de una editorial en pérdidas a las subvenciones

Torra, un mago de las finanzas o cómo hacerse un patrimomio declarando pérdidas

El nuevo presidente de la Generalitat se ha manejado bien entre la ruina económica de su negocio privado y la vida a cargo del erario público

Foto: Quim Torra. (Raúl Arias)
Quim Torra. (Raúl Arias)

El nuevo presidente de la Generalitat es un mago de los números. Al menos, eso es lo que se desprende de sus propiedades y de su trayectoria económica. Torra es un rico en dinero, pero un fracasado en sus negocios particulares: en 2015, cuando llevaba varios ejercicios declarando pérdidas de su empresa editorial, A Contra Vent Editors, se compraba una segunda vivienda de 177.500 euros. Y pese a esas pérdidas declaradas en los papeles, el pasado mes de diciembre tenía ahorrados en su cuenta corriente 165.000 euros en efectivo y un plan de pensiones de 90.000 euros más.

Así lo dice su declaración de bienes depositada en el Parlament de Cataluña. Torra tiene seis propiedades a su nombre. Pero solo dos corresponden a patrimonio acumulado por él mismo: tres pisos y una finca rústica provienen de una herencia asumida el año pasado. Pero tiene dos pisos comprados por él. El primero, adquirido en 1990, está valorado, según su declaración, en 75.000 euros. El segundo, comprado en 2015, cuesta 177.500 euros. Teniendo en cuenta la zona de Barcelona donde reside, justamente por encima de la avenida Diagonal, da la sensación de que esos precios son absolutamente ficticios y han sido convenientemente rebajados. En octubre del año pasado, también compró un vehículo discreto de la marca Opel, para el que pidió un préstamo de 12.000 euros.

Números que chocan con un editor que no ha ganado ni un euro con sus negocios particulares. En 2007, la compañía Winterthur lo despidió. El 23 de marzo de 2010, lo recordaba: “El pasado 16 de marzo hizo tres años que fui ejecutado al alba. Después de 18 años trabajando en una empresa de seguros, los nuevos propietarios, una multinacional con sede en París, decidieron prescindir de mis servicios. Tuvieron el elegante detalle de fusilarme mientras me encontraba con mi esposa y los niños viviendo en Suiza”. Viendo la trayectoria económica del 'molt honorable', muchos quisieran que los ejecutaran así.

Torra, pues, se trasladó a Barcelona en 2007 y abrió al año siguiente A Contra Vent. Las últimas cuentas de la empresa depositadas en el Registro Mercantil son descorazonadoras.

Sin actividades privadas

Pertenecen al año 2015 y evidencian que el patrimonio neto había descendido de 35.677,70 euros en 2014 a 30.892,40 euros en 2015. Desde hacía años, la empresa arrastraba pérdidas. Tenía 8.745,22 euros de pérdidas acumuladas antes de 2014. Ese ejercicio, el año del Tricentenario (los 300 años de la caída de Barcelona ante las tropas de Felipe V), declaró beneficios de 3.659,03 euros. Pero en 2015, el batacazo fue aún mayor: las pérdidas ascendieron a 4.667,28 euros, que se habían de sumar a 5.086,19 euros acumulados de números rojos de los años anteriores.

Para amasar el patrimonio declarado, pues, Torra ha tenido que ser un genio. Porque en la declaración de actividades y cargos públicos depositada en el Parlament no constan “actividades profesionales por cuenta propia”. Solo aparece como director de A Contra Vent Editors y como “articulista en medios de comunicación” y “escritor”. No declaró ninguna actividad como abogado, que era su profesión de hace años. Eso sí, cifraba el valor de la sociedad en 19.000 euros.

Sí hacía constar, en la declaración de intereses económicos (donde figuran cargos durante los tres años anteriores), que había sido “director de Foment de Ciutat Vella SA [entidad participada al 100% por Bimsa/Ayuntamiento de Barcelona] hasta noviembre de 2015. Director del Born Centre Cultural, hasta julio de 2015. Vocal de la Junta de Museos (2016-2017). Miembro del consejo de administración del Museu Memorial de l’Exili (MUME), desde 2017. Presidente de Òmnium Cultural (julio 2015-diciembre 2015). Miembro del secretariado permanente de la ANC (2016)”. Asimismo, es director de la 'Revista de Catalunya', otro cargo “no remunerado”.

Además, declaraba que solo tenía actividades remuneradas “ocasionalmente, por la publicación de artículos en medios de comunicación o como derechos de autor por la publicación de libros”. Es decir, que no obtenía pagos por ser miembro de consejos de administración (además, al ser empresas públicas, no puede percibir más de un salario del erario).

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Subvenciones como editor

De hecho, como editor, Torra había recibido algunos ‘regalos’ de sus amigos independentistas de la Generalitat. En 2009, su compañía editorial se embolsó 7.026,67 euros en concepto de subvenciones, otorgadas por la Consejería de Cultura, en manos de ERC. Al año siguiente, recibió dos líneas de subvenciones: por un lado, 16.418,34 euros para “producción editorial” y otros 6.000 euros más para la edición de dos libros: ‘Defensa de l’Avanguardisme’ y ‘La mort austera’, consideradas por Oriol Izquierdo, director del Institut de les Lletres Catalanes, “obras literarias de especial interés cultural’, un eufemismo con el que se quiere disimular que el verdadero interés cultural es el del editor subvencionado.

En el año 2011, Torra recibió del Institut Català d’Indústries Culturals (ICIC) otros 14.056,34 euros en concepto de “producción editorial”. Y en 2012, este organismo le volvió a otorgar otros 4.795,52 euros por el mismo concepto. En total, pues, algo más de 48.000 euros de ayudas públicas a fondo perdido para publicar libros desde su editorial.

A vivir del sueldo público

A partir de 2012, Torra no obtiene más ayudas de la Generalitat. Pero no era por buena voluntad, sino porque ya comenzaba a sacar mejores réditos del erario público. Es en ese año, precisamente, cuando es llamado por Antoni Vives, el hombre que manejaba las cañerías de Convergència en el ayuntamiento (de hecho, está investigado en el caso 3% y llegó a ser detenido), para formar parte de su equipo de gestores en la Administración municipal. Así, llega a director del Born Centre Cultural y de la empresa municipal Foment de Ciutat Vella, que controla la actividad urbanística del caso viejo de Barcelona.

El Born, que según Torra habría de ser la ‘zona cero’ del independentismo, costó a las arcas municipales unos 90 millones de euros, un sinsentido criticado desde todos los ángulos. Trias puso a dos primeras espadas al frente del proyecto del Born: a Quim Torra como director y al periodista Toni Soler como director de los fastos de conmemoración del Tricentenario que habrían de celebrarse en 2014 para conmemorar la caída de Barcelona de 1714. Soler —propietario de la compañía Minoria Absoluta, con la que mantiene contrato con los medios públicos catalanes, productora de algunos de los programas más vistos en TV3— aseguró siempre que él no cobraba por su cargo.

Torra, no obstante, sí cobraba, aunque en el consistorio no tienen los números. Pero si la plaza está asignada a un nivel 30, los emolumentos dinerarios apuntan a un sueldo de alrededor de 90.000 euros anuales. El faraónico proyecto de Torra en ese lugar preveía un déficit anual de dos millones. Pero se quedó corto. Su presupuesto anual el año pasado era de 3,7 millones y los ingresos apenas superaban los 1,2 millones, por lo que el déficit se sitúa alrededor de los 2,5 millones anuales.

Mal gusto tras la tragedia de Germanwings

Mientras era director de ese mausoleo, en marzo de 2015, ocurrió la catástrofe de Germanwings: las autoridades francesas erigieron inmediatamente un monolito en recuerdo de las víctimas, con una inscripción en francés, español, alemán e inglés. El cabreo de Torra fue inmenso y quedó de manifiesto en un tuit de un tremendo mal gusto: “Ni rastro del catalán —escribió en las redes sociales— en el monolito de los Alpes. Ni eso. Hasta para recordar a nuestros muertos necesitamos un Estado propio”. A este respecto, es preciso recordar que en el accidente murieron personas de 15 nacionalidades diferentes, pero la única queja que hubo sobre la gestión del accidente fue la de Torra... porque el monolito no estaba escrito en catalán.

Con la llegada de Ada Colau y el cambio de gobierno, Torra tuvo que cesar en su cargo. No tuvo que esperar mucho para encontrar empleo: inmediatamente fue nombrado presidente de Òmnium Cultural. El ‘president’ siempre supo encontrar su destino universal en el regazo del independentismo. Con su salida de Òmnium, en diciembre de 2015, abrió un pequeño paréntesis de descanso y volvió a encontrar el dinero contante y sonante del erario público como alto cargo del Gobierno de la Generalitat. O como cargo de confianza, es lo mismo.

Así, el 7 de marzo de 2016, fue premiado con un puesto de trabajo extra: el entonces consejero de Exteriores, Raül Romeva, lo nombró director del Centro de Estudios de Temas Contemporáneos, estableciéndole un salario similar al de un funcionario del grupo A y con un nivel 30, pero con un complemento específico de 32.701,56 euros, por lo que su retribución total anual rondaba los 70.000 euros. Otro chollo. A partir de ahora, como ‘molt honorable president’, será uno de los cargos públicos mejor pagados de España. O del Estado español, como le gusta decir a él. Y habrá pasado de pérdidas en su empresa a nadar en la abundancia.

Cataluña

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