cerebro de la estrategia del 'expresident'

Josep Costa, vicepresidente del Parlament y 'bulldog' de Puigdemont en Cataluña

Nacido en Ibiza, es licenciado en Derecho y profesor asociado de Teoría Política de la Pompeu Fabra. Desde joven sintió la llamada del radicalismo y militó en el Bloque de Estudiantes Independentistas

Foto: El vicepresidente primero del Parlamento catalán, Josep Costa. (EFE)
El vicepresidente primero del Parlamento catalán, Josep Costa. (EFE)

El pasado 3 de abril, mientras la líder de Ciudadanos Inés Arrimadas intervenía en el pleno del Parlamento de Cataluña recitando algunos textos que había escrito el presidente de la Generalitat, Quim Torra, fue sorpresivamente interrumpida y reprendida por el vicepresidente primero de la Cámara, Josep Costa (JxCAT), que en aquel momento ejercía de presidente debido a que Roger Torrent había tenido que acudir al médico por una urgencia. En esos textos, Torra calificaba a los españoles —y a los que hablan castellano— de “bestias taradas”, pero ese recuerdo le dolía a Costa. Acusó a Arrimadas de falsear las cosas y de imputar al ‘president’ cosas que no había dicho. Pero la representante de Cs llevaba una fotocopia de los artículos y se la enseñó a todo el pleno. Ante la evidencia, Costa recurrió a otra artimaña: la de censurar a la diputada y cortar por lo sano, porque “Torra no hace servir esos calificativos en el ejercicio de su cargo”.

Josep Costa, vicepresidente del Parlament y 'bulldog' de Puigdemont en Cataluña

El rifirrafe entre el sustituto y la líder de la oposición arrojó luz sobre el personaje. Costa, que era un diputado raso en la anterior legislatura, escaló hasta la Mesa de la Cámara (donde es vicepresidente primero) gracias a su defensa a ultranza del fugado Carles Puigdemont. La lealtad al ‘expresident’ le convirtió en el verdadero 'bulldog’ de Puigdemont en el Parlamento catalán. Ya se había ‘fogueado’ siendo suplente en la sindicatura electoral que el fugado eligió para el referéndum.

Según declaró él mismo al ‘Diario de Ibiza’ tras su nombramiento, los que le eligieron “buscaban un determinado perfil. El mío, como abogado y profesor de Teoría Política, debía encajar en las expectativas de los que deciden”, aseguraba. Pero todos sabían que fue puesto donde está, esencialmente, por su lealtad al jefe de Waterloo. Sirva de ejemplo esta otra frase: “El presidente de la Generalitat es y seguirá siendo Carles Puigdemont, puesto que la confianza de los 70 diputados independentistas la tiene asegurada”. Torra es un simple interino, característica que él acepta y difunde, por otra parte.

Su ‘talibanismo’ quedó meridianamente claro este jueves cuando, tras prosperar una moción del PSC para que Torra presente una cuestión de confianza o convoque elecciones autonómicas, Costa fue el primero en lanzar por las redes sociales su particular visión de la votación (que los independentistas perdieron por 62 a 61 porque los diputados de la CUP abandonaron el hemiciclo para no votar): “Creemos que políticamente la moción del PSC ha sido rechazada, porque nos hemos de referir y ser fieles al resultado de las elecciones del 21D”.

En otras palabras, aunque oficialmente no se pueden contabilizar los votos de cuatro diputados de JxCAT por estar suspendidos por la Justicia, él los contabiliza: “Si se tuviese en cuenta el voto de los diputados, esta moción habría sido rechazada”. Y más: “Solo se puede considerar aprobada si se cuenta el voto de calidad del juez Llarena (suspensión de diputados). El Govern mantiene el apoyo de los mismos grupos que lo invistieron. De hecho, contando los votos de los presos y exiliados, la moción no se ha aprobado”. Pero lo cierto es que se aprobó y el PSC se marcó un tanto político.

Peligro de secuestro

Fuentes de la Cámara explican a El Confidencial que Costa “es el verdadero cerebro de la estrategia judicial del ‘expresident’ y uno de los que diseñan qué hacer jurídicamente ante la Cámara”. Es, por así decirlo, el creador de la enmarañada estrategia que obedece órdenes de Bélgica. Y es, por ejemplo, el artífice de que el fugado presentase requerimientos ante los tribunales contra la decisión del Parlament de no permitir su investidura a distancia, un pleito que acaba de perder. En otras palabras, a pesar de ser vicepresidente de la institución, es uno de los que atizan la denuncia de Puigdemont contra el Parlament. Lo dicho: lealtad, sí, pero a Waterloo ante todo.

Costa es el artífice de este binomio de amor/odio que JxCAT y Puigdemont mantienen con los representantes legales de la Cámara legislativa

A pesar de esta acometida contra la Cámara legislativa, paradójicamente, y según fuentes de su propio grupo parlamentario, Costa también es partidario de que Puigdemont pida protección al Parlament tras las amenazas de un empresario, que ha ofrecido una recompensa a quien le ponga en manos de la Justicia. Un escrito presentado este jueves, y firmado por el propio Puigdemont, señala que el empresario Gerard Bellalta “ofrece la cantidad de 100.000 euros como recompensa por secuestrarme. Al margen de las acciones que el ministerio público habría de emprender contra alguien que declara públicamente la intención de cometer un delito de esta entidad, que puede incentivar acciones ilegales de espontáneos o de voluntarios de diversa índole, pido el amparo de la Mesa del Parlament”. Además, solicita a los servicios jurídicos “que estudien emprender las acciones que sean necesarias para denunciar y perseguir la manifiesta intención criminal de este individuo”. Esos servicios son los que en otros momentos son criticados por los representantes de JxCAT. Pues bien: Costa es el artífice de este binomio de amor/odio que JxCAT y Puigdemont mantienen con los representantes legales de la Cámara legislativa catalana e incluso con la propia institución.

Costa, nacido en la isla de Ibiza, es licenciado en Derecho y profesor asociado de teoría política de la Universidad Pompeu Fabra. Desde joven, ya sintió la llamada del radicalismo y militó en el Bloque de Estudiantes Independentistas. Luego, fue letrado funcionario del Consejo Insular de Formentera hasta que entró como letrado funcionario en el Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet, una de las ciudades del ‘cinturón rojo’ de Barcelona.

Hace una década, el ahora alto cargo de JxCAT era de izquierdas. O, al menos, progresista. Era, por ejemplo, uno de los impulsores del pequeño partido Gent per Eivissa (GxE), un grupo de descontentos desgajados de Eivissa pel Canvi (ExC). Corría el año 2009 y la nueva formación se definía como “insularista” y nacida para “denunciar y corregir la discriminación secular que padecen los ciudadanos de Ibiza víctimas del doble centralismo de Palma y de Madrid”.

Sin empatía ni cintura política

El vicepresidente del Parlament tiene una consultoría, Sa Font des Taronger Gestió i Consultoria, de la que es socio único y a la que atribuye un valor de más de 100.000 euros. Según su objeto social, la compañía, con sede en Ibiza, se dedica a la construcción, instalaciones y mantenimiento, al comercio al por mayor, a la distribución comercial, a la importación y exportación, a las actividades inmobiliarias, a las industrias manufactureras y textiles, al turismo, a la hostelería y a la restauración, a la gestión y administración y a la prestación de diversos servicios. El año pasado también compró un piso con un valor catastral de 180.000 euros, aunque está todavía en construcción.

El carácter de Costa le pierde. “Es una persona con la que no se puede hablar ni en debate político ni fuera de él. Además, es un autoritario de cuidado”

El carácter de Costa, no obstante, le pierde. “Es una persona con la que no se puede hablar ni en debate político ni fuera de él. Además, es un autoritario de cuidado”, explica a El Confidencial un diputado de la oposición. Y otro recalca que “el hecho de que muchas veces en las votaciones de la Mesa del Parlamento o de la Junta de Portavoces se quede solo votando lo dice todo. No habla con la oposición y tiene a los funcionarios del Parlament, así como a la estructura gerencial, enfadados por su actitud. Si algo se ha de destacar de él es que es un incapacitado para el diálogo”. Su enfrentamiento con el personal del Parlament en relación con el Registro de Puestos de Trabajo es otro de los focos que tiene abiertos. Y además, según afirman sus compañeros, toma decisiones sin consultar a nadie y luego impone la política de hechos consumados.

Enfrentamientos a gritos

Ha tenido muchos enfrentamientos con sus colegas y con los empleados de la Cámara. El intento de censura a Arrimadas es solo una muestra más de su carácter. “Roger Torrent, el presidente del Parlament, estaba en el médico. Cuando le explicaron lo que pasaba, volvió de la consulta con una vía incluso para retomar el control y que la cosa no pasase a mayores”, aduce un miembro de la oposición. Y otro recuerda que “lo de Inés Arrimadas es solo una más. Hace unos pocos días, al diputado Nacho Martín Blanco le suelta en medio de una intervención un ‘vaya acabando’ sin venir a cuento”.

El presidente de la Cámara catalana, Roger Torrent (d), junto a Josep Costa. (EFE)
El presidente de la Cámara catalana, Roger Torrent (d), junto a Josep Costa. (EFE)

Hay otro episodio que muestra el talante intolerante del vicepresidente: el Parlament decidió convocar un concurso de ujieres. El secretario general realizó un informe a favor de que se ampliase la convocatoria en tres plazas. Él avisó de que como era el responsable del gasto económico, no autorizaría esa ampliación. Tras otro informe favorable de la Dirección de Recursos Humanos, cedió en ampliar solo una plaza. Cuando llegó la reunión de la Mesa del Parlament, se dirigió a los presentes para decirles que el informe del secretario general de la Cámara estaba equivocado y que el que valía era otro. Y, ni corto ni perezoso, sacó de la cartera uno firmado por él y no por el secretario general. Su propuesta fue rechazada, con la abstención de Roger Torrent.

La Mesa pidió al secretario general que presentase su informe, cosa que hizo posteriormente y que fue el finalmente aprobado. La explicación para esta extraña conducta hay que buscarla en cuestiones muy personales con un trasfondo de enfrentamiento político.

Afirman que es uno de los pocos representantes políticos que no se hablan con sus rivales. "Jamás ha tendido un puente con alguien de la oposición"

Para sus compañeros de escaño, es poco menos que un ‘déspota’. Solo desde esa óptica se entiende un encontronazo que tuvo con Joan Ridao (que había sido secretario general de ERC y ahora es letrado mayor del Parlament). En el debate sobre las delegaciones de voto, Costa quiso imponer su voluntad (y la de Puigdemont) en la Junta de Portavoces. A Ridao, un jurista competente que ganó la plaza por oposición, le dijo a grito pelado que si estaba allí era por él y que le echaría de letrado mayor. En ese momento, quiso suspender la Junta de Portavoces y Roger Torrent le recordó “que era vicepresidente y que él no era quien decidía si se suspendía”.

Fuentes de la oposición afirman que es uno de los pocos representantes políticos que no se hablan con sus rivales. “Hay diputados que en el debate político son muy duros, pero luego puedes hablar con ellos e incluso tienen cierta empatía. Pero Costa es diferente. Jamás ha tendido un puente con alguien de la oposición”. Como ‘bulldog’, en cambio, funciona perfectamente.

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