con un argentino, que se reivindica como tal. El abordaje entonces es distinto. Tras reconocer que el español es uno de los idiomas más hablados del mundo, la pregunta siguiente es desternillante: “¿Y los temas de costumbres y tradiciones están en peligro de extinción? ¿El mate, el asado, el dulce de leche, la chacarera…?”. “¿Pero vos sos loco o qué tenés en la cabeza?”, le responde escandalizado el turista. “Y entonces le dices: ‘Yo, cuando en Cataluña pase lo mismo, también quiero ser ciudadano del mundo”. Lo cierto es que el paralelismo vuelve a ser deficiente, porque lo que viene a decir es que la sardana, los ‘castells’, el alioli, el ‘pà amb tomàquet’, la crema catalana o la butifarra están en peligro de extinción.

“El catalán está en peligro”

El punto segundo es la cultura. “Los catalanes tenemos una cultura diferenciada de los españoles”, dice el protagonista del vídeo. Al mismo tiempo, aparece sobreimpresionado en la banda inferior un titular de una noticia que dice que “Cataluña prohíbe los toros”. Pero, a continuación, asegura que tenemos cosas en común, en lo que podría llamarse “una cultura ibérica”. Y aquí se sobreimpresiona otro titular: “Los beneficios de la siesta”. Eso es lo de menos. “Es que también tenemos cosas en común con los italianos o los griegos, lo que podría ser una cultura latina. E incluso con los libaneses, en lo que podría ser una cultura mediterránea. O con los noruegos, en lo que podría ser una cultura europea, occidental”.

Matiza luego, sin embargo, que el vértice máximo “de nuestra cultura diferenciada con los españoles, aparte de las fiestas, las costumbres, la gastronomía, la idiosincrasia… es la lengua: el catalán. Nuestra lengua, que podríamos decir que es la máxima representación de nuestra cultura, está en peligro. Para defenderla, necesitamos, seguro, un Estado”. Directo al grano.

La tercera lección es de historia. Aquí apuesta por explicar algunos conceptos básicos: “Cataluña era una realidad política diferente a la castellana hasta que el rey de Aragón y la reina de Castilla se casan. Eran los Reyes Católicos [en la pantalla aparece sobreimpresionada la fecha de 1469]. Aunque se mantienen las competencias de cada condado y cada región, se unifica el reino. Y llega el 1700. Carlos II, rey de Castilla y de Aragón, muere sin descendencia y estalla la guerra de sucesión española, que derivó en un conflicto europeo, ya que las coronas y los diferentes imperios buscan un equilibrio de fuerzas. Aquí es cuando la corona de Aragón da apoyo a Carlos de Austria, ya que la corona austriaca promete mantener todas las competencias de los condados catalanes. En cambio, los castellanos apuestan por los Borbones (…). Y este, casi como el actual, quería centralizarlo todo. La guerra dura casi 15 años y los austriacos se marchan, dejan Cataluña a su suerte hasta que en 1714 perdieron la guerra. Por tanto, se les ha de explicar que Cataluña perdió la guerra contra España y que, por ejemplo, Barcelona fue bombardeada y ocupada. Los catalanes fueron castigados y Cataluña sometida”.

Con ello, se ha de dar un mensaje al turista: los diferentes reyes desde entonces, así como las dictaduras, “han intentado acabar con los catalanes sin éxito”. La historia contada no tiene desperdicio, ya que viene a decir que la guerra de sucesión española se produjo por la retirada de las competencias a los condados catalanes. De esa manera, se enfoca la historia como si la guerra de sucesión se hubiese generado por un conflicto competencial con Cataluña, cuando esta no existía todavía y los condados de las tierras catalanas siempre habían formado parte de la Corona de Aragón.

El tópico del déficit fiscal

El punto número 4 es la economía. “Cataluña tiene un déficit fiscal con España. Aporta mucho más de lo que recibe. Según datos de 2014, Cataluña pierde cada año 16.570 millones de euros por el déficit fiscal. Eso son 45 millones al día”. Le faltó al guionista estudiar las competentes explicaciones del exconsejero de Economía Andreu Mas-Colell, nada sospechoso de comulgar con el unionismo, para delimitar verdaderamente a qué déficit fiscal se refiere y poner en la balanza conceptos no computados en la falsa cifra de los 16.000 millones, que ya solo defiende una selecta minoría de ultraindependentistas.

El quinto punto es el del derecho a la autodeterminación. “Todo lo que hemos visto hasta ahora: sentimiento, cultura, historia, economía, son todas las características que necesita una comunidad para convertirse en una nación, un pueblo. El problema es que Cataluña es una nación sin Estado. Como pueblo, tenemos el derecho a decidir nuestro futuro. Y este es un principio fundamental de los derechos humanos. Además, fue formalizado jurídicamente por primera vez en la carta de las Naciones Unidas en 1945. Además, el derecho a la audodeterminación es una norma ‘ius cogens’, es decir, que constituye el nivel más alto de las normas de derecho internacional y eso quiere decir que ha de ser obedecida por los Estados”.

A partir de ahí, intercala imágenes de cargas policiales del 1 de octubre mientras sobreimpresiona títulos de noticias en inglés y una voz en 'off' del expresidente del Gobierno español Mariano Rajoy hablando sobre los incidentes. “Quiero que sepan que hemos hecho lo que teníamos que hacer. Somos el Gobierno de España y yo soy el presidente del Gobierno de España y he asumido mi responsabilidad”.

Pasado ese ‘mal trago’, aporta una sexta cuestión: la posibilidad de crear un nuevo Estado en pleno siglo XXI. “Eso es una realidad. La sociedad catalana es una de las pocas que tienen la posibilidad, en pleno siglo XXI, de crear un nuevo Estado, edificar un nuevo ordenamiento jurídico y unas normas y unas instituciones más modernas que nadie y cogiendo lo mejor de cada Estado. Y hacerlo de manera asamblearia y colaborativa. Tenemos la oportunidad de edificar unas estructuras en un nuevo Estado ejemplar, próspero, de progreso y al servicio de las personas”.

Tras las explicaciones citadas, aduce el guionista, es muy posible que el turista se haya hecho una idea de por qué los catalanes quieren separarse de España y lo pueda explicar en su tierra a la vuelta de las vacaciones.

Cataluña

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